sábado, 18 de noviembre de 2017

DOCTRINAS DE LA REFORMA ¿Un Permiso para la mundanalidad?

Por Jorge E. Castañeda D.

Muchas personas, y con algo de razón, miran con sospecha las doctrinas reformadas, pues al parecer muchos de sus representantes han asumido como una reacción a sus experiencias pasadas en el legalismo, vidas mundanas o al menos, viviendo un cristianismo sin una renuncia completa a la mundanalidad. Por supuesto que no es culpa de las doctrinas reformadas sino de aquellos que las usan para darle un alcance indebido a su libertad cristiana y como un trampolín para un disfrute del mundo, ahora avalado por un pseudo conocimiento intelectual de estas doctrinas.

Cuando hablo de sus representantes, hablo de aquellos que profesan las doctrinas reformadas, aquellos que son la cara de la reforma ante sus amigos, familiares y otros cristianos. Muchos que en iglesias legalistas reprimieron su amor al mundo so pena de ser señalados como impíos, ahora han encontrado en las doctrinas reformadas, una excusa para andar de fiestas, vestir de forma inmodesta, ponerse a la par con los impíos en el uso del licor de forma social, escuchar música del mundo, hacerse tatuajes, quebrantar el día del Señor, vivir para sus deleites, hablar vanidades y liviandades, etc. Sabemos que esto no corresponde a la esencia de lo que la biblia llama mundanalidad, pero sí corresponden a su expresión práctica, más inmediata y evidente.

Estos individuos, malinterpretando las doctrinas de la gracia asumen que la santificación personal y subjetiva, es decir, la conformidad con el carácter santo de Cristo, es por imputación. Ellos prefieren la teología puritana pero no su práctica, para ello pueden afirmar que los puritanos eran legalistas, aunque los usan para darse reputación en sus comentarios. Ellos afirman que guardar completamente el día del Señor es legalista, que apartarse del mundo y sus cosas es fanático, asumen la membresía con liviandad, su acercamiento a las entretenciones claramente sensuales y perniciosas, es sin reparo, sus gustos, hobbies y más, dejan mucho que pensar, a la par que sostienen admiración por Spurgeon y Whitefield.

Por supuesto que creemos en la libertad cristiana, pero no en una que nos vuelva al mundo. Si quisiéremos saber más del poder de la reforma en sus mejores momentos, debemos sonrojarnos al leer relatos como la siguiente cita de Spurgeon, en su sermón llamado buenas obras. Quizás el Señor siga usando exhortaciones como estas, para que aquellos que estamos en un continuo entendimiento de las doctrinas reformadas vivamos vidas apegadas a la verdad que es según la piedad:  

IV. De esta manera les he mostrado el uso de las buenas obras. Ahora, sólo un momento o dos, para decirles que la religión que profesamos en este lugar, y que predicamos, está DISEÑADA PARA PRODUCIR BUENAS OBRAS EN EL HIJO DE DIOS.  Algunos afirman que el llamado Calvinismo, que es un alias del verdadero Evangelio, está calculado para inducir a los hombres al pecado. Ahora, vamos a refutar eso, simplemente recordándoles que el pueblo más santo del mundo ha sido aquel que profesó la doctrina que nosotros sostenemos. Si ustedes preguntasen quiénes fueron las grandes luces morales del mundo en la Edad Media, la respuesta será: personas como Atanasio, Ambrosio y Crisóstomo; y luego, acercándonos más, hombres tales como: Wickliffe, Jerónimo de Praga y Calvino; y cada uno de estos sostuvo las doctrinas que proclamamos con entusiasmo. Y sólo permítanme recordarles que, nunca hubo mejores hombres en el mundo que los puritanos, y cada uno de ellos sostuvo con firmeza la verdad que amamos. 

Me encontré un comentario en un libro, el otro día, que me agradó tanto que decidí leerlo ahora. El escritor dice: "los puritanos fueron los más resueltos protestantes de la nación; calvinistas celosos; predicadores cálidos y afectuosos. Eran las personas más pías y devotas de la tierra; hombres de oración en lo secreto y en público, así como en el seno de sus familias. Su estilo de devoción era ferviente y solemne, dependiente de la ayuda del Espíritu Divino. Tenían una profunda reverencia para el santo nombre de Dios, y eran enconados enemigos no sólo de los juramentos profanos, sino de la plática insensata y de las burlas. Eran estrictos observantes del día del Señor, dedicando todo el día a la devoción en público y en privado y a la caridad. Era marca distintiva de un puritano, en aquellos tiempos, verlo asistir a la iglesia dos veces al día, con su Biblia bajo el brazo.

Y mientras otros se dedicaban al juego y a las distracciones, a las parrandas, a caminar por los campos, o a la diversión del boliche, la esgrima, etcétera, estos, desde la víspera del día de reposo, se dedicaban con la familia a leer las Escrituras, a cantar salmos, a repasar sermones, a catequizar a sus hijos y a la oración. Y esta actividad la llevaban a cabo no sólo el día del Señor, sino que tenían sus horas de devoción familiar durante los días de semana; eran circunspectos en cuanto a todo exceso en la comida y en la bebida, en la ropa, y las diversiones sanas. Eran frugales, diligentes, honestos en sus tratos, y solícitos en dar a cada quien lo que le correspondía." Ese es un noble testimonio hacia la verdad puritana y el poder del Evangelio. Un sabio infiel dice que los calvinistas y jansenistas, "cuando son comparados con sus antagonistas, se han destacado, no en menor grado, en las virtudes más rígidas y respetables; ellos han sido un honor para su propia época, y el mejor modelo de imitación para las generaciones sucesivas." Imagínense a un infiel hablando así. Creo que fue infiel quien dijo: "vayan a escuchar a un arminiano para oír hablar de buenas obras; pero vayan a un calvinista para ver cómo exhibe esas obras." Y aun el doctor Priestly, que era un unitariano, admite que: "los que sostienen las doctrinas de la gracia, se conforman menos al mundo y tienen un principio mayor de religión, que nuestros propios seguidores: y quienes, con base en un principio de la religión, atribuyen más a Dios y menos al hombre que otros, tienen la mayor elevación de piedad." Y precisamente ahora que los unitarios están trayendo a todos sus grandes hombres (tan grandes que nunca habíamos escuchado sus nombres hasta este día), y están haciendo todos sus esfuerzos en Londres para conseguir adeptos para el Unitarismo, sólo les diríamos este hecho.

El doctor Priestly atribuye la frialdad del Unitarismo a la realidad que se han vuelto más indiferentes hacia la doctrina religiosa, y eso explica que sus capillas no tengan mucha asistencia, afirmando que los unitarios tienen muy poco apego a sus doctrinas religiosas. ¡Cuánta misericordia! Pues si continuaran aferrándose a ellas, inevitablemente se perderían. Un hombre que niega la divinidad de Cristo se perderá con certeza. Es inútil que afirmen ser cristianos; muy bien podrían afirmar que son santos ángeles. La mejor prueba que puedo ofrecerles de la santa influencia de nuestras doctrinas, es este grandioso hecho, a saber: que en cada época, aquellos que han sostenido las doctrinas de la gracia han mostrado en sus vidas una santa conducta y una santa conversación.

Pero además, al recorrer rápidamente las doctrinas, preguntamos, ¿qué podría hacer más santos a los hombres que las verdades que predicamos? ¿No les enseñamos, acaso, que Dios ha elegido para Sí un pueblo que debe ser santo? ¿Es esa una doctrina perversa? ¿No les decimos que Dios ha elegido para Sí un pueblo que en este mundo publicará Su alabanza por su vida santa? ¿Es esa una doctrina impía? Y les hemos dicho que el Espíritu Santo les da un nuevo corazón, y un espíritu recto, y que se requiere algo más de lo que ustedes podrían hacer; que son incapaces de llevar a cabo las cosas buenas que Dios espera de ustedes, por lo tanto, Dios el Espíritu debe renovarlos. ¿Llaman a eso una doctrina malvada? ¿Es acaso perversa la doctrina que los hombres son depravados por naturaleza y que necesitan gracia regeneradora? Y la doctrina de que los verdaderos santos perseverarán hasta el fin, ¿es malvada? Me parece que lo que se opone a estas doctrinas es precisamente lo más perverso del mundo. ¿Acaso es perversa la doctrina de que únicamente los creyentes tienen un interés en la sangre de Cristo?

La doctrina que predico, que Cristo ha redimido únicamente a los que viven en santidad, habiendo sido conducidos a ello por el Espíritu Santo, ¿es impía? No lo creo. Retamos a todos aquellos a quienes les encanta hablar en contra de nuestras doctrinas, que demuestren que una sola de ellas tiene algún componente impío. ¿Nos acusas porque no apoyamos las buenas obras? Ven y trata de entrar a nuestra iglesia, y pronto tendrás una prueba que estás equivocado. Vamos, no te recibiríamos, caballero, aunque nos dieras mil libras esterlinas, si no te consideráramos un hombre santo. Si no tienes buenas obras, pasará mucho tiempo antes de que te recibamos; y si vivieras en el pecado y en la injusticia, y te introdujeras subrepticiamente en nuestra iglesia, saldrías en una semana; pues pronto serías reportado al pastor y a los diáconos, y podrías comprobar que sostenemos la necesidad de las buenas obras. Si no las exhibieras diariamente te echaríamos fuera, pues no queremos tener comunión con las obras infructíferas de las tinieblas, sino que más bien las reprobamos. Nuestro orden eclesiástico es la mejor refutación de esa calumnia.  ¿Qué más podemos agregar, entonces? Esperamos haber demostrado nuestros puntos a todos los hombres honestos y consistentes. Únicamente los despedimos a ustedes, hipócritas, con este mensaje resonando en sus oídos: "Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él." A menos que vivan según Cristo, no estarán con Cristo al final; si su espíritu no es santificado en este mundo, Dios no los santificará cuando vengan delante de Su trono.  

Pero ustedes, pobres pecadores, que no tienen ninguna santidad propia, y que no tienen buenas obras: sé que no tienen ninguna porque no son hijos de Dios. ¿Sienten que no las tienen? Vengan, entonces, y Cristo les dará algo: Él se dará a Sí mismo a ustedes. Si creen en el Señor Jesús, Él les lavará de todos sus pecados, les dará un nuevo corazón, y de aquí en adelante la vida de ustedes será santa, su conducta será consistente, Él les guardará hasta el fin, y con toda certeza serán salvos. ¡Que Dios bendiga este testimonio para cualquiera que esté viviendo en pecado, para que pueda ser rescatado de él; por Cristo nuestro Señor! Amén.

sábado, 11 de noviembre de 2017

¿QUÉ ES ESENCIAL?

- De las doctrinas "esenciales y no esenciales"-.
Por Jorge E. Castañeda Delgado
En la jerga actual evangélica, se plantea la urgente necesidad de distinguir en doctrina lo que es fundamental o esencial de lo que no lo es. Por supuesto que hacer correctamente esta precisión viene a ser necesario prerrequisito para la verdadera unidad entre cristianos, la cual, según se cree, sufre en su aplicación, por no saber hacer esta diferencia. Es decir, que como iglesia avanzaríamos en la materialización de la unidad, si supiéramos distinguir entre doctrinas esenciales, las que proveen el terreno adecuado para la unidad, y las doctrinas secundarias o no esenciales, que generalmente se constituyen en un verdadero obstáculo para el avance de dicha unidad cristiana. Tener la habilidad de distinguir entonces lo que en doctrina es esencial y lo que es secundario, proveerá de mayor sabiduría en el mantenimiento de la tan esquiva unidad practica en el cuerpo de Cristo.
Sin duda que alrededor de este lenguaje, se generan varias inquietudes y objeciones legítimas de quienes anhelamos la unidad  fundamentada en la verdad de la Escritura en todo su consejo. Por un lado, el temor de hacer una brecha innecesaria en medio de la iglesia por asuntos superficiales, por otro lado, el celo de no construir una unidad sobre el fundamento débil del subjetivismo. El asunto de distinción entre lo esencial y lo no esencial, sugiere precisamente este camino subjetivo donde tal doctrina puede catalogarse como esencial para unos y secundaria para otros y en la realidad se destruye lo que se anhela construir. Usted puede mirar una explicación más específica de esta manera de concebir las doctrinas, en este cuadro.
Valdría la pena preguntarnos ¿Basados en qué podemos llegar a tal distinción? ¿Sobre qué terreno unificado podremos hacer tal diferencia entre lo que es esencial o no? Cuando hablamos de doctrinas bíblicas ¿podemos hablar de partes de la Palabra de Dios esenciales y otras partes no esenciales? ¿Cómo medir el valor de una doctrina?
Precisamente, una aparente salida para salvaguardar la unidad (como hacer estas distinciones), está quitándole el piso solido de una verdadera, al arrojarnos al subjetivismo y a la diversidad de opiniones que pueden seguir al tratar de definir lo uno y lo otro. Quizás sería muchísimo mejor precisar las preguntas en aras de avanzar a la unidad de la fe, antes que seguir sumiendo la mente cristiana en este relativismo que desemboca en desunión. Organizaciones creadas para, supuestamente, promover el evangelio, hoy llaman a los individuos a la unidad basado en esta manera de ver las doctrinas, así desechan arbitrariamente lo que consideran perjudicial para la unidad y lo relegan a un segundo plano, a la vez que están  dispuestos a unirse bajo las doctrinas para ellos,  urgentes o indispensables.
Nada raro escuchar de las posiciones más liberales dentro de la cristiandad tales argumentos. Pero escuchara de quienes afirman trabajar duro por la sana doctrina, es confuso. Estos argumentos lo que logran es fragmentar al doctrina, que para el cristianismo histórico, siempre ha sido considerada una unidad, un cuerpo que podemos llamar, "La fe una vez dada a los santos". Usted sabe, es mejor fragmentar la doctrina y así esconderse detrás de esta argumentación para justificar implicaciones de la Sol Escritura en adoración, fe y vida. 

Esencial
La palabra “esencial” en el contexto de la unidad eclesiástica, debe ser más precisada o harán un daño más que proveer un beneficio. Las preguntas más acordes posiblemente serían ¿Tal o cual doctrina es esencial para qué? ¿En qué ámbito puede una doctrina ser esencial?
Creo que todos los confesos creyentes huiríamos del pensamiento que existen en la Palabra de Dios doctrinas reveladas que pueden o no ser atendidas o desechadas arbitrariamente, por no considerárseles esenciales. Creemos en la inspiración verbal y plenaria de la Escritura lo que asegura hasta el valor de cada una de las palabras divinas, porque reconocemos en última instancia su procedencia celestial. Pero también reconocemos que cada doctrina es esencial en un ámbito donde esta reina o gobierna.
Así, por ejemplo, si planteáramos ¿Qué doctrina es esencial para la justificación? Tendríamos que desechar a la verdad, doctrinas reveladas en la misma Escritura, porque no serían esenciales para este asunto específico y definido, un asunto concreto. Pero si se nos plantea ¿Qué doctrina es esencial para la santificación de la iglesia? ¿Qué doctrina es esencial para glorificar a Dios? Tendríamos respuestas más precisas, no subjetivas ni opcionales porque la Biblia es clara en sus afirmaciones. Siendo más precisos en las preguntas, la palabra de Dios sería mejor honrada y se gestaría en verdad la plataforma de una verdadera unidad en la fe.
En respuesta a la pregunta ¿Qué es esencial para salvación/justificación?  La respuesta no superaría las sentencias básicas de Cristo y de Pablo: ‘Esta es la obra… que creáis en el que [el Padre] ha enviado’ (Jn.6:29), ‘Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley' (Rom.3:28). Si de justificación hablamos, la obediencia a la ley no solo no sería una doctrina "no esencial", sino contradictoria, porque si la justicia fuera por la obediencia a la ley, dada por Dios mismo, en vano Cristo murió.
Pero esta ley que llegamos a considerar contraria a la justificación por la sola fe, sería una doctrina fundamental si habláramos de lo esencial para santificación, la obediencia aquí sería una doctrina esencial y esgrimir la "sola fe" en el aspécto de santificación, sería más bien una excusa negligente en el proceso que demanda la muerte continua del “yo” y la rendición al señorío de Cristo, como bien lo expresa Santiago 2:17-18.

La Unidad
Cuando escuchamos acerca de la unidad entre el cuerpo de Cristo y el prerrequisito de la distinción entre lo esencial y lo secundario, la pregunta inmediata que surge es ¿Sobre la base de qué doctrina nos uniremos? ¿Sobre la base de lo que es meramente esencial para justificación? Si la respuesta es afirmativa, entonces el cuerpo de Cristo no estaría autorizado para el entendimiento ni para la proclamación de ningún otro campo de la doctrina bíblica a menos que sea lo básico en soteriología, ya que ahondar en otros terrenos, lo haría en detrimento de la verdadera unidad. Es decir, a menos que hablamos de justificación por la fe, lo demás lo haríamos solo para contender sobre opiniones secundarias. Para otros la lista no se limita a la justificación sino a postulados un poco más amplios como los delineados en el credo apostólico. Pero volvemos al punto inicial ¿Basados en qué esa credo sí representa las doctrinas esenciales, cuando por ejemplo no habla de la inspiración de la Escritura ni su inerrancia?
La expectativa de la iglesia de Cristo, según Cristo mismo, es la unidad de la fe (doctrina) y el modelo apostólico, no nos deja campo para la especulación (Ef.4:11-16). La unidad propuesta por la Biblia, no viene por la disminución paulatina de la doctrina hasta lo mínimo aceptable en soteriología, sino que partiendo de este mínimo, la iglesia debe unirse cada vez más “hacia arriba”, hacia el Modelo del Varón Perfecto que es Cristo y todo el conjunto de lo que en este contexto se le llama 'Verdad'. Por así decirlo, es haciendo las murallas más altas que veremos mejor, es en la altura donde hay más luz y donde lograremos la verdadera unidad, no es “hacia abajo” donde reina el subjetivismo.
El razonamiento de buscar lo esencial en lo mínimo aceptable, conlleva en si una trampa. No solo porque sume a la iglesia en subjetivismo con respecto a la demás Biblia y todo el consejo de Dios, sino porque la iglesia se vuelve tremendamente antropocéntrica porque se verá tentada a hacer una lista arbitraria, subjetiva y tendenciosa de lo que es o no fundamental, de acuerdo a su propia visión. Reconocemos como todo cristiano verdadero el valor de la doctrina de la salvación, pero esta doctrina debería mirarse como el punto de partida de una verdadera unidad y el punto de cohesión de todas las demás doctrinas, pero jamás debería verse como la doctrina que anula las demás. Sería más humilde pensar que abrazar una correcta soteriología nos deja hasta ahora en el punto de partida legitimo para generar una verdadera unidad de allí hacia adelante, que pensar que es el todo lo que representa la unidad eclesial.
Al procurar la unidad “hacia abajo” (hacia el mínimo común denominador), parecería sugerir que lo esencial es lo que en última instancia termina redundando en el beneficio del hombre y lo secundario corresponde a los intereses de Dios. Así, es esencial la “salvación por gracia”, ya que en medio esta obviamente, el beneficio de la criatura, pero no es esencial “la adoración a Dios”, porque esto solo redunda en la gloria de Dios. Así, esta unidad “hacia abajo”, pone un ladrillo sobre la cabeza de la iglesia, que le impide su crecimiento y su conformación “hacia arriba” donde hay más luz, esta conformación al Varón Perfecto y sume a la iglesia en la búsqueda egoísta de lo que más le conviene, perdiendo de vista  lo que es esencial como la gloria de Dios, la edificación en todo el consejo de Dios, la inspiración e inerrancia de las Escrituras, solo por dar algunos nombres.
Hay algo bien fuera de lugar cuando en la iglesia, la adoración a Dios no es algo esencial, cuando la suficiencia de las Escrituras no es algo esencial, cuando la madurez no es algo esencial. Si bien, dichas cosas no son esenciales para justificación, no por eso dejan de ser esenciales para una vida eclesial santa y pura según la expectativa de Efesios 4:16. La justificación no es el único propósito de Dios sobre su iglesia, la santificación también lo es, la madurez lo es también. La unidad básica, empieza con lo que es esencial para justificación, pero no debe quedarse allí, sino que a partir de esa medida básica, la iglesia debe avanzar hasta que llegue a la plenitud de Cristo. La obra de los pastores dados a la iglesia, es pertrechar al creyente para que crezca en santidad y madurez (Ef.4:11-12). Allí,  arriba del muro de las doctrinas hay más claridad, pues está escrito que: 'en su luz, veremos luz' (Sal.36:9). Donde hay más luz de la Palabra, la unidad se materializa, siempre basada en un fundamento tan sólido como lo es la obediencia de la verdad y no la ausencia o el mínimo de ella, como aparentemente se exhorta en los llamados a la unidad de la iglesia.
Ahora, pudiera surgir la idea que mientras una iglesia o las iglesias nos encontramos más arriba del muro donde hay más luz, la comunión entre iglesias no será posible y estemos destinados a mirarnos con reservas y desconfianzas, los unos para con los otros. Sin duda que uno de los peligros de la falta de unidad en la fe, es por supuesto, menos confianza en los lazos de hermandad. Sin embargo, una iglesia  que es consciente de su estado además que de su estándar podrá madurar en unidad si existe una cooperación en dirigirnos a la estatura del Varón Perfecto. Pero no es aquella cooperación de pasar por alto la doctrina y presentar un frente común de trabajo, creamos lo que creamos y hacer muchas actividades de unión externa. La cooperación que habría entre iglesias, la que honraría le verdad, consistiría en la ayuda mutua y esforzada por aunarnos en la verdad y cada vez en más verdad. La renuencia de parte del pueblo de Dios a crecer en la verdad o a hacerlo selectivamente, hará lento el buen proceder de la iglesia que avanza a la conformación a la doctrina tal y como la hemos recibido. Negarse de cierta manera o quitarse los aparejos y estándares del mundo, de una religión comprobada como errónea, o mantener ciertas anclas por inofensivas que parezcan, lo único que hará es acrecentar la distancia en un cuerpo que debe gozar de una cohesión admirable y un crecimiento parejo en el Señor.
La solución pues, no está en reconocer lo mínimo aceptable que necesitamos para identificarnos como los que por gracia y “así como por fuego” somos salvos, siendo una ganancia de enormes proporciones como lo es, ni en hacer distinciones arbitrarias y algo confusas dentro de la misma Palabra de Dios de lo que es o no esencial, sino avanzando en una vida de santificación cada vez más creciente, como corresponde a una iglesia lavada por la Palabra, cada vez mejor ataviada para su Señor, 'siendo edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu' (Ef.2:20-22).
Seguro que hallar esta coordinación y cooperación mutua para aunarnos en la verdad y cada vez más verdad, no es fácil, pero ¿cuál sino este es el fundamento legítimo de la unidad, según la Palabra de Dios?

viernes, 3 de noviembre de 2017

¿ES NECESARIA UNA NUEVA REFORMA?

Por Jorge E. Castañeda.


Extracto de la Conferencia: ¿Hay Necesidad de una nueva Reforma?

Podemos afirmar que, en la actualidad, algunos individuos que profesan su adherencia a la teología de la reforma y a la Sola Escritura, están proponiendo la necesidad de una nueva reforma. Son llamados a que por fin, ¡La Reforma ha venido a Latinoamerica y con ellos a la cabeza! Otros afirman  que es necesario reformar la adoración, entendiendo por reforma, la inclusión de mundanalidad en ella, por supuesto.

Más o menos su discurso va dirigido a mostrar un gran aprecio histórico por los personajes de la reforma, por algunas doctrinas bíblicas, y por algunas implicaciones que dichas doctrinas puedan tener en el ámbito personal, eclesial y social. Pero en vista de una cultura siempre cambiante, de las demandas de cada siglo, se afirma que debemos acoplar, aterrizar o contextualizar el evangelio de manera que este sea más relevante para la época actual.  

Mire la ambigüedad de estas expresiones tomadas de la declaración doctrinal de una conocida Coalición que dice representar el evangelio puro: 

“Nosotros adoptamos una teoría de correspondencia de la verdad “mitigada”, que es menos triunfalista que la de algunos en el antiguo movimiento evangélico”.
 “Por lo tanto, no vemos nuestros servicios corporativos de adoración como el punto primario para conectar con la gente afuera. Más bien, esperamos encontrarnos con nuestro prójimo a medida que trabajamos por su paz, seguridad y bienestar, amándolos en palabra y hecho. Si hacemos esto seremos “sal” y “luz” en el mundo (sosteniendo y mejorando las condiciones de vida; demostrando al mundo la gloria de Dios por nuestros patrones de vida; Mt.5:13-16)”.
 “Creemos que cada expresión del cristianismo es necesariamente y correctamente contextualizada, a cierto grado, a la cultura humana en particular; no hay tal cosa como una expresión universal del cristianismo que no esté anclada en la historia. Si no contextualizamos, esto sugiere que queremos los atavíos de nuestra propia subcultura demasiado. Esto delata una carencia de humildad evangélica y una carencia de amor para con nuestro prójimo”.

En uno de los puntos de la definición propia que uno de sus autores hace de lo que es el Nuevo Calvinismo, está este: 

“El Nuevo Calvinismo se inclina más a afirmar la cultura, en vez de negarla, mientras que se aferra contra algunas posiciones culturales erróneas sobre asuntos como las relaciones entre el mismo sexo y el aborto”.

En el prefacio de una Biblia editada para los 500 años de la reforma, usando el nombre de la reforma (Omito decir su nombre especifico), se lee:

“Los países hispanoparlantes claman por un avivamiento con reforma que transforme la realidad actual. Al celebrar los 500 años de la reforma, la Palabra de Dios nos desafía a la fe y al compromiso para un avivamiento con trasformación de nuestras naciones. La iniciativa de promover esta edición apunta a contribuir a que la iglesia hispanoamericana, experimente un proceso de Nueva Reforma. Se espera que este haga que su vida y su misión sean más bíblicas, atractivas y pertinentes para la trasformación integral de la realidad.

La… Biblia…, ofrece los mejores recursos de exegesis y exposición bíblica según los desarrollos hermenéuticos más recientes, junto con el aporte de las ciencias humanas y sociales (sociología, psicología, antropología, etnología, historia, filosofía, teología, etc.) para la comprensión de los textos bíblicos a la luz de la realidad latinoamericana. Como lo hicieron los padres de la reforma protestante es necesario que este proceso comience abriendo las páginas de la Biblia para conocerlas, predicarlas y enseñarlas con una nueva unción (“un vino nuevo”), para así levantar una nueva comunidad de fe (“un odre nuevo”). Esta comunidad ungida es la que debe proclamar el Evangelio del Reino con fidelidad hasta que “toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Fil.2:11).

Algunos individuos hacen este llamado muy probablemente escondidos detrás de la frase Semper reformanda, definida por ellos mismos. Este llamado no es uno a reconsiderar los principios teológicos sanos e históricos de la reforma, sino a incorporar a ella nuevos elementos contrarios a la fe reformada. Hay cierta inconformidad y reservas con respecto a asumir la Confesionalidad reformada, hay cierta resistencia, que lleva a estos espíritus independientes a hacer una nueva teología, con lo que ellos consideran mejor de todas las teologías. Así, se introducen elementos ajenos a la Palabra de Dios, a la reforma histórica y confesional, la desfiguran y la reinterpretan. 

Por supuesto, si de esto se trata la visión de adelantar una nueva reforma, responderíamos con un rotundo no, es decir, adaptando el evangelio a las nuevas necesidades, mitigando la verdad para hacerla aceptable en el mundo de hoy, dejando atrás como doctrinas secundarias, los asuntos controversiales para redefinir en la actualidad qué es tener una sana doctrina con los puntos más básicos posibles o los que arbitrariamente deseemos incluir como cuerpo doctrinal.

¿En qué falla el planteamiento de lo que llamamos la nueva reforma? No en que su llamado sea atrevido, o vaya más allá de lo que debería ir, ni siquiera, que penetre de forma valiente a la cultura, precisamente es lo contrario, falla en que al ser selectivos en cuanto a qué puntos de la sana doctrina quieren masificar y qué otros desean dejar por fuera como controversiales, secundarios o irrelevantes, no hay una verdadera reforma profunda, completa, radical. Este tipo de reforma es estética, es de algunos conceptos, de ciertas mejoras, pero no va al fondo, no hay completa renuncia, completa subordinación, no hay verdadera abnegación, no se paga un precio. 

No me digas que la nueva reforma hiere la cultura, cuando tiene grupos pop de adoración, jóvenes tatuados y raperos y hasta metaleros, cuando aprendes a abrirle una brecha a la suficiencia de la Escritura por un continuismo dizque cuidadoso, cuando tienes que crear un logo, eslogan e imagen corporativa para ser alguien en el mundo evangélico. ¿Lo ves? Esta es una reforma que no llega al fondo, a la estructura, no hiere, no derriba todos los argumentos levantados contra la obediencia a Cristo, donde hay mucho para la vista poco para la fe, no hay cruz real, discipulado abnegado.  

Ahora, si el llamado es a una reforma completa de nuestras vidas e iglesias, que signifique someter sistemática, paciente y decididamente, todo bajo la Palabra de Dios, entonces el asunto no es que necesitemos una nueva reforma sino la reforma que viene, que siempre ha venido y siempre vendrá ligada al sometimiento sacrificial y radical de todas las áreas de la vida e iglesia a la Palabra de Dios. Este es un llamado distinto al que escuchamos en la actualidad porque no tiene que ver con la implementación de novedades, porque no hablamos de adaptación cultural del evangelio, ni la adaptación arbitraria de puntos sanos en doctrina y el desecho de otros, sino que hablamos de lo que procura la Palabra de Dios cuando es expuesta, la salvación de los hombres y su santificación para la gloria de Dios.


Ahora, seríamos sumamente sabios en preguntarnos a conciencia, con la Palabra de Dios en una mano y el testimonio de la historia d el iglesia en otra ¿Acaso hay peligros reales por las que debemos levantar nuestra voz y abogar, no por una nueva reforma sino por el sometimiento de todas las cosas a la Palabra de Dios? ¿Es una muestra de sabiduría y madurez reformar algunas cosas de acuerdo a mi criterio y otras no? ¿Acaso llamar hacia la reforma de todas las cosas en todas las áreas, según la Palabra de Dios, debe ser visto como radical o controversial y menos, de divisivo? ¿Qué hemos aprendido de la historia de la iglesia de reformas a medias y el involucramiento de elementos doctrinales extraños al cuerpo doctrinal histórico? ¿Nos muestra la Biblia algún ejemplo cuyos principios podamos atesorar para hallar la sabiduría del cielo en este asunto?

¿Por qué pensaríamos que nuestra suerte será mejor que la de muchas desviaciones históricas al no reformar la adoración a Dios de acuerdo a la Palabra, la eclesiología, el evangelismo, nuestra posición con respecto al mundo, nuestra unión o separación con ministerios que no son consecuentes con sola escritura? ¿Por qué pensar que nuestra generación saldrá bien librada de no reformar todo y dejar ciertos lugares altos? ¿Por qué pensar que los que nos siguen no sufrirán nuestros descuidos o falta de radicalidad al pretender someter todo y no solo parte, a la Palabra de Dios?

Buenos hombres de Dios, que han llevado reformas a esta generación y dejado buenas cosas para la próxima, también están abriendo la puerta a una adoración no regulada, a una nueva perspectiva con respecto a la ley moral y al día del Señor, nuevas perspectivas con respecto al continuismo, amistades con la mundanalidad y ministerios que no se conforman a las Escrituras, están dejando el legado de una nueva manera de concebir la iglesia, la predicación, el pulpito, y hasta el rol de la mujer como conferencista. Ya el daño está hecho, pero ellos aún continúan parados al frente de la puerta para que no se abra totalmente sino hasta donde ellos desean. Ellos quizás no saben que esto ya los superó, pero no saben que luego que no estén, ¿Qué hará la segunda generación con sus ideas y doctrinas?

Metafóricamente hablando, puedes dejar a los sodomitas diezmados, puedes dejar los lugares altos aclarando que son para la búsqueda de Jehová, puedes hacer alianzas estratégicas. Eso ya es lo suficientemente malo porque viola principios de la Palabra de Dios. Eso es ya lo suficientemente malo porque sin temor a equivocarme, la gran mayoría de iglesias reformadas que han surgido en los últimos 8 o 10 años en nuestro país son de tendencia neocalvinista y no conocen qué es una verdadera reforma, ni personal, ni eclesial. Eso ya es muy malo para los intereses de ver la Palabra de Dios brillar en nuestras pobres tierras. ¿Pero qué haremos cuando los principales líderes, muchos de ellos hombres de Dios, no estén para mantener la puerta entre abierta? ¿Se esfumará la procura de una iglesia verdaderamente reformada según la palabra de Dios?

Te ruego que mires por favor, hacia donde se está dirigiendo esta “nueva reforma”, la reforma mediática, por darle un nombre, esa reforma de marcas, de celebridades, cantantes, conferencias multitudinarias, seminarios y otros ministerios para eclesiales. ¿Ves una iglesia más santa? ¿Ves más piedad, temor de Dios, entendimiento bíblico que lleve a la piedad? ¿Ves más separación del mundo? ¿Ves iglesias más fortalecidas y fuertes en el evangelio tanto como en le evangelismo? ¿Ves más vida en las reuniones de oración? ¿Ves más observancia de los mandamientos de Dios, del día del Señor?

¡Que la  sabiduría sea justificada por sus hijos, pero si la sal ya no sala o la luz que hay son tinieblas, si ya los sacerdotes no hacen la diferencia entre lo santo y lo profano y si el cristiano ama lo que viene del mundo y no de Dios, si los custodios del deposito de la fe abandonan su guardia ¿Qué más queda?

Video de la Conferencia completa aquí.

martes, 31 de octubre de 2017

LAS 95 TESIS DE MARTÍN LUTERO

Por amor a la verdad y en el afán de sacarla a luz, se discutirán en Wittenberg las siguientes proposiciones bajo la presidencia del R. P. Martín Lutero, Maestro en Artes y en Sagrada Escritura y Profesor Ordinario de esta última disciplina en esa localidad. Por tal razón, ruega que los que no puedan estar presentes y debatir oralmente con nosotros, lo hagan, aunque ausentes, por escrito. En el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén

1. Cuando nuestro Señor y Maestro Jesucristo dijo: "Haced penitencia...", ha querido que toda la vida de los creyentes fuera penitencia.

2. Este término no puede entenderse en el sentido de la penitencia sacramental (es decir, de aquella relacionada con la confesión y satisfacción) que se celebra por el ministerio de los sacerdotes.

3. Sin embargo, el vocablo no apunta solamente a una penitencia interior; antes bien, una penitencia interna es nula si no obra exteriormente diversas mortificaciones de la carne.

4. En consecuencia, subsiste la pena mientras perdura el odio al propio yo (es decir, la verdadera penitencia interior), lo que significa que ella continúa hasta la entrada en el reino de los cielos.

5. El Papa no quiere ni puede remitir culpa alguna, salvo aquella que él ha impuesto, sea por su arbitrio, sea por conformidad a los cánones.

6. El Papa no puede remitir culpa alguna, sino declarando y testimoniando que ha sido remitida por Dios, o remitiéndola con certeza en los casos que se ha reservado. Si éstos fuesen menospreciados, la culpa subsistirá íntegramente.

7. De ningún modo Dios remite la culpa a nadie, sin que al mismo tiempo lo humille y lo someta en todas las cosas al sacerdote, su vicario.

8. Los cánones penitenciales han sido impuestos únicamente a los vivientes y nada debe ser impuesto a los moribundos basándose en los cánones.

9. Por ello, el Espíritu Santo nos beneficia en la persona del Papa, quien en sus decretos siempre hace una excepción en caso de muerte y de necesidad.

10. Mal y torpemente proceden los sacerdotes que reservan a los moribundos penas canónicas en el purgatorio.

11. Esta cizaña, cual la de transformar la pena canónica en pena para el purgatorio, parece por cierto haber sido sembrada mientras los obispos dormían.

12. Antiguamente las penas canónicas no se imponían después sino antes de la absolución, como prueba de la verdadera contrición.

13. Los moribundos son absueltos de todas sus culpas a causa de la muerte y ya son muertos para las leyes canónicas, quedando de derecho exentos de ellas.

14. Una pureza o caridad imperfectas traen consigo para el moribundo, necesariamente, gran miedo; el cual es tanto mayor cuanto menor sean aquéllas.

15. Este temor y horror son suficientes por sí solos (por no hablar de otras cosas) para constituir la pena del purgatorio, puesto que están muy cerca del horror de la desesperación.

16. Al parecer, el infierno, el purgatorio y el cielo difieren entre sí como la desesperación, la cuasi desesperación y al seguridad de la salvación.

17. Parece necesario para las almas del purgatorio que a medida que disminuya el horror, aumente la caridad.

18. Y no parece probado, sea por la razón o por las Escrituras, que estas almas estén excluidas del estado de mérito o del crecimiento en la caridad.

19. Y tampoco parece probado que las almas en el purgatorio, al menos en su totalidad, tengan plena certeza de su bienaventuranza ni aún en el caso de que nosotros podamos estar completamente seguros de ello.

20. Por tanto, cuando el Papa habla de remisión plenaria de todas las penas, significa simplemente el perdón de todas ellas, sino solamente el de aquellas que él mismo impuso.

21. En consecuencia, yerran aquellos predicadores de indulgencias que afirman que el hombre es absuelto a la vez que salvo de toda pena, a causa de las indulgencias del Papa.

22. De modo que el Papa no remite pena alguna a las almas del purgatorio que, según los cánones, ellas debían haber pagado en esta vida.

23. Si a alguien se le puede conceder en todo sentido una remisión de todas las penas, es seguro que ello solamente puede otorgarse a los más perfectos, es decir, muy pocos.

24. Por esta razón, la mayor parte de la gente es necesariamente engañada por esa indiscriminada y jactanciosa promesa de la liberación de las penas.

25. El poder que el Papa tiene universalmente sobre el purgatorio, cualquier obispo o cura lo posee en particular sobre su diócesis o parroquia.

26. Muy bien procede el Papa al dar la remisión a las almas del purgatorio, no en virtud del poder de las llaves (que no posee), sino por vía de la intercesión.

27. Mera doctrina humana predican aquellos que aseveran que tan pronto suena la moneda que se echa en la caja, el alma sale volando.

28. Cierto es que, cuando al tintinear, la moneda cae en la caja, el lucro y la avaricia pueden ir en aumento, más la intercesión de la Iglesia depende sólo de la voluntad de Dios.

29. ¿Quién sabe, acaso, si todas las almas del purgatorio desean ser redimidas? Hay que recordar lo que, según la leyenda, aconteció con San Severino y San Pascual.

30. Nadie está seguro de la sinceridad de su propia contrición y mucho menos de que haya obtenido la remisión plenaria.

31. Cuán raro es el hombre verdaderamente penitente, tan raro como el que en verdad adquiere indulgencias; es decir, que el tal es rarísimo.

32. Serán eternamente condenados junto con sus maestros, aquellos que crean estar seguros de su salvación mediante una carta de indulgencias.

33. Hemos de cuidarnos mucho de aquellos que afirman que las indulgencias del Papa son el inestimable don divino por el cual el hombre es reconciliado con Dios.

34. Pues aquellas gracias de perdón sólo se refieren a las penas de la satisfacción sacramental, las cuales han sido establecidas por los hombres.

35. Predican una doctrina anticristiana aquellos que enseñan que no es necesaria la contrición para los que rescatan almas o confessionalia.

36. Cualquier cristiano verdaderamente arrepentido tiene derecho a la remisión plenaria de pena y culpa, aun sin carta de indulgencias.

37. Cualquier cristiano verdadero, sea que esté vivo o muerto, tiene participación en todos lo bienes de Cristo y de la Iglesia; esta participación le ha sido concedida por Dios, aun sin cartas de indulgencias.

38. No obstante, la remisión y la participación otorgadas por el Papa no han de menospreciarse en manera alguna, porque, como ya he dicho, constituyen un anuncio de la remisión divina.

39. Es dificilísimo hasta para los teólogos más brillantes, ensalzar al mismo tiempo, ante el pueblo. La prodigalidad de las indulgencias y la verdad de la contrición.

40. La verdadera contrición busca y ama las penas, pero la profusión de las indulgencias relaja y hace que las penas sean odiadas; por lo menos, da ocasión para ello.

41. Las indulgencias apostólicas deben predicarse con cautela para que el pueblo no crea equivocadamente que deban ser preferidas a las demás buenas obras de caridad.

42. Debe enseñarse a los cristianos que no es la intención del Papa, en manera alguna, que la compra de indulgencias se compare con las obras de misericordia.

43. Hay que instruir a los cristianos que aquel que socorre al pobre o ayuda al indigente, realiza una obra mayor que si comprase indulgencias.

44. Porque la caridad crece por la obra de caridad y el hombre llega a ser mejor; en cambio, no lo es por las indulgencias, sino a lo mas, liberado de la pena.

45. Debe enseñarse a los cristianos que el que ve a un indigente y, sin prestarle atención, da su dinero para comprar indulgencias, lo que obtiene en verdad no son las indulgencias papales, sino la indignación de Dios.

46. Debe enseñarse a los cristianos que, si no son colmados de bienes superfluos, están obligados a retener lo necesario para su casa y de ningún modo derrocharlo en indulgencias.

47. Debe enseñarse a los cristianos que la compra de indulgencias queda librada a la propia voluntad y no constituye obligación.

48. Se debe enseñar a los cristianos que, al otorgar indulgencias, el Papa tanto más necesita cuanto desea una oración ferviente por su persona, antes que dinero en efectivo.

49. Hay que enseñar a los cristianos que las indulgencias papales son útiles si en ellas no ponen su confianza, pero muy nocivas si, a causa de ellas, pierden el temor de Dios.

50. Debe enseñarse a los cristianos que si el Papa conociera las exacciones de los predicadores de indulgencias, preferiría que la basílica de San Pedro se redujese a cenizas antes que construirla con la piel, la carne y los huesos de sus ovejas.

51. Debe enseñarse a los cristianos que el Papa estaría dispuesto, como es su deber, a dar de su peculio a muchísimos de aquellos a los cuales los pregoneros de indulgencias sonsacaron el dinero aun cuando para ello tuviera que vender la basílica de San Pedro, si fuera menester.

52. Vana es la confianza en la salvación por medio de una carta de indulgencias, aunque el comisario y hasta el mismo Papa pusieran su misma alma como prenda.

53. Son enemigos de Cristo y del Papa los que, para predicar indulgencias, ordenan suspender por completo la predicación de la palabra de Dios en otras iglesias.

54. Oféndese a la palabra de Dios, cuando en un mismo sermón se dedica tanto o más tiempo a las indulgencias que a ella.

55. Ha de ser la intención del Papa que si las indulgencias (que muy poco significan) se celebran con una campana, una procesión y una ceremonia, el evangelio (que es lo más importante)deba predicarse con cien campanas, cien procesiones y cien ceremonias.

56. Los tesoros de la iglesia, de donde el Papa distribuye las indulgencias, no son ni suficientemente mencionados ni conocidos entre el pueblo de Dios.

57. Que en todo caso no son temporales resulta evidente por el hecho de que muchos de los pregoneros no los derrochan, sino más bien los atesoran.

58. Tampoco son los méritos de Cristo y de los santos, porque éstos siempre obran, sin la intervención del Papa, la gracia del hombre interior y la cruz, la muerte y el infierno del hombre exterior.

59. San Lorenzo dijo que los tesoros de la iglesia eran los pobres, mas hablaba usando el término en el sentido de su época.

60. No hablamos exageradamente si afirmamos que las llaves de la iglesia (donadas por el mérito de Cristo) constituyen ese tesoro.

61. Esta claro, pues, que para la remisión de las penas y de los casos reservados, basta con la sola potestad del Papa.

62. El verdadero tesoro de la iglesia es el sacrosanto evangelio de la gloria y de la gracia de Dios.

63. Empero este tesoro es, con razón, muy odiado, puesto que hace que los primeros sean postreros.

64. En cambio, el tesoro de las indulgencias, con razón, es sumamente grato, porque hace que los postreros sean primeros.

65. Por ello, los tesoros del evangelio son redes con las cuales en otros tiempos se pescaban a hombres poseedores de bienes.

66. Los tesoros de las indulgencias son redes con las cuales ahora se pescan las riquezas de los hombres.

67. Respecto a las indulgencias que los predicadores pregonan con gracias máximas, se entiende que efectivamente lo son en cuanto proporcionan ganancias.

68. No obstante, son las gracias más pequeñas en comparación con la gracia de Dios y la piedad de la cruz.

69. Los obispos y curas están obligados a admitir con toda reverencia a los comisarios de las indulgencias apostólicas.

70. Pero tienen el deber aún más de vigilar con todos sus ojos y escuchar con todos sus oídos, para que esos hombres no prediquen sus propios ensueños en lugar de lo que el Papa les ha encomendado.

71. Quién habla contra la verdad de las indulgencias apostólicas, sea anatema y maldito.

72. Mas quien se preocupa por los excesos y demasías verbales de los predicadores de indulgencias, sea bendito.

73. Así como el Papa justamente fulmina excomunión contra los que maquinan algo, con cualquier artimaña de venta en perjuicio de las indulgencias.

74. Tanto más trata de condenar a los que bajo el pretexto de las indulgencias, intrigan en perjuicio de la caridad y la verdad.

75. Es un disparate pensar que las indulgencias del Papa sean tan eficaces como para que puedan absolver, para hablar de algo imposible, a un hombre que haya violado a la madre de Dios.

76. Decimos por el contrario, que las indulgencias papales no pueden borrar el más leve de los pecados veniales, en concierne a la culpa.

77. Afirmar que si San Pedro fuese Papa hoy, no podría conceder mayores gracias, constituye una blasfemia contra San Pedro y el Papa.

78. Sostenemos, por el contrario, que el actual Papa, como cualquier otro, dispone de mayores gracias, saber: el evangelio, las virtudes espirituales, los dones de sanidad, etc., como se dice en 1ª de Corintios 12.

79. Es blasfemia aseverar que la cruz con las armas papales llamativamente erecta, equivale a la cruz de Cristo.

80. Tendrán que rendir cuenta los obispos, curas y teólogos, al permitir que charlas tales se propongan al pueblo.

81. Esta arbitraria predicación de indulgencias hace que ni siquiera, aun para personas cultas, resulte fácil salvar el respeto que se debe al Papa, frente a las calumnias o preguntas indudablemente sutiles de los laicos.

82. Por ejemplo: ¿Por qué el Papa no vacía el purgatorio a causa de la santísima caridad y la muy apremiante necesidad de las almas, lo cual sería la más justa de todas las razones si él redime un número infinito de almas a causa del muy miserable dinero para la construcción de la basílica, lo cual es un motivo completamente insignificante?

83. Del mismo modo: ¿Por qué subsisten las misas y aniversarios por los difuntos y por qué el Papa no devuelve o permite retirar las fundaciones instituidas en beneficio de ellos, puesto que ya no es justo orar por los redimidos?

84. Del mismo modo: ¿Qué es esta nueva piedad de Dios y del Papa, según la cual conceden al impío y enemigo de Dios, por medio del dinero, redimir un alma pía y amiga de Dios, y por que no la redimen más bien, a causa de la necesidad, por gratuita caridad hacia esa misma alma pía y amada?

85. Del mismo modo: ¿Por qué los cánones penitenciales que de hecho y por el desuso desde hace tiempo están abrogados y muertos como tales, se satisfacen no obstante hasta hoy por la concesión de indulgencias, como si estuviesen en plena vigencia?

86. Del mismo modo: ¿Por qué el Papa, cuya fortuna es hoy más abundante que la de los más opulentos ricos, no construye tan sólo una basílica de San Pedro de su propio dinero, en lugar de hacerlo con el de los pobres creyentes?

87. Del mismo modo: ¿Qué es lo que remite el Papa y qué participación concede a los que por una perfecta contrición tienen ya derecho a una remisión y participación plenarias?

88. Del mismo modo: ¿Que bien mayor podría hacerse a la iglesia si el Papa, como lo hace ahora una vez, concediese estas remisiones y participaciones cien veces por día a cualquiera de los creyentes?

89. Dado que el Papa, por medio de sus indulgencias, busca más la salvación de las almas que el dinero, ¿por qué suspende las cartas e indulgencias ya anteriormente concedidas, si son igualmente eficaces?

90. Reprimir estos sagaces argumentos de los laicos sólo por la fuerza, sin desvirtuarlos con razones, significa exponer a la Iglesia y al Papa a la burla de sus enemigos y contribuir a la desdicha de los cristianos.

91. Por tanto, si las indulgencias se predicasen según el espíritu y la intención del Papa, todas esas objeciones se resolverían con facilidad o más bien no existirían.

92. Que se vayan, pues todos aquellos profetas que dicen al pueblo de Cristo: "Paz, paz"; y no hay paz.

93. Que prosperen todos aquellos profetas que dicen al pueblo: "Cruz, cruz" y no hay cruz.

94. Es menester exhortar a los cristianos que se esfuercen por seguir a Cristo, su cabeza, a través de penas, muertes e infierno.

95. Y a confiar en que entrarán al cielo a través de muchas tribulaciones, antes que por la ilusoria seguridad de paz.

(Wittenberg, 31 de octubre de 1517)

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lunes, 30 de octubre de 2017

LECCIONES DE LA VIDA DE JUAN CALVINO

Por: Jorge E. Castañeda D.
Cuando el monje agustino Martín Lutero tenía 26 años, probablemente cursando su doctorado en Teología, nace en Noyon, Francia, para un 10 de Julio, Juan Calvino (1509-1564). El padre de Calvino le consiguió un cargo eclesiástico a sus 12 años, lo que no era un inconveniente porque podía recibir el dinero del cargo y contratar un sacerdote viejo que lo reemplazara. Calvino puede ingresar a la universidad cuando tenía 14 años donde aprendió el francés y el latín. A los 19 años recibe una maestría en artes. Se graduó en leyes en 1530, a sus 21 años. A la muerte de su padre, Calvino entonces se dedicó al estudio del latín, el griego y el hebreo en el Colegio de Francia, institución humanística creada por el rey Francisco I, en París, en 1530. Probablemente para los años 1532-33, Calvino es convertido.
Tres años después el primer ejemplar de su magna obra. Institución de la religión Cristiana, vio la luz. Eso quiere decir que empezó a trabajar en esta obra cuando tenía 27 años y esta tenía 516 páginas repartidos en seis capítulos. La obra fue ampliada, editada, en lapsos en su vida, pero la última edición se llevó a cabo en 1559-60 cuando tenía 50 años, 4 antes de su muerte.
Fue en una visita inocente a Ginebra donde se quedó allí y donde desarrollaría su ministerio pastoral por excelencia, escribiría, influiría de Ginebra para el mundo con una aplicación consecuente del calvinismo a la religión y sociedad. No podemos hablar el todo de Calvino y su influencia, solo bástenos decir que de todos los lugares de Europa vinieron a ser instruidos por él. Así, la palabra Reformado viene a abandonar su significado formal, por uno más religioso, para ser sinónimo de calvinista. El calvinismo, que no es otra cosa que la Palabra de Dios bien interpretada, influyó la Europa de su tiempo y más allá, Inglaterra, pasó a América por los peregrinos puritanos y se ha dado a conocer en todo el mundo. Un resurgimiento de la Sola Escritura y la gloria de Dios, de lo que nosotros somos hijos latinoamericanos.
10 lecciones de la vida de Calvino
1. Que todo debe ser hecho para la gloria de Dios.
La motivación que movía la vida de este hombre era una inigualable pasión por la Gloria de Cristo, según Él se ha revelado en las Santas Escrituras. Sin duda, la historia nos muestra que pocos hombres han tenido ese mismo sentir como él. La preeminencia de la Gloria y Majestad de Dios era su centro, la Palabra de Dios el bendito e inigualable medio por el que Su Majestad era comunicada y las obras de la providencia entendidas. Calvino hizo de la gloria de Dios el fin de todo lo que hacía y elevó la gloria de Su Palabra, tan olvidada en la experiencia viva de la cotidianidad y religión de su época. Así ennobleció cada labor, trabajo y ocupación, tanto como se haga para la gloria de Dios.
2. La Centralidad y necesidad de la predicación en la vida del Pastor y de la iglesia.
Predico alrededor de 4000 sermones desde el pulpito. Con su agudeza exegética y paciencia pastoral, honró la predicación de la Palabra de Dios al darle la preeminencia que, Según la Escritura, es necesario que tenga la exposición de la Palabra de Dios en la Iglesia. Este hombre dedicó su vida a predicar expositivamente la Biblia. Explicando versículo por versículo los libros Bíblicos a su Iglesia. No cayó en la tentación de correr a las “necesidades percibidas” de la congregación, porque sabía que es la Palabra de Dios lo que necesita el pueblo de Dios. Así que dedicó su vida a exponerla con claridad, con continuidad, sistemáticamente, por largos años. Cada dos semanas predicaba 10 sermones, cada semana daba tres conferencias de teología, asistía a la reunión del Consistorio de la ciudad a hacer sus amonestaciones. Cada viernes hacía un estudio de la Biblia. Calvino era, sobre todo, un predicador y como todo pastor, teólogo.
3. Que las grandes y permanentes reformas se llevan a cabo con toda paciencia y doctrina.
En armonía con su alto aprecio por las Santas Escrituras, no solo predicó, sino que escribió comentarios Bíblicos. Cubrió el 75% de la Biblia en sus comentarios. Comentó 24 de los 27 libros del Nuevo Testamento. Al morir ya había dejado 45 volúmenes de comentarios Bíblicos de más de 400 páginas cada uno de ellos. Fue intensivamente un predicador expositivo, nunca abandonó su costumbre de ir libro tras libro de la Biblia. Y todo esto lo hacía con una mezcla excepcional de rigor exegético como erudito que era y sencillez y amor pastoral. Calvino nos dio el más hábil, claro, palpable y gran ejemplo de exposición de las Escrituras que hemos visto por siglos. Nunca dejaba de visitar a los enfermos, de exhortar y aconsejar en privado y otras cosas más. Escribía a sus compatriotas franceses con regularidad y aun a muchos jóvenes mártires que no conocía pero que se sentía obligado a hacerlo. Todo esto en medio de la composición de libros, folletos y diversos tratados esplendidos.
4. El supremo valor de sistematizar las doctrinas con claridad para diferenciarla del error.
De sus manos surgió la mayor obra literaria de la Reforma protestante, la cual se usó como un texto de Teología sistemática y que sirvió como ayuda para la instrucción de los pastores y sus congregaciones. También se usó como base para la elaboración de Confesiones de Fe, Catecismos y tratados que hicieron oír la voz del pueblo de Dios que se rehusó ser identificado con la Iglesia apostata. Esta obra es la Institución de la Religión Cristiana. Calvino la escribió a los 25 años relativamente poco tiempo después de su conversión. Después de 5 ediciones que ampliaban su contenido, sus Instituciones llegaron a su forma final de 80 Capítulos, 4 Libros y 450.000 palabras aproximadamente. Aunque en la historia de la Iglesia algunos hombres procuraron sistematizar las doctrinas Cristianas Evangélicas, finalmente fue Calvino quien llevó estas procuras a una realidad. En sus Instituciones se abordaron de una manera ordenada las áreas de doctrina que identificaba la Iglesia Cristiana Evangélica. Calvino no desarrollo su propio pensamiento que puede cambiar naturalmente con los años, sino que se apoyó en la Biblia que permanece para siempre.
5. A pensar más allá de nuestra generación.
No solo se afirma esto por la abundante literatura que dejó tras sus labores, sino que en el 1559 formó una academia en Ginebra para entrenar a las personas en sus distintas vocaciones. Esta educación se daba en dos niveles. En el primer nivel era una educación pública básica donde se educaba a los laicos para que vivieran para la gloria de Dios según su vocación. En el segundo nivel se enseñaba a aquellos varones inclinados al servicio cristiano para que educados pudieran enseñar a otros. 600 estudiantes estaban a su inicio en la Academia de Ginebra, cristiana, calvinista pura. Cinco años después los estudiantes sumaban los 1200. Venían de todas partes a ser instruidos por la academia de Ginebra. La mayor gloria de sus últimos años lo fue la "Academia de Ginebra," o como se le conoció posteriormente, la "Universidad de Ginebra." Fue la primera universidad protestante que se levantó en el mundo, y por largo tiempo había sido el sueño de Calvino. Estaba convencido de que Dios desea que sus siervos sean bien educados, personas bien capacitadas, gente superior. Sobre la Universidad de Ginebra, Williston Walker, expresa lo siguiente: Esta se constituyó en seguida en el mayor centro de enseñanza teológica de las comunidades reformadas no luteranas, y el gran seminario del cual salieron una cantidad de ministros no sólo para Francia, sino en menor número para los Países Bajos, Escocia, Inglaterra, Alemania e Italia.
6. Las ideas tiene consecuencias.
Las ideas y doctrinas calvinistas salieron a todo el mundo. Luego que muchos de estos estudiantes fueron enviados a muchos lugares después de terminar sus estudios. Ginebra se convirtió en el lugar donde los cristianos perseguidos se refugiaban por la persecución de la Inquisición romana. Sin embargo, ellos luego volvían a sus tierras con las doctrinas de Calvino diseminándolas en muchas partes del mundo. Las obras de Calvino se empezaron a traducir y a ser distribuidas por muchas partes. Su influencia llegó a Francia donde obviamente Calvino no podía poner un pie. Antes de 1562 los creyentes franceses se reunían en cuevas, fincas, graneros, por la persecución Estatal y de la iglesia de Roma. Pero por la influencia del Calvino después de esta época, se conocía de la existencia de más de 1200 Iglesias Cristianas Evangélicas en Francia. Esto de por si es importante, pero aumenta su relevancia el saber que para ese entonces había dos leyes claras en Francia: No ser cristiano y no salir de Francia, so pena de muerte. De una población de 20 millones de franceses, 2 millones eran abiertos confesores del calvinismo. Un tercio de la nobleza en Francia era calvinista.
Su influencia se extendió por Europa, empezando el mismo recorrido que había tenido en Ginebra, permeando la cultura, la política y, sobre todo, las Iglesias. Para solo citar un ejemplo, el conocido John Knox fue influido directamente por Calvino y fue a Escocia y promovió lo que se conoce como La Reforma Escocesa. La influencia del calvinismo dio origen al puritanismo. Las Instituciones de Calvino eran “la carne que comían los puritanos”. El calvinismo era la teología que reinaba en Inglaterra para la época colonial. Esto es un dato muy importante porque fueron los ingleses quienes penetraron en América, lo que nos muestra que la sociedad americana en sus comienzos traía raíces calvinistas.
7. Que cuando la gloria de Dios, la pureza doctrinal y la santidad de la iglesia están en peligro, hay que ser firmes sin reparar en las consecuencias.
Sabiendo que fue una decisión Estatal la que le permitió trabajar como predicador en Ginebra defendió la separación adecuada entre Iglesia y Estado. Esto y enfrentarse a los libertinos de su época que querías ser cristianos nominales pro no reales, le costó, entre otras cosas, ser desterrado de Ginebra por algunos años. Luego la misma Ginebra en cabeza del Estado lo pidieron con urgencia a causa del desorden social y eclesial que se levantó tras la partida de Calvino de Ginebra. En contra del mundo, como lo haría Lutero, enseñó y promulgó desde el pulpito, en los libros y tratados que Solo Cristo es la Cabeza de la Iglesia no el papa a riesgo de perder la vida. Se enfrentó a aquellos que deseaban participar de la Cena del Señor siendo impíos en su manera de vivir y enseñó la disciplina de la iglesia como ningún otro en su tiempo. Accedió a defender su fe de forma pública y lo hizo también de forma escrita. Su vida estuvo en constante peligro, pero no se doblegó a ello por amor a la verdad.
8. Las providencias adversas no merman el servicio diligente para Dios.
En su juventud tuvo que huir algunas veces para salvar su vida. Tuvo que mudarse varias veces porque en ocasiones hasta comer le era difícil. Se veía enfermo continuamente de su estómago, sufría fuertes cólicos, escupía sangre, era afectado con regularidad por fiebres palúdicas, tenía gota y sufría de dolorosas hemorroides. Sin embargo, peor que todo lo anterior parece haber sido los cálculos en los riñones que tenía que soportar sin el alivio de algún sedante. Calvino intentó tener hijos con su esposa. Tuvo que enterrar a sus tres hijos quienes murieron tiempo después de haber nacido. Amaba a su esposa Idelette, quien también le fue quitada de su lado 9 años después de casarse. El dolor de estas pérdidas le afectó demasiado, según él mismo lo confiesa en algunas de sus cartas. Aun así, nunca paró su vida agitada. Siempre había un sermón que predicar, una carta que escribir, un libro que completar, una exhortación, consejo o una visita que hacer.
9. La vida de austeridad.
Mientras que, en su tiempo, la iglesia romana era una feria de ostentación, derroche y lujos, y mientras que si por la fama que ya tenía Calvino fuera, no sería extraño ver a Calvino en un palacio rodeado de riquezas y reconocimiento. Pero para vergüenza de la opulencia papal Romana, todas estas cosas fueron realizadas por un humilde hombre que vivía en la Calle del Cañón en Ginebra. Roma hizo que corriera un rumor de la supuesta riqueza y ostentación de Calvino para justificar sus aberraciones ostentosas. Ser de humilde condición económica y no pretender mejorarla, era una virtud desconocida en la iglesia de Roma. Sobrevivió mucho tiempo con solo una comida al día sin comer nada más y dio instrucciones precisas que al momento de morir, quería ser enterrado como cualquier hombre, con una lápida sencilla solo con sus iniciales (JC).
10. Humildad hasta el final.
Enfermo y debilitado por la clase de vida que llevó, partió de este mundo el 27 de mayo de 1564 a los 54 años entre las 8 y 9 de la noche. Entre continuas y silenciosas oraciones y ataques de dolor, se quedó dormido apaciblemente esperando el día de la resurrección. El hombre cuyo nombre con el tiempo está más ligado a la doctrina de la predestinación que ningún otro, entró a la presencia del Señor dejando atrás una huella imborrable en la historia de la Iglesia y el mundo occidental. Cuando hoy se acusa a los reformados que la doctrina de la predestinación produce inactividad y pereza o tal vez descuido espiritual, este hombre nos enseñó todo lo contrario, que la verdadera gracia que sin merecerla llega a un individuo, produce un anhelo por la supremacía de Cristo en todas las cosas, pasión que es imposible retener en la actitud de la pasividad.
Antes de morir, dicta como parte de su testamento las siguientes palabras:
“En el Nombre de Dios, yo Juan Calvino, siervo de la Palabra de Dios en la Iglesia de Ginebra, debilitado por muchas enfermedades…doy gracias a Dios por haberme mostrado no solo misericordia, a mi su pobre criatura, y por haberme soportado en todos los pecados y debilidades y lo que es mucho más por haberme hecho participe de su gracia para servirle por medio de mi obra…Doy testimonio de que vivo y me propongo morir en esta fe que Dios me ha dado por medio de Su Evangelio, y que no dependo de nada más para la salvación que la libre elección que Él ha hecho de mí”.
“Acepto la gracia que se me ha ofrecido en nuestro Señor Jesucristo y acepto los meritos de su sufrimiento y muerte ya que por medio de ellos han sido sepultados todos mis pecados; y humildemente le suplico que me lave y purifique con la sangre de nuestro gran Redentor, que fue derramada por todos los pobres pecadores de modo que yo, cuando me presente delante de su rostro, pueda mostrarme semejante a Él”.
“Además, declaro que me he esforzado en enseñar su Palabra incontaminada y en explicar la Sagrada Escritura fielmente, según la medida de la gracia que Él me ha dado. En todas las discusiones que he tenido contra los enemigos de la verdad, no emplee ni astucias ni sofismas, sino que he luchado por Su causa con honestidad. Pero, oh mi voluntad, mi celo fueron tan fríos y flojos que me reconozco culpable en todos los aspectos; sin su infinita bondad, todos mis esfuerzos apasionados serían humo, más aun, la gracia misma que me dio, me haría resultar más culpable; por ello mi única confianza es que el Padre de misericordia quien como tal desea revelarse a mí, miserable pecador”.
“En cuanto a lo demás, deseo que después de la muerte mi cuerpo sea sepultado según la forma acostumbrada en espera de la bendita resurrección”.

Este artículo no es todo lo que se puede decir del reformador, pero ha pretendido honrar al hombre que infatigablemente trabajó por amor a la obra de Cristo en un tiempo cuando solo ser cristiano era ya pagar un precio muy alto para cualquiera, cuanto más trabajar para Sus intereses siendo el principal de los reformadores. Sin prometérsele un galardón mayor que al nuestro, sin tener un Cristo mayor que el nuestro, sin dársele medios más poderosos que los que se nos han concedido a nosotros, viviendo en el mismo mundo, trabajando con individuos pecadores a su alrededor como nosotros y, aun así, viviendo la fe en medio de su debilidad tan distinto a nosotros que solo saberlo nos avergüenza. Como bien nos guían las Escrituras en Hebreos 13:7: ‘Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe’. Eso mismo es este escrito.
Hoy en una época en que ser reformado pareciera ser una novedad teológica, cuando las doctrinas calvinistas son llamadas herejías o fanatismo, cuando para muchos ser reformado significa aceptar meramente las doctrinas de la gracia, o congregarse en un templo que antes se dedicó a la proclamación de la Palabra de Dios, o sencillamente un simple distintivo doctrinal, es necesario escuchar la voz de Calvino, que no es más que la explicación de las Escrituras y la aplicación a cada aspecto de la vida.
Nuestra manera de ver la Biblia debe cambiar, nuestra predicación ha de ser transformada, nuestra vocación precisada, la Iglesia debe volver a las sendas de la verdadera doctrina que hoy se está esfumando frente a nuestros ojos impávidos, nuestro llamado a glorificar el Nombre de Cristo en esta generación debe ser atendido con toda solicitud. Es necesario volver a la pasión por la Gloria de Dios mediante un acercamiento honroso y dedicado a la Palabra de Dios. Este fue Juan Calvino, el hombre humilde que vivió toda su vida en Cristo bajo el lema: Soli Deo Gloria.

POR LA SUPREMACÍA DE CRISTO EN ESTA GENERACION

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Se desea a través de este blog, expresar el pensamiento bíblico coherente, y más cercano a la confesionalidad histórica y reformada y aportar para la aplicación de ella en la vida cristiana, pero no avalamos lo que en contradicción a la fe reformada histórica algunos de los autores hagan o vayan a hacer en un futuro

A Dios sea la goria.