jueves, 1 de marzo de 2018

APOYO REFORMADO A GRAHAM

Son momentos difíciles para vivir la fe real en el evangelio de Jesucristo y en seguir la doctrina y práctica bajo este. No porque falten portavoces en esta generación privilegiada, sino por el grado de confusión que hoy se genera el rededor del verdadero evangelio. Sin duda que uno de los episodios más dolorosos y confusos para nuestro mal, se ha dado luego de la muerte de Billy Graham. Esta providencia divina, ha sido de lo más instructiva porque ha revelado un poco del frágil fundamento en el que estamos de pie como producto de años de enseñanza superficial de las Escrituras. 

Una generación que no ha sabido definir para sí ni para otros lo que es el verdadero evangelio, reduciendo su mensaje a unas declaraciones ambiguas, leyes y métodos extra bíblicos, está preparada para aplaudir, creer y defender, cualquier cosa a nombre de evangelio. El trabajo ha sido hecho sistemáticamente durante décadas, de manera que este mal entendimiento ha forjado un contexto, una opinión común, que nadie puede llegar a expugnar a no ser que desee ser señalado como legalista. Décadas atrás se enseñó que predicar el evangelio era afirmar que todos somos pecadores, que Dios es amor, que Él tiene un plan maravilloso, que se debe creer en Él y a repetir una oración para llegar a ser salvo. El consenso común en el evangelicalismo actual es que quien crea esto, cualquiera que predique esto, es cristiano real y verdadero, y si, además, eso lo hace entre multitudes con el apoyo de los medios, eso lo convierte en un evangelista de talla mundial y hasta una celebridad evangélica.

Esa presentación del evangelio sin más definición, sin precisión, sin profundidad y sin implicación, puede ser interpretada de las maneras más extrañas y perjudiciales posibles, como se ve por su fruto que en efecto ocurrió. Bajo unas palabras débilmente definidas a nombre de evangelio, sin buscar implicaciones ni conexiones con el demás cuerpo de doctrina Bíblica, se logró que muchos individuos lleguen a simpatizar con el marco más grande de la cristiandad, donde católicos y protestantes (en el sentido más amplio de la palabra) puedan identificarse. No es raro que, en consecuencia, hombres de la talla de Graham hayan identificado la esencia del verdadero evangelio también bajo el sistema corrupto y hereje de Roma y bajo el sistema corrupto del carismatísmo exagerado de los tele-evangelistas de la prosperidad y que haya identificado entre los salvos a quienes además de creer en la salvación por Jesucristo, no hayan renunciado a la mediación mariana y el sacramentalismo o la salvación por obras. 

No es pues raro bajo este contexto de definiciones ambiguas y superficiales del evangelio, que se hayan implementado metodologías humanas y psicológicas como el llamado al altar y se hayan estandarizado para el mundo evangélico estas tácticas. No sorprende bajo este trato superficial y humanista del evangelio, que métodos como el repetir la oración de fe, el decisionismo, el caminar hacia el altar para recibir a Cristo, se hayan equiparado a lo que es la predicación del evangelio y que muchos no conciban evangelio sin esto. No es nada extraño que se hayan implicado practicas realmente desviadas del contexto bíblico que contradicen en consecuencia, el evangelio que se pretende proclamar.

Pero lo que sí parece extraño, es el enorme respaldo que el mundo evangélico conservador, dio al ministerio de este hombre a pesar de todo y de las implicaciones de sus labores. Embelesados, quizás, por los millones a los cuales Graham predicó, salieron sin rubor a exaltar sus esfuerzos en el reino de Dios y a rendir homenaje por el avance del evangelio así concebido por él, y así asumido por un evangelio americano más bien nominal. 

Temo y me entristezco por el mensaje que ese respaldo de líderes conservadores y reformados dieron al mundo evangélico, a sus seguidores que les dan toda credibilidad, pues si llega a suceder que, si sus seguidores implican sus enseñanzas, estamos preparados para defender como evangelio, opiniones y prácticas bien dudosas que terminarán dañando el puente sobre el cual estamos parados. En esto, estos líderes reformados erraron para ellos, para sus seguidores y para el testimonio del verdadero evangelio de Cristo en esta generación. Con ese respaldo público y sobredimensionado, estos hombres han dado un mensaje confuso y ambiguo, aunque quizás, conociendo la mayoría de sus ministerios, así tiene que ser. Estos individuos se han coalicionado, unido, buscado alianzas en pro del evangelio (por ellos definido), en pro de la verdad (por ellos atenuada), de la reforma (contextualizada) y de la sola Escritura (por ellos matizada), bajo sus propios y particulares conceptos.

Si bien lamentar la pérdida del hombre no está prohibido, el loar como “avance del evangelio” a Graham, sobre la plataforma de sus grandes y reconocidos ministerios, deja mucho que pensar del contenido de la verdad que desean promulgar. Nos preguntamos si el piso solido que parecen tener las grandes personalidades evangélicas-reformadas de hoy, lo es en realidad o si estamos ante la develación de una gran verdad y es que su fundamento tiene parte de hierro y parte de barro cocido, que no es tan sólido pues, para estar dispuestos a avalar como evangelio un mensaje tan reducido y ambiguo hasta donde el evangelista de la prosperidad y el católico profesante y practicante quepa, las definiciones claras de lo que es evangelio, salvación, y conversión, han debido ser resumidas al mínimo. Puede que ellos se muestren públicamente enemigos de tales cosas, pero ese y no otro, es el mensaje que recibimos de hombres de la talla de Ravi Zacarías, John Piper, Albert Mohler, Thimoty Keller, Steve Lawson, Miguel Nuñez, entre otros. Hombres que han hecho su ministerio sobre las bases reformadas, que han ganado su reputación por su estrechez con la teología de Calvino, comunicando esta vez para el mundo que el mensaje es lo que menos importa, al menos, si se mantiene en un mínimo aceptable, que el menaje debe ser ambiguo para llegar a todos, que los métodos humanistas  y psicológicos no afectan el mensaje, que se puede trivializar la herejía o que esta no es tan mortífera para la vida de un creyente verdadero o una iglesia bíblica, que el éxito se mide por las multitudes y el reconocimiento de los reyes de este mundo, descalificando las labores históricas de quienes dicen representar, porque que sepamos, los reformadores afirmaron con tanta claridad el evangelio sin desligarlo del cuerpo completo de doctrina, que los llevó a oponerse a Roma y a cualquier sistema desviado como malévolo, hereje y anticristiano.

Salir ahora públicamente como reformado, a felicitar y avalar el aporte al evangelio y la promoción del evangelio hecha por Graham, cuando se ha criticado los métodos y el mensaje trivial del evangelio en los carismáticos, es un asunto confuso. Creo que ha llegado el momento de empezar a ver de manera evidente que la nueva reforma está llena de contradicciones irreversibles, que en efecto, tenemos un grupo de hombres que han sabido discernir el mal en las iglesias carismáticas, la herejía y las metodologías humanas en las mega iglesias de la prosperidad, en algunos puntos del liberalismo teológico, en ser críticos en algunos aspectos de la cultura, pero en aceptar puntos y prácticas dudosas en su propia tienda. Esto no se afirma sin referentes. Se recuerda que hace algún tiempo en una coalición conocida, un pastor animó a orar por el papa como autoridad puesta por Dios y a reconocer sus labores por la moralidad del mundo. Otro de ellos no dudó en hablar de adelantar tareas y trabajos comunes para producir un lugar mejor en este mundo. Alguno de ellos habló de “cristianos verdaderos” entre los católicos romanos y otro afirmó que Dios puede estar salvando gente por una puerta trasera.

Meditemos por amor a la sana doctrina ¿Entonces es malo cuando el carismático y maestro de la prosperidad lo hace y es digno de alabar cuando fue Graham quien lo hizo? ¿No es acaso esta una exaltación del celebritísmo y la influencia mediática tan amada por el neocalvinismo? ¿Y qué del silencio de los hombres que también trabajan con ellos? ¿Es un silencio de omisión o de aceptación o están más preocupados por su reputación y por ello no contradicen a sus amigos? Parece que, como dije antes, las bases evangélicas, Bíblicas, de buena hermenéutica de estos “representantes” reformados, no es tan firme como pensábamos. Que, en el punto más delicado y sensible, de definir qué es el evangelio, de mostrarnos sus implicaciones y hasta métodos, ellos no están tan firmes. Si puedes aplaudir a Graham, obviando las varias ocasiones en que menoscabó el mensaje del evangelio, en que usó una metodología humanista, solo mirando su influencia mundial, mediática y su alcance, entonces tienes un problema en la raíz de tu teología.



Esperamos que el pueblo de Dios tenga discernimiento y aproveche esta providencia, porque en general nos mostró de nuevo, en qué posición están aquellos a los que el cristianismo reformado le está dando sus oídos y llama maestros. Esperando que, si alguno de ellos recapacita de su error, también se rectifique públicamente.

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