jueves, 8 de marzo de 2018

UN LLAMADO A LA VIGILANCIA REFLEXIVA


Por W. Robert Godfrey

Pablo advirtió a los ancianos de la iglesia en Éfeso acerca de la necesidad crítica de estar atentos: ‘Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos. Por tanto, velad…’ (Hch.20:28-31). Esta advertencia apostólica no fue solo para la iglesia de Éfeso; es una advertencia que es necesaria para cada iglesia en cada edad.

La advertencia de Pablo fue tomada muy en serio por muchas iglesias y ministros en la controversia entre fundamentalistas y liberales en la década de 1920. Los fundamentalistas, al ver que sus iglesias y escuelas desertaban del cristianismo histórico, miraban a los liberales como desviados, engañosos e incluso demoníacos. El Dr. J. Gresham Machen, en la crítica más valiosa y perdurable al liberalismo escrita en la década de 1920, El Cristianismo y el Liberalismo, concluyó que el cristianismo era una religión y el liberalismo era otra muy distinta.

Si bien el análisis del Dr. Machen fue preciso y se presentó de manera moderada, muchos en las iglesias de su época no lo aceptaron. ¿Por qué ocurrió esto, y qué podemos aprender en nuestros días sobre estar atentos en la defensa y promoción del cristianismo bíblico?

La Mente del Liberalismo
En primer lugar, debemos tratar de comprender cómo se veían a sí mismos los liberales y cómo comunicaban sus convicciones a los demás. Los liberales insistieron en que eran cristianos evangélicos. Creyeron que se aferraban a lo esencial de la fe cristiana. Insistieron, afirmando el lenguaje de la Afirmación de Auburn de 1924, que mantenían las doctrinas cristianas básicas y solo rechazaban algunas de las teorías que los fundamentalistas utilizaron para elaborar esas doctrinas. Por ejemplo, creían con ellos que Jesús era Dios, pero no en el nacimiento virginal. Los liberales creían sinceramente que solo ellos salvarían al cristianismo en el mundo moderno al hacerlo más relevante. Como tales, eran misioneros activos por su causa.

El Dr. Machen tenía razón cuando dijo de los liberales: "Por el uso ambiguo de las frases tradicionales, por la representación de las diferencias de opinión como si fueran solo diferencias sobre la interpretación de la Biblia, la entrada a la Iglesia estaba asegurada para aquellos que son hostiles a los mismos fundamentos de la fe". Pero los liberales negaron tales acusaciones, y al usar un lenguaje ambiguo, persuadieron a muchos de que no eran tan malos como afirmaban sus críticos.

Para el Dr. Machen, la controversia entre liberales y fundamentalistas no era solo acerca de la verdad, era sobre la ética. Los liberales no fueron directos u honorables al dejar en claro sus creencias. Escribió que "la honestidad está siendo cedida en su totalidad por el partido liberal en muchos cuerpos eclesiásticos hoy". Ellos habían prometido en sus votos de ordenación defender doctrinas que no creían.

La mente conservadora
El Dr. Machen creía que la mayoría de los miembros de la iglesia en su época eran básicamente conservadores. No querían cambios extensos en la doctrina o la vida de sus iglesias. Estaban algo preocupados acerca de dónde los liberales querían llevar la iglesia. Sin embargo, tendían a ser optimistas sobre el futuro y estaban preocupados por las críticas al liberalismo que parecían demasiado negativas o estridentes.

El liderazgo del ala conservadora de la iglesia no presentaba un frente unido. Mientras que los acérrimos conservadores como el Dr. Machen estaban muy alarmados y criticaban a los liberales, otros conservadores moderados argumentaban que demasiada negatividad y divisiones minarían la misión de la iglesia. Los miembros de la iglesia conservadora a menudo no sabían a quién creer ni seguir.

La división de opiniones entre los líderes conservadores y el optimismo de muchos conservadores los dispuso a evitar una pelea. Ya en 1915, el Dr. Machen vio el peligro potencial de esta situación: "La masa de la Iglesia aquí sigue siendo conservadora, pero conservadora en una forma ignorante, no polémica, de dulzura y luz, que es solo carne para los lobos. No me refiero a usar frases duras de una manera dura, mi lenguaje debe ser entendido como bíblico ". Como Pablo había advertido a los ancianos de Éfeso sobre lobos atacando a las ovejas de la iglesia, el Dr. Machen se preocupó de que las ovejas de la iglesia en su día eran muy vulnerables a los lobos liberales.

La mentalidad confesional
Mientras que el Dr. Machen a menudo era visto como el líder intelectual más grande del movimiento fundamentalista, no se sentía del todo cómodo con el movimiento fundamentalista. Él no creía que era suficiente para defender solo cinco fundamentos de la fe. Creía que el fundamentalismo era demasiado individualista, demasiado reduccionista y demasiado despreocupado con la historia. Para Machen, el verdadero cristianismo era una comunidad histórica con una teología completa y coherente. El verdadero cristianismo, como el Dr. Machen lo sabía en la tradición reformada, llegó a la expresión doctrinal en una confesión completa de fe, como la Confesión de fe de Westminster.

El Dr. Machen creía que una confesión expresaba la mente de la iglesia y mostraba a los miembros de la iglesia lo que la iglesia confesaba como las grandes y necesarias enseñanzas de la Biblia. La confesión debe servir como un antídoto contra la ignorancia doctrinal en la iglesia, ya que la iglesia enseña diligentemente su confesión a sus miembros. La confesión debe mostrar a la iglesia qué doctrinas deben ser defendidas con lucha. Esta debería fortalecer a la iglesia como el baluarte de la verdad.

Hoy, las iglesias evangélicas enfrentan desafíos doctrinales tan serios como los de la década de 1920. Algunos evangélicos rechazan la inerrancia de la Biblia. Algunos rechazan la doctrina histórica de Dios por lo que llaman "teísmo abierto". Algunos rechazan la doctrina bíblica de la justificación que fue recuperada por la Reforma para alguna forma de moralismo.

Las iglesias evangélicas de hoy, sin embargo, están mucho menos preocupadas por los serios errores doctrinales que las dividen de lo que estaban en los años veinte. Están menos atentos de lo que estaban entonces. La iglesia en general no ha aprendido la lección del confesionalismo. El conocimiento doctrinal, la comprensión bíblica y la vida cristiana disciplinada parecen haber disminuido en lugar de avanzar desde la década de 1920.

El llamado de Pablo a la vigilancia reflexiva se necesita más hoy que nunca. Los ministros, los ancianos y los miembros de la iglesia hoy deben renovarse en la verdad mediante un conocimiento completo y cuidadoso de la doctrina contenida para nosotros en las grandes confesiones de las iglesias. Entonces sabremos dónde y cuándo luchar, así como también la verdad por la que luchamos. Como Pablo le escribió a Timoteo: ‘Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren’ (1 Tim.4:16).

Tomado de: 
Traducción: M.L.

sábado, 3 de marzo de 2018

VERDAD EN CRISIS

Nadie se atrevería a afirmar que la verdad de la Palabra de Dios alguna vez ha gozado de popularidad y aceptación masiva. En un mundo caído en el pecado, la verdad tiene que abrirse paso en medio del tumulto agresivo de seres humanos caídos, y sus ideas. Pero cuando la verdad es atacada por quienes deberían ser sus defensores, ella tendrá un desafío extra, el ser vindicada a pesar de sus custodios.
Una postura ciertamente enigmática se ha empezado a tomar el lugar que le corresponde a la verdad, y es la filosofía de la tolerancia, ahora, más distinguida y cuidada que la primera. En los días actuales maltratar la verdad de la Biblia no es tan grave como denunciar, criticar o poner en evidencia a quien lo hace. Si hay un pecado imperdonable no es menoscabar la Palabra de Dios como evidenciar a quien lo ha hecho. El discurso posmoderno ha calado en las grietas del pensamiento superficial cristiano moderno, de manera que hay más afán en conciliar, armonizar, dialogar, que en vindicar las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas.
No es fariseísmo radical, intolerante e incongruente mirar con asombro cómo se adultera la Palabra de Dios, y como se arrincona sus preceptos, doctrinas y enseñanzas, al estante de la “libertad cristiana” o “formas distintas”. Si esta es la manera de concebir la verdad, la tolerancia sí que es un valor primario, pero si le damos el peso e implicamos la Sola Scriptura, entonces la obediencia y fidelidad y no la tolerancia son los valores a seguir con esmero.
Por supuesto que el defensor de la verdad, es cristiano aun cuando la defiende, y no existen salvoconductos para el pecado en pro de la defensa del evangelio. Nada sería más una contradicción que por defender la verdad, esta fuera menoscabada. Pero el amor cristiano y la prudencia, jamás deben ser confundidos con la tolerancia al error, más cuando estos se publicitan y promocionan sin rubor. Según se ve, no es tan malo promover errores públicamente, usando las grandes plataformas de la comunicación masiva, ah, pero defender la fe, si debe ser asunto privado, personal y “prudente”. Vale la pena aclarar que los medios de comunicación no son la iglesia y que la finalidad de los medios es la promoción, en el buen sentido de la palabra. De manera que los errores promovidos públicamente, ¿Por qué deberían ser reprendidos en privado? ¿Por qué querer tapar la boca del defensor de la verdad si el ofensor de ella está gritando y promocionando sus errores?
Más aún, si nadie puede decir nada porque todos somos pecadores, y nadie tiene autoridad moral para hablar de nadie, todos deberíamos callar, padres, pastores y la misma iglesia debido a que nadie está libre de pecado. Ni aun el que critica a quienes defienden la fe debería escribir en contra porque sus aseveraciones tienen doble filo y resulta cortándose él mismo con lo que dice. Si es coherente, también debería callar. A estos, permítame aclarar que, aunque nadie está libre del error, no todos los yerros tienen la misma proveniencia ni todos revisten el mismo peligro. Alguno puede errar porque es la luz que tiene, pero su deseo es la conformidad a Cristo y sus doctrinas. Otros pueden errar y desviarse, habiendo conocido la verdad y queriendo establecer sus propias ideas ajenas a la Biblia y a una fe histórica y confesional lo que los reformados entendemos que es sinónimo de sana doctrina. Y que no todos los yerros tienen la misma consecuencias, queda claro porque si yerras para ti mismo o para un grupo restringido de creyentes, las consecuencias amargas no son tan grandes como cuando yerras desde una plataforma masiva de influencia mediática desde la cual resultas afectando la vida y rumbo de cientos de creyentes.
Si algunos no desean llevar las implicaciones de ahondar en su conocimiento de la palabra de Dios, no pueden por implicación, amedrentar a quienes desean hacerlo. Si la diplomacia pesa más que la verdad en la escala de valores de muchos, que no se concluya que todos tienen el mismo temor de vindicar la verdad. Ya se lo hemos dicho al mundo, y ahora se lo afirmamos a algunos creyentes hermanos, si en verdad eres tolerante, debes serlo también con los que no piensan como tú, o ¿Estas exigiendo tolerancia solo para tus ideas?
Claro que alabamos la tolerancia en el cuerpo de Cristo, pero no toleramos el error. Ni menos cuando se publicita sin temor. Para no entrar en este subjetivismo cristiano, no se nos olvide que hemos recibido un depósito de la sana doctrina y que la iglesia es su custodio, somos columna y baluarte de la verdad y se nos encargó el retenerla y comunicarla con fidelidad. Si esto no nos mueve a procurar la sanidad en la doctrina ¿Por qué pensar que la tolerancia posmoderna lo hará?

jueves, 1 de marzo de 2018

APOYO REFORMADO A GRAHAM

Son momentos difíciles para vivir la fe real en el evangelio de Jesucristo y en seguir la doctrina y práctica bajo este. No porque falten portavoces en esta generación privilegiada, sino por el grado de confusión que hoy se genera el rededor del verdadero evangelio. Sin duda que uno de los episodios más dolorosos y confusos para nuestro mal, se ha dado luego de la muerte de Billy Graham. Esta providencia divina, ha sido de lo más instructiva porque ha revelado un poco del frágil fundamento en el que estamos de pie como producto de años de enseñanza superficial de las Escrituras. 

Una generación que no ha sabido definir para sí ni para otros lo que es el verdadero evangelio, reduciendo su mensaje a unas declaraciones ambiguas, leyes y métodos extra bíblicos, está preparada para aplaudir, creer y defender, cualquier cosa a nombre de evangelio. El trabajo ha sido hecho sistemáticamente durante décadas, de manera que este mal entendimiento ha forjado un contexto, una opinión común, que nadie puede llegar a expugnar a no ser que desee ser señalado como legalista. Décadas atrás se enseñó que predicar el evangelio era afirmar que todos somos pecadores, que Dios es amor, que Él tiene un plan maravilloso, que se debe creer en Él y a repetir una oración para llegar a ser salvo. El consenso común en el evangelicalismo actual es que quien crea esto, cualquiera que predique esto, es cristiano real y verdadero, y si, además, eso lo hace entre multitudes con el apoyo de los medios, eso lo convierte en un evangelista de talla mundial y hasta una celebridad evangélica.

Esa presentación del evangelio sin más definición, sin precisión, sin profundidad y sin implicación, puede ser interpretada de las maneras más extrañas y perjudiciales posibles, como se ve por su fruto que en efecto ocurrió. Bajo unas palabras débilmente definidas a nombre de evangelio, sin buscar implicaciones ni conexiones con el demás cuerpo de doctrina Bíblica, se logró que muchos individuos lleguen a simpatizar con el marco más grande de la cristiandad, donde católicos y protestantes (en el sentido más amplio de la palabra) puedan identificarse. No es raro que, en consecuencia, hombres de la talla de Graham hayan identificado la esencia del verdadero evangelio también bajo el sistema corrupto y hereje de Roma y bajo el sistema corrupto del carismatísmo exagerado de los tele-evangelistas de la prosperidad y que haya identificado entre los salvos a quienes además de creer en la salvación por Jesucristo, no hayan renunciado a la mediación mariana y el sacramentalismo o la salvación por obras. 

No es pues raro bajo este contexto de definiciones ambiguas y superficiales del evangelio, que se hayan implementado metodologías humanas y psicológicas como el llamado al altar y se hayan estandarizado para el mundo evangélico estas tácticas. No sorprende bajo este trato superficial y humanista del evangelio, que métodos como el repetir la oración de fe, el decisionismo, el caminar hacia el altar para recibir a Cristo, se hayan equiparado a lo que es la predicación del evangelio y que muchos no conciban evangelio sin esto. No es nada extraño que se hayan implicado practicas realmente desviadas del contexto bíblico que contradicen en consecuencia, el evangelio que se pretende proclamar.

Pero lo que sí parece extraño, es el enorme respaldo que el mundo evangélico conservador, dio al ministerio de este hombre a pesar de todo y de las implicaciones de sus labores. Embelesados, quizás, por los millones a los cuales Graham predicó, salieron sin rubor a exaltar sus esfuerzos en el reino de Dios y a rendir homenaje por el avance del evangelio así concebido por él, y así asumido por un evangelio americano más bien nominal. 

Temo y me entristezco por el mensaje que ese respaldo de líderes conservadores y reformados dieron al mundo evangélico, a sus seguidores que les dan toda credibilidad, pues si llega a suceder que, si sus seguidores implican sus enseñanzas, estamos preparados para defender como evangelio, opiniones y prácticas bien dudosas que terminarán dañando el puente sobre el cual estamos parados. En esto, estos líderes reformados erraron para ellos, para sus seguidores y para el testimonio del verdadero evangelio de Cristo en esta generación. Con ese respaldo público y sobredimensionado, estos hombres han dado un mensaje confuso y ambiguo, aunque quizás, conociendo la mayoría de sus ministerios, así tiene que ser. Estos individuos se han coalicionado, unido, buscado alianzas en pro del evangelio (por ellos definido), en pro de la verdad (por ellos atenuada), de la reforma (contextualizada) y de la sola Escritura (por ellos matizada), bajo sus propios y particulares conceptos.

Si bien lamentar la pérdida del hombre no está prohibido, el loar como “avance del evangelio” a Graham, sobre la plataforma de sus grandes y reconocidos ministerios, deja mucho que pensar del contenido de la verdad que desean promulgar. Nos preguntamos si el piso solido que parecen tener las grandes personalidades evangélicas-reformadas de hoy, lo es en realidad o si estamos ante la develación de una gran verdad y es que su fundamento tiene parte de hierro y parte de barro cocido, que no es tan sólido pues, para estar dispuestos a avalar como evangelio un mensaje tan reducido y ambiguo hasta donde el evangelista de la prosperidad y el católico profesante y practicante quepa, las definiciones claras de lo que es evangelio, salvación, y conversión, han debido ser resumidas al mínimo. Puede que ellos se muestren públicamente enemigos de tales cosas, pero ese y no otro, es el mensaje que recibimos de hombres de la talla de Ravi Zacarías, John Piper, Albert Mohler, Thimoty Keller, Steve Lawson, Miguel Nuñez, entre otros. Hombres que han hecho su ministerio sobre las bases reformadas, que han ganado su reputación por su estrechez con la teología de Calvino, comunicando esta vez para el mundo que el mensaje es lo que menos importa, al menos, si se mantiene en un mínimo aceptable, que el menaje debe ser ambiguo para llegar a todos, que los métodos humanistas  y psicológicos no afectan el mensaje, que se puede trivializar la herejía o que esta no es tan mortífera para la vida de un creyente verdadero o una iglesia bíblica, que el éxito se mide por las multitudes y el reconocimiento de los reyes de este mundo, descalificando las labores históricas de quienes dicen representar, porque que sepamos, los reformadores afirmaron con tanta claridad el evangelio sin desligarlo del cuerpo completo de doctrina, que los llevó a oponerse a Roma y a cualquier sistema desviado como malévolo, hereje y anticristiano.

Salir ahora públicamente como reformado, a felicitar y avalar el aporte al evangelio y la promoción del evangelio hecha por Graham, cuando se ha criticado los métodos y el mensaje trivial del evangelio en los carismáticos, es un asunto confuso. Creo que ha llegado el momento de empezar a ver de manera evidente que la nueva reforma está llena de contradicciones irreversibles, que en efecto, tenemos un grupo de hombres que han sabido discernir el mal en las iglesias carismáticas, la herejía y las metodologías humanas en las mega iglesias de la prosperidad, en algunos puntos del liberalismo teológico, en ser críticos en algunos aspectos de la cultura, pero en aceptar puntos y prácticas dudosas en su propia tienda. Esto no se afirma sin referentes. Se recuerda que hace algún tiempo en una coalición conocida, un pastor animó a orar por el papa como autoridad puesta por Dios y a reconocer sus labores por la moralidad del mundo. Otro de ellos no dudó en hablar de adelantar tareas y trabajos comunes para producir un lugar mejor en este mundo. Alguno de ellos habló de “cristianos verdaderos” entre los católicos romanos y otro afirmó que Dios puede estar salvando gente por una puerta trasera.

Meditemos por amor a la sana doctrina ¿Entonces es malo cuando el carismático y maestro de la prosperidad lo hace y es digno de alabar cuando fue Graham quien lo hizo? ¿No es acaso esta una exaltación del celebritísmo y la influencia mediática tan amada por el neocalvinismo? ¿Y qué del silencio de los hombres que también trabajan con ellos? ¿Es un silencio de omisión o de aceptación o están más preocupados por su reputación y por ello no contradicen a sus amigos? Parece que, como dije antes, las bases evangélicas, Bíblicas, de buena hermenéutica de estos “representantes” reformados, no es tan firme como pensábamos. Que, en el punto más delicado y sensible, de definir qué es el evangelio, de mostrarnos sus implicaciones y hasta métodos, ellos no están tan firmes. Si puedes aplaudir a Graham, obviando las varias ocasiones en que menoscabó el mensaje del evangelio, en que usó una metodología humanista, solo mirando su influencia mundial, mediática y su alcance, entonces tienes un problema en la raíz de tu teología.



Esperamos que el pueblo de Dios tenga discernimiento y aproveche esta providencia, porque en general nos mostró de nuevo, en qué posición están aquellos a los que el cristianismo reformado le está dando sus oídos y llama maestros. Esperando que, si alguno de ellos recapacita de su error, también se rectifique públicamente.

jueves, 15 de febrero de 2018

LA REFORMA: UNA BARRERA DE CORRECCIÓN CONFESIONAL

Por Tom Nettles

A medida que la teología de la Reforma se desarrollaba, sus principales voces encontraron que era necesario resumir su doctrina con el método tradicional de escribir confesiones de fe. Esto se hizo necesario ya que querían exponer su doctrina para que fuese investigada a fin de que las caricaturas y otras tergiversaciones pudieran dejarse de lado. Positivamente, los credos universalmente aceptados por los cristianos a través de los siglos, fueron afirmaciones. 

Así tenemos posiciones confesionales como diversamente construidas desde el Libro de la Concordia de los Luteranos, la Confesión de Fe de los Calvinistas, hasta el Credo Ortodoxo de los Bautistas Generales afirmando los tres “símbolos” del Credo de los Apóstoles, el Credo de Nicea, y el Credo de Atanasio como declaraciones de fe. Tanto los luteranos como los reformados estarían de acuerdo con la afirmación de los Bautistas Generales de que estas declaraciones “deben ser recibidas y creídas a fondo. Ya que estamos seguros que estos credos pueden ser probados, por la mayor autoridad, la autoridad indudable de la Sagrada Escritura, y son necesarios para ser entendidos por todos los cristianos”.

Las confesiones, por lo tanto, no eran autoridades en sí mismas sino solo cuando resumían verdadera y claramente la verdad revelada de la Escritura. El prefacio a la confesión escocesa de 1560 invitó a su lector a señalar “cualquier artículo u oración repugnante a la Palabra santa de Dios”, y amonestar a los autores “del mismo por escrito”. Se comprometieron a dar “satisfacción de la boca de Dios”, es decir, desde las Sagradas Escrituras o, de lo contrario, la reforma de aquello que se  demostrara estaría fuera de lugar.

1. Las confesiones reformadas rechazaron el error.
Negativamente, esas posiciones doctrinales universalmente condenadas por la iglesia a través de los siglos como fuera de armonía con la revelación divina, la encarnación y el principio de la salvación por la gracia, fueron rechazadas en nombre y en sustancia en las Confesiones de la Reforma. 

Por lo tanto, a menudo uno lee en estas confesiones condenas al gnosticismo, maniqueísmo, arrianismo, nestorianismo, eutiquianismo, donatismo y pelagianismo. Cuando los Anabautistas rechazaron el bautismo de infantes y buscaron una iglesia de verdaderos creyentes disciplinada apropiadamente de acuerdo con la Biblia, fue visto como una especie de Donatismo. Balthasar Hubmaier reflexionó sobre la comisión de Cristo al observar: “Pero los infantes no pueden ser enseñados, por lo tanto, uno no puede bautizarlos. Ese argumento es tan fuerte como un muro”. 

Las confesiones luteranas y reformadas los condenaron (p. Ej. La Confesión de Augsburgo). John Smyth, el primer seguidor bautista de esta posición anabaptista, escribió lo contrario en su “Confesión corta”, que “el bautismo es el signo externo de la remisión de los pecados, de morir y de hacerse vivo, y por lo tanto no pertenece a infantes”. Thomas Helwys escribió confesionalmente que los miembros deben ser recibidos por el bautismo “con la confesión de su fe y los pecados forjados por la predicación del evangelio”, y las iglesias formadas de cualquier otra manera “o de cualquier otra persona no son según el Testamento de Cristo”. Donatismo o no, o solo parcialmente, los Bautistas lo vieron como un punto Escritural como para incluirlo en esta Confesión.

Sin embargo, yendo más al punto histórico, fue el rechazo general de aquellas doctrinas ofensivas del catolicismo romano que canonizaron meras tradiciones humanas como verdad de Dios, decisiones de sus concilios y pronunciamientos papales. Los reformadores, en su mayoría, creían que el catolicismo romano había traído los errores del pelagianismo y el semipelagianismo al establecer ciertos grados de mérito humano para combinarlos con la gracia divina para la salvación. Según lo pronunciado por la Segunda Confesión escocesa, 1580, “Detestamos y rechazamos la autoridad usurpada del Anticristo Romano sobre las escrituras de Dios, sobre la Iglesia, los magistrados civiles y las conciencias de los hombres; su doctrina errónea contra la suficiencia de la palabra escrita. . . el oficio de Cristo, y su bendito evangelio: su doctrina corrupta concerniente al pecado original, nuestra inhabilidad natural y nuestra rebelión a la ley de Dios, nuestra justificación solo por fe, nuestra santificación imperfecta y nuestra obediencia a la ley; la naturaleza, el número y el uso de los santos sacramentos: sus cinco sacramentos bastardos, con todos sus ritos, ceremonias y falsas doctrinas,. . . su necesidad absoluta del bautismo, su opinión blasfema de la transubstanciación. . . su purgatorio, oraciones por los muertos, ... sus satisfacciones de los hombres por sus pecados, su justificación por las obras, opus operatum, obras de supererogación, méritos, perdones, peregrinaciones y estaciones; . . .Sus decretos erróneos y sangrientos hechos en Trento, con todos los suscriptores y aprobadores de la banda cruel y sangrienta [pactada] conjurada contra la Iglesia de Dios”. ¡Y eso ni siquiera es la mitad de las cosas que detestan!


2. Las confesiones reformadas afirmaron la verdad.
Además, la confesión serviría como una presentación apologética de aquellas cosas que creían sinceramente como verdaderas. Para que su doctrina se establezca de manera concisa, clara y en su forma más rudimentaria, los pastores / teólogos de la Reforma establecieron las confesiones como la base para la discusión con aquellos que no estaban de acuerdo o con quienes buscaban una comunión o alianza más amplia. Ulrich Zwingli escribió su Exposición de la Fe a Francisco I en 1529 después del colapso del Coloquio de Marburg. Buscó instruirlo en la doctrina básica de la Reforma y lo convenció de dar su apoyo a la Reforma creciente, y más peligroso aún, en contra del catolicismo. Vemos la seriedad de la apelación de Zwinglio en la manera en que se dirigió al rey y las conclusiones a las que trató de llevarlo. "Dejaré todo en claro a su alteza, oh rey. . . . Cuando piensas en todas las cosas que los hombres hacemos habitualmente, ya sea por pasión o por deseo, estarás aterrorizado, y en lo que concierne a tu propia rectitud, en tu propio juicio te declararás indigno de la salvación eterna. . . Cuando te consuelas en Cristo. . . entonces tú, espiritualmente, comes su cuerpo, es decir, confiando en la humanidad que él asumió por tu causa”.


Los luteranos presentaron la Confesión de Fe de Augsburgo a Carlos V en 1530, por muchas de las mismas razones, pero también como un claro anuncio de su falta de voluntad para comprometerse con los asuntos doctrinales que consideraban habían sido corregidos en su reforma de la iglesia. Afirmaron: "A estos les declaramos nuestra adhesión continua y no nos desviaremos de nuestra posición mediante estas o ninguna negociación posterior. . . como públicamente atestiguamos y afirmamos ".


La Confesión de Schleitheimde los anabautistas señalaba siete áreas específicas de convicción que diferían de Zwinglio, además de una corrección de algunas de las proclamas más libres de autoridad espiritual y libertad en el movimiento anabautista. Escribieron contra “ciertos falsos hermanos entre nosotros [que] observan la libertad del Espíritu [a través de] lascivia y la autoindulgencia”. En su primer artículo se distanciaron de los errores restantes de Zwinglio y escribieron que el bautismo es para aquellos “que creen verdaderamente sus pecados son quitados por Cristo”; esta convicción, por lo tanto, “excluye todo bautismo de infantes, la más alta y principal abominación del Papa”. La Confesión de fe Francesa de 1559 fue dirigida a Carlos IX con la esperanza “de que sea una respuesta suficiente a la culpa y el oprobio injustamente puestos sobre nosotros por aquellos que siempre nos han condenado sin tener conocimiento de nuestra causa”.

3. Las confesiones reformadas enseñaron a las iglesias.
Finalmente, sus confesiones sirvieron como fuente de instrucción para las personas, quienes a través de algunos medios se habían convertido en parte de las iglesias que estaban involucradas en la Reforma. En 1536, en el mismo año en que publicó la primera edición de las Instituciones de la religión cristiana, Juan Calvino escribió una confesión para la iglesia en Ginebra. Encontramos en la declaración introductoria de esta confesión, tanto el deseo imitable de una formación en teología comprensiva básica como el error del compromiso con la cristiandad: "Confesión de fe que todos los ciudadanos y habitantes de Ginebra y los súbditos del país deben prometer guardar y esperar".

También en 1536, la Primera Confesión Helvética escrita en gran parte por Heinrich Bullinger iba a ser utilizado como un instrumento de enseñanza para todas las iglesias reformadas de Zwinglio. Fue reemplazado por la Segunda Confesión Helvética en 1566, más completa y discursiva, pero diseñada para proteger a las iglesias del error pernicioso y preservarlas en la ortodoxia. La Confesión escocesa de 1560 fue escrita para que el resto del mundo reformado supiera de su solidez en la fe, para rechazar los errores, para "detener las bocas de los blasfemos insolentes", pero principalmente "con respecto a nuestros hermanos débiles e inestables, a quienes hablaríamos desde lo más profundo de nuestros corazones, para que no se turben o se dejen llevar por los diversos rumores que Satanás difunde contra nosotros para derrotar a esta nuestra empresa piadosa ".

Traducido y publicado don permiso de: 
https://founders.org/2017/12/20/the-reformation-a-barrage-of-confessional-correction/

Traducción: M.L.

sábado, 30 de diciembre de 2017

HACER IGLESIA FUERA DE LA IGLESIA NO ES IGLESIA

Por Eric Davis

Tal vez usted ha oído esto. “No podemos llegar a la iglesia hoy, así que haremos iglesia en familia”. “Puedo hacer iglesia en una caminata esta mañana yo solo en la creación de Dios”. “La iglesia realmente son las personas, entonces podemos hacer iglesia donde sea. Dios está en todo logar después de todo”.

¿Realmente necesitamos ir a un edificio en un día determinado para que cuente como iglesia? Si es así, ¿esto no es legalismo?

Cada vez más, esto se está convirtiendo en la forma más popular de “hacer iglesia”. Pero ¿Cómo discernimos qué representa y qué no lo hace ir a la iglesia? La Palabra de Dios tiene plena sabiduría sobre este problema.

En resumen, “mi caminata solitaria” o “la Biblia abierta en la sala con los niños”, no es iglesia. Aquí hay unas pocas razones de por qué hacer Iglesia fuera de la Iglesia no es iglesia.

1. Nosotros no nos acercamos a otras áreas de la vida de esa manera.
Aseverar que podemos alejar a la iglesia de la iglesia es una forma incomparable de abordar los eventos de la vida. ¿Nos acercamos a otras áreas de la vida así? Esposos, la próxima vez que programen un día en familia, justo antes que llegue, díganles a sus esposas: "Cariño, en realidad voy a hacer nuestro tiempo en familia, en un viaje de campamento solitario. Pero pensaré en ti y en los niños mientras estoy sentado allí con el perro y mi cuchillo mientras como enlatados. Todavía cuenta como tiempo familiar, ¿verdad? No tenemos que ser todos legalistas, cariño".

Me pregunto si usaríamos la frase de "iglesia lejos de la iglesia" para otras cosas en la vida, como perder el juego, el ballet de nuestra hija, nuestro hobby o esa película que realmente queremos ver. "Voy a abandonar el ballet de mi hija, pero “haré el ballet” al recordar las movidas que la vi practicar en la sala la semana pasada". "Voy a extrañar cazar con el equipo hoy, pero voy a cazar viendo cazar en YouTube en mi casa”. “No llegaré al estreno de esa película, pero “haré la película” viendo el preestreno en mi teléfono ". Un video de YouTube no es igual a estar cazando con el equipo. Meditar en su gran salto de ballet no es asistir al ballet de mi hija. Ver la vista previa de una película en mi pantalla de seis pulgadas no es estar en el estreno de ella. Y hacer iglesia en casa, en el automóvil o en una caminata no es hacer iglesia.

2. Ya que no somos Dios, no podemos redefinir las cosas que son Suyas.
Si somos la cabeza de una organización, entonces podemos definir las cosas en esa organización. Si usted es el fundador de una empresa, puede definir los objetivos de su empresa. Puede definir estándares para sus empleados, porque usted está sobre eso.

Cristo es la cabeza de la Iglesia (Efesios 1:22-23). Él compró la Iglesia con su vida (Hechos 20:28). Dio a luz la existencia de la Iglesia. Es su Iglesia (Mateo 16:18). Entonces, Él dice cómo son las cosas. Cuando Él establece cosas para su Iglesia, así es como tienen que ser. Cristo ha especificado que apariencia debe tener cada cosa en su iglesia. Y no hay textos bíblicos que digan: "Bueno, si quieres alterar esta cosa que Yo he especificado, adelante". Así es cuando se trata de hacer las cosas a la manera de Dios. Él es tan grande y digno que es razonable que enfoquemos sumisamente y con cuidado lo que Dios dice acerca de la iglesia. Veremos algo de lo que eso significa a continuación.

"Esta es mi iglesia hoy.
Puedes encontrar a Dios donde quiera
que le busques esta mañana.
Él prometió  ser hallado.  
3. La adoración a Dios no es un esfuerzo auto-determinado.
Gran parte de la Biblia comienza con Dios exponiendo lo que significa, y no significa adorarlo. Una conclusión de Éxodo y Levítico es: "Este glorioso Dios no nos deja los detalles de la adoración a nosotros". Esto se debe a que uno de los grandes problemas con la humanidad es que la depravación nos hace incapaces e indispuestos a adorarlo correctamente. Hemos fabricado 10.000 maneras de adoración. Y cada una de ellas es profana e idólatra.

Ni una sola vez en la historia de la humanidad una persona o personas han ideado la forma correcta de adorar al verdadero Dios. Es por eso que necesitamos la Biblia. Cuando sea que el hombre tome el enfoque de auto-determinación para adorar a Dios, resulta haciendo un ídolo. En su gracia, Dios, prescribe la adoración al hombre pecador por una buena razón. ‘No haréis como hacen en la tierra de Egipto, en la cual morasteis; ni haréis como hacen en la tierra de Canaán, a la cual yo os conduzco, ni andaréis en sus estatutos’ (Levítico 18:3) Y no andéis en las prácticas de las naciones que yo echaré de delante de vosotros; porque ellos hicieron todas estas cosas, y los tuve en abominación’ (Levítico 20:23). Considera los tiempos del Antiguo Testamento con todos esos sacrificios de sangre, ¿Acaso alguien podría ofrecer un sacrificio en casa? ¿No sería eso lo suficientemente bueno siempre que tuvieran buenas intenciones y pensaran en Dios? Aquellos que ofrecieron un sacrificio fuera del tabernáculo serían asesinados (Levítico 17:8-9).

El punto es que la adoración apropiada de Dios no es un esfuerzo auto-determinado. Dios no nos ha dejado a nosotros decidir qué define obedientemente la reunión como la iglesia para la adoración colectiva.

4. Iglesia significa algo específico en el Nuevo Testamento.
Ni una sola vez en el Nuevo Testamento se refiere Dios a un individuo o a los padres y sus hijos como la iglesia. Los individuos son llamados por su nombre. Las familias se llaman hogares. Pero ellos no son llamados "iglesia" ni se dice que están haciendo iglesia. Un grupo arbitrario de cristianos no se llama iglesia, como en el cuerpo reunido para la adoración colectiva.

A veces en la Escritura, "iglesia" se refiere al cuerpo universal de creyentes (por ejemplo, Hch.8:3, 9:31; Ef.1:22, 5:2), y otras veces se refiere a cuerpos locales de creyentes (por ejemplo, Hch.14:23, 20:17; Ap.1:11, 22:16). Cuando Pablo y su equipo entran en Filipos, encuentran a algunas personas orando junto al río (Hch.16:13). Luego, se encuentran con el carcelero y su casa en un hogar (Hch.16:34). Ninguno de los dos lugares fue considerado una iglesia. Necesitaban ser bautizados y reunidos con otras personas regeneradas bajo el liderazgo bíblico. Creta tuvo una situación similar. Si bien había muchos cristianos esparcidos por la isla, necesitaban ser guiados y reunidos bajo un liderazgo bíblico calificado (Tito 1: 5-9). Hasta entonces, Pablo no lo consideró eclesiológicamente completo (Tito 1: 5).

Durante los primeros días del libro de Hechos, la iglesia estaba en su infancia, en sus etapas fundamentales. Dios la maduró hacia el final del primer siglo. Para cuando llegamos a 1 y 2 Timoteo y Tito, el apóstol prescribe y entrega muchos de los ingredientes necesarios de una iglesia local. Los creyentes contemporáneos tienen la responsabilidad de observar estas prescripciones a fin de mantener la idea de Dios sobre la iglesia.

El punto de Pablo en 1 Corintios 14 es que la reunión de la iglesia debe verse de cierta manera. El camino de la autoexpresión egocéntrica de los dones no contó para Pablo (1 Corintios 14:12, 23). A medida que ciertas personas usan sus dones de manera inteligible en la reunión corporativa, se exhorta a que todo el cuerpo reciba edificación (1 Corintios 14:26). La inteligibilidad y el orden deben ser abundantes (1 Corintios 14:33, 40). En otras palabras, la reunión de la iglesia debe hacerse tal como Dios la define.

Todo eso para decir que el significado de iglesia no es algo definido arbitrariamente en el Nuevo Testamento. En parte, el énfasis está en la reunión del cuerpo corporativo para la edificación, de una manera ordenada, de acuerdo a los mandatos prescritos a los líderes de la iglesia. Consecuentemente, no servirá considerarme "haciendo iglesia" fuera de la iglesia local.

5. La reunión corporativa observa que Dios nos ha salvado en el cuerpo de Cristo.
"Bueno, la iglesia no es un edificio. Es su gente. Entonces, si estoy con cristianos, entonces es técnicamente iglesia”.  Como se demostró anteriormente en el N°4, el Nuevo Testamento no respalda ese argumento. Quizás se pueda pasar el tiempo con la familia o con algunos amigos cristianos compartiendo unos a otros, o estudiando la Biblia u orando. Pero esta no es la iglesia reunida en obediencia para la adoración colectiva.

Eso es precisamente lo que el escritor de Hebreos corrigió. Varias personas, y probablemente familias, no se estaban reuniendo con la iglesia para la adoración colectiva. En respuesta, él no dice: "Ah, claro, la iglesia no es el edificio, así que adelante, tienen permiso para abandonar la adoración colectiva". En cambio dice: ‘no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca. Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados’ (Hb.10:25-26).

Pablo se dirigió a una actitud individualista hacia el cuerpo de Cristo que plagaba la iglesia de Corinto. En su argumento va contra la actitud de "la iglesia no es un edificio, así que puedo hacer iglesia donde sea". Hablando a una iglesia local, escribe: ‘El cuerpo no es un miembro, sino muchos’ (1 Cor.12:14). Sí, la iglesia no es un edificio. Y no, tú y tu familia no constituyen la iglesia. Un cuerpo local se compone de muchos miembros. Necesitas esos otros miembros, y ellos te necesitan. ‘Si todo el cuerpo fuera un ojo, ¿dónde estaría la audiencia? Si todo el mundo oyera, ¿dónde estaría el sentido del olfato?’ (1 Cor.12:17).

Considera la ilustración de Pablo; un cuerpo. ¿Puede un pulmón ser considerado un cuerpo? "Bueno, dirás, no soy solo yo, es mi familia también". ¿Pueden dos riñones y una axila considerarse un cuerpo? El tipo de iglesia del Nuevo Testamento exhibe que Dios ha creado ese grupo de creyentes como un cuerpo en funcionamiento (1 Cor.12:18). Este cuerpo no es perfecto. Necesita trabajo. Pero es un cuerpo, y es mucho más que pulmones y riñones deslizándose por el suelo de nuestra cocina.

Mi familia arrodillada en casa no es el cuerpo local y representativo de Cristo. Caminar con algunos amigos no es el cuerpo de Cristo. Salir a esquiar con amigos incrédulos no es el cuerpo de Cristo. Hacer iglesia lejos de la iglesia no es iglesia porque hacer iglesia sin la iglesia no es iglesia.

Nuestro buen Dios nos ordena que abandonemos esta falacia del “llanero solitario” y, en su lugar, nos reunamos con su pueblo para adorarlo. Hacerlo, expresa la maravillosa verdad que pertenecemos a algo más grande que nosotros mismos. Nosotros pertenecemos al cuerpo de Cristo. Reunirse con la iglesia muestra que acogemos con entusiasmo el buen deseo de Dios de sumergirnos ansiosamente en su iglesia visible y viviente; el cuerpo de Cristo. La apatía a reunirse con la iglesia es apatía hacia Dios y la Cabeza del cuerpo.

6. La iglesia constituye, en parte, un grupo de creyentes bajo el cuidado comprometido de un liderazgo calificado presente para bendecir al cuerpo local.
Las "iglesias en casa" son populares en muchos lugares en estos días. Es genial que la gente quiera reunirse con otros para estudiar la Palabra de Dios. Pero a menudo estas reuniones carecen de algo crítico; liderazgo bíblicamente calificado y afirmado. Una vez más, Pablo no consideró las cosas como completamente fieles en una iglesia sin tales líderes (por ejemplo, Hechos 14:23, Tito 1: 5). Al final del primer siglo, los apóstoles delegaron ancianos/pastores para tomar el relevo en el cuidado pastoral de las iglesias (1 Tim.3:1-7, Tito 1:6-9, 1 Pd.5:1-4). Los líderes probados, físicamente presentes, eran necesarios en cada iglesia.

Necesitamos honrar a Dios y la forma en que Él ha decidido cuidar de sus iglesias. Parte de eso es trabajar para levantar e instalar líderes bíblicamente calificados y afirmados (1 Tim.4:14, 2 Tim.2:2, Tito 1:5-9). Otra manera de expresar dicha honra es reunirse para la adoración con una iglesia donde tales cosas existen. La adoración colectiva prescrita implica la predicación de la Palabra de Dios, la administración de las ordenanzas y la disciplina, según sea necesario, a través de líderes cualificados (Mt.18:15-20, 1 Tim.3:2, 4:13, 2 Tim.4:2). Definitivamente uno no puede cumplir con todo eso “yendo a la iglesia” con sus amigos en una caminata.

“Bueno -dirá alguno-, nosotros nos sentamos bajo la Palabra y escuchamos a un pastor calificado encargado de predicar. Nosotros vemos a nuestro pastor favorito en vivo los domingos en nuestra sala”. Ciertamente hay situaciones intermedias y temporales en las que podemos hacer eso. Podemos pertenecer a la plantación de una iglesia en el proceso de convertirse en iglesia o experimentar la providencia de haber perdido a nuestro pastor. Pero estas circunstancias no deberían, y no necesitan, ser soluciones permanentes. Necesitamos líderes físicamente presentes para pastorearnos.

Incluso si el Nuevo Testamento se hubiese escrito en el virtual Siglo 21, lo ideal siempre sería una iglesia que está físicamente, y no virtualmente reunida. Es posible y necesario hacerlo. Incluso con las muchas limitaciones del primer siglo, el pueblo de Dios pudo viajar, entrenarse y conseguir que los líderes locales se levantasen para que los líderes estuvieran físicamente presentes en las diversas iglesias (por ejemplo, Hch.14:23, Tito 1:5). Y lo hicieron incluso en iglesias a pocos kilómetros unos de otros (por ejemplo, Corinto y Cencrea, Rom.16:1).

“Bueno -dirá otro-, nuestra familia hace todo lo que hace una iglesia los domingos". ¿Es papá un pastor? ¿Ha sido reconocido y afirmado como tal por un cuerpo de líderes de iglesia local actualmente calificado y reconocido (1 Timo4:14)? ¿Cómo está disciplinándose la gente de tu iglesia familiar? ¿Y no hay un cuerpo local del Nuevo Testamento con el que puedan reunirse?

En pocas palabras: no puedo considerar arbitrariamente mi grupo de personas reunidas en un domingo, una iglesia si no incluye un cuerpo regenerado de individuos comprometidos el uno con el otro, líderes bíblicamente calificados y afirmados, predicación de la palabra, administración de las ordenanzas y conducción bíblica disciplina de la iglesia según sea necesario. Por lo tanto, no podría considerar a un grupo como una iglesia ni su actividad como “hacer iglesia”.

Se podría decir más sobre qué es y qué no es la iglesia. Pero los cristianos deben desechar los intentos de justificar que la iglesia se aleje de la iglesia como iglesia. 

No nos acercamos a otras áreas de la vida de esa manera. No somos Dios, y por lo tanto no tenemos autoridad para redefinir los asuntos de su iglesia. Las verdades sobre la iglesia y la adoración no se definen arbitrariamente, sino que significan algo específico en el Nuevo Testamento. Reunirse con el cuerpo bajo el pastoreo de líderes bíblicamente calificados demuestra el privilegio que tenemos de pertenecer a algo más grande que nosotros; la mejor organización del universo.

Deberíamos considerar un privilegio y una alegría reunirnos semanalmente con el pueblo de Dios. El cuerpo nos necesita y necesitamos el cuerpo. Necesitamos lo que Dios desea darnos a través de un liderazgo calificado y afirmado. Necesitamos ver y ser vistos. Si vamos a faltar a la iglesia y permanecer con la familia por algún motivo y vamos a intentar complementarla, simplemente diga a sus niños: “Vamos a estudiar la Biblia, cantar algunas canciones y orar como familia, pero esto no es iglesia”. 

Tomado y traducido con permiso de: 
Traducción: Alejandra Castañeda



jueves, 21 de diciembre de 2017

UN PATRÓN DE ADORACIÓN FAMILIAR

Por: David Feddes
Marzo 2001

Posiblemente seas de aquellos que no tiene idea de lo que implica tener un tiempo de adoración diaria. Tal vez esta práctica jamás haya sido parte de tu vida y nadie te la ha explicado o modelado para ti. Permítanme describir mi propia participación en la adoración a Dios de forma diaria.

Mientras estaba creciendo, mis padres nos guiaban en la adoración familiar diaria. Antes del desayuno, mi padre o madre hacían una oración de agradecimiento. Después del desayuno, leerían la Biblia, también, una breve meditación sobre el pasaje de las Escrituras y terminarían en oración.

Este tiempo de lectura de la Biblia y oración familiar fue una prioridad para nuestra familia. A veces cuando se nos hacía un poco tarde en la mañana, pensábamos que el autobús escolar llegaría antes de que termináramos de desayunar. Entonces, ¿Omitíamos la lectura de la Biblia y la oración? No, si llegábamos tarde a la mesa, mis padres leerían la Biblia antes del desayuno en lugar de después. Entonces, si viéramos llegar el autobús mientras estábamos desayunando, podríamos tomar algo de la mesa y comerlo en el camino a la escuela o simplemente dejaríamos de tomar parte de nuestro desayuno.

En la cena, nuevamente nos inclinamos juntos en oración antes de comer. Después de la comida, leeríamos de nuevo la Biblia, tal vez leeríamos una explicación del pasaje bíblico de un libro devocional, y concluiríamos con una oración. 

Este patrón de adoración familiar matutino y vespertino en realidad no tomaba mucho tiempo: quizás unos cinco minutos por la mañana y otros cinco minutos más o menos por la noche. Por lo general, no producía una experiencia emocional deslumbrante. Fue simplemente un tiempo simple y tranquilo para escuchar a Dios hablar en las Escrituras y hablar con Dios en oración. Pero comenzar y terminar el día de esa manera establece un tono espiritual para todo lo demás. Durante el año, la adoración familiar también nos ayudó a obtener una gran cantidad de conocimiento de la Biblia que ninguna escuela o seminario podría enseñar con la misma eficacia.

Cuando era un niño que crecía con padres que adoraban a Dios en espíritu y en verdad, aprendí la adoración diaria de la familia, pero también aprendí la adoración personal diaria. Una cosa que me enseñó acerca de la adoración personal fue el ejemplo de mis padres. Nunca hacían alarde de su tiempo personal con Dios, pero a veces, cuando me levantaba temprano, veía a mi padre arrodillado solo en oración antes de despertar al resto de la familia. Mi madre, también, era una persona de oración y de la Escritura. Siguiendo su ejemplo, comencé a orar personalmente cuando era niño, generalmente a la hora de acostarme. Cuando tuve la edad suficiente para leer bastante bien, mis padres me dieron una Biblia propia, y pasaba unos minutos cada noche leyendo la Biblia yo solo.

No vengo de una familia de predicadores o eruditos de la Biblia. Vengo de una familia de granjeros y rancheros. Mis padres no eran perfectos ni nuestra familia. A veces discutíamos, nos poníamos nerviosos y tomábamos decisiones equivocadas. Aun así, nos amábamos y sabíamos que Dios estaba en el centro de nuestra casa. Incluso ahora, cuando visitamos a mis padres o a los padres de mi esposa, sabemos que tendremos culto diario con ellos.

¿Dónde obtuvieron mis padres su patrón de adoración familiar y culto personal? Ellos no lo idearon por sí mismos. Obtuvieron el patrón de sus padres. Mis padres crecieron con la adoración familiar diaria y con padres que no solo llevaron a sus hijos a la adoración, sino que también pasaron tiempo solos en el culto personal y privado.

Ahora que tengo mi propia familia, mi esposa, mis hijos y yo, desayunamos juntos seguidos de lecturas bíblicas y oraciones. También tenemos nuestra cena juntos; seguido de lectura, discusión y oración de la Biblia. El patrón que seguimos es similar al que crecí, con algunas pequeñas variaciones. En nuestro hogar a menudo tenemos un tiempo de oración en el cual cada miembro de la familia dice una oración. Por lo general, también cantamos una canción de alabanza. Pero el patrón esencial es el mismo que aprendí de niño: tomamos tiempo cada día para escuchar a Dios y hablar con Él como familia, y a nivel personal, también tenemos nuestro propio tiempo de adoración privado.

Te estoy hablando de mi propio patrón personal y familiar porque quiero darte un vistazo de la adoración diaria y ayudarte a construir ese patrón en tu propia vida, si es que todavía no tienes uno. Tengo un largo camino por recorrer para conocer mejor a Dios y adorar al Señor como se merece. Pero honestamente puedo decir que la adoración diaria, como familia y como individuo, es vital para honrar a Dios y crecer en la fe. Si quieres conocer mejor a Dios, amarlo más profundamente y honrarlo más plenamente este año y siempre, comprometerte a hablar y escuchar a Dios repetidas veces en la adoración diaria.

Cada relación sana implica hablar y escuchar repetidamente, y tu relación con Dios no es una excepción. Si no hablas con Dios y lo escuchas todos los días, tu relación con Dios no va a crecer. Pero si tomas tiempo todos los días para escuchar lo que Dios te dice en la Biblia y para decir lo que está en tu corazón por medio de la oración y la adoración, puedes esperar que tu relación con Dios crezca más allá de lo que es ahora. No te conformes con nada menos que adorar a Dios diariamente en tu propio hogar, en espíritu y en verdad.

DAVID FEDDES

David Feddes predica todos los meses en "La Hora de Regreso a Dios" de la Iglesia Cristiana Reformada en 6555 W. College Dr., Palos Heights, IL 6

lunes, 18 de diciembre de 2017

CELEBRAR O NO CELEBRAR ¿ES ESA LA CUESTIÓN?

En estos días abundan entre los cristianos, varios escritos y defensas de las posturas particulares, concernientes a si un cristiano debería o no participar en la celebración de la Navidad. Bueno, aquí está otro artículo.

Antes de proseguir permítame aclara tres asuntos de la mayor importancia, sabiendo que el tema no es tomad por todos con la misma fuerza y emoción:

1. Quien escribe lo hace desde una perspectiva pastoral, buscando no solo señalar ciertas cosas como erradas sino deseando la persuasión de las con ciencias que luego resulte en cambios conscientes.  Por ello no empezaré este escrito tildando a alguno de descendiente espiritual de los celtas o llamándole pagano o mundano acérrimo. Si ese es su espíritu o espera que sea el mío, se irá desilusionado, creo que las cosas pueden ser instructivas y mi mayor deseo no es denunciar como sí orientar.

2. Seguramente mi respuesta parecerá muy fuerte para algunos y se vean tildados a etiquetar sobre esta explicación: ¡Legalismo! Para otros pareceré muy blando y seré etiquetado como ¡Mundano! Pero espero que pueda sacar la mayor utilidad en lo que con meditación bíblica considere correcto y pueda en paz, disentir conmigo en algunos puntos. Pero con todo, esperamos que los creyentes aprendamos a lidiar con el entendimiento particular de los demás mientras les ayudamos a ver mejor los principios.

3. Tenga paciencia, que muchos asuntos no son entendidos porque deseamos la respuesta instantánea a asuntos en los que se deben tener en cuenta muchísimas cosas que no surgieran de forma inmediata. No saque conclusiones apresuradas ni finales hasta no leer todo lo escrito, le animo a no asumir y etiquetar a primera las cosas, para su provecho.

En primer lugar, trataré de identificar de manera breve las posturas que he logrado reconocer entre los cristianos. No intento caricaturizar a nadie, no es el espíritu de este escrito, solamente el lograr identificar en líneas muy generales las diversas posturas. A veces resulta que adquirimos más y más luz, al tratar de entender las posturas del otro y no solo combatirlas irreflexivamente y es la idea aquí. Espero que este sea el caso también  para usted y su postura final considere lo que cristianos como usted y yo, piensan al respecto.

1. El que ha tomado una visión despistada o irreflexiva.
Hablamos del que jamás había pensado si debería tener una postura. Casi que preguntarle el porqué de su celebración hará que sus neuronas choquen de manera no convencional y se sienta mal. Solamente llegado el mes, se encamina alegre hacia donde todo el mundo a su alrededor se encamina. No ha meditado sobre el tema si es que como cristianos necesitamos, aun en estas cosas, tener una base bíblica. Este creyente evitará estas reflexiones porque, entre otras cosas, está asombrado que haya extraños cristianos que tengan objeciones contra tal celebración. Él no ve nada de malo en aunarse al contexto de la época y posiblemente en su iglesia se celebre la Navidad, todos asumiendo que es una época para celebrar. Sencillamente no ve nada de malo, claro, con una visión muy general de las cosas. Este cristiano nos dirá ¡Feliz Navidad! O ¡Felices fiestas! Quizás este mismo individuo diga palabras como “¿Qué nos traerá el próximo año?”, evidenciando su apego irreflexivo a estas épocas.

2. El que asume que ha tomado una posición bíblica.
Para muchos creyentes, el hecho que el nacimiento de Cristo se encuentre registrado en las Escrituras, es suficiente para hacerlo motivo de celebración decembrina. Es decir, para ellos es muy fácil: En la Biblia se habla del nacimiento de Cristo, en Diciembre se celebra este nacimiento, por lo que celebrarán en diciembre este nacimiento. Estos creyentes abogarán porque mientras la celebración se mantenga dentro del verdadero significado de la Navidad (El nacimiento del Salvador), es legítima. Otros han sido aún más osados tratando de rastrear en la historia evangélica la legitimidad de esta celebración y hasta han encontrado a San Nicolás entre los padres de la Iglesia. Este creyente solo tendrá ligeras objeciones en que la navidad se enfoque en celebraciones y regalos, pero no tendrá inconveniente en que se celebre, si el centro es exaltar a Cristo y recordar su nacimiento, así sea en medio de natilla*, buñuelos**, galletas, pavos y ponches.

* Postre típico en ciertas regiones en épocas decembrinas.
** Panecillos típicos en ciertas regiones en épocas decembrinas.

3. El que ha tomado una postura religiosa.
Aquí encontramos individuos que creen que todos los cristianos estamos religiosamente obligados a observar anualmente los eventos del natalicio del Salvador, casi elevando la celebración de la navidad a un rito instituido para los cristianos. Ellos observarán con la mayor rigurosidad que se pueda esta fecha, como lo instituido para la cristiandad. Ellos se asombran que iglesias no tengan el “Culto Navideño”, o que para algunos estas fechas no signifiquen demasiado. Esta fecha no puede quedar inadvertida, piensan, y casi que nos llama a tener algún tipo de piedad particular o expresiones devocionales singulares. Si bien, ya no andan por el lado de las novenas frente al pesebre, desean rescatar el espíritu cristiano detrás de estas celebraciones e instituyen en su vida o en la de sus iglesias, un sistema paralelo de las novenas de aguinaldos*.

La Novena de Aguinaldos​ es una costumbre católica, arraigada en Colombia, Venezuela y Ecuador, relacionada con la festividad de Navidad. Es análoga a las Posadas que se celebran en México y Centroamérica. Se trata de una oración rezada durante nueve días (novena) en la época previa a la Navidad (época de aguinaldos).

4. El que ha adoptado una postura de reproche y denuncia.
Parece ser una postura reaccionaria, aunque para ellos es la postura cristiana. Muchos cristianos han visto la manera en que el mundo ha permeado muchas veces la iglesia y aquí ven una de ellas. Ayudados por cierta documentación histórica, se esforzarán por demostrarle que dicha celebración es tan pagana como el Halloween, y que, como cristianos, debemos separarnos de todo lo mundano. Le hablarán de la innegable relación de las fechas de Navidad con celebraciones paganas, de la relación del paganismo con el árbol, de los regalos y de los orígenes oscuros de papá Noel. Y ya que la Biblia nunca enseña que los cristianos debemos celebrar la Navidad, ni mucho menos en una época donde, la verdad sea dicha, no fue la época del nacimiento del Señor, es completamente ilegitima y mundana, tal celebración.

5. El que ha adoptado una postura pragmática.
Aquí están creyentes que pueden llegar a entender que esta celebración no está ordenada en las Escrituras, que no corresponde a la fecha del nacimiento del Señor Jesús, que esta celebración se presta para los excesos, aun entre cristianos, entienden en algo que hay gente irreflexiva o radical, pero este cristiano no se quiere enredar en si se debe o no celebrar la navidad, va a aprovechar la fecha para reunirse en familia, evangelizar, dar regalos, etc. Para ellos, no necesariamente existe un pecado en tal celebración, desde que se mantenga en una línea modesta, pero va a fijarse más bien en el provecho que se le pueda sacar, llámese provecho familiar, social, y hasta evangelístico. Muchos se han aunado a esta postura tratando de aprovechar lo bueno que en la gracia común épocas y fechas como estas traen a la humanidad y no se complicarán en nada mientras mantengan una línea sobria.

6. Está el creyente que deja a un lado su profesión de fe en esta época tan descaradamente que va a contemporizar con el mundo sea lo que sea.
Si hay que comer hasta reventar, se come, si hay que beber, se bebe, si hay que bailar se baila, si hay que derrochar los recursos que Dios nos permitió ganar, se gastan, si se aporta para el estímulo de la mundanalidad, las codicias, se hace. Pasadas las festividades, vuelve a retomar su profesión de fe como si nada hubiese pasado, suspirando que tal vez el año se pase tan rápido para volver a este círculo. Este individuo manifiesta que su felicidad mayor proviene de fechas, regalos, familia y al parecer, deja a un lado a convicción profunda, el congregarse, orar, ofrendar, testificar, ser modesto, sobrio y prudente, estas son cosas que luego va a retomar cuando pasen los momentos de celebración.

Por supuesto que entiendo que en la vida cristiana las cosas no se delinean tan fácil, habrá cristianos que estén entre una y otra postura, que no se hayan sentido tan bien identificados con una etiqueta, pero en general, espero haber sido justo con el pensamiento de la mayoría de hermanos, sin distorsión ni ironías. Pero ¿Podemos andar en un camino bíblico en esto? Esperamos que sí.

Una ayuda preliminar
Hay que diferenciar fiestas civiles de fiestas religiosas. Entre las fiestas civiles podemos situar cumpleaños, aniversarios, fiestas patrias, y otras similares como conmemoraciones que, aunque no sean fiestas institucionalizadas, corresponden a un honor que se brinda a algo o a alguien. Por supuesto que entre las festividades civiles puede haber un componente ilegitimo, si así se quiere ver, en la manera que hacemos de la Patria, el matrimonio o la vida misma, ídolos a los que nos hincamos de forma religiosa. Sin embargo, a nivel civil, un reconocimiento general con afecto cristiano, una conmemoración de lo que Dios ha hecho en la historia trayendo ciertas libertades civiles y religiosas a los pueblos, reconocer y alegrarse especialmente por un año más de la preservación de la vida o de matrimonio, tener cierta deferencia al recordar con aprecio el gobierno de Dios en la historia en una nación, pudiera ser hecho de manera que no contradiga nuestros principios bíblicos y la honra que le debemos a Dios, lo que jamás deberíamos traspasar.

Fiestas religiosas son aquellas que tiene esencialmente un componente religioso que es precisamente el que se celebra o conmemora. Y aquí quizás nos demos alguna luz, porque esencialmente no es igual la conmemoración de la independencia de una nación que de la asunción de la virgen, ni es igual la celebración de un cumpleaños que las fiestas del sagrado corazón. Ahora bien, si un cristiano afirma que no celebra la navidad porque esta no se encuentra en la Biblia, tendrá que resolver las cuestiones de aniversarios, cumpleaños, días feriados, y conmemoraciones civiles y otras, que al igual que la navidad no encuentran un respaldo en la Biblia. Puede ser que entonces algunos cristianos opten por no celebrar nada si es que así concluyen, pero no necesariamente deberían imponer, en el sentido de las conmemoraciones civiles, su criterio a otros.

El apóstol Pablo, iniciando el tema de las responsabilidades civiles de un cristiano en Romanos 13 nos enseña que a andar como ciudadanos de este mundo de manera que demos a cada cual lo que le debemos, sean tributos, sea honra. Rom.13:7: Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra’. Por supuesto que, como afirmábamos antes, como una expresión de amor a Dios y al prójimo, y sin buscar dar rienda suelta a los deseos de la carne o buscando expresar principios que vayan en contra de la voluntad de Dios (Cf. vv.9-14). En este mismo contexto, el apóstol Pablo exhorta a que en la iglesia deberíamos aprender a recibirnos entre cristianos sin hacer de los asuntos de libertad cristiana un conflicto. Y atiéndase que aquí que el texto a continuación está en el marco más general de las demandas cristianas y de las cuestiones de opiniones. En este contexto y no en el contexto de la observancia clara de la ley moral, dice Rom.14:3-8: 3El que come, no menosprecie al que no come, y el que no come, no juzgue al que come; porque Dios le ha recibido. 4¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno? Para su propio señor está en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme. 5Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente. 6El que hace caso del día, lo hace para el Señor; y el que no hace caso del día, para el Señor no lo hace. El que come, para el Señor come, porque da gracias a Dios; y el que no come, para el Señor no come, y da gracias a Dios. 7Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí. 8Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos’.

La Gran Diferencia
Pero lo que sí es cierto es que esencialmente no es igual una celebración, homenaje o recordatorio de un asunto indiferente o de opinión como lo puede llegar a ser un asunto civil, que una festividad o conmemoración religiosa, por exactamente el asunto religioso involucrado y las implicaciones que celebrar un asunto religioso implica. Esto corresponde a otro ámbito que supera los asuntos más generales y de opinión. Además, porque a nivel propiamente religioso, en cuanto a fiestas y celebraciones de ese carácter que apela a lo espiritual y que son de carácter formal e instituidas para la iglesia, esperamos que sea la Palabra de Dios la que nos señale de manera específica los asuntos formales de devoción y culto, no sea que nos veamos sorprendidos en la implementación de cultos o festividades no instituidas por el Señor y así, caer en la idolatría.

¿Deberíamos, a la luz de esto, celebrar de manera religiosa, instituida formalmente para los creyentes la Semana Santa? ¿El Pentecostés? ¿La Navidad? Ya que fueron obras de Dios en la historia. Y para poner un poco de más complejidad al asunto, porque si bien, como iglesia creemos en que hubo un momento histórico en el que el Señor Jesús nació, fue a la cruz, y envió su Espíritu, también es cierto que en esa categoría, la única celebración formal, instituida y demandada al pueblo de Dios es el Día del Señor y la adoración corporativa (como un cuerpo) del pueblo de Dios, donde en sentido regular alabamos al Dios y Padre por la Persona y obra de su amado Hijo y por el ministerio del Espíritu Santo, no confinando a ciertas épocas el recordatorio afectivo y cultico de este, que es el fundamento de nuestra fe. Como verás, la iglesia primera, estando aún más cerca de estos acontecimientos, y conociendo de primera mano “las fechas” en que estos asuntos fueron hechos, perseveraban en asuntos muy específicos: Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones’ (Hch.2:42), y en la institución semanal, formal en día del Señor. Y verás la ausencia de la observancia corporativa de “Festividades religiosas” aparte de esto. En otras palabras, ¿Para qué la iglesia celebraría en épocas especificas lo que podía y debía reconocer cada vez que se reunieran en culto?

La institución de festividades religiosas por parte de la iglesia o la observancia religiosa de una fecha por parte de la iglesia, lo hace en detrimento del principio que regula la iglesia y que señala que aquello que hacemos como iglesia debe ser positivamente revelado en las Escrituras y no simplemente estar prohibido, lo que corresponde al principio normativo de la iglesia no observada por los reformadores. El establecimiento arbitrario de festividades religiosas para que la iglesia las observe, aparte de lo que Dios ha revelado en su Palabra para ser observado o practicado, es una invención humana impuesta sobre las conciencias de los creyentes, sobre lo que el Nuevo Testamento no guarda silencio. 1 Tim.3:14-15 afirma: 14Esto te escribo, aunque tengo la esperanza de ir pronto a verte, 15para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad’. El apóstol se asombra y reprende a los Gálatas, porque ellos querían volver a la observancia de ritos religiosos de los que ya habían salido: 8Ciertamente, en otro tiempo, no conociendo a Dios, servíais a los que por naturaleza no son dioses; 9mas ahora, conociendo a Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os queréis volver a esclavizar? 10Guardáis los días, los meses, los tiempos y los años. 11Me temo de vosotros, que haya trabajado en vano con vosotros’ (Gal.4:8-10).

En estos textos es claro que el tema no son los asuntos indiferentes, los asuntos de conciencia, sino asuntos religiosos, de prácticas religiosas, ritos y cultos establecidos. La Palabra de Dios nos instruye, en consecuencia, que, en cuanto al servicio formal, religioso, o cultico al Señor, Él tiene la prerrogativa de ordenar qué debe practicar la iglesia, en donde por supuesto, la iglesia no puede tomar un día y establecerlo como una festividad religiosa a su arbitrio. Aquí es muy útil el comentario de Calvino en su sermón de Miqueas 5 cuando exhortó a quienes habían asistido a la iglesia para la observancia religiosa de la navidad ese domingo: 

“¿Pensaban que estarían honrando a Dios? Consideren qué tipo de obediencia a Dios vienen mostrando. En sus mentes, están celebrando un día santo para Dios, o convirtiendo el día de hoy en uno […] Porque no hay un día superior a otro. No importa si recordamos la natividad de Nuestro Señor en un miércoles, jueves, u otro día. Pero cuando insistimos en establecer un servicio de adoración basado en nuestros caprichos, blasfemamos a Dios, y creamos un ídolo, aunque lo hayamos hecho en el nombre de Dios. Y cuando adoran a Dios en la ociosidad de un espíritu de día santo, ese es un pecado pesado de llevar, y uno que atrae a los demás al respecto, hasta que llegamos a la altura de la iniquidad”.

Ahora, la celebración Navideña corresponde a ¿Una celebración civil, indiferente, de asuntos de conciencia? O ¿Corresponde a una celebración religiosa, de contenido religioso? ¿Hablamos aquí de conmemoraciones religiosas o culturales sin ninguna relación religiosa? Y además ¿Corresponden a un mandato bíblico para los creyentes? ¿Habría una diferencia entre lo que celebramos como iglesia y lo que podemos celebrar e manera particular?

Una ayuda secundaria
Empecemos el discernimiento de estos asuntos desde lo más obvio, lo que buscará encaminar nuestro andar para estas épocas.

1. Una Celebración imprecisa
Debe tener en cuenta que la celebración decembrina del nacimiento de Cristo corresponde a una fecha arbitrariamente establecida, de orígenes culturales o culticos tradicionales, y que no corresponde a la fecha en que el Salvador Jesucristo nació en verdad. Imagine que, si tenemos estos asuntos complejos ignorando el día exacto del nacimiento del Salvador, ¿No tendríamos una “serpiente de bronce” conociendo el día exacto de su natalicio? Así que es mejor que sea cuidadoso en lo que usted practica, hace, recomienda o exhibe ante otros, pues creo que lamentaría que otros lleguen a la conclusión que su creencia en este aspecto es la de estar cierto de la fecha del nacimiento de Cristo o de afirmar a los no creyentes o a creyentes inmaduros en algo que usted sabe que no es cierto. Usted debe estar bien claro que entiende que esta fecha es arbitraria y que no tenemos datos específicos para fechar el día del nacimiento de Cristo.

2. El Principio Regulador
Debemos tener en cuenta que jamás deberíamos ni siquiera dar la impresión que podemos instituir festividades religiosas para el pueblo de Dios fuera de la que ya ha sido instituida, a saber, el día del Señor. La esencia de la idolatría es adorar a otros dioses aparte o conjuntamente con el Dios de la Biblia, pero también adorar al Dios de la Biblia de maneras que Él no ha instituido. Por lo que establecer un rito, culto, de adoración a Dios que no esté prescrito, es simplemente una violación al mandamiento. Aquí será útil entender como nuestros antiguos maestros puritanos entendieron este punto en su explicación del segundo mandamiento. En la Pregunta 108 dice ¿Cuáles son los deberes requeridos en el segundo mandamiento? Y se responde:

“Les deberes requeridos en el segundo mandamiento son recibir, observar y guardar puros y completos todo el culto religioso y las ordenanzas, tales como Dios las instituyó en su Palabra […] así como también el desaprobar, detestar y oponerse a todo culto falso, y conforme al estado y llamamiento de cada uno, destruirlo, así como a todos los objetos de la idolatría”.

En la Pregunta 109 que dice ¿Cuáles son los pecados prohibidos en el segundo mandamiento? Se responde:

“Los pecados prohibidos en el segundo mandamiento son, todo lo que sea inventar, aconsejar, mandar, usar, y aprobar algún culto religioso por sabio que sea, pero que no haya sido instituido por Dios […] Todas las supersticiones engañosas, el corromper el culto de Dios, ya sea añadiéndole o quitándole, sean (supersticiones) inventadas y tomadas por nosotros mismos, o recibidas por tradición de otros, aun cuando vengan con el título de antigüedad, costumbre, devoción, buena intención o cualquier otro pretexto, la simonía, el sacrificio; toda negligencia, desprecio, impedimento, y oposición al culto y ordenanzas que Dios ha establecido”.

Esto me lleva al asunto de lo que podemos denominar “Cultos temáticos”. En mi país, desde hace algún tiempo se ha puesto de moda, que las celebraciones matrimoniales o de cumpleaños, tengan una temática. Hace algunos años usted simplemente era invitado a estos espacios, hoy la tarjeta puede decir: “Matrimonio ochentero”, “Cumpleaños del oeste” y así, cada reunión tiene una temática, una tendencia. Cada adorno, ambientación y decoración, están orientadas a estas temáticas. Pero ¿Es esto valido cuando hablamos de un culto? Por supuesto que no es mi deseo criticar o particularizar las cosas innecesariamente, pero sabemos que detrás de la sintaxis, va nuestra práctica. Si la tal es buena la practica será buena, si la tal es mala, las practicas se contaminarán por necesidad. Entonces ¿Es legítimo hablar de cultos de….? ¿Acaso la única palabra que debería terminar la frase “culto de”, no es la palabra “ADORACIÓN”? ¿Acaso como iglesia podemos poner temáticas a los cultos? ¿Qué vemos en las Escrituras? ¿Cómo fue la práctica apostólica y de los mejores momentos de entendimiento bíblico de la iglesia? Esperamos no estar tomando de una estructura secular, esta costumbre. Lo decimos no solo porque podemos haber hecho cultos del día de la madre, cultos de la familia y en épocas “navideñas” ¿Cultos de Navidad?

3. El uso indebido o impreciso del Nombre del Señor y lo relacionado con Él
Debemos advertir el peligro del quebrantamiento del tercer mandamiento en la celebración de la navidad. Este mandamiento nos advierte de usar el Nombre, los nombres y hasta los asuntos que se relacionan directamente con Dios de manera liviana, irreflexiva, descuidada y hasta jovial. Recordemos lo que el Catecismo mayor dice del tema en su Pregunta 112 que dice: ¿Qué exige el tercer mandamiento? A lo que responde:

“El tercer mandamiento exige que el nombre de Dios, sus títulos, atributos, ordenanzas, la palabra, los sacramentos, la oración, juramentos, votos, suertes, sus obras, y cualquiera otra cosa por lo cual él se da a conocer, sea santa y reverentemente usadas en pensamiento, meditación y) en palabra, y por escrito: por una profesión santa, una conversación intachable, para la gloria de Dios, y para el bien nuestro, y de otros.

Y en la Pregunta 113: ¿Cuáles pecados prohíbe el tercer mandamiento? Se nos ilustra de la mejor manera:

“Los pecados prohibidos en el tercer mandamiento son, el no usar el nombre de Dios de la manera que es requerida, y el abuso del mismo por una ignorante, vana, irreverente, profana, supersticiosa, o malvada costumbre, mencionando o usando de cualquier otro modo sus títulos, atributos, ordenanzas, u obras; por blasfemia, perjurio, toda maldición pecaminosa, juramentos, votos, suertes […] la mala interpretación, aplicación, algún otro modo de pervertir la palabra o alguna parte de ella,  por chanzas profanas, cuestiones curiosas o inútiles, charlas vanas, o el sostener falsas doctrinas, en abusar el nombre de Dios, de las criaturas o de alguna cosa que está bajo de él; encantos, prácticas y concupiscencias pecaminosas; difamación, desprecio, injuria, o la oposición grave a la verdad, gracia y caminos de Dios […]”.

Ahora, si entendemos que la palabra “Navidad” significa “Natalicio” o “Nacimiento”, empezamos a ver que querámoslo o no, nuestro Señor está siendo involucrado en este asunto, porque ¿A qué nacimiento especifico nos estamos refiriendo? Y ¿En qué contexto o bajo que actividades estamos relacionando este acontecimiento? ¿En uno meramente cultural? ¿En uno sencillamente comercial? ¿En uno religioso? Y además ¿Lo estamos usando legítimamente dando una idea correcta del nacimiento de Cristo? O ¿Es más bien irreflexivo, cultural, descuidado, liviano o jovial? Esto lo afirmamos por la costumbre tradicional de desearnos una ¡Feliz Navidad! sin más ni más, signifique eso lo que signifique si es que en el contexto especifico de diciembre eso llegue a significar algo concreto. Piense si relacionar con las palabras el nacimiento de Cristo cuando con las obras y en el contexto particular en el que estamos, lo que estamos evocando son ideas bien distintas a la encarnación del Hijo de Dios y allí podemos ser reprendidos del uso liviano, irreflexivo y quizás hasta no veraz del nombre de Jesucristo y de su obra.

4. Nuestro aporte a la confusión o a la claridad Bíblica
Hemos de atender al hecho que los cristianos podemos poner nuestro grano de arena a la claridad bíblica o a la confusión con lo que hacemos u omitimos hacer. Casi que, en muchos casos, cuando no se nos escucha, la Biblia que muchos leerán somos nosotros. Así, nuestra presencia o ausencia en ciertos espacios, nuestra participación o reservas en otros programas, define ante los ojos de muchos el contenido de nuestras creencias. No es todo lo que deberíamos hacer, pero al menos esta es una realidad. Ahora, no es un secreto que esta época tiene un contenido sumamente comercial y materialista. Casi que el aspecto religioso de esta celebración tiene que competir para no ser eclipsado por el materialismo si no es que se ha sabido adaptar para no desaparecer en medio de comidas, regalos y parrandas. Si a esto le suma ese aspecto impreciso de celebrar el nacimiento del Señor en una época altamente cuestionable, en medio de un contexto bien enrarecido, entonces dicha celebración es un aval ¿A qué? Al final usted debe responder si quienes le acompañan han quedado más claros con el evangelio, su origen, sus métodos y fines o si usted ha aportado más para la confusión y disipación de la mente carnal.

Aquí es útil nuevamente citar a Calvino: “Por lo tanto, pongamos atención a lo que Miqueas dice aquí, que Dios no debe solamente despojar cosas que son malas en sí mismas, sino debe también eliminar todo que pueda fomentar la superstición. Una vez que hayamos entendido eso, ya no más encontraremos extraño que Noel no es guardado el día de hoy, pero que en el domingo celebramos la Cena del Señor y recitamos la historia de la natividad de nuestro Señor Jesucristo. Para aquellos que apenas conocen de Jesucristo, que debemos estar sujetos a él, y que Dios quita todos estos obstáculos que nos previenen de llegar a él, esta gente, digo, van a apretar sus dientes. Vinieron aquí a la espera de una celebración con una intención equivocada, pero se irán con una total insatisfacción”.

5. La Iglesia como Columna y Baluarte de la verdad
No podemos olvidar que si esto es verdad como cristianos individuales frente a nuestras familias y amigos, el asunto se vuelve mayor cuando obramos como iglesia, como Columna y Baluarte de la verdad, pues como tal, nuestra función es la de recibir, guardar, preservar y comunicar la verdad de Dios, por lo que comunicar formal y públicamente algo que no creemos o prestarnos para la confusión doctrinal o dar un respaldo implícito y otras veces explicito, al mundo materialista y sus festividades mundanas, es algo que haríamos en detrimento de nuestro llamado como iglesia. Si alguien visitara nuestra iglesia y encontrara la ambientación tradicional decembrina o las costumbres tradicionales de la época ¿Estaríamos honrando nuestro llamado? ¿Podríamos decirle que a pesar de saber y entender que el Señor no nació en esta época o al menos en ese día especifico, y que creemos en el principio regulador de la iglesia y de los cultos, aun así, hemos instituido una reunión en nuestra libertad y que si bien, al parecer estamos apoyando ciertos asuntos algo mundanos o culturales en la iglesia, los apoyamos desde una perspectiva sobria y bíblica?

Implicando las verdades
Déjeme por favor, representar una historia ficticia que me facilitará poner sobre su mente los asuntos contradictorios a los que nos arrojamos cuando persistimos en la observancia religiosa de la Navidad y su celebración arbitraria:

Santiago es un hombre que ha sido convertido a la fe, y le pesa ver a sus amigos en la religión popular, tener una confusión religiosa que se hace patente en Navidad, donde se mezclan aspectos tradicionales religiosos, idolátricos, con la bebida, la inmoralidad y la codicia. De manera que en aquellas conversaciones que surgen para esta época, él se ha propuesto hablarles a los suyos del verdadero significado de la Navidad, pues él mismo ha decidido que llegada la fecha, va a meditar sobre este verdadero significado con su familia y claro, impulsado por su iglesia que otro año más, ha adornado el templo y ha destinado los sermones decembrinos específicamente, como cada año, ha predicar sobre el verdadero significado de la navidad.

“- Queridos amigos, hoy deseo hablarles del verdadero significado de la Navidad, de lo que corresponde a una verdadera celebración navideña, dice. Aunque sabemos que esta fecha no corresponde a la época real donde nació el Señor Jesucristo, es una fecha arbitraria y ficticia, pues ni la Biblia está interesada en darnos tal fecha, aun así, deseo hablarles de “verdadero” significado. Yo también celebro navidad en una fecha que sé que no es la que corresponde al natalicio de Cristo, pero, en fin, les enseñaré el verdadero significado de la navidad”.
 “-Ahora, prosigue exhortando a sus familiares y amigos, -su celebración religiosa de la navidad con imágenes en su pesebre y ritos es idolatría, ya que sus ritos e idolatría no han salido de la Palabra de Dios como una enseñanza, sino que son invenciones de hombres, por eso al ir a las novenas, rezar y dirigirse a las iglesias en estas fechas, ustedes muestran su idolatría. Yo les quiero enseñar el verdadero significado de la navidad, aunque mi iglesia y yo mismo hacemos una celebración navideña que sabemos que tampoco está enseñada en la Biblia, sabemos que ni los apóstoles ni ningún registro del nuevo testamento avala la observancia de una fecha especial, salvo el día del Señor, aun así, les quiero enseñar el verdadero significado de la navidad”. “Yo también, aclara él, hago lo que ustedes hacen, pongo mi árbol navideño, doy regalos, hacemos culto navideño, cena navideña, aun así, déjenme esta vez enseñarles el verdadero significado de la navidad. Parece que exactamente y hago lo mismo que ustedes, pero no es así, como soy evangélico, yo sí sé el verdadero significado de la navidad….”.

Creo que usted entiende lo que deseo remarcar. Para que un cristiano celebre la navidad, debe pasar por encima de aquello que critica en otros, entrar en serias contradicciones, en medio de las cuales quiere levantar su defensa de “la verdadera navidad”. Nosotros podemos legar atener el equivalente "evangélico" de una tradición católica romana, pues muchas veces nos escandalizamos de un pesebre recostándonos sobre nuestro árbol navideño. Es solo una metáfora, pero espero la considere.

Y medite en esto, no es que no creamos en que el nacimiento, muerte y resurrección de Cristo haya sido en una época especifica. Sí que lo creemos, son datos históricos. El punto es su celebración ritual, anual, “guardando los días, los meses y los años”, de forma religiosa, cuando la iglesia primera, y en los primeros siglos de iglesia, se negó a hacer tales celebraciones, conociendo de primera mano las fechas exactas de estos acontecimientos ¿Por qué? Porque la fecha de nacimiento de Cristo no es de tanta importancia como el hecho de su nacimiento. Es la obra de la encarnación del Verbo lo que constituye un pilar de nuestra fe y vida, no la fecha en sí. Hacemos de la fecha el asunto cuando el punto es el hecho de su venida para salvación. Nos apasionan las fechas, eso le hace bien a ese espíritu ritualista y místico que todos llevamos dentro, y la navidad provee ese perfecto espacio para manifestar nuestra fe sin dejar de renunciar a esa pasión natural.

Que la Celebración tampoco le tape la boca
Ahora, lo que puede ser una pérdida por el lado de una celebración ciega y arbitraria de la Navidad donde comprometemos la verdad, puede también ser una realidad desde el otro extremo del espectro. Es decir, bajo estas celebraciones tradicionales, imprecisas, extra bíblicas de la navidad, diluimos para nosotros y para la cultura, la riqueza del significado de la encarnación del Hijo eterno. Pero de otro lado, al parecer, muchos individuos parecen intuir que si hay una fecha en que jamás debemos hablar del nacimiento de Cristo es diciembre. Se niegan a hablar con otros de este evento, solo para no parecer que avalan la fecha. Se incomodan el hablar con otros aprovechando esta fecha, del nacimiento de Cristo y jamás usarán en diciembre el pulpito para predicar del nacimiento, solo para no parecer que se han rendido al espíritu de este mundo.

Me pregunto si ¿No es el mismo error desde el extremo opuesto? ¿Acaso esta reacción no es ciega? ¿Acaso hay algún tema del evangelio que esté vetado en una fecha particular? Si bien, el creyente debe tener mucho cuidado con lo que cree, con lo que practica, con lo que avala, no implica que tenga una restricción de hablar de Cristo y la encarnación en diciembre. El espíritu reaccionario tampoco glorifica a Cristo y la supremacía del evangelio, pues Cristo debe ser proclamado siempre. Si una fecha parece adversa para predicar el verdadero evangelio ¿Lo dejaremos de predicar? Y si en la gracia común hay fechas más propicias para hacerlo ¿Lo dejaremos de predicar? Por supuesto que no. Si existe una fecha donde el evangelio suene impopular ¿Abandonaremos nuestro deber? Y si existe una fecha en que predicar del evangelio parece favorecernos ¿Omitiremos nuestro deber?

Déjeme por favor mostrarle un ejemplo de un hombre que apreciamos, y aunque sabemos que no era infalible, su posición parece tener claridad con respecto a evitar extremos ciegos e irreflexivos en la celebración de la navidad, yendo mucho más allá de ello. No lo cito como autoridad final y fin de toda disputa, solo para mostrar que, en la mayor parte del pensamiento de Spurgeon, se mantuvo en una tensión evitando el apego ciego a la tradición y a la reacción ciega. Aun así, citaremos al final un ejemplo donde no compartimos la posición del predicador. Nos quedamos, sin embargo, con el pensamiento maduro del príncipe de los predicadores.

Este es el sermón el Nacimiento de Cristo, del Domingo 24 de Diciembre de 1854, que Spurgeon predicó. No podemos determinar el contexto preciso por el que se expresó de esta manera, algo tendiente a tolerar la celebración de la Navidad. Por supuesto que disentimos de esta aplicación, pero si estamos citando a este predicador, debemos citarlo en todo su pensamiento:

“Ahora, una feliz Navidad a todos ustedes; y será una feliz Navidad si tienen a Dios con ustedes. No voy a decir nada hoy en contra de las festividades acerca de este día del nacimiento de Cristo. Yo sostengo que, tal vez, no es correcto celebrar este día, pero nunca estaremos en medio de aquellos que consideran un deber celebrarlo de una manera incorrecta, así como otros lo celebran de una manera correcta. Pero mañana reflexionaremos acerca del día del nacimiento de Cristo; nos sentimos obligados a hacerlo, estoy seguro, independientemente de cuán vigorosamente nos aferremos a nuestro áspero puritanismo. Y, “Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad.” No festejen como si desearan celebrar el festival de Baco; no vivan mañana como si adorasen una deidad pagana. Festejen, cristianos, festejen, tienen derecho a festejar. Vayan al salón de festejos mañana, celebren el nacimiento de su Salvador; que no les dé vergüenza estar contentos, tienen derecho de ser felices. Salomón dice, “Anda, y come tu pan con gozo, y bebe tu vino con alegre corazón; porque tus obras ya son agradables a Dios. En todo tiempo sean blancos tus vestidos, y nunca falte ungüento sobre tu cabeza”. “La religión nunca fue diseñada Para disminuir nuestros placeres”. Recuerden que nuestro Señor se alimentó de mantequilla y miel. Regresen a sus casas, gocen el día de mañana; pero, en sus festejos, piensen en el Hombre de Belén; permitan que Él tenga un lugar en sus corazones, denle la gloria, piensen en la virgen que lo concibió, pero sobre todo piensen en el Hombre que nació, el Hijo dado. Concluyo diciendo otra vez: “¡UNA FELIZ NAVIDAD PARA TODOS USTEDES!””. 

Pero el pensamiento de Spurgeon al respecto iba madurando al respecto, seguramente con más luz y entendimiento del tema. Un segundo ejemplo es el sermón que predicó el 23 de Diciembre de 1855 sobre “La Encarnación y Nacimiento de Cristo” de Miqueas 5:2. Sus palabras iniciales fueron estas:

“Esta es la estación del año cuando, querámoslo o no, estamos obligados a pensar en el nacimiento de Cristo. Considero que es una de las cosas más absurdas bajo el cielo pensar que hay religión cuando se guarda el día de Navidad. No hay ninguna probabilidad que nuestro Salvador Jesucristo haya nacido en ese día, y su observancia es puramente de origen papal; sin duda quienes son católicos tienen el derecho de reverenciarlo, pero no puedo entender cómo los protestantes consistentes pueden considerarlo de alguna manera sagrado. Sin embargo, yo desearía que hubiese diez o doce días de Navidad al año; porque hay suficiente trabajo en el mundo y un poco más de descanso no le haría daño a la gente que trabaja. El día de Navidad es realmente una bendición para nosotros; particularmente porque nos congregamos alrededor de la chimenea de nuestra casa y nos reunimos una vez más con nuestros amigos. Sin embargo, aunque no seguimos los pasos de otras personas, no veo ningún daño en que pensemos en la encarnación y el nacimiento del Señor Jesús. No queremos ser clasificados con aquellos que: “Ponen más cuidado en guardar el día de fiesta de manera incorrecta, Que el cuidado que otros ponen para guardarlo de manera correcta”.

En la mañana del domingo 24 de diciembre de 1871, titulando “El Gozo Nacido en Belén,” Spurgeon comenzó su sermón con estas palabras, lo que nos muestra, creo, su pensamiento maduro:

“No tenemos un respeto supersticioso por los tiempos y las estaciones. Ciertamente no creemos en la presente disposición eclesiástica llamada Navidad; primero, porque de ninguna manera creemos en la misa, sino que la aborrecemos, ya sea hablada o cantada en latín o en inglés. Y en segundo lugar, porque no encontramos ninguna base en la Escritura para guardar algún día como el del nacimiento del Salvador. Y entonces, como no es por autoridad divina, su observancia es una superstición. La superstición ha fijado de la manera más concluyente el día del nacimiento de nuestro Salvador, aunque no exista la posibilidad de descubrir cuándo ocurrió realmente. Fabricio nos da un catálogo de 136 diferentes opiniones de eruditos sobre el asunto. Y diferentes teólogos inventan diversos argumentos de peso para abogar por una fecha en cada mes del año. No fue sino hasta mediados del siglo tercero que una parte de la iglesia celebró la natividad de nuestro Señor; y no fue sino mucho tiempo después que la iglesia de occidente había puesto el ejemplo, que la iglesia oriental adoptó esa celebración. Puesto que el día es desconocido, la superstición lo ha determinado. A pesar de que el día de la muerte de nuestro Salvador podría determinarse con mucha seguridad, la superstición mueve la fecha de su observancia cada año. ¿Acaso existe un método en la locura de los supersticiosos? Probablemente los días santos fueron establecidos para ajustarse a los festivales paganos. Nos aventuramos a afirmar que si hay algún día del año del cual podemos estar muy seguros que no fue el día en que nació el Salvador, es el veinticinco de diciembre”.

Pero el predicador muestra la libertad tanto de las tradiciones religiosas como de un espíritu reaccionario cuando afirma seguidamente:

“Sin embargo, como la corriente de los pensamientos de la gente ya está encauzada por ese camino y yo no veo ningún mal en esa corriente en sí misma, orientaré la barca de nuestro sermón hacia esta corriente y haré uso de ese hecho, que no voy a justificar ni condenar, intentando conducir los pensamientos de ustedes en la misma dirección. Puesto que es legítimo y digno de elogio meditar en la encarnación del Señor en cualquier día del año, no está en el poder de las supersticiones de otros hombres, convertir tal meditación en impropia el día de hoy. Entonces, sin importar el día, demos gracias a Dios por el don de Su Hijo amado”.

Hasta aquí las citas de Spurgeon.

Conclusión
La vida cristiana incluye el discernimiento bíblico. En este camino de aprender a aplicar la Palabra de Dios, debemos tratar de ser sensibles a la estatura del conocimiento y al grado de luz que algunos hermanos tienen y que se refleja en sus prácticas. Si bien, no es bueno ni seguir andar la vida cristiana con la mente en blanco, tampoco es bueno andar con la sierra de la división en la mano para amputar y separarse de hermanos que no parecen tener la misma luz al respecto, no al menos mientras no hayamos agotado en amor y paciencia otras instancias. Si bien, los unos y los otros, al menos en  teoría, estamos del lado de no querer ser mundanos ni parecerlo, vale la pena tener la valentía de aplicar Rom.12:2 y Ef.5:10 a nuestra vida, al costo que esto represente: ‘No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis, cual sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta’ y ‘comprobando lo que es agradable al Señor’.

POR LA SUPREMACÍA DE CRISTO EN ESTA GENERACION

Este blog se hace responsable de lo que publica, pero no se hace responsable de lo que los autores de los artículos o las páginas de las que estos son extraídos, crean en su demás teología o en las practicas que ellos tengan a nivel personal.

Se desea a través de este blog, expresar el pensamiento bíblico coherente, y más cercano a la confesionalidad histórica y reformada y aportar para la aplicación de ella en la vida cristiana, pero no avalamos lo que en contradicción a la fe reformada histórica algunos de los autores hagan o vayan a hacer en un futuro

A Dios sea la goria.