jueves, 3 de septiembre de 2015

PARA QUE NADIE SE GLORÍE

A PROPÓSITO DE LA RESPUESTA DEL CANDIDATO CON RESPECTO A LA COMUNIDAD LGBTI

A propósito de la respuesta del Doctor Arias del partido Libre con respecto a su posición con la comunidad LGBTI, hay varias cosas que dejan un sabor de desconcierto. El candidato respondió literalmente a la intervención de un televidente:
- “Mi preocupación es por el lugar de la comunidad LGBTI en la sociedad, ¿Qué importancia y qué seguridad nos dará?”
- No, toda, yo voy a administrar a Bogotá, yo voy a ser un administrador de Bogotá no un juzgador de ella. Y como tal pues todos van a trabajar conmigo, incluso sin ninguna separación. Lo único que yo le voy a pedir al funcionario que esté conmigo, a los que hagamos los programas, en fin, a los que estemos trabajando en lo público, pues es lo mínimo, y es la eficiencia que tenemos que buscar y la excelencia de nuestro proceder, pero de ahí en adelante no tengo ningún problema.

http://www.noticiascaracol.com/colombia/no-sere-un-juzgador-de-la-comunidad-lgbti-ricardo-arias

Una de las cosas que deja un desconcierto es que su respuesta evidencia que el tema en cuestión, aun continúa como una “papa caliente” que no hemos podido sortear como cristianos, no en las vías públicas solamente sino en el ámbito privado, personal y eclesial. Hubiese sido muy provechoso que un individuo que trata de abanderar la moral cristiana, hubiese tenido una respuesta un poco más elaborada al respecto, más cuando de antemano se sabe que la pregunta va a ser necesario enfrentarla. Queda además el sinsabor de una mayor claridad si es que la hay. No es un tema de poca envergadura la posición que el próximo gobernante tenga de los temas éticos como el aborto, la eutanasia y la comunidad LGBTI, vaya de cierta manera a afectar a la población en general. A juzgar por lo que se ve, en el afán por lograr ganar más, estas respuestas pueden de hecho, haberle significado pérdidas en la intención de voto de muchos.

Esto otra vez pone sobre nosotros los cristianos la carga de ¿Por quién votar? Puede ser que la respuesta a esta pregunta sea más compleja de responder que si nos pidieran que definiéramos qué es una ‘hipostasis’. Sin embargo, una de las cosas de las que no podemos huir o ser indiferentes en todo el tiempo de nuestro peregrinar es esta. Incomódenos o no, la vida temporal de los hijos de Dios, de muchas formas se verá matizada por el contexto en que vivimos. Ya sea que gocemos de libertad para desarrollar la fe o estemos en persecución, que estemos en pobreza o abundancia, que exista un freno externo al mal o esa barrera no esté o no bien definida, no podemos afirmar que estas cosas que pueden proveer los gobiernos humanos, nos resultará indiferentes, encogernos de hombros y pensar: ‘lo que será, será’.

Tampoco, por supuesto, diremos que la elección de gobernantes es algo determinante o fundamental al desarrollo de la iglesia de Cristo y rogaría que no se viera así. En épocas de elecciones hay mucha euforia por hacer verlo de esta manera, pero no lo es. Si algo define la vida de fe, es que no depende de los gobiernos humanos para desarrollarse y crecer. La iglesia ha podido sobrevivir a monarquías, gobiernos absolutistas, democráticos, y ha sabido sobrevivir bajo tendencias capitalistas, comunistas, socialistas, etc. Con más privilegios en unos gobiernos más que otros, pero eso no ha determinado su supervivencia, la que sí está asegurada por la promesa de Cristo: ‘Las puertas del hades no prevalecerán contra ella’.

Déjeme puntualizarle al menos tres cosas.

La primera es que no pienso tener la verdad absoluta en este tema. ¿Quién la tiene? ¿Se podrá? Estamos hablando de instituciones humanas, lo que implica el gobierno de humanos sobre humanos. Y esto pudiera ser utópico si no es por la realidad del pecado. Pretender dogmatizar sobre la cambiante vida del hombre, es vano.

Segundo, No estoy a favor de ninguno de los candidatos presentes. En verdad no lo estoy. Esta impotencia a la hora de tomar partido creo que me perseguirá hasta después de las elecciones. Tampoco tengo un ánimo enfermizo en contra de alguno. Simplemente podría definir mi posición como ‘el que mira a la distancia’.

Tercero, hablo como cristiano, lo que indica que tengo intereses creados en este asunto: los intereses del reino de Dios y la Iglesia. No, no una denominación ni un grupo cristiano que está en política o apoyando a un candidato, hablo de la Iglesia de Cristo y el avance del evangelio Bíblico en nuestro medio. Hablo pensando en el decreto de Dios de revelar a su Hijo para la salvación de pecadores, del evangelismo y del avance del gobierno divino en los corazones de los hombres. A la vez hablo con respeto de quienes están en eminencia y como alguien que ora por ellos, a veces con dolor y a veces desafiado.

¿Qué podemos esperar?
Creo que una de las cosas que más nos daría luz a la hora de pensar en una elección será el determinar ¿Para qué están los gobiernos humanos? ¿Cuál debe ser nuestra expectativa en general de ellos? Algunos espíritus particulares,  apasionados con que el reino de Dios venga a través de los gobiernos humanos, tienen la expectativa que el gobernante electo, debe llevar a una nación a los pies de Jesucristo, sea por leyes o espada. Ellos piensan que un buen gobierno traería el cambio de las personas gobernadas y el consecuente cambio moral en una sociedad. El punto es que según la Biblia, eso no es tarea de los gobernantes sino de Dios por medio del Espíritu Santo obrando a través del evangelio. Los gobiernos humanos tienen el deber de guardar la justicia y la paz externa y hasta donde representen esto con leyes y la espada, deben ser apoyados (Rom.13:1-10) y nunca tener la expectativa sobre ellos que harán lo que es potestativo de Dios en la salvación del alma y por el evangelio. Definir bien el alcance de los gobiernos nos ahorrará discusiones infructuosas.

Le recuerdo que es un error equipara nuestro estado con el gobierno teocrático de Israel. Los pueblos gentiles, que difícilmente observan la moralidad judeo-cristiana, debemos entender que no podemos tomar el antiguo Testamento e incrustarlo en nuestra sociedad. Si esperamos que el próximo presidente o alcalde muestre su celo por Jehová derribando los altares al divino niño, Monserrate y más, que penalice la blasfemia a Dios y cierre el comercio el día del Señor, estamos quizás haciendo una equiparación equivocada de los gobiernos gentiles y la teocracia israelita sino que es completamente irreal que esto llegue a darse. Sin embargo, la teocracia de Israel, sí nos permite ver a manera de principios generales, la expectativa de Dios con los gobiernos.

Puedo creer que aunque un gobernante no tenga la potestad de tratar con el alma, un buen gobernante refrenará la maldad y promocionará la justicia y equidad de la mejor forma que pueda con lo que tenga. Y quien más que un gobernante de principios cristianos podrá representar lo que Dios desea en los gobiernos humanos. Esto lo digo para que meditemos en que si bien no elegiríamos a un cristiano para ser ‘el pastor de Colombia’, un buen y verdadero cristiano sí representaría mejor la justicia y equidad externa, que es su campo.

Sin embargo, siendo conscientes que estamos bajo una organización política secularizada, la labor, mientras procuramos algo mejor, será tener expectativas reales de los gobiernos humanos. En verdad hay personas que suspiran por el gobernante que no demandará impuestos, que dé subsidios, que nos dé abundancia a cambio de ningunos estándares de productividad y que erradique a los malos, no estando nosotros entre ellos, por supuesto. Es una visión no solo idealista sino caricaturesca de una sociedad real.

Ahora, si el papel de los gobiernos humanos es la promoción de la justicia, la igualdad y el refreno de la maldad externa, nuestros ojos deben tratar de ser muy generales en las propuestas que promuevan lo que los gobiernos pueden dar y no juzgar los candidatos a la luz de los que nunca pudieran dar. Y aquí, a riesgo de parecer parcializado, rogaría considerar qué o quién es el máximo gobernante de nuestro país. El árbitro final, la última instancia, lo que debe matizarlo todo. No, no es el Presidente, es nuestra Constitución. Aun el Señor presidente está bajo ella. Son las leyes las que sostienen un gobierno y un país.

Pero cuando un gobernante se pone sobre las leyes y modifica los estándares de justicia y moldea como la plastilina lo que es bueno o malo, cambiando las reglas de juego cuando lo ve prudente, según un afán, entonces estamos en grave peligro, pues ¿Por qué no seguir moldeando la justicia al criterio del gobernador para llamarle a lo malo bueno y lo bueno malo? ¿En qué tipo de justicia vamos a terminar?

En fin
Sabiendo que mucho de la profesión cristiana tiene que ver con la conciencia, el voto debe ser una expresión de nuestra libertad en Cristo, de nuestra conciencia y de un entendimiento más Bíblico de lo que apoyamos con un candidato. Repasemos Romanos 13 antes que las propuestas de ellos. Mirémoslos a la luz de su acato a la ley y respeto hacia ella. Mirémoslos a la luz de lo que pueden generar sus principios con respecto al refrenamiento del mal o la promoción e institucionalización de ella. Mirémoslos en su ánimo de mantener la paz y la igualdad externas.

Pero considere estas tres cosas finales:

Primera, Tenga en cuenta que sea quien sea, el mejor candidato o el menos peor. Sea el de sus afectos o no, nunca pierda de vista que ellos van a gobernarnos a nosotros, un pueblo difícil de gobernar. En verdad somos un pueblo perezoso, facilista, poco laborioso y emprendedor. Por lo que sea quien sea el gobernante tendrá que lidiar con lo que tienen para gobernar. Un pueblo que marcha por sus derechos pero que se incomoda y sufre y lucha y descuida sus deberes. Verá que no pasará mucho tiempo para que el próximo gobernante tenga que vérselas con subsidios, impuestos, paros, revueltas, violencia, corrupción, etc.

Eso somos y eso nos llama la atención como cristianos que lo que no viene por la organización política externa, solo puede venir cuando el evangelio sea atesorado en los corazones. Seamos cabales y sobrios en nuestras aspiraciones gubernamentales.

Segundo, sea quien sea electo, sea el que queríamos o el que no, nuestra honra debe dispensarse con el gobernante de turno, estamos en la obligación moral de dispensarle la honra que Dios espera de ellos y someternos en esos asuntos externos con los que nos rige a menos que nos lleve a blasfemar el nombre de Dios. El corazón de un creyente, sea cual sea el resultado de los comicios, debería estar tranquilo porque cree que Dios hizo su voluntad a través del medio del voto o la abstención. No es un hipercalvinismo (ya que presupongo que el creyente hizo uso de los medios del voto para manifestar su posición), pero es la aceptación tranquila de la voluntad de Dios. La iglesia no depende en su ejercicio de un gobierno sino del Gobierno Divino. Así que oremos y sigamos las tareas del Reino de Dios.

Tercero, mientras nuestras leyes, máximo arbitro de nuestro país, tenga como una opción el voto en blanco, no deja de ser una opción para los que a conciencia no ven en los candidatos lo que según su perspectiva, debería ser uno. El voto en blanco no es el salvoconducto para criticar a los que se inclinaron por un nombre, no es la excusa para recordarles amargamente su error a los que eligieron un nombre, ni el motivo para darnos un aire de superioridad para los que si marcaron un candidato. El voto en blanco debe ser una posición igual de humilde, de espera en Dios y de conciencia cristiana para el que opta por eso, no la excusa para el pecado.

Sin embargo creo que la abstención si es una especie de resentimiento o indiferencia. Es la salida más fácil y perezosa de los que no desean las demandas de una ciudadanía pero si el beneficio de ella.



Pd. Mi entendimiento personal con respecto a la posición de un gobernante cristiano frente a la comunidad LGBTI, es que ellos deben ser tratados como ciudadanos y no en su calidad de LGBTI. Nadie debería tener un trato preferencial o ser despejado de un buen trato, por ser deportista, político, de alguna raza o creencia especial, etc., desde que esta no contradiga nuestra constitución. Así que ellos deben ser tratados como imagen y semejanza de Dios a la luz de cómo los ve la constitución, ciudadanos y no llevarlos a la pérdida o ganancia basados en su orientación sexual. 

POR LA SUPREMACÍA DE CRISTO EN ESTA GENERACION

Cada ser humano encuentra la razón de su existencia solo cuando se orienta hacia Dios y su Gloria, a través del sacrificio de Cristo. Solo de esta manera podrá hallar el Supremo Bien para su vida.

Los que lo hemos encontrado nos sentimos en profunda deuda con Aquel que nos llamó y sabiendo que nunca podremos pagar la obra de Gracia hecha en nuestra vida, queremos responder en amor y servicio a Cristo, nuestro Señor y Salvador, cumpliendo nuestra responsabilidad histórica en esta generación, al anhelar y tabajar para que Cristo sea Glorificado en este tiempo.

Que sea el anhelo y la procura de todos, hasta que todas las cosas sean sometidas bajo Cristo Jesús Señor nuestro.