martes, 17 de julio de 2018

SINÉCDOQUE REFORMADA


Más allá de la Reforma soteriológica
Por J.E. Castañeda

La sinécdoque es un recurso que, en literatura, se usa para designar el todo por la parte o la parte por el todo. Así, el “pan nuestro de cada día” es una expresión (la parte) que señala hacia todas nuestras necesidades temporales y físicas (el todo). Como también la “lengua” como un mundo de maldad (la parte), está señalando por supuesto a todo el hombre pecador que no tiene dominio, porque sabemos que la lengua en ´si mismo no actúa sola.

¿Qué queremos decir con sinécdoque reformada? Con aquella tendencia común a identificar todo lo que es ser reformado y lo que implica ser reformado con su soteriología solamente. Es muy común ver que la mayoría de individuos de confesión reformada en nuestros países latinoamericanos asocian inmediatamente la palabra “Reforma”, con las doctrinas de la gracia o las llamadas “cinco solas”. Y es que históricamente, hasta donde podemos dar fe, la reforma que llegó nuestros países del sur del continente, ha sido una reforma principalmente, por no decir que en la mayoría de los casos únicamente, soteriológica. Ha sido parte de nuestra tradición reformada suramericana, confesarse reformado al aceptar y proclamar la soberanía de Dios en la Salvación, las doctrinas de la depravación total, la elección incondicional, la redención particular, el llamado irresistible y la perseverancia final y de proclamar la primacía y unicidad de las Escrituras, la gracia, la fe, Cristo y la gloria de Dios y dejar a nuestras propias conclusiones o deducciones, el resto del cuerpo doctrinal.

Lamentablemente así, por el motivo que esto haya ocurrido, gran parte de la herencia reformada ha quedado por fuera de nuestro alcance o conocimiento. Por años la reforma en nuestras tierras ha adolecido de varios elementos indispensables para afirmarnos en un cuerpo sólido de doctrina bíblica. Seguramente la mayoría de hoy confesos reformados no asocian reforma con eclesiología incluyendo un entendimiento claro de los sacramentos, ni con la teología de los pactos, ni con la adoración publica y el día de reposo, ni cuantas más cosas las Confesiones de fe, de manera sucinta pero profunda, expresaron como su entendimiento de los distintivos reformados. Ni siquiera se puede afirmar que hemos sabido implicar correctamente el único tema de reforma que hemos adoptado, la soteriología. Lo digo porque al menos, de haberlo implicado, tendríamos más iglesias procurando la santidad y la renuncia al mundo y no ayudando al establecimiento de principios y practicas poco piadosas en lo personal y hasta en la adoración a Dios.

Este fenómeno que ya es una realidad en nuestro contexto, ha dejado cientos de iglesias hibridas, con una soteriología más o menos reformada, pero con una iglesia de principios normativos más que regulados, con una iglesia más contextualizada al mundo que separada y bíblica, con iglesias débiles como iglesias. Para colmo de males, grandes ministerios se han agrupado para promover las doctrinas de la reforma, ahondando el problema porque se han unido en el común denominador soteriológico más bajo que han podido encontrar. Bajo estos términos, mientras no exista una estructura de todo el cuerpo doctrinal de la fe, de todo el consejo de Dios, el entendimiento de la reforma que podamos tener, caerá en un lote baldío y seguiremos acumulando conocimientos inconexos que caerán en la irrelevancia y resultarán adaptándose al cuerpo de doctrina que nos es más familiar en Latinoamérica.

Se han empezado a hacer loables intentos de pequeños grupos por mostrar la estructura reformada histórica, hemos empezado a observar un interés por eclesiología reformada, adoración regulada, doctrina de los pactos, la implicación de las “Solas”, una cristología más comprensiva, un renovado interés por el entendimiento de la ley moral y otros puntos. Sobre todo, se empiezan a apreciar iglesias locales estructuradas en un conocimiento armónico de las doctrinas Bíblicas donde, sin duda, la reforma va a tener su verdadera expresión y donde las doctrinas van a ser retenidas y pasadas a la próxima generación. Esperamos en el Señor que como un avance de la reforma en Latinoamérica, dejemos la sinécdoque reformada y avancemos a todo el consejo de Dios.

sábado, 7 de julio de 2018

MUÉSTREME EL VERSÍCULO QUE DICE QUE...


La Importancia de la hermenéutica bíblica
Por J.E. Castañeda

Sin duda que para quien por mucho tiempo fue maltratado en iglesias que se profesaban cristianas, donde se les adiestró a seguir sin cuestionar la voz de sus líderes, y que ha venido a la luz del conocimiento verdadero del Señor Jesucristo, se mostrará muy celoso ahora para hallar el fundamento bíblico de todo lo que hace. Su temor a ser otra vez manipulado por los hombres, le ha traído un celo que debe ser característico de todo hijo de Dios, haya sido o no maltratado en experiencias anteriores. Si bien, reconocemos la instrumentalidad de los líderes para las iglesias en los planes de Dios mismo para Su iglesia, reconocemos que su autoridad se deriva de la Palabra de Dios y no es de ellos mismos. En otras palabras, la gloria que rodea el liderazgo bíblico es en guiar al pueblo de Dios sobre el fundamento de las Escrituras y no sobre sus propias opiniones o pensamientos. De hecho, es la Palabra de Dios el medio por el que nuestro Señor Jesús pastorea a su pueblo. Esto ha sido así siempre y solo las iglesias defectuosas truncan este principio y resultan siendo guiadas por la palabra de sus lideres a costa de subordinar la Palabra de Dios.

Aunque, en otros casos, el asunto es distinto. Muchas personas y grupos, desean seguir sus propios deseos y usan la Escritura para avalar sus excentricidades o novedades teológicas. Para ellos, la misma Biblia será la materia prima para dar forma a sus ideas erróneas que luego, sin duda, se convierten en herejías destructoras. El punto es el mismo, aunque hayamos llegado por vías distintas. Es el subordinar la Biblia al hombre y en esta ocasión, subordinar las Escrituras para que ajusten perfectamente a ese sesgo doctrinal que les conviene a su ya establecida manera de ver las cosas y vivir.

Un acercamiento correcto
Si bien reconocemos y enseñamos precisamente el gobierno divino a través de la Palabra de Dios, reconocemos que acercarnos a la Biblia de cualquier manera, no corrige los excesos y nos vuelve a dejar en el mismo problema, rigiéndonos por un hombre, pero esta vez ese hombre somos nosotros mismos. Reaccionamos de una manera incorrecta, pues por salirnos de la manipulación de las Escrituras por líderes inescrupulosos, o  por querer afirmarnos en nuestras doctrinas e ideas de forma obstinada, nos acercamos a la Biblia desconociendo su propia hermenéutica y ahora quienes la manipulamos para nosotros mismos, somos nosotros. De nuevo, la Biblia subordinada y arriba de ella, la voz de los hombres.

Existe un fenómeno bien particular en nuestro acercamiento a la Biblia, que se ha acrecentado por la multiplicación de entidades teológicas que han aprendido sus principios del mundo y no de la Palabra de Dios, y es, que aun cuando en el mejor de los casos se reconoce que la Biblia es inspirada por Dios, infalible e inerrante, los principios de interpretación bíblica son traídos de la lógica humanista y del razonamiento filosófico. Eso nos deja con una Biblia inspirada pero interpretada humanamente, destruyendo el Sagrado libro para nosotros. Este problema se deriva de no ser conscientes que la misma Biblia usa su propia hermenéutica, la Biblia misma tiene una manera en que razona, que nos llama a interpretarla de tal manera. Muchos intérpretes de la Biblia imponen y encierran la Biblia en sus postulados filosóficos y no honran la Palabra de Dios esquivando estudiarla bajo Su propia hermenéutica. Exactamente lo que acabo de asegurar es que la misma Biblia nos provee los principios de cómo la debemos interpretar y que no necesitamos la lógica filosófica ni la hermenéutica racionalista para acceder a su bello y útil significado.

La Analogía de la fe
Uno de los principios que la misma Biblia usa para interpretarse a sí misma se ha denominado “La Analogía de la fe”. Ahora. No importa el nombre que se le dé, el concepto mismo, llámele como le llame es profundamente bíblico y la Biblia lo usa continuamente para mostrarnos su  significado. El principio hermenéutico llamado la Analogía de la fe, viene como una consecuencia de creer en Sola Scriptura. La regla general de la Analogía de la fe dice que la Escritura debe interpretar la Escritura o que la Escritura se interpreta a sí misma. La presuposición fundamental es que sólo hay un sistema de verdad o una teología en la Escritura, y por lo tanto cada doctrina debe ser consistente con cada otra doctrina. La interpretación de un pasaje específico no debe contradecir la enseñanza general de la Escritura sobre ese tema, eso sería quebrantar as Escrituras. La Analogía de la fe presupone que tenemos en la Biblia una unidad orgánica, un Tomo, donde detrás está un solo autor, el Espíritu Santo, por lo que cada parte de la Escritura, está de acuerdo con toda la verdad expresada en ella. La Biblia no se contradice, no se corrige, no se traiciona a sí misma y por eso, se puede y se debe interpretar la Biblia con la Biblia misma. Le dije que así razona la Biblia y déjeme poner un ejemplo.

‘Las Escrituras no pueden ser quebrantadas’ (Jn.10:35). Este es un pasaje donde es necesario atender al razonamiento que el Señor Jesús está presentando frente a los judíos allí en Jerusalén. El Señor en el v.30 afirma que Él y el Padre son uno. Por supuesto que quienes lo escuchaban reaccionaron buscando apedrearlo. ¿Cuál era la acusación? Blasfemia, el v.33 afirma: ‘Le respondieron los judíos, diciendo: Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; porque tú, siendo hombre, te haces Dios’. Y ahí va la respuesta del Señor. Si en Sal.82:6 Dios llamó dioses a aquellos que lideraban al pueblo, a aquellos que administraban la Palabra de Dios para otros, ¿Por qué no puede decir que es Hijo de Dios aquel que ha sido santificado por el Padre, cuando es evidente que sus enseñanzas y poder lo certifican? Si la Biblia le llamó dioses a débiles hombres que eran exhortados aquí, ¿Por qué no a aquel que era santo, justo y poderoso? Pero note la defensa del Señor en qué se basó: ‘Las Escrituras no pueden ser quebrantadas’. En otras palabras, la Palabra no puede chocar, no puede contradecirse, quebrantarse a sí misma. La Palabra de Dios tiene congruencia consigo misma.

Ahora, es precisamente lo que la expresión, tomada de Romanos 12:6: ‘De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe’, puede bien usarse para mostrar la regla que aquí enfatizamos. En épocas cuando la Palabra de Dios estaba siendo revelada y en la iglesia aún existía ese don de profecía, el apóstol ordena la medida en la que este don debería ser usado: ‘conforme a la analogía de la fe’, o medida o norma, relación correcta o congruencia de la fe. Lo que indica que las revelaciones tenían una norma para aceptarse: si iban de acuerdo al cuerpo de doctrina o fe, antes dada. “Por la palabra fe, se entienden los primeros rudimentos y las máximas principales de la religión, y, por consiguiente, toda doctrina que no esté de acuerdo con esto debe ser declarada falsa y reprobada” (Calvino, Comentario a la epístola a los Romanos).

Muéstreme el versículo
Seguramente la intención de encontrar en la Palabra de Dios, en versículos claros y directos, un principio o doctrina, es algo que deberíamos esperar del Sagrado Tomo, teniendo en cuenta que una de sus características es su perspicuidad (claridad). Sin embargo, al reconocer que, tanto las doctrinas como los principios en la Biblia están inmersos en sus respectivos contextos, muchas doctrinas y principios solo van a ser reconocidos y entendidos por enseñanzas amplias de toda la Escritura, Biblia interpretando Biblia, Biblia comparada con Biblia, donde a un versículo le será necesario interpretarlo a la luz de todo el consejo de Dios y donde no nos neguemos a poner después de cada texto: “escrito está también”, de lo contrario, esa búsqueda de versículos aislados para encontrar una doctrina o un principio, desembrará el cuerpo de doctrina.


Esa hermenéutica de buscar “el” versículo para cada cosa, y no la enseñanza de cada asunto, puede ser llamada letrismo o superliteralismo que surge como una manera de proteger las Escrituras de ser contaminada por ideas humanas, pero lleva su motivación a un lugar de error. Bajo este pensamiento, solo se acepta como doctrina o principio, lo que literalmente esté prescrito en la Biblia y avanzando más en esta idea, solo lo que esté prescrito específica o explícitamente en el Nuevo Testamento. Así, el creyente del Nuevo Pacto solo debe someterse a lo que sea explícito y particularmente explícito en el Nuevo Testamento. Este error llega al extremo de acorralar la ética bíblica en un extremo peligroso y muy común en ciertas personas hoy que reclaman que se les muestre el versículo explicito donde tal o cual cosa está prohibida. Así, si usted no puede mostrarles el versículo que hable del asunto, explicita y literalmente, expugnarán cualquier intento de establecer una doctrina o ética basada en los principios generales. Esta hermenéutica de desmembración ha sido usada por alas antinomianas para negar la validez de los principios de la ley de Dios, el decálogo, sobre los cristianos del Nuevo Pacto.

Por supuesto que un acercamiento así a las Escrituras tiene al menos dos obvios errores. El primero de ellos es que desconoce la utilidad del Antiguo Testamento para los creyentes del Nuevo. Si bien, reconocemos, bajo las enseñanzas del Nuevo Testamento, que asuntos de leyes ceremoniales cumplidas y abolidas por Cristo, no aplican para el creyente del Nuevo Pacto, ¿Qué hacemos con los principios detrás de estas leyes? ¿Qué hacemos con los ejemplos que podemos derivar de las secciones narrativas del Antiguo Testamento? ¿Qué hacemos con los Salmos y Proverbios? ¿Qué de los principios morales cuya enseñanza se puede sustentar bajo los dos testamentos? ¿Qué de la amplia teología que de Dios nos dan los profetas mayores y menores y de la justicia, perdón y restauración tan frecuentes en ellas? ¿Acaso no dijo Pablo que Toda Escritura es inspirad por Dios y útil para el hombre de Dios y que lleva a Cristo hablando del Antiguo Testamento? Aun, si un principio o norma no estuviera explicita en las páginas del Nuevo Testamento, eso no quiere decir que, bajo los principios obvios de tener una Biblia y no tan solo un Testamento, no podamos sacar doctrinas o normas para nosotros hoy.

El segundo error obvio es que desconoce que las enseñanzas de la Palabra de Dios, sea en doctrina, sea en ética, se encuentran claramente explícitas o necesariamente implicadas. Miremos el clásico ejemplo de la Trinidad. Muchos unitarios o arrianos piensan haber ganado la guerra exigiendo una respuesta a la demanda de: “Muéstreme el versículo que diga la palabra Trinidad”, o “muéstreme el versículo donde se enseñe que Existe un Dios en tres personas”. Tal versículo no existe, pero eso no quiere decir que la doctrina, derivada de expresiones específicas de la deidad del Padre, Hijo y Espíritu Santo, y la necesaria implicación al no haber más que un Dios y tres personas distintas, podemos sin temor ni error, hablar de la doctrina de la Trinidad. Y en esto, aunque para algunos esta palabra esté vedada o la consideren peligrosa, al definir las enseñanzas de la Biblia, se está haciendo Teología. El ejercicio teológico es legítimo si viene como producto del estudio de la Biblia, pero es completamente ilegítimo si lo que se hace es tener doctrinas y se busca en la Biblia como respaldarlas. Siempre el ejercicio legítimo será inverso, escuchamos la Biblia en  sus principios, ejemplos, layes y en sus necesarias implicaciones y de allí, derivamos nuestra teología.

El letrismo o superliteralismo es un error en la manera de concebir cómo la Biblia nos da su mensaje. Difícilmente hallaremos una doctrina clara y básica que se apoye en un solo pasaje de las Escrituras. Por lo general, todo lo que necesariamente han de saberse, creerse y guardarse para salvación, se presenta y expone tan claramente en uno u otro lugar de la Escritura, que puede aplicársele el principio de la analogía de la fe. Aunque no ha de inferirse de esto que ninguna declaración específica de las Escrituras sea autoridad a menos que esté apoyada por otros pasajes paralelos (hermenéutica de la balanza o de la mayor cantidad), el peso de un solo versículo, bien  interpretado, no es menos que cien de ellos bien interpretados. Tanto uno como mil, son Palabra de Dios y normativa. Esto nos lleva a concluir que a menos que algo esté claramente contradicho o excluido por la analogía de la fe, o por alguna otra declaración igualmente explícita, una declaración positiva de la Palabra de Dios es suficiente para establecer un hecho o doctrina. Por ejemplo, en Hb.9:11-13, es claro que la misma Biblia deroga los sacrificios animales y aquí, la misma Biblia afirma tal abrogación por un mejor pacto.

El deseo de tener la Palabra de Dios como fundamento es un imperativo, pero no tener Biblia para mis doctrinas sería igual que tenerla al interpretada. Nuestro acercamiento a la Palabra de Dios debe ser honrando su propia hermenéutica y bajo ella, el “muéstreme el versículo”, no es coherente con su contenido. Más bien deberíamos discernir si tal o cual enseñanza es una fiel a las enseñanzas de la Biblia como un todo, porque toda ella es Palabra de Dios, y en labios del Verbo, las Escrituras no pueden ser quebrantadas.

viernes, 29 de junio de 2018

¿SÁBADO O DOMINGO?

La pertinencia de la ley de Dios en la actualidad, sigue siendo objeto de horrendos ataques hasta nuestros días. No siempre del campamento de los antinomianos clásicos, sino de parte de aquellos que pretendiendo vindicar el alcance del Sacrificio de Cristo, persisten en que este abrogó de todas las formas la ley para los cristianos. Lamentablemente no entender la diferenciación de los distintos usos de la ley, hace que se ponga en un solo paquete todos sus usos y con el sacrificio de Cristo, todos estos se desechen. 


Entendiendo que este tema está lo suficientemente documentado en nuestro idioma, no iremos más allá de comentar que afirmamos que la ley moral de Dios, expresado y resumido en el decálogo, está pertinente para el cristiano de hoy, no solo algunos mandamientos sino los diez, con sus respectivas implicaciones. El día del Señor es un mandamiento obligatorio para toda la humanidad y perpetuo. La iglesia hoy en día tiene un día de reposo (sabbatismos) que guardar como bien lo enseña Hebreos 4:9.



Pero en el camino de una mayor comprensión de esta doctrina, deseamos tratar con un poco de más detenimiento, la razón que llevó a cambiar el día de reposo, del día séptimo al día primero. De hecho, estas son las razones por las que el día del Señor, así llamado desde todos los eventos que lo ratificaron, se celebra para el Nuevo Pacto un día distinto al día de reposo bajo el Antiguo. Pero nótese aquí lo importante, que es nuestra intención demostrar que dicho cambio no se dio por iniciativa del ser humano, ni siquiera por el consenso de hombres piadosos. Tal y como ocurrió con el reposo que vino desde la creación del mundo hasta la resurrección de Cristo, pasó con el reposo que se observa desde esta resurrección hasta el fin del mundo: Que fue una institución divina.

Pasemos pues a observar las razones por las que este día fue cambiado.


1. El Día llamado Sábado, en nuestro idioma, no hace parte de la esencia del Mandato

Notemos Éxodo 20:8-11: ‘Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; más el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó’.


Aquellos que hemos recibido la Palabra de Dios, en otro idioma distinto al que fue escrito, debemos, ciertamente, esforzarnos por entender el contenido bíblico lo más fiel posible. De ninguna manera este es un llamado a la desconfianza, pero sí a la profundización de nuestras doctrinas. Quizás, una de las palabras que más ha generado confusión cuando el lector corriente de su Biblia en el castellano, es encontrar un asterisco que le indica cada vez que aparece ‘día de reposo’, una nota así: *Aquí equivale a sábado. 


Bien hubiésemos agradecido a los traductores no haber hecho, por las razones que fueran, esta aclaración que para hoy, a veces se presta para confusiones. Si tan solo se hubiese traducido la palabra Sabbat, lo más obvio posible, tendríamos que en los pasajes que se usa, sencillamente se hubiese puesto ‘reposo’. Así, cuando el Señor ordena guardar el día de reposo, el lector corriente no se hubiese visto tentado a concluir que Dios le está llamando a guardar el día llamado en el idioma de Cervantes: Sábado, sino simplemente el día de Reposo.


Algunas biblias o versiones de la Biblia han traducido Sabbat, como sábado, como la versión Reina- Valera 1995: ‘Acuérdate del sábado para santificarlo’, prestándose precisamente para esta confusión porque una cosa es el día sábado en nuestro idioma y otra reposo o Sabbat, según el texto bíblico. Así, lo que el lector debe entender es que Dios ordena acordarse del Sabbat (reposo), no guardar el día Sábado.

En las palabras que encontramos en este mandamiento nos damos cuenta que Dios ordena acordarse y guardar el día de reposo. Lo que Dios nos está diciendo es que ha de observarseun día de cada siete. El pasaje dice que todas las obras y trabajos han de hacerse en seis días más el séptimo día es reposo, esa es la esencia del mandato. Ubicar el reposo en el día séptimo hace parte del mandamiento, ubicar el día Sábado (llamado así en nuestro idioma), no hace parte del mandato.


‘Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos. Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó (Sabbat) el día séptimo de toda la obra que hizo.Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó (Sabbat) de toda la obra que había hecho en la creación’. (Gn.2:1-3). Notemos que en este pasaje el Señor descanso el séptimo día y lo bendijo y lo santificó, pero de alguna manera Dios no está resaltando tanto la importancia del nombre del día, sino la importancia que este es el séptimo en el que descansó, después de seis de trabajo, tal como se ve siglos después en el mandamiento dado en el Sinaí (Ex.20:8-11).


Déjeme ponerle un ejemplo. La Biblia no dice: “Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana del lunes” (Gn.1:5). No, eso no lo dice, dice ‘fue el día primero’. Tampoco dice: “Y llamó Dios a la expansión Cielos. Y fue la tarde y la mañana el día martes” sino ‘día segundo’ (Gn.1:8). Dios quiere resaltar más la idea de seis días de trabajo y uno de reposo.


Es más, mientras Dios creaba, no existían los días, hasta ahora Dios los estaba creando y por lo tanto los días no tenían nombre. Luego, los judíos tampoco le tenían nombres a los días, al único que le pusieron nombre es al séptimo día porque fue en el que Dios descansó y su nombre fue Sabbat que significa, como ya hemos resaltado, reposo. Así, los demás días se conocían por número, el primero, el décimo, el doceavo etc. Infructuosamente buscará en la Biblia los nombres de los días, eso es algo que tenemos por vía de otras culturas, pero no es nuestro caso referirnos a eso. A resaltar aquí es que Dios descansó el séptimo día y al séptimo día después, con el tiempo y más bien a causa de una transliteración, se le llamó sábado.


En la esencia del mandato, pues, no está el día Sábado, sino el reposo, el Sabbat, el séptimo día. Por esta razón, más adelante se podía cambiar el día porque en esencia, no se estaba violando el mandamiento que era el reposar. Sin embargo, no quedó al hombre determinar el día que debía descansar. Tanto para el Antiguo como para el Nuevo, Dios ordena cual es el díaque se ha de reposar, el séptimo para el Antiguo Pacto, el primero para el Nuevo.


2. El cambio de día estaba prefigurado en el Antiguo Testamento

El Salmo 118 fue usado por Cristo mismo (Mr.12:10-11) y por el apóstol Pedro, como alusivos al Mesías. Por lo que podemos hablar definitivamente de un Salmo que prefiguraba al Cristo. Pero mirémoslo: ‘La piedra que desecharon los edificadores, ha venido a ser cabeza del ángulo. De parte de Jehová es esto, Y es cosa maravillosa a nuestros ojos. Este es el día que hizo Jehová; Nos gozaremos y alegraremos en él’ (Sal 118:22-24). Este Salmo es profético, nos está hablando de lo que pasaría en el futuro, nos habla de Cristo y de su obra, esa piedra que desecharon los edificadores es Cristo, en su venida todos los que no creyeron en él lo rechazaron y lo mataron.


Así, por inspiración divina Pedro nos dice quién es esa piedra: ‘Por lo cual también contiene la Escritura: He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa; Y el que creyere en él, no será avergonzado. Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen, La piedra que los edificadores desecharon, Ha venido a ser la cabeza del ángulo; y: Piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados’ (1 Pd.2:6-8). Cristo es esa piedra y en su victoria, Él viene a ser cabeza del Angulo. Pero preguntémonos, ¿Cuándo Cristo viene a tomar ese lugar de piedra angular? ¿Cuándo es que Cristo vence? La respuesta es bastante obvia para el razonamiento bíblico, cuando resucita. Cristo venció cuando resucitó. El Salmo prefiguraba estos días de gozo por la victoria de Cristo:‘Este es el día que hizo Jehová; Nos gozaremos y alegraremos en él’ (v.24). ¿Cuál día? El día de su victoria coincide con el día de nuestro gozo en Él. Fue un primer día de la semana, un domingo temprano en la mañana, cuando Cristo resucitó. El primer día de la semana Cristo el Señor resucitó de los muertos.


Otro pasaje que nos muestra que Dios estaba preparando el cambio de día desde el Antiguo Testamento es Jeremías31:31-32: ‘He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto’. Aquí hay una clara alusión de un nuevo y mejorado pacto. Tenemos la ventaja de estar parados después del cumplimiento, por el que sabemos que este nuevo y mejor pacto se hizo en su sangre, es decir, su sacrificio. Miremos estos pasajes:


‘Porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados’(Mt.26:28). ‘Y les dijo: Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada’ (Mr.14:24). ‘De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama’(Lc.22:20). ‘Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí’(1 Cor.11:25). ‘El cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, más el espíritu vivifica’ (2 Cor.3:6). ‘Porque reprendiéndolos dice: He aquí vienen días, dice el Señor, En que estableceré con la casa de Israel y la casa de Judá un nuevo pacto’ (Hb.8:8). ‘Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer’ (Hb.8:13). ‘Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna’(Hb.9:15). ‘A Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel’ (Hb.12:24).


Así que hay unas estructura pactual en el que la ley de Dios se expresaba. Dicha estructura del antiguo Pacto, como estructura, viene a ser abolida por el sacrificio de Cristo. No la ley moral, pero sí su andamiaje pactual antiguo. Este andamio antiguo, incluía por supuesto regulaciones específicas, leyes propias que los judíos habían recibido como pueblo geográfico y objeto de la antigua dispensación. Pero ese pacto fue invalidado (Hb.8:8-9), dando paso así a uno Nuevo, basado en la sangre de Cristo, para todos los que crean en Dios de todos los pueblos, y naciones. Se esperaría por consecuencia, que muchas de las cosas que tenían los judíos, como pertenecientes al Antiguo Pacto, no las debemos tener nosotros porque no somos judíos sino cristianos y estamos bajo un Nuevo Pacto.


El apóstol Pablo es enfático en rechazar la estructura o andamiaje del antiguo Pacto en Colosenses 2:16: ‘Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo’. Sería un error pensar que Pablo está hablando de la abolición de la ley moral, pues lo que está haciendo es desechar la estructura o andamio propio del Antiguo Pacto, donde había regulaciones dietéticas y varios reposos semanales y anuales. Sabemos por Jeremías 31:33, que la ley de Dios no ha sido abrogada sino cincelada en el corazón de los creyentes. Así, la ley moral del reposo está vigente y escrita en el Nuevo Pacto, no así el día séptimo, el cual pertenecía a la estructura legal del antiguo Pacto.


3. En el Antiguo Testamento se dio el mandamiento señalando creación y redención, por lo que al haber una nueva creación y una nueva redención, el día cambió.

Éxodo 20:11 señalaba una de las razones para la observancia del día de reposo, a saber, que en ese día Dios reposo de sus obras de creación. Así, cuando los judíos guardaban el día de reposo conmemoraban la creación: ‘Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó’Pero nótese que junto a esto, Deuteronomio 5:15 señala que el día debe ser observado como un recordatorio de la redención de la esclavitud egipcia: ‘Acuérdate que fuiste siervo en tierra de Egipto, y que Jehová tu Dios te sacó de allá con mano fuerte y brazo extendido; por lo cual Jehová tu Dios te ha mandado que guardes el día de reposo’. Los judíos guardaban el día de reposo porque recordaban que Dios los libró de los egipcios, los redimió o compró como esclavos porque ellos no se podían librar a sí mismos de su pesada esclavitud.

Ahora. ¿Hay rastros en el Nuevo Testamento acerca de una nueva creación y una nueva redención? Y si lo hay ¿No marcaría esto un nuevo comienzo de muchas maneras?


Una nueva creación
‘Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas’ [Negrillas mías] (Ef.2:8-10). ‘De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas’[Negrillas mías] (2 Cor.5:17). ‘Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas’[Negrillas mías] (Ap.21:5). Así que Dios hizo una nueva creación, somos hechura suya, somos nuevas criaturas y eso hay que celebrarlo. Eso lo conmemoramos el día del Señor.


Una nueva redención
‘Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres’ [Negrillas mías] (1 Cor.7:23). ‘Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero)’[Negrillas mías] (Gal.3:13). ‘Y cantaban un cántico nuevo delante del trono, y delante de los cuatro seres vivientes, y de los ancianos; y nadie podía aprender el cántico sino aquellos ciento cuarenta y cuatro mil que fueron redimidos de entre los de la tierra’ [Negrillas mías] (Ap.14:3).


Así que ahora tenemos cosas mayores por las que conmemorar en el día del Señor, nosotros no estamos conmemorando lo que conmemoraban los judíos. Recordemos nuestra posición como creyentes, estamos en un nuevo y mejorado pacto. Como pertenecientes a este conmemoramos cosas mayores, más elevadas. Piense que si guardáramos el sábado, esas realidades no estarían presentes ni se resaltarían, más bien se confundirían. Pero al guardar otro día, el domingo,el día de la victoria de Cristo en su resurrección, es para resaltar la grandeza de la obra de Dios en Cristo, lo que es propio del Nuevo Pacto. 


Hay una nueva creación y una nueva redención, los judíos conmemoraban la creación natural nosotros la espiritual, los judíos celebraban que salieron de Egipto nosotros que somos libres del pecado, nueva creación y nueva redención por eso el primer día de la semana es un día especial no es como los otros y por eso no debemos hacer las cosas que hacemos en los otros sino las que agradecen a Dios y le dan gloria por su obra de creación y redención.


4. Guardamos el primer día de la semana porque Dios mismo señaló ese día con la resurrección y las apariciones de Cristo.

En el Antiguo Testamento Dios descansó el séptimo día. Ese día debería ser guardado porque Dios lo señalo así, descansando Él mismo de sus obras. Dios no necesitó hablar a Adán y por ende a la raza humana, en un comienzo, acerca deldescanso semanal. Simplemente, cuando descansó ese día y además lo apartó (santificó) y lo bendijo, señaló de forma inequívoca que ese día no era como cualquier otro. Seguramente entendemos que Dios no descansó para Él, sino para mostrarse como modelo, para que el ser humano le imitara. Así, al descansar en el día siete, y antes de la promulgación del Sinaí, Dios señaló que este era el día de reposo.


En el nuevo pacto las realidades no son distintas. El mismo Señor con sus obras señala hacia el día primero como el día de reposo ¿Cómo? ¿Dios cómo nos señala ese día? Con las cosas que Cristo estaba haciendo el día de reposo: Resucitó y se apareció a los discípulos el primer día de la semana, varias veces.


Miremos que el testimonio bíblico señala hacia la resurrección, el día de la victoria de Cristo, el primer día de la semana: ‘Y muy de mañana, el primer día de la semana, vinieron al sepulcro, ya salido el sol. Pero decían entre sí: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro? Pero cuando miraron, vio removida la piedra, que era muy grande. Y cuando entraron en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho, cubierto de una larga ropa blanca; y se espantaron. Mas él les dijo: No os asustéis; buscáis a Jesús nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar en donde le pusieron’ (Mar 16:2-6).


Ahora, su primera aparición en conjunto, luego de resucitar, fue un primer día de la semana también: ‘Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros. Y cuando les hubo dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y los discípulos se regocijaron viendo al Señor. Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío’ (Jn.20:19-21).


Su segunda aparición a sus discípulos también coincidió en primer día de la semana: ‘Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino. Le dijeron, pues, los otros discípulos: Al Señor hemos visto. Él les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré. Juan Ocho días después, los judíos contaban los días empezando con el que estaban entonces era el primer día, ocho días después es el primer día de la otra semana, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. Juan Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente’ (Jn.20:24-27).

Haciendo una recapitulación mental ¿Por qué el Señor elige resucitar un primer día de la semana y aparecer los primeros días de la semana a sus discípulos? ¿Acaso hay una intencionalidad en esto? Por supuesto, Dios no es uno que haga las cosas al azar. El Señor estaba señalando este día para que fuera su día en el nuevo pacto. Noten el Señor no se apareció el martes, el lunes, el jueves o el sábado, se aparecía en domingo, ¿Por qué? Porque estaba señalándolo.


5. Fue el primer día de la semana que vino el Espíritu Santo con poder sobre la iglesia.

Este dato adquiere una mayor relevancia, porque hace parte de aquellas obras de Cristo, con el que, como Señor del día de reposo (Lc.6:5), instituía por la vía de sus obras, un precepto para el pueblo de Dios. Así como en la primera creación, el Señor después de trabajar seis días, descansó uno, no para Él sino como obra preceptiva (Una obra que se pone como ley para su pueblo por la vía de la imitación), de la misma manera vemos que Cristo procede. Recordemos que el Espíritu Santo no vino, sino que fue enviado por el Padre y por el Hijo(Hch.2:33). Valdría la pena preguntarse si acaso fue casual que se enviara el Espíritu Santo justamente un primer día de la semana, acumulando razones para que el pueblo de dios aprendiera a ver el primer día de la semana como su día de reposo cristiano.


‘Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen’ (Hch.2:1-4).


Debemos ubicarnos en el día que el Espíritu Santo fue enviado. Este día se celebraba el día de Pentecostés, una fiesta judía, después que pasaba la pascua: ‘Y contaréis desde el día que sigue al día de reposo, desde el día en que ofrecisteis la gavilla de la ofrenda mecida; siete semanas cumplidas serán. Hasta el día siguiente del séptimo día de reposo contaréis cincuenta días; entonces ofreceréis el nuevo grano a Jehová’(Lv.23:15-16).


Esto es muy relevante porque al observar qué día se celebraba Pentecostés, debemos señalar que se celebraba el primer día de la semana, luego de siete semanas a partir de la Pascua. De manera que si contamos desde el día de reposo en que iniciaba la Pascua, siete semanas, encontramos que el día 49, caía otro día de reposo. Pero la fiesta se celebraba el día cincuenta, es decir, un día después del día de reposo. Ese día (cincuenta) estaban los discípulos reunidos y ocurrió aquel evento especial, el Espíritu Santo descendió y les dio dones de lenguas de manera que hablaban en los idiomas de muchas personas para poder evangelizarlos. Este evento fue el Domingo, el primer día de la semana, no el séptimo. 


De hecho, los discípulos entendieron a la perfección, lo que la acumulación de obras de Cristo estaba señalando. Le recuerdo que en Cristo, no solo sus palabras sino sus obras, señalaban de muchas maneras la voluntad de Dios con respecto a los suyos, por lo que el pueblo no solo estaba pendiente de sus palabras sino de sus actos (Lc.24:19). Hasta el momento se habían acumulado obras como, la resurrección el primer día de la semana, varias apariciones el primer día de la semana, la venida del Espíritu Santo el primer día de la semana también. Esto nos lleva a la manera de proceder completamente consecuente de los discípulos que entendieron el obrar de su Señor y Dios.


6. Los discípulos se empezaron a reunir los primeros días de la semana.

Los discípulos entendieron el ejemplo del Señor como una modelación preceptiva. Desde el comienzo el Señor Jesucristo les hizo saber a sus discípulos que Él es el Señor del día de reposo (Mr.2:28; Mt.12:8) y después de su resurrección entendieron que el Señor Jesucristo es el reposo real de los redimidos, tipificado en el día, reposo obtenido por su obra en la cruz, sellado y certificado por su resurrección (Rom.4:25; Col.2:11-15; Hb.4:3,9).


Siendo el Señor Jesús, Señor del día de reposo y el anti tipo (realidad o cumplimiento del tipo, o modelo) del mismo, después de su resurrección, Él comenzó a reunirse con sus discípulos, no el séptimo día de la semana sino el primero, para mostrarles su resurrección, confirmarlos en Él, y comer con ellos, dándoles reposo de la desesperanza en que se encontraban a causa de no haber entendido aun el valor de Su muerte y el miedo a los que le habían matado (Cf. Jn.20:19,26; Mr.16:1-9).


Los discípulos del Señor Jesucristo entendieron que la conducta del Señor después de la resurrección, de reunirse con ellos varias veces el primer día de la semana, les indicaba que de ahí en adelante debían seguir reuniéndose ya no el ultimo día, sino cada primer día, por ser ese el día de su resurrección, el día de la victoria sobre la muerte y por tanto la garantía del retorno al reposo en comunión con Dios, perdido por la caída, y el reposo de los males causados por el pecado (Hb.4:3,9).


Pasar por alto esto, es pasar por alto el proceder redentivo del Señor, y no olvidemos que así como el proceder creador de Dios es ley para su creación, el proceder redentivo es ley para sus redimidos. Así lo entendieron sus discípulos y por esta razón, los discípulos empezaron a reunirse el primer día de la semana, sin ninguna discusión al respecto sino con absoluta sujeción a los que el Señor con su propio ejemplo les estaba mostrando


‘El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de salir al día siguiente; y alargó el discurso hasta la medianoche’(Hch.20:7). ‘Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas’ (1 Cor.16:2). Aquí encontramos con bastante claridad algunas razones por las que se reunieron el primer día de la semana. 


Ellos se reunían para asuntos propiamente litúrgicos. Ellos se reunieron tanto para escuchar la Palabra de Dios como para partir el pan, y aquí, partir el pan es tomar la cena del Señor. Además, el apóstol exhorta a la recolección de una ofrenda, pero ¿Era capricho del apóstol decir qué día? O más bien ¿Correspondía este día al día de la adoración formal del pueblo de Dios bajo el Nuevo Pacto? Medite ¿Por qué no se recogían las ofrendas el sábado si el sábado era el día que se reunían? La respuesta es obvia, porque no era el sábado se reunían cada primer día de la semana, ¿Por qué? Porque ese era el día del Señor, porque el primer día de la semana hacían el culto. Porque ese día se reunían.


Existe otro dato, no de menor importancia. El cristianismo sufría el inicio de una gran persecución que empezaba el primer siglo. Juan, el apóstol, el que en su juventud se recostó en el pecho del Salvador, ahora estaba desterrado por el emperador Domiciano en la isla de Patmos, por el testimonio de Jesucristo. Se cree que ya era cerca del año 99 o 100, y Juan aunque estaba desterrado en esa isla, quizás abandonado a su propia suerte para que muriera, estando lejos de la vista de la iglesia, de la sociedad. ¿Qué lo encontramos haciendo cuando recibió la revelación del Apocalipsis? Él estaba guardando el día del Señor. ‘Yo Juan, vuestro hermano, y copartícipe vuestro en la tribulación, en el reino y en la paciencia de Jesucristo, estaba en la isla llamada Patmos, por causa de la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo. Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta, que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último. Escribe en un libro lo que ves, y envíalo a las siete iglesias que están en Asia: a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea’ [Negrillas mías] (Ap.1:9-11).


Juan estaba preso, y estaba guardando el día del Señor. Era el primer día de la semana y dice que estaba en el espíritu ¿Qué significa eso? Que estaba orando, cantando, buscando a Dios y ese día el Señor le dio la visión que escribió en este libro, fue ese día y no otro, no fue el sábado, fue el primer día de la semana el día del Señor. Interesante que ya para ese momento, el primer día ya tenía sobre sí una calificación especial, no era meramente el primero, como el que sigue de la secuencia después del séptimo. Este día era más que un día secuencial, era el día del Señor (imera kuriake), el día que le pertenece a Él. La práctica apostólica es completamente consecuente con las obras de Cristo sobre su pueblo, y es algo que su pueblo debe observar, si es que decimos andar sobre el fundamento apostólico.


7. Cristo reposó de sus labores el Domingo

El día de la resurrección del Señor indica la finalización su obra de redención como ya lo hemos argumentado anteriormente. Por lo tanto podemos afirmar que ese día fue el día que reposó de sus labores. La resurrección es el punto más alto de la obra de Dios tanto que ella es la que apoya el cristianismo, es la base, es la prueba real del cristianismo.‘Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe. Y somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados. Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron. Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres. Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho’ (1 Cor. 15:13-20).


Ahora, permítanos citar el siguiente versículo y al leerlo, trate de responder ¿De quién está hablando el pasaje? ¿De Dios o de alguien más? ‘Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas’ (Hb.4:10). Es claro en el contexto que Dios entró en su reposo el séptimo día de la creación. Entonces ¿A quién se refiere el autor cuando dice; ‘el que ha entrado en su reposo’? Es claro que la carta a los Hebreos está hablando o dando testimonio de Cristo, de múltiples maneras, de su obra y de por qué su obra es mejor que todas las sombras del antiguo pacto. Podemos afirmar que el Sujeto de este pasaje no es otro que Cristo quien entró en su reposo.


Es interesante notar que el texto nos muestra un paralelo entre Dios Padre y su obra de creación, y Dios Hijo y su obra redentora. Así, el texto afirma que después de la creación, el Padre reposó de sus obras de creación el séptimo día (Hb.4:4).Ahora, el texto nos señal hacia otro reposo, algo similar o análogo a la frase: trabajo-reposo, de Dios. 


El texto señala e uno, ‘el que ha entrado en su reposo’después de haber obrado. Una sola persona es expresada aquí, en cuyo nombre las cosas son mencionadas. Esta persona ha entrado en su descanso y ha cesado de sus obras. Es obvio, el único que puede ser, es nuestro Señor Jesucristo, quien entró en este descanso como nuestro representante. Dios hijo, cesó de su obra de redención en el primer día de la semana y como señal de su obra que fue consumada y nada queda por hacer. En la resurrección entró en el gozo de su labor y dio la vida eterna que compró.


La entrada en el reposo de su obra ¿No establece una práctica para la iglesia, tal como el reposo del Padre marcó la práctica del reposar para toda la humanidad? Este es un paralelo perfecto. Dios poniendo el fundamento de la creación y reposando. El Hijo, poniendo el fundamento de la nueva creación y reposando. Hebreos 4:9, señala que basado en las realidades del reposo divino, ‘queda un reposo (Sabbatismos) para el pueblo de Dios’. Tanto el sábado en el Antiguo Pacto como el domingo en el Nuevo señalan el reposo eterno. 


Pero el apóstol en el texto citado afirma que mientras ese reposo eterno llega queda aún un reposo para la iglesia, queda en este siglo un Sabbat terrenal para prefigurar el eterno. El reposo semanal es una sombra del reposo eterno. El pueblo de Dios debe guardar este reposo (Sabbatismos) como una esperanza del reposo eterno al que se dirige. Este reposo pertenece a la nueva creación, a Cristo, por lo que no corresponderá al Antiguo orden sino al nuevo. En otras palabras, el Sabbat a guardar es el primer día de la semana no el séptimo, porque en el primero, Cristo entró en su reposo (Hb.4:10).


8. El Señor Jesús hizo una promesa antes de irse

Uno de los fenómenos que han venido a repetirse en el cristianismo en siglos recientes, es el de un espíritu orgulloso e independiente de la obra del Espíritu Santo a lo largo de la historia. Si realmente creemos en la promesa del Salvador en Mateo 16:18 cuando dijo: ‘Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella’, tendríamos que aceptar que Él ha venido acompañando a la iglesia, dotándola del Espíritu Santo y de maestros para su bienestar. El Señor Jesús prometió que las puertas del infierno no estarían firmes contra la iglesia, la iglesia sería victoriosa.


¿Cómo podemos creer que la iglesia estuviera en tremendo pecado durante siglos observando un día que realmente no era el correcto? ¿Cómo podemos pensar que los que defienden el día sábado como día de reposo cristiano son los únicos que tienen la verdad después de tantos años de error de la iglesia? ¿Dónde estaba Cristo que dejo a su iglesia en la oscuridad hasta que llegaron los sabatistas? ¿Por qué el Señor no cumplió su promesa? Por supuesto que el Señor de la iglesia ha venido cumpliendo su promesa desde que la hizo, Él ha cuidado su iglesia, y aunque ella a veces cae y mancha sus vestidos, se levanta y corrige su andar afirmándose más en su Palabra. Aun cuando han habido tiempos duros para la iglesia, Cristo el Señor de la iglesia, el Esposo de la iglesia la ha cuidado, como a la niña de sus ojos, nunca la ha descuidado y nunca ha dejado de darle lo que le hacía falta y lo hará hasta que un día se la presente a sí mismo como una esposa santa y sin mancha, ni arruga para su propia gloria.


Es claro para el cristianismo bíblico, histórico y confesional, que hay un día que debe ser guardado como día de reposo cristiano. Que dicho día pertenece a la ley moral la cual, consideramos como vigente para la iglesia de hoy. Este día debe ser observado con rigurosidad bíblica y piadosa por todo aquel que confiese a Cristo como Salvador y Señor. Pero afirmamos que ese día, no corresponde al día de reposo judío, o aquel que se extendió desde la creación hasta la resurrección de Cristo. El día de reposo cristiano es llamado el Día del Señor y se observa el primer día de la semana, no por institución humana ni por costumbre eclesial, sino por mandamiento divino y como tal hay que observarlo.


La Confesión Bautista de fe de Londres de 1689 afirma en el Capítulo 22, párrafo 7: 
Así como es la ley de la naturaleza que, en general, una proporción de tiempo, por designio de Dios, se dedique a la adoración a Dios, así en su Palabra, por un mandamiento positivo, moral y perpetuo que obliga a todos los hombres en todas las épocas, Dios ha señalado particularmente un día de cada siete como día de reposo, para que sea guardado santo para él; el cual desde el principio del mundo hasta la resurrección de Cristo fue el último día de la semana y desde la resurrección de Cristo fue cambiado al primer día de la semana, que es llamado el Día del Señor y debe ser perpetuado hasta el fin del mundo como el día de reposo cristiano, siendo abolida la observancia del último día de la semana.

El doctor Archibald A. Hodge, afirma en su tratado, El día cambiado y el día de reposo preservado: “Diferentes naciones cristianas y diferentes denominaciones y cada denominación en periodos diferentes de su historia, han albergado sentimientos muy diversos y seguido muy diversas costumbres con respecto a la observación del día de reposo semanal, así como también respecto a toda otra ordenanza cristiana y deber práctico. A pesar de este hecho, sin embargo, todo el mundo cristiano histórico, católico y evangélico, ha estado siempre de acuerdo con respecto a la verdad en las siguientes proposiciones: La institución del descanso del día de reposo […] su observancia como una obligación moral universal y perpetua sobre la raza […] después de la resurrección de Cristo, en vez de abrogar una institución antigua e introducir una nueva, Dios, mediante sus instrumentos inspirados, perpetuó el día de reposo, reimponiéndolo a los cristianos con obligaciones añadidas y cambiando el día séptimo al primer día de la semana, enriqueciéndolo con un significado más nuevo y elevado”.


El primer día de la semana, no es cualquier día, es un día especial de adoración a nuestro Dios, de búsqueda de su presencia santa, es nuestro día de reposo como creyentes bajo el Nuevo Pacto, donde descansamos de nuestras obras y nos dedicamos a las que agradan a Dios. Hemos de observar que aquellos creyentes piadosos que vivían bajos las sombras del Antiguo Pacto, se esforzaron por guardar este día estrictamente para dedicarlo al Señor, como un desafío de los que ahora andamos, ya no más bajo sombras, sino bajo las realidades consumadas del sacrificio de Cristo y con una esperanza más firme hacia el futuro. La exhortación del Señor Jesús, debería refrenarnos de presentar una observancia menor como cristianos, que la de los judíos en épocas de menos luz: 


De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos. Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos’ [Énfasis mío] (Mt.5:19-20).


La observancia a la ley de Dios en sus aspectos grandes y pequeños, es una evidencia de la obra de gracia en un alma. Por lo que guardar la ley, no es una carga sino un privilegio y un deleite par quien ha sido renovado, mucho más si dicha ley, como es el caso del día del Señor, es una pequeña degustación semanal, de una realidad espiritual y de un porvenir seguro. 


Nuestro humilde llamado es a que hagamos de este día algo especial por siempre, nunca más veamos este día como cualquier otro, ese día es para deleitarnos con Dios, mientras esperamos el día de nuestro reposo eterno.

¿LA BIBLIA DA PARA TODO?




“El papel aguanta todo”, es una expresión que tiene como fin poner en duda cualquier asunto que se ponga por escrito independientemente su autoridad. He escuchado este argumento para hablar de la Biblia y así expugnar su certeza y pertinencia para hoy.


En el caso de las Escrituras, quizá podríamos decir que en la gama de interpretaciones bíblicas, “La Biblia da para todo”. Por supuesto, esto no es una crítica a la Biblia misma ni una contradicción a mi adhesión a su inspiración, infalibilidad e inerrancia, sino a la desafortunada realidad de las desastrosas interpretaciones de las Escrituras de parte de los confesos cristianos que ha llegado a formar parte del colectivo evangélico y replicado hoy por los medios masivos de comunicación.

Hace algún tiempo, una líder de una secta en nuestro país (Colombia) tomó de la Biblia, principios descontextualizados con respecto al sacerdocio Aarónico del Antiguo Testamento para afirmar su prohibición a que personas discapacitadas presidan públicamente en su organización. Su interpretación bíblica es tal que puede arbitrariamente sacar ese principio del Antiguo Testamento, pero dejara un lado otros que no encajarían en su propia manera de ver las cosas. Si su manera de interpretarla Biblia fuera coherente, de rescatar de las prescripciones levíticas todos los requisitos para quienes presiden, ella misma tendría que abandonar su cargo, basado en que solamente los varones presidían como sacerdotes y levitas.


De hecho, el problema no está en establecer una práctica basada en el Antiguo Testamento, porque hay sinnúmero de principios que estamos obligados a obedecer, siendo ellos fundamentados en el Antiguo Testamento. El punto es que debe haber un principio objetivo, claro, no contradictorio, para que sepamos qué asuntos tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento se presentan como obligación para el creyente bajo el Nuevo pacto. Principios que no sean arbitrarios, que no dependan de mi manera particular de ver el cristianismo ni mucho menos, que uno mismo pueda moldearlos a su conveniencia.


Ha sido ampliamente conocido también como en el mundo del deporte, la practica de tomar textos aislados de su correcta interpretación, se aplican arbitrariamente y de manera descuidada, sin respetar minimamente el sentido de los pasajes citados. Hace algún tiempo, un famoso jugador de fútbol perdió la oportunidad para ir al mundial y se afirmó que tenía 'una esperanza como un grano de mostaza a la cual se aferra, la cual es suficiente para creer que su ilusión por el mundial aún está vivía. Dios hace posible lo improbable y en el creo yo’. Esto no parece tan indignante como las declaraciones de aquella mujer ni sufren el rigor del impacto publico y discriminatorio pero es altamente ofensivo para aquellos que nos confesamos en máxima subordinación a las Escrituras. Contiene la misma cantidad de confusión y subjetividad arbitraria que descartar a un varón para el ministerio de predicación por alguna discapacidad.


Muchos cristianos siguen, comparten y aplauden este proceder sin ningún discernimiento este uso de la Biblia que ahora cantantes, políticos, deportistas, actores y gente del común, usan. Tal parece que es suficiente con citar la Biblia así se atropelle el sentido básico de un texto y así se le haga decir a la Biblia lo que no quiere decir. En este sentido podemos ser acusados de tomar la Biblia y hacerle decir lo que deseamos y así, sin duda que la Biblia da parra todo. Textos como el conocido Filipenses 4:13, 'Todo lo puedo en Cristo que me fortalece', ha sido usado para manifestar la fe en Dios disponible para abrir una lata de atún, sacar adelante un proyecto laboral, ganar un Grammy, hasta para ganar un partido de fútbol o una votación política.


No es para nada probable que el Señor Jesús cuando afirmó que quien tuviera fe como un grano de mostaza haría lo imposible, estuviera pensando en la rodilla de Radamel, en el disco de Montaner, en el proyecto de Juanito ni en el cargo político que se consigue con esta estrategia. Tampoco creo que al decirle a sus discípulos que lo que es imposible para los hombres es posible para Dios, haya estado interesado en el staff de jugadores de la selección Colombia rumbo al mundial o que la victoria que Él da tiene que ver con derrotar en la cancha al otro equipo. Pero esta interpretación es tan típica, tan generalizada, pero terriblemente dañina para este mundo que es necesario detenerla.


La hermenéutica, ciencia de la interpretación bíblica, nos diría que los textos han tenido un significado primario, original. Antes que nosotros naciéramos ya tenía un significado que seguramente es el significado que debe dársele para luego aplicarlo a casos individuales. Si mi capacidad de entender el significado primario de la Biblia, en su contexto, se ve nublado por mis casos particulares, la manera de aplicar la Biblia a mi vida, será desastrosa, arbitraria y peligrosamente muy subjetiva. Mientras que si llego al significado que el Santo Espíritu dio al inspirar tales textos, los entiendo en su significado y contexto, luego al aplicarlos a mi vida, lo haré de la manera justa y real y sin duda podré decir que la Palabra de Dios se ha aplicado a mi vida.


La interpretación privada de la Biblia tan defendida por los reformadores del siglo XVI, no es sinónimo de interpretación arbitraria de ella. El libre examen de las Escrituras no es un permiso absoluto de interpretar la Biblia de la manera más liviana, subjetiva, parcializada y ligera que se pueda. El derecho que Dios le dio a su pueblo de leer e interpretar el Sagrado Tomo, no los autoriza a hacer su propia versión de cristianismo y espiritualidad ya que solo hay un Dios y una fe.


El tráfico indebido de máximas bíblicas no es un bien para el mundo, ni para el cristianismo, por supuesto. No basta con que un cantante mundano que se confesa cristiano, se vaya tranquilo a dormir porque citó en su canción o en sus declaraciones partes de la Biblia y piense que ha dado testimonio de la fe y ha sido un valiente testigo. Es muy probable que haya ido a la cama como alguien más culpable de seguir esparciendo el virus de subyugar la Biblia a criterios subjetivos y personales que alejan a las gentes del verdadero mensaje de Dios. Y si ya teníamos el problema de defender ante la gente que el papel de la Biblia aguanta todo, ahora tendremos otros, defender el evangelio ante el mundo violento que nos dice que la Biblia da para todo. El ya difícil mensaje del evangelio se levanta más enemigos por irresponsabilidades como las que anotamos. Pero usted sabe que eso no es lo único, cada día hay más y más de esto.



La hermenéutica no es un lujo de los seminaristas, si un creyente no busca ser más diestro en interpretar el sagrado libro, su mente será la incubadora del virus que hoy lamentamos. Que quede claro, Dios si nos habla hoy por su Palabra Santa, la Biblia, pero por ella bien interpretada. Si decimos tener la Biblia como Palabra de Dios, es necesario que la tratemos como tal.


Jorge E. Castañeda D.

jueves, 8 de marzo de 2018

UN LLAMADO A LA VIGILANCIA REFLEXIVA


Por W. Robert Godfrey

Pablo advirtió a los ancianos de la iglesia en Éfeso acerca de la necesidad crítica de estar atentos: ‘Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos. Por tanto, velad…’ (Hch.20:28-31). Esta advertencia apostólica no fue solo para la iglesia de Éfeso; es una advertencia que es necesaria para cada iglesia en cada edad.

La advertencia de Pablo fue tomada muy en serio por muchas iglesias y ministros en la controversia entre fundamentalistas y liberales en la década de 1920. Los fundamentalistas, al ver que sus iglesias y escuelas desertaban del cristianismo histórico, miraban a los liberales como desviados, engañosos e incluso demoníacos. El Dr. J. Gresham Machen, en la crítica más valiosa y perdurable al liberalismo escrita en la década de 1920, El Cristianismo y el Liberalismo, concluyó que el cristianismo era una religión y el liberalismo era otra muy distinta.

Si bien el análisis del Dr. Machen fue preciso y se presentó de manera moderada, muchos en las iglesias de su época no lo aceptaron. ¿Por qué ocurrió esto, y qué podemos aprender en nuestros días sobre estar atentos en la defensa y promoción del cristianismo bíblico?

La Mente del Liberalismo
En primer lugar, debemos tratar de comprender cómo se veían a sí mismos los liberales y cómo comunicaban sus convicciones a los demás. Los liberales insistieron en que eran cristianos evangélicos. Creyeron que se aferraban a lo esencial de la fe cristiana. Insistieron, afirmando el lenguaje de la Afirmación de Auburn de 1924, que mantenían las doctrinas cristianas básicas y solo rechazaban algunas de las teorías que los fundamentalistas utilizaron para elaborar esas doctrinas. Por ejemplo, creían con ellos que Jesús era Dios, pero no en el nacimiento virginal. Los liberales creían sinceramente que solo ellos salvarían al cristianismo en el mundo moderno al hacerlo más relevante. Como tales, eran misioneros activos por su causa.

El Dr. Machen tenía razón cuando dijo de los liberales: "Por el uso ambiguo de las frases tradicionales, por la representación de las diferencias de opinión como si fueran solo diferencias sobre la interpretación de la Biblia, la entrada a la Iglesia estaba asegurada para aquellos que son hostiles a los mismos fundamentos de la fe". Pero los liberales negaron tales acusaciones, y al usar un lenguaje ambiguo, persuadieron a muchos de que no eran tan malos como afirmaban sus críticos.

Para el Dr. Machen, la controversia entre liberales y fundamentalistas no era solo acerca de la verdad, era sobre la ética. Los liberales no fueron directos u honorables al dejar en claro sus creencias. Escribió que "la honestidad está siendo cedida en su totalidad por el partido liberal en muchos cuerpos eclesiásticos hoy". Ellos habían prometido en sus votos de ordenación defender doctrinas que no creían.

La mente conservadora
El Dr. Machen creía que la mayoría de los miembros de la iglesia en su época eran básicamente conservadores. No querían cambios extensos en la doctrina o la vida de sus iglesias. Estaban algo preocupados acerca de dónde los liberales querían llevar la iglesia. Sin embargo, tendían a ser optimistas sobre el futuro y estaban preocupados por las críticas al liberalismo que parecían demasiado negativas o estridentes.

El liderazgo del ala conservadora de la iglesia no presentaba un frente unido. Mientras que los acérrimos conservadores como el Dr. Machen estaban muy alarmados y criticaban a los liberales, otros conservadores moderados argumentaban que demasiada negatividad y divisiones minarían la misión de la iglesia. Los miembros de la iglesia conservadora a menudo no sabían a quién creer ni seguir.

La división de opiniones entre los líderes conservadores y el optimismo de muchos conservadores los dispuso a evitar una pelea. Ya en 1915, el Dr. Machen vio el peligro potencial de esta situación: "La masa de la Iglesia aquí sigue siendo conservadora, pero conservadora en una forma ignorante, no polémica, de dulzura y luz, que es solo carne para los lobos. No me refiero a usar frases duras de una manera dura, mi lenguaje debe ser entendido como bíblico ". Como Pablo había advertido a los ancianos de Éfeso sobre lobos atacando a las ovejas de la iglesia, el Dr. Machen se preocupó de que las ovejas de la iglesia en su día eran muy vulnerables a los lobos liberales.

La mentalidad confesional
Mientras que el Dr. Machen a menudo era visto como el líder intelectual más grande del movimiento fundamentalista, no se sentía del todo cómodo con el movimiento fundamentalista. Él no creía que era suficiente para defender solo cinco fundamentos de la fe. Creía que el fundamentalismo era demasiado individualista, demasiado reduccionista y demasiado despreocupado con la historia. Para Machen, el verdadero cristianismo era una comunidad histórica con una teología completa y coherente. El verdadero cristianismo, como el Dr. Machen lo sabía en la tradición reformada, llegó a la expresión doctrinal en una confesión completa de fe, como la Confesión de fe de Westminster.

El Dr. Machen creía que una confesión expresaba la mente de la iglesia y mostraba a los miembros de la iglesia lo que la iglesia confesaba como las grandes y necesarias enseñanzas de la Biblia. La confesión debe servir como un antídoto contra la ignorancia doctrinal en la iglesia, ya que la iglesia enseña diligentemente su confesión a sus miembros. La confesión debe mostrar a la iglesia qué doctrinas deben ser defendidas con lucha. Esta debería fortalecer a la iglesia como el baluarte de la verdad.

Hoy, las iglesias evangélicas enfrentan desafíos doctrinales tan serios como los de la década de 1920. Algunos evangélicos rechazan la inerrancia de la Biblia. Algunos rechazan la doctrina histórica de Dios por lo que llaman "teísmo abierto". Algunos rechazan la doctrina bíblica de la justificación que fue recuperada por la Reforma para alguna forma de moralismo.

Las iglesias evangélicas de hoy, sin embargo, están mucho menos preocupadas por los serios errores doctrinales que las dividen de lo que estaban en los años veinte. Están menos atentos de lo que estaban entonces. La iglesia en general no ha aprendido la lección del confesionalismo. El conocimiento doctrinal, la comprensión bíblica y la vida cristiana disciplinada parecen haber disminuido en lugar de avanzar desde la década de 1920.

El llamado de Pablo a la vigilancia reflexiva se necesita más hoy que nunca. Los ministros, los ancianos y los miembros de la iglesia hoy deben renovarse en la verdad mediante un conocimiento completo y cuidadoso de la doctrina contenida para nosotros en las grandes confesiones de las iglesias. Entonces sabremos dónde y cuándo luchar, así como también la verdad por la que luchamos. Como Pablo le escribió a Timoteo: ‘Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren’ (1 Tim.4:16).

Tomado de: 
Traducción: M.L.

POR LA SUPREMACÍA DE CRISTO EN ESTA GENERACION

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Se desea a través de este blog, expresar el pensamiento bíblico coherente, y más cercano a la confesionalidad histórica y reformada y aportar para la aplicación de ella en la vida cristiana, pero no avalamos lo que en contradicción a la fe reformada histórica algunos de los autores hagan o vayan a hacer en un futuro

A Dios sea la goria.