martes, 12 de diciembre de 2017

10 MANERAS DE MENTIR

El tema de la mentira es un mal muy complejo porque tiene la facilidad de escabullirse, camuflarse, transformarse. 

La mentira puede adoptar muchas formas, de las más negras y malignas que saben horrendo a las más blancas y sutiles, deliciosas al paladar en una innumerable gama de colores y sabores en medio. ‹‹Aun cuando los cristianos son afortunados de conocer el camino la verdad y la vida, no siempre caminan en la verdad. Al contrario, a veces los no cristianos se hacen respetar por su honestidad e integridad, aunque lamentablemente no conozcan el camino la verdad y vida. Se puede hablar la verdad y seguir caminando en la mentira››. Douma.

Solo deseo remarcar un punto muy importante al hablar de la mentira y es que tiene mucho que ver con algo mental antes que todo. No únicamente, pero la mentira tiene que ver con nuestros pensamientos, motivaciones, la intencionalidad con que obramos o hablamos. En la mentira siempre hay premeditación. El engaño implica un ejercicio –así sea rápido- de pensamiento con el que la persona desea ocultar o pervertir lo verdadero o de engañar.

En ese sentido, así no lleguemos a la acción de mentir, la premeditación de engaño hace que seamos reprendidos de mentirosos a causa del ejercicio mental intencional por querer engañar. Sal.12:2 (la ligazón entre hablar y corazón). Is.59:13 (concebir y musitar en el corazón palabras engañosas BJ; concebir y proferir en el corazón palabras mentirosas LBLA). Sal.15:2 (¿Dónde se habla la verdad que Dios ve?). Para nuestro interés veremos al menos 10 maneras de mentir.

1. Mentira Como Tal.
En un mundo creciente de mentiras cada vez más nos volvemos expertos en mentir. Por ello los cuidados familiares, sociales, judiciales, se han vuelto más minuciosos para lograr establecer la verdad. Tener un departamento de criminalística, no es porque somos una sociedad leal a la verdad. La multiplicación de cámaras y dispositivos que buscan llegar a la verdad (como el polígrafo), aumentan. Las hojas de vida que muchos piden van en aumento. Cuando se quiere dar un crédito se piden datos y datos de formularios verificación de datos, solo para que en un cuadro de dos centímetros coloquemos la cantidad que deseamos pedir prestado. Aun así, se sigue defraudando la verdad.

La mentira como tal tiene que ver con la imprecisión intencional a la verdad. Podemos hablar aquí de una contradicción a la verdad, de lo opuesto a la verdad, con modificarla, así como de rebajarla (aguarla), oscurecerla, desviarla, etc. Rom.1:25; Ef.4:25. Claramente nos habla la Biblia de sustituir algo cierto o verdadero con algo que no corresponde. El que miente va contra la verdad y defrauda al prójimo al tratarle como un ser sin valor al que puedo pasarle por encima con mi mentira.

2. Falso rumor.
Un rumor es hacer correr un comentario de modo que se escuche, pero no tan duro, nada confirmado por el que lo comunica, pero seguramente cierto. Hay rumores que resultan ciertos y otros eran simplemente falsos.  Encontramos que, aunque las palabras sean dichas con el antecedente de: no lo puedo confirmar, pero…. O con las palabras: no me consta, pero… O tal vez el: escuche que…pero habrá que ver, no por eso lo hacen menos grave, pues si hay algo de lo que no estamos seguros e intencionalmente lo propagamos - sabiendo o no que quien lo escucha casi que lo dará por cierto-, es una manera de mentir. Ex.23:1a.

Si no podemos sostener algo por falta de conocimiento, rumorar es mentir, pues puede que resulte cierto, pero no lo teníamos por cierto cuando lo hablamos. El rumor generalmente tiene falsedad, porque si fuera cierto no se estaría rumorando, tal vez chismeando, pero no rumorando. ¿Qué nos lleva a hacer correr unas palabras de las cuales no estamos seguros? Ganas de atención propia, morbo (interés mal sano), satisfacción por lo que se rumora, pero nunca un deseo de honrar la verdad ni la reputación del prójimo.

3. Falsear Juramento.
Culturalmente nos hemos visto ya involucrados en muchas formas que dan realce a nuestro testimonio porque la sola palabra parece que ya no vale. Usamos palabras que no deberíamos como: Pa’ Dios, se lo juro, seguro, por lo más sagrado, y más. No estoy diciendo que jurar sea algo intrínsecamente malo (Dt.6:13), pero hacerlo en todo o a la ligera, aun mas hacerlo por hacerlo sin caer en cuenta el peso de asegurar algo con unas palabras, es pecaminoso.  A veces solo son palabras porque ni es nuestro deseo jurar, ni decir la verdad. No por el hecho de ser descuidado deja de ser pecado. Ec. 5:2-7.

Si esto es verdad en caso de descuido, mucho más será cierto en caso de intencionalidad gravosa que busca perjudicar al prójimo (Jer.5:1-3a; Sal.24:4). Debemos entender que nuestra palabra tiene el peso de un juramento, o al menos así lo toma Dios (Mt.5:37). Pero como cristianos debemos estar muy atentos a palabras como: Dios sabe que…apúnteme para…delante de Dios…y a estar muy atentos a compromisos adquiridos sea por escrito o verbalmente.

4. Calumnia.
La calumnia es una información falsa que se extiende maliciosamente para herir a alguien. De hecho, la línea entre el rumor exagerado y la calumnia no siempre es fácil de delimitar. La calumnia siempre es falsa y deliberadamente dañina. Seguramente detrás de cada calumnia hay un espíritu rencilloso, de odio, que no valora al prójimo. La calumnia es un atentado cruel contra la reputación de alguien a la vez que es mentira descarada. Generalmente quien calumnia se ha llenado de un espíritu de superioridad y se cree con derecho de dañar al prójimo con palabras malignas. Note la conexión entre orgullo y calumnia en 3 Jn.9 y 10.

Zac.8:16-17. Nos habla de hablar la verdad y juzgar bien, sin albergar odio en el corazón hacia el prójimo, pues estas cosas Dios las odia. Alguno podría pensar que solo quien detracta de otro es el malo, pero meditemos que el Señor denuncia que quien escucha es mentiroso y malo. ¿Es cierto eso? Claro que lo es porque quien se presta para escuchar una falsedad es porque tiene un puente de identificación con la mentira que escucha y la que hay en su alma. Si así no fuera – como el caso de Dios -, la aborrecería (Prv.17:4).

Si se roba, la victima puede verse compensada, si se falta en otros sentidos puede haber restitución, pero nunca el solo: ‘lo siento’, basta para restituir una calumnia. Si alguien se viniera en tu contra y te diera 5 puñaladas y luego más calmado te dijera, ‘lo siento’ ¿lo verías como correcto? La calumnia es más que eso, pues difícilmente se puede reparar este mal, por ello Dios puso un remedio que en algo ayuda a reparar este crimen (Lv. 6: 1-5). Así aprendemos que la calumnia no se repara con un perdón, sino que la reparación debe superar la ofensa con creses. ¿Has sido calumniado? Lc.6:28.

5. Inexactitud terminológica.
Esta es una palabra acuñada para señalar otra forma de mentira y es – como dice un autor -, cuando somos económicos con la verdad. Podemos presentar una información selectiva o atenuando las palabras y así dar una impresión falsa de lo que es en realidad. Una de las maneras más comunes de esta inexactitud terminológica es el nuevo nombre que se le da a los pecados para hacerlos más aceptables (Fantasías sexuales, presos de guerra, libre desarrollo de la personalidad). Otra manera es la justificación de errores por palabras atenuadas. En alguna riña alguno puede testificar: Subí de decibles la voz exasperado y le apliqué un estímulo físico al otro, cuando en verdad debió decir: lo grité, lo ofendí y le pegué.

Esta inexactitud también se presenta cuando ‘editamos’ la verdad. Con el método ‹‹recortar y pegar››, podemos poner en otro orden las palabras, suprimir otras y dar una información desviada de la verdad. Es decir, podemos mentir cuando decimos parte de la verdad omitiendo intencionalmente la otra parta para engañar o poniendo las palabras en un orden o que afecta el significado verdadero. Mr. 14:58.

6. Conspiración de silencio.
Siempre que se miente se engaña, pero no todas las veces que se engaña se ha mentido en palabras. Hay una manera de engañar que no necesariamente está ligada a hablar, precisamente se engaña haciendo lo contrario. Esto se llama conspiración de silencio o premeditar un silencio con el fin de engañar o desviar la atención de lo verdadero o simplemente porque no se quiere que la verdad salga a relucir. Debemos aclarar que no es que nosotros debamos estar descubriéndonos ante todos y descubriendo todo. El pecado consiste en callar intencionalmente algo que debe ser hablado, la verdad lo requiere, la honra del prójimo lo demanda, la situación misma lo requiere y calla, en ese contexto, es pecado. ¿No actuó Acán de esa manera?

A veces pecamos de esa manera cuando nos enteramos de un comentario pecaminoso o cuando se dice algo inexacto que podría corregirse con facilidad y permanecemos callados sin ofrecer evidencia de lo contrario. Nuestro silencio queda entonces como una afirmación o como una indicación que no poseemos ninguna información que lo contradiga. Quizás puede ser igual de pecaminoso negarnos a defender la fe cuando la situación lo requiere. Otra manera de hacerlo puede ser concertarse con otros bajo la ley del silencio para dejar que las cosas sigan el rumbo sin interrumpirlo favoreciendo así algún asunto pecaminoso.

7. Contradicción práctica.
Al estudiar lo que la Biblia habla de este tema, encontramos algo que también es catalogado como mentira y es cuando se desmiente con alguna acción algo que se dice con la boca. Es algo así como hipocresía en el que se profesa algo y luego con las acciones se echa por tierra lo dicho. Miremos los ejemplos que nos da la Biblia. 1 Jn.2:4 habla que algunas personas profesan conocer a Jesucristo, seguramente han hecho esa profesión publica de modo que todos a su alrededor asumen lo que confesó, pero si no guarda los mandamientos de Dios como una constante en la vida práctica, es mentiroso. Por más que se esfuerce por gritar su profesión, su vida habla más fuerte y nos grita que es mentira, que no conoce a Cristo.

El otro ejemplo está en 1 Jn.4:20 y nos habla de la persona que profesa públicamente su amor a Dios, pero que al mismo tiempo puede vivir sin amor hacia algún hermano. No importa lo que diga, según Dios, el tal es mentiroso porque realmente no ama a Dios. Así puede en culto elevar sus cantos que confiesan su lealtad a Dios, pero es una lealtad falsa porque si realmente tuviese temor de Dios, haría lo que Él manda y entre otras cosas Él manda amar a nuestros hermanos. Por ello se le puede llamar mentiroso. Pero estos ejemplos solo nos muestran que las inconsistencias entre lo que profesamos como cristianos y lo que realmente hacemos nos ponen como crasos mentirosos.

8. Chismes
El chisme, según se presenta en la Biblia, es usado como sinónimo de murmuración y a veces como calumnia. De acuerdo a los textos donde se encuentra esta palabra se señala al hecho de traficar indebidamente con información. Podemos definir chisme como dar un reporte de otra persona a quien no se debe, que no se es capaz de decirse directa ni bíblicamente y sin el ánimo de edificar. El pecado del chisme es tan grave si pensamos que el mismo móvil que lleva a un asesino a matar a otra, es el mismo que el de una persona cuando chismosea. Quizás su moral no le permite llegar tan lejos como matar a esa persona; pero cuando chismea es simple y llanamente, el asesinato premeditado de la reputación ajena. Si alguno es capaz de chismosear, ese es un asesino, pues está asesinando deliberadamente la reputación ajena, y eso es una perversión.

Pero, no todo reporte negativo dada a un tercero sobre una persona es chisme, y ahí debemos ser justos, y voy a demostrarlo bíblicamente. Mire lo que el apóstol Pablo dice sin avergonzarse en 1 Cor.1:11. ¿Por qué esto no era un chisme? Definimos chisme como todo reporte dicho a quien no se debe decir, con otra intención ajena a edificar. Ahora, en este caso, los hermanos de Cloé hablaron con quién debían hablar y ¿Para qué? Para corregir el mal que había en la iglesia.

No solo por la evidencia bíblica, lo cual debería bastarnos, sino por el mismo motivo que es tan común y uno de los tratos más fraudulentos de la verdad que podemos cometer como algo espontaneo es necesario mostrar lo dañino de este mal y ser corregidos por la Palabra de Dios. Sin olvidar, claro está, los efectos terribles del chisme.

Así que el chisme no puede ser excusado porque lo dicho es ‹‹perfectamente cierto››. Sin embargo, no siempre es así, porque cuando usamos una forma ilegítima de usar la verdad, siempre la corrompemos. Así que cuando se ‘chismea’ una verdad siempre se distorsiona, el 100% de las veces. Hay una ley de la gracia común que nos dice: ‹‹Una verdad propagada a través del chisme o murmuración, siempre aumenta su tono ridiculizador, mientras que su contenido condenatorio jamás disminuye››. Todos hemos pecado en esta área y debemos saber que es así.

Cuando no se usa la verdad de manera legítima, es imposible dejar de pecar (el primer pecado empezó al deliberadamente usar un medio pecaminoso). Luego decimos algo más o una palabra que interpreta otra y no podemos evitar tomar partido en lo que decimos. Por ello el chisme se relaciona con la calumnia y falso rumor, porque partió de una apreciación de algo y se convirtió en un asunto distorsionado. Si el chisme es mentiroso entra en la censura de la mentira y calumnia. Pero si es verdad entra bajo la censura de murmuración, ‘hablar contra alguien’. Pero sea lo que sea evidencia el carácter de una persona y no detiene las consecuencias malignas.

Lev.19:16
No andarás chismeando entre tu pueblo. No atentarás contra la vida de tu prójimo. Yo Jehová.
Por vía de contraste andar chismeando es una forma de atentar contra la vida del prójimo. Tal vez no contra su físico sino contra la vida moral y la reputación del prójimo.

Prov.11: 12-13
El que carece de entendimiento menosprecia a su prójimo; Mas el hombre prudente calla. El que anda en chismes descubre el secreto; Mas el de espíritu fiel lo guarda todo.
Se nos describe un poco el carácter del chismoso: falto de entendimiento. ¿Por qué? El pobre ni entiende el arma con la que está jugando. Además, es una persona que menosprecia a su prójimo. También se le describe como una persona infiel. ¿Sabe una cosa? La persona que no teme traficar un chisme con usted, no le costará mañana traficar un chisme de usted. La alusión a ‘descubre el secreto’, no viene como un halago sino como alguien que traiciona confidencias, que habla de lo que debería estar guardado porque no tiene dominio propio.

Prov. 16: 27-28
El hombre perverso cava en busca del mal, Y en sus labios hay como llama de fuego. El hombre perverso levanta contienda, Y el chismoso aparta a los mejores amigos.
Algunos perversos cavan en busca del mal resucitando historias que deberían haber quedado enterradas en el olvido para siempre. Así hay personas que a causa de su ánimo de ‘tener algo nuevo que decir’ prenden contiendas y destruyen la paz que hubiesen tenido si se hubiesen permanecido callados. El hombre chismoso no cree conveniente calumniar abiertamente al prójimo, sino que busca como difamar de otro secretamente. Eso aparta al prójimo pues nunca se sostendrá una verdadera amistad basada en actos pecaminosos.

Prov. 18:7-9
La boca del necio es quebrantamiento para sí, Y sus labios son lazos para su alma. Las palabras del chismoso son como bocados suaves, Y penetran hasta las entrañas. También el que es negligente en su trabajo Es hermano del hombre disipador.
Los chismosos no solo son causa de ruina, sino que son el instrumento de su propia ruina. Pero no podemos valorar como poco el efecto que produce un chisme, pues ‘físicamente’ no parece letal, pero llegan a lo profundo y producen heridas muchas veces fatales en los demás. Además, los chismes cuentan con un recubrimiento de ese dulce del pecado que aún nos atrae de alimentarnos con faltas o pecados ajenos. Aparte que quien chismea peca, quien recibe el chisme no deja de ser estimulado por su ‘amigo’ al pecado (Vaya amistad).

Prov.20.19
El que anda en chismes descubre el secreto; No te entremetas, pues, con el suelto de lengua.
Ya hablamos de la primera clausula, entonces hablaremos de la reprensión que Dios nos hace de evitar a quien chismea. Hagámoslo por obediencia, por amor al prójimo y a nosotros mismos que somos dañados cada vez que escuchamos un chisme. El tal debe ser reprendido en amor, aun así, asociarse con él como si nada tuviera no es sabio ni seguro mientras no renuncie arrepentido a su proceder.

Prov.26:20-22
Sin leña se apaga el fuego, Y donde no hay chismoso, cesa la contienda. El carbón para brasas, y la leña para el luego; Y el hombre rencilloso para encender contienda. Las palabras del chismoso son como bocados suaves, Y penetran hasta las entrañas.
Volvemos a ver verdades que ya hemos visto y aquí se nos describe el chismoso como quien enciende contiendas. Quite el chismoso y quitará la fuente del incendio. El sentido común nos dice que si hay un fuego prendido en un rincón de la casa no ponemos una cinta que diga ¡cuidado! Ni organizamos la casa de modo que nadie tenga que pasar cerca. Si usted ve eso, creo que va y lo apaga de inmediato. Apliquemos ese principio al chisme porque no es menos peligroso. Reprenda y huya, quite el chismoso y las rencillas que vienen por ello cesarán.

Jer.6:28
Todos ellos son rebeldes, porfiados, andan chismeando; son bronce y hierro; todos ellos son corruptores.
Una descripción del pueblo rebelde al que Dios dirige su juicio. Aquí se nos pone en relieve que el chisme no es una cosa aislada de un carácter bueno. Como todo pecado de la lengua, viene acompañada de otras cosas. Quien es chismoso debe examinarse realmente delante de la cruz de Cristo y verá que el chisme es solo uno de los pecados que le acompañan. Hay más pecados donde el chisme se para hablar.

1 Tim.5:13
Y también aprenden a ser ociosas, andando de casa en casa; y no solamente ociosas, sino también chismosas y entremetidas, hablando lo que no debieran.
Es muy iluminador que el Espíritu Santo nos haga ver que el chisme viene de la mano del ocio, de la desocupación, de no estar ocupados en obediencia. Alguno puede decir: ‘yo ando muy ocupado’, pero hablo de ocupación espiritual. Alguno puede trabajar 23 horas diarias y en todas ellas haber murmurado. Note el contraste del apóstol, nos enseña que andar por allí sin obedecer lo que Dios le ha mandado a cada cual es el campo propicio para el chisme. Así que hermano, ande y trabaje duro, vea por su casa, gobierne los suyos, pastoréelos según la Biblia y me cuenta si le quedó tiempo de conspirar contra alguien. Hermana trabaje como Dios le ha mandado, cuide sus hijos, sirva a su esposo como es debido, administre su hogar y me cuenta si queda con fuerzas para hablar. No lo hagamos y nuestra mente correrá tras el chisme.

Números 12 nos habla de un episodio de murmuración donde no se nos dice que el contenido del mismo sea malo, sino que se habló con desdén de un hombre y se puso en tela de juicio la obra de Dios en él. El punto es que no se traficó con una mentira sino con que la intención fue dañar la honra de alguien con un comentario y Dios no se hizo esperar con las consecuencias.

Concluyendo, recordemos que El chisme o murmuración es la transmisión de noticias y rumores, sean verdad o mentira, por cualquier otro motivo que no sea la edificación o la honra de la reputación de alguien. A diferencia de la mentira, el chisme puede transmitir cosas ciertas, pero con otros propósitos.

El acto viene asociado con secreto, morbosidad, ocio y corrupción. Además, que en algunos lugares se nos describe la misma persona del chismoso como de un suelto de lengua, violento, infiel, falto de entendimiento, perverso, contencioso, malicioso, rebelde, entrometido. Y no dejan los textos de señalar los efectos del chisme como imprudencia, herimiento, promueve la contienda, aparta los amigos, herimiento propio, disipación, estimulo del pecado de otros, desorden.

9. Juicio Premeditado
En otras ocasiones el uso indebido de la verdad y la deshonra al prójimo viene ligado a la ligereza de alguno para emitir juicios para los demás. El juicio lo entendemos como emitir un concepto de algo o alguien, de un hecho, por ejemplo y darle un calificativo. Juzgar es eso que hacemos evaluando, sopesando y luego calificando algo como bueno, malo, mejor, peor, etc. Como usted se puede dar cuenta juzgar como tal no siempre es malo. Es parte de ser seres morales y racionales lo que nos lleva a juzgar. Si usted ve que su hijo pequeño se acerca a la mitad de un juego de futbol de adultos, su mente enseguida evalúa y juzga eso como malo. Allí juzgar está bien. Pero sabemos que no es de este juicio que nos referimos.

Nos referimos al acto de emitir un fallo definitivo sobre algo o alguien de manera precipitada o injusta, que no corresponde a la realidad o a toda la realidad. Esto tiene sus variaciones y debemos aceptar que muchos -diría yo-, la mayoría de nuestros juicios se hacen por lo que recibimos por nuestros sentidos y algunas veces por nuestras corazonadas. ¿Ha juzgado como pedante a una persona que nunca ha tratado ni hablado sino solo visto? ¿No decimos que ‘se le ve el orgullo’? Eso es juzgar. Si nos pasa a simple vista imagínese lo que podemos llegar a hacer cuando por algún motivo nos conocemos y tratamos con otros.

Juzgar es pecaminoso porque:
- Es contrario a exhortaciones explicitas en las Escrituras. Jn.7:24; Rom.12:1; 14:10; St.4:11. No estamos hablando de algo que la Biblia ‘da a entender’ sino que dice con claridad. No juzgar es el mandato de Dios. Si bien hay muchas referencias a juzgar correctamente, ese tipo de juicio precipitado, falto de la realidad total es algo que Dios mismo nos mira y nos dice ¡No!

- Generalmente lo hacemos basados en nuestros falibles sentidos. Encontramos que cada vez que juzgamos lo hacemos principalmente confiados en que la apreciación de las cosas es la más correcta y la infalible. ¿Qué dice la Biblia de nuestro corazón? ¿Qué dice la Biblia acerca de juzgar solo por lo que vemos? 1 Sam.16:7; Jn.7:24. Ejemplo, la persona que juzga la actitud de otra por un gesto o postura sin saber quizás que estaba enfermo o atribulado (1 Sam.1: 12-15).

- Asumimos que nuestra visión de un asunto o persona es lo que corresponde 100% a la realidad. Nos colocamos en una posición muy orgullosa al pensar que nuestra perspectiva de las cosas es lo que es y corresponde a la realidad el 100%. Podemos preguntar ¿Tenemos una visión completa de las cosas como para decir que nuestra perspectiva es la verdad? Le repito que no hablo del juicio justo sino de la facilidad con que nos sentamos en una posición asegurando que nuestra percepción es la realidad y no aceptamos otra (1 Sam.22:12-13).

- Aseguramos cosas que como seres humanos nos están veladas a nuestros sentidos. Así podemos hasta suponer lo que la persona estaba pensando y el motivo por el que hizo las cosas. A veces coincide, pero la mayoría de veces no. ¿No es este juicio pecaminoso? ¿No es ponernos en el lugar de Dios quien es el único que conoce los pensamientos y las intenciones del corazón? Jer.11:20a; Sal.139:23; Jn.2:25. Nosotros podemos ver actos, muchas veces actitudes y nadie necesita darse por enterado de una forma descortés de trato, pero eso es distinto a atribuirnos la capacidad de decir con certeza cuales fueron los pensamientos e intenciones.

- Mentimos porque nuestros juicios solo pudieran reflejar parte de la realidad. Si vamos a juzgar debemos: Conocer la situación aun con el más mínimo detalle, debemos conocer los pensamientos de la gente y sus motivaciones y luego y solo luego podemos emitir un juicio. ¿Fácil no? No sabemos nada y creo que es injusto, no hace honor a la verdad y daña la reputación del prójimo que le califiquemos por solo lo que logran ver nuestros ojos o percibir nuestros sentidos o solo apoyados en nuestra propia y personal apreciación de algo. Somos tan ligeros que podemos convertir un acto pecaminoso de una persona en una evidencia que toda la vida ha hecho eso.


¿Hay un juicio permitido?
Por ello el Señor mandó a los de su época que si lo iban a juzgar lo hicieran con justo juicio, apoyados en elementos no subjetivos de ‘me parece’, ‘creo’, ‘percibo’, sino con justo juicio. Eso implica que debemos acudir a las Escrituras, seguir procedimientos bíblicos, ser justos en lo que vemos o escuchamos, no podemos emitir juicios de pensamientos o motivaciones a menos que realmente las conozcamos, más bien atenernos a los hechos y aun así guardar la humildad en el alma que tal vez yo soy el único que ve eso y que no debo ser apresurado.

Por ello la Biblia nos habla lo que debemos hacer con los pecados del prójimo. Si no son creyentes, reprenderlos, denunciarlos. Si es de los hijos de Dios, Él mismo nos ha prescrito la manera de tratarlo. Por eso no dice: si tu hermano peca contra ti, júzgalo sino repréndelo y hazlo primero estando tú y él solos. No hay propósito de juzgar si lo que tenemos en mente es ayudar y edificar a nuestro hermano. ¿Qué sacamos al examinar, averiguar, indagar, sopesar, juzgar y luego emitir un juicio contra el hermano? Pues bien, ¿Piensas que allí termina todo con tu veredicto? Por el contrario ¡Allí empieza todo!, si sabes que haciendo todo eso resuelves, compruebas, que tu hermano es mentiroso – por ejemplo-, bien no llegaste a ningún lado, solo estas parado en Mt. 18:15 en el primer escalón ¡Empieza entonces el proceso!

Pero en casos donde nos toca emitir un juicio, por ello Dios nos dejó su Palabra, nos dejó en medio de la iglesia, nos provee de liderazgo pastoral, de hermanos maduros, para que, si fuera el caso, pudiéramos emitir un justo juicio (1 Cor.5:12). Aquí es donde se vuelve importante estar muy cerca a los medios de gracia. ¿Con que herramientas juzgas si tu exposición a las explicaciones bíblicas es de un ahora cada semana? ¿Con que espíritu emitirás un juicio si tu corazón no está continuamente ablandado por los ejercicios de oración continua? ¿Cómo juzgaras lo espiritual si andas en tus caminos? ¿Cómo te atreves a organizar lo espiritual con elementos carnales? (1 Cor.2:15; 6:5). Lo otro es lo que hacemos comúnmente, ver y juzgar implacablemente.

10. Indirecta
Hablamos de indirecta a la manera de hablar dónde se va contra el honor a la verdad o la reputación del prójimo de una forma intencional y maliciosamente velada. Seguro que podemos tener temor de enfrentar la verdad sea cual sea o decirla de una forma Bíblica y directa a una persona con el fin de edificarla, pero pensamos que hay un recurso que podemos usar y es tratar de insinuar algo por lo opuesto o con un énfasis indebido que para nada suena a verdad ni honra al prójimo.

No estoy hablando cuando por respeto o modales atenuamos la verdad sino cuando hay una ofensa de por medio, un revuelto de murmuración, chisme, mentira y deshonor. Así las indirectas nunca son recibidas como edificantes además que suelen ser bien ambiguas por las que el que las recibe, no entiende muy bien cuál es el punto en cuestión. Es aquí donde vemos que no solo lo que pronunciamos cuenta pues sabemos que podemos articular las palabras correctas, pero la intencionalidad y el énfasis comunicarán algo distinto. Entre las indirectas tenemos el sarcasmo (ironía mordaz) o la ironía (burla fina y disimulada, tono burlón o comunicar por medio de unas palabras lo contrario), el silencio embarazoso, las cejas arqueadas, el encogimiento de hombros, la mirada burlona, etc.  Son claras indirectas que dañan y no hacen honor a la verdad ni al prójimo.




miércoles, 6 de diciembre de 2017

AVAL

Mientras que una de las solemnes procuras de la iglesia en su celo por ser leales a su Señor y a sus mandamientos divinos es guardarse sin mancha en el mundo, delinear muy bien la distinción  entre lo santo y lo profano, marcar una diferencia entre lo que es mundano y lo que es espiritual, al parecer algunos maestros cristianos profesantes, bailando la melodía contemporánea del relativismo moral, están dando un aval para que precisamente dichas diferencias sean borradas, minimizadas o soslayadas.

Sus ideas son alimentadas del espíritu del mundo y a su vez, estas alimentan el espíritu del mundo desde una perspectiva, supuestamente cristiana. Usted debe advertir que estos maestros no son frontales en su aval al pecado, sino sugerentes, ambiguos, escondidos detrás de una reputación antes obtenida, y en su caso más preocupante, aprovechando la confianza que despertaron por declararse maestros de la reforma. Estos hombres que se lucran de la reforma, ahora la atacan contemporizando de manera descarada con al mundo.

Organizaciones como la Coalición por el Evangelio han avalado que entre sus filas un individuo haya presentado sin ningún rubor su tesis de lo que es la homosexualidad, y ahora, una frase muy peligrosa ha empezado a ser de dominio público entre la gente que sigue sus ministerios, que alguien puede ser un cristiano homosexual. Usted puede ver esto aquí, aquí y aquí

Entiéndase que el punto no es si un cristiano lucha contra sus pasiones o si Jesucristo puede o no librar misericordiosamente a un pecador de estas pasiones. El punto aquí es el planteamiento de nuevas palabras, nuevas definiciones que van sesgando la mente de aquellos que siguen esos movimientos e individuos, como antes siguieron quizás a sus profetas y apóstoles.

¿AHORA D.A. CARSON?
El asunto ha venido aunando de una manera sistemática y firme, incluyendo más personalidades influyentes. Esta vez desde uno de los teólogos más influyentes en América, el doctor Canadiense Carson. Sus múltiples libros y exegesis son aprovechados por muchos cristianos, pero sea coincidencial o no, como presidente y uno de los fundadores de la Coalición por el Evangelio, también ha hecho su endorso al movimiento homosexual. En el libro Soltero, Gay, Cristiano del autor Gregory Coles, se afirma: "En una época en la que ni la sociedad ni la iglesia saben qué hacer con los cristianos homosexuales, Greg Coles cuenta su propia historia". Aquí Carson en las revisiones formales del libro ha escrito:

"Decir que este libro es importante es un doloroso eufemismo: es la historia candente, emotiva, intensamente personal de un joven gay que quiere vivir su vida bajo la autoridad del Rey Jesús y que se niega a aceptar las reconfortantes respuestas ofrecidas por diferentes partes de la cultura. También está escrito de manera excelente, este libro se encuentra en medio de los shibboleths de nuestros días y nos recuerda lo que la sumisión al rey Jesús parece, lo que se siente. Este libro tiene que ser cuidadosamente leído por personas heterosexuales y por los homosexuales, por los incrédulos y por los cristianos, no para ser leído con una sonrisa condescendiente, sino con humildad ". (DA Carson, presidente, The Gospel Coalition, profesor de investigación del Nuevo Testamento, Trinity Evangelical Divinity School).

Otra vez la frase ambigua, peligrosa y sugerente que un individuo a la vez que es cristiano puede ser homosexual. Al parecer leer este libro es un gesto humilde de los cristianos maduros que están dispuestos a enfrentar uno de los mayores problemas actuales desde otra perspectiva. ¿Se ha rectificado Carson? ¿Ha dicho algo al respecto la Coalición?

ALFONSO ROPERO
Ahora, portales y noticias del mundo evangélico han puesto de manifiesto lo que han llamado “La Defensa de la Homosexualidad, por la Puerta Grande en el Mundo Evangélico Español”, y esto debido al escrito de Alfonso Ropero, un escritor prolífico en el mundo hispano a quien la editorial Clie le ha impreso muchos libros ha hecho declaraciones completamente liberales. En palabras de Ropero, Jesús curó al amante homosexual del centurión. Puesto que el centurión “quería mucho” al siervo, Ropero llega a la conclusión de que disfrutaban de una relación homoerótica juntos. Usted puede encontrar sus ideas desarrolladas en el tomo titulado ‘Gran Diccionario Enciclopédico de la Biblia’ (páginas 1199-1202), publicado por CLIE en el 2013 y revisado por Juan María Tellería Larrañaga. Y puede encontrar un breve análisis aquí.


El mundo cristiano debería estar horrorizado debido al aumento de líderes cristianos que empiezan a mostrar su afinidad con las filosofías homosexuales o quizás a expresarlas en un clima propicio que no encontraron antes. Ya teníamos bastantes con pastores carismáticos, cantantes y escritores del mundo de la cristiandad más amplia, como para empezar a oír exactamente el mismo discurso de parte de personas influyentes en la reforma. Son días peligrosos y los creyentes debemos tener demasiado cuidado acerca de ministerios paraeclesiales, maestros a manera de celebridades, libros y publicadoras, que quizás en algún tiempo tuvieron nuestra confianza pero que ahora será una muestra de sabiduría redoblar el discernimiento porque las cosas, esté seguro, no van a parar allí. 

Recordemos con afecto y cuidado las palabras de Thomas Watson: 
"En el sacrificio sangriento de Cristo, vemos la naturaleza horrorosa del pecado. El pecado, de hecho, es aborrecible, pues por él, Adán fue desterrado del paraíso y los ángeles fueron echados al infierno. Pero lo que hace más horroroso el pecado es esto: Hizo que Cristo cubriera su gloria y derramara su sangre [...] Ver el cuerpo sangriento de Cristo debiera indignarnos en contra del pecado [...] No dejemos que aquello que hizo de Cristo un hombre de dolores, sea nuestro gozo". 

sábado, 18 de noviembre de 2017

DOCTRINAS DE LA REFORMA ¿Un Permiso para la mundanalidad?

Por Jorge E. Castañeda D.

Muchas personas, y con algo de razón, miran con sospecha las doctrinas reformadas, pues al parecer muchos de sus representantes han asumido como una reacción a sus experiencias pasadas en el legalismo, vidas mundanas o al menos, viviendo un cristianismo sin una renuncia completa a la mundanalidad. Por supuesto que no es culpa de las doctrinas reformadas sino de aquellos que las usan para darle un alcance indebido a su libertad cristiana y como un trampolín para un disfrute del mundo, ahora avalado por un pseudo conocimiento intelectual de estas doctrinas.

Cuando hablo de sus representantes, hablo de aquellos que profesan las doctrinas reformadas, aquellos que son la cara de la reforma ante sus amigos, familiares y otros cristianos. Muchos que en iglesias legalistas reprimieron su amor al mundo so pena de ser señalados como impíos, ahora han encontrado en las doctrinas reformadas, una excusa para andar de fiestas, vestir de forma inmodesta, ponerse a la par con los impíos en el uso del licor de forma social, escuchar música del mundo, hacerse tatuajes, quebrantar el día del Señor, vivir para sus deleites, hablar vanidades y liviandades, etc. Sabemos que esto no corresponde a la esencia de lo que la biblia llama mundanalidad, pero sí corresponden a su expresión práctica, más inmediata y evidente.

Estos individuos, malinterpretando las doctrinas de la gracia asumen que la santificación personal y subjetiva, es decir, la conformidad con el carácter santo de Cristo, es por imputación. Ellos prefieren la teología puritana pero no su práctica, para ello pueden afirmar que los puritanos eran legalistas, aunque los usan para darse reputación en sus comentarios. Ellos afirman que guardar completamente el día del Señor es legalista, que apartarse del mundo y sus cosas es fanático, asumen la membresía con liviandad, su acercamiento a las entretenciones claramente sensuales y perniciosas, es sin reparo, sus gustos, hobbies y más, dejan mucho que pensar, a la par que sostienen admiración por Spurgeon y Whitefield.

Por supuesto que creemos en la libertad cristiana, pero no en una que nos vuelva al mundo. Si quisiéremos saber más del poder de la reforma en sus mejores momentos, debemos sonrojarnos al leer relatos como la siguiente cita de Spurgeon, en su sermón llamado buenas obras. Quizás el Señor siga usando exhortaciones como estas, para que aquellos que estamos en un continuo entendimiento de las doctrinas reformadas vivamos vidas apegadas a la verdad que es según la piedad:  

IV. De esta manera les he mostrado el uso de las buenas obras. Ahora, sólo un momento o dos, para decirles que la religión que profesamos en este lugar, y que predicamos, está DISEÑADA PARA PRODUCIR BUENAS OBRAS EN EL HIJO DE DIOS.  Algunos afirman que el llamado Calvinismo, que es un alias del verdadero Evangelio, está calculado para inducir a los hombres al pecado. Ahora, vamos a refutar eso, simplemente recordándoles que el pueblo más santo del mundo ha sido aquel que profesó la doctrina que nosotros sostenemos. Si ustedes preguntasen quiénes fueron las grandes luces morales del mundo en la Edad Media, la respuesta será: personas como Atanasio, Ambrosio y Crisóstomo; y luego, acercándonos más, hombres tales como: Wickliffe, Jerónimo de Praga y Calvino; y cada uno de estos sostuvo las doctrinas que proclamamos con entusiasmo. Y sólo permítanme recordarles que, nunca hubo mejores hombres en el mundo que los puritanos, y cada uno de ellos sostuvo con firmeza la verdad que amamos. 

Me encontré un comentario en un libro, el otro día, que me agradó tanto que decidí leerlo ahora. El escritor dice: "los puritanos fueron los más resueltos protestantes de la nación; calvinistas celosos; predicadores cálidos y afectuosos. Eran las personas más pías y devotas de la tierra; hombres de oración en lo secreto y en público, así como en el seno de sus familias. Su estilo de devoción era ferviente y solemne, dependiente de la ayuda del Espíritu Divino. Tenían una profunda reverencia para el santo nombre de Dios, y eran enconados enemigos no sólo de los juramentos profanos, sino de la plática insensata y de las burlas. Eran estrictos observantes del día del Señor, dedicando todo el día a la devoción en público y en privado y a la caridad. Era marca distintiva de un puritano, en aquellos tiempos, verlo asistir a la iglesia dos veces al día, con su Biblia bajo el brazo.

Y mientras otros se dedicaban al juego y a las distracciones, a las parrandas, a caminar por los campos, o a la diversión del boliche, la esgrima, etcétera, estos, desde la víspera del día de reposo, se dedicaban con la familia a leer las Escrituras, a cantar salmos, a repasar sermones, a catequizar a sus hijos y a la oración. Y esta actividad la llevaban a cabo no sólo el día del Señor, sino que tenían sus horas de devoción familiar durante los días de semana; eran circunspectos en cuanto a todo exceso en la comida y en la bebida, en la ropa, y las diversiones sanas. Eran frugales, diligentes, honestos en sus tratos, y solícitos en dar a cada quien lo que le correspondía." Ese es un noble testimonio hacia la verdad puritana y el poder del Evangelio. Un sabio infiel dice que los calvinistas y jansenistas, "cuando son comparados con sus antagonistas, se han destacado, no en menor grado, en las virtudes más rígidas y respetables; ellos han sido un honor para su propia época, y el mejor modelo de imitación para las generaciones sucesivas." Imagínense a un infiel hablando así. Creo que fue infiel quien dijo: "vayan a escuchar a un arminiano para oír hablar de buenas obras; pero vayan a un calvinista para ver cómo exhibe esas obras." Y aun el doctor Priestly, que era un unitariano, admite que: "los que sostienen las doctrinas de la gracia, se conforman menos al mundo y tienen un principio mayor de religión, que nuestros propios seguidores: y quienes, con base en un principio de la religión, atribuyen más a Dios y menos al hombre que otros, tienen la mayor elevación de piedad." Y precisamente ahora que los unitarios están trayendo a todos sus grandes hombres (tan grandes que nunca habíamos escuchado sus nombres hasta este día), y están haciendo todos sus esfuerzos en Londres para conseguir adeptos para el Unitarismo, sólo les diríamos este hecho.

El doctor Priestly atribuye la frialdad del Unitarismo a la realidad que se han vuelto más indiferentes hacia la doctrina religiosa, y eso explica que sus capillas no tengan mucha asistencia, afirmando que los unitarios tienen muy poco apego a sus doctrinas religiosas. ¡Cuánta misericordia! Pues si continuaran aferrándose a ellas, inevitablemente se perderían. Un hombre que niega la divinidad de Cristo se perderá con certeza. Es inútil que afirmen ser cristianos; muy bien podrían afirmar que son santos ángeles. La mejor prueba que puedo ofrecerles de la santa influencia de nuestras doctrinas, es este grandioso hecho, a saber: que en cada época, aquellos que han sostenido las doctrinas de la gracia han mostrado en sus vidas una santa conducta y una santa conversación.

Pero además, al recorrer rápidamente las doctrinas, preguntamos, ¿qué podría hacer más santos a los hombres que las verdades que predicamos? ¿No les enseñamos, acaso, que Dios ha elegido para Sí un pueblo que debe ser santo? ¿Es esa una doctrina perversa? ¿No les decimos que Dios ha elegido para Sí un pueblo que en este mundo publicará Su alabanza por su vida santa? ¿Es esa una doctrina impía? Y les hemos dicho que el Espíritu Santo les da un nuevo corazón, y un espíritu recto, y que se requiere algo más de lo que ustedes podrían hacer; que son incapaces de llevar a cabo las cosas buenas que Dios espera de ustedes, por lo tanto, Dios el Espíritu debe renovarlos. ¿Llaman a eso una doctrina malvada? ¿Es acaso perversa la doctrina que los hombres son depravados por naturaleza y que necesitan gracia regeneradora? Y la doctrina de que los verdaderos santos perseverarán hasta el fin, ¿es malvada? Me parece que lo que se opone a estas doctrinas es precisamente lo más perverso del mundo. ¿Acaso es perversa la doctrina de que únicamente los creyentes tienen un interés en la sangre de Cristo?

La doctrina que predico, que Cristo ha redimido únicamente a los que viven en santidad, habiendo sido conducidos a ello por el Espíritu Santo, ¿es impía? No lo creo. Retamos a todos aquellos a quienes les encanta hablar en contra de nuestras doctrinas, que demuestren que una sola de ellas tiene algún componente impío. ¿Nos acusas porque no apoyamos las buenas obras? Ven y trata de entrar a nuestra iglesia, y pronto tendrás una prueba que estás equivocado. Vamos, no te recibiríamos, caballero, aunque nos dieras mil libras esterlinas, si no te consideráramos un hombre santo. Si no tienes buenas obras, pasará mucho tiempo antes de que te recibamos; y si vivieras en el pecado y en la injusticia, y te introdujeras subrepticiamente en nuestra iglesia, saldrías en una semana; pues pronto serías reportado al pastor y a los diáconos, y podrías comprobar que sostenemos la necesidad de las buenas obras. Si no las exhibieras diariamente te echaríamos fuera, pues no queremos tener comunión con las obras infructíferas de las tinieblas, sino que más bien las reprobamos. Nuestro orden eclesiástico es la mejor refutación de esa calumnia.  ¿Qué más podemos agregar, entonces? Esperamos haber demostrado nuestros puntos a todos los hombres honestos y consistentes. Únicamente los despedimos a ustedes, hipócritas, con este mensaje resonando en sus oídos: "Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él." A menos que vivan según Cristo, no estarán con Cristo al final; si su espíritu no es santificado en este mundo, Dios no los santificará cuando vengan delante de Su trono.  

Pero ustedes, pobres pecadores, que no tienen ninguna santidad propia, y que no tienen buenas obras: sé que no tienen ninguna porque no son hijos de Dios. ¿Sienten que no las tienen? Vengan, entonces, y Cristo les dará algo: Él se dará a Sí mismo a ustedes. Si creen en el Señor Jesús, Él les lavará de todos sus pecados, les dará un nuevo corazón, y de aquí en adelante la vida de ustedes será santa, su conducta será consistente, Él les guardará hasta el fin, y con toda certeza serán salvos. ¡Que Dios bendiga este testimonio para cualquiera que esté viviendo en pecado, para que pueda ser rescatado de él; por Cristo nuestro Señor! Amén.

sábado, 11 de noviembre de 2017

¿QUÉ ES ESENCIAL?

- De las doctrinas "esenciales y no esenciales"-.
Por Jorge E. Castañeda Delgado
En la jerga actual evangélica, se plantea la urgente necesidad de distinguir en doctrina lo que es fundamental o esencial de lo que no lo es. Por supuesto que hacer correctamente esta precisión viene a ser necesario prerrequisito para la verdadera unidad entre cristianos, la cual, según se cree, sufre en su aplicación, por no saber hacer esta diferencia. Es decir, que como iglesia avanzaríamos en la materialización de la unidad, si supiéramos distinguir entre doctrinas esenciales, las que proveen el terreno adecuado para la unidad, y las doctrinas secundarias o no esenciales, que generalmente se constituyen en un verdadero obstáculo para el avance de dicha unidad cristiana. Tener la habilidad de distinguir entonces lo que en doctrina es esencial y lo que es secundario, proveerá de mayor sabiduría en el mantenimiento de la tan esquiva unidad practica en el cuerpo de Cristo.
Sin duda que alrededor de este lenguaje, se generan varias inquietudes y objeciones legítimas de quienes anhelamos la unidad  fundamentada en la verdad de la Escritura en todo su consejo. Por un lado, el temor de hacer una brecha innecesaria en medio de la iglesia por asuntos superficiales, por otro lado, el celo de no construir una unidad sobre el fundamento débil del subjetivismo. El asunto de distinción entre lo esencial y lo no esencial, sugiere precisamente este camino subjetivo donde tal doctrina puede catalogarse como esencial para unos y secundaria para otros y en la realidad se destruye lo que se anhela construir. Usted puede mirar una explicación más específica de esta manera de concebir las doctrinas, en este cuadro.
Valdría la pena preguntarnos ¿Basados en qué podemos llegar a tal distinción? ¿Sobre qué terreno unificado podremos hacer tal diferencia entre lo que es esencial o no? Cuando hablamos de doctrinas bíblicas ¿podemos hablar de partes de la Palabra de Dios esenciales y otras partes no esenciales? ¿Cómo medir el valor de una doctrina?
Precisamente, una aparente salida para salvaguardar la unidad (como hacer estas distinciones), está quitándole el piso solido de una verdadera, al arrojarnos al subjetivismo y a la diversidad de opiniones que pueden seguir al tratar de definir lo uno y lo otro. Quizás sería muchísimo mejor precisar las preguntas en aras de avanzar a la unidad de la fe, antes que seguir sumiendo la mente cristiana en este relativismo que desemboca en desunión. Organizaciones creadas para, supuestamente, promover el evangelio, hoy llaman a los individuos a la unidad basado en esta manera de ver las doctrinas, así desechan arbitrariamente lo que consideran perjudicial para la unidad y lo relegan a un segundo plano, a la vez que están  dispuestos a unirse bajo las doctrinas para ellos,  urgentes o indispensables.
Nada raro escuchar de las posiciones más liberales dentro de la cristiandad tales argumentos. Pero escuchara de quienes afirman trabajar duro por la sana doctrina, es confuso. Estos argumentos lo que logran es fragmentar al doctrina, que para el cristianismo histórico, siempre ha sido considerada una unidad, un cuerpo que podemos llamar, "La fe una vez dada a los santos". Usted sabe, es mejor fragmentar la doctrina y así esconderse detrás de esta argumentación para justificar implicaciones de la Sol Escritura en adoración, fe y vida. 

Esencial
La palabra “esencial” en el contexto de la unidad eclesiástica, debe ser más precisada o harán un daño más que proveer un beneficio. Las preguntas más acordes posiblemente serían ¿Tal o cual doctrina es esencial para qué? ¿En qué ámbito puede una doctrina ser esencial?
Creo que todos los confesos creyentes huiríamos del pensamiento que existen en la Palabra de Dios doctrinas reveladas que pueden o no ser atendidas o desechadas arbitrariamente, por no considerárseles esenciales. Creemos en la inspiración verbal y plenaria de la Escritura lo que asegura hasta el valor de cada una de las palabras divinas, porque reconocemos en última instancia su procedencia celestial. Pero también reconocemos que cada doctrina es esencial en un ámbito donde esta reina o gobierna.
Así, por ejemplo, si planteáramos ¿Qué doctrina es esencial para la justificación? Tendríamos que desechar a la verdad, doctrinas reveladas en la misma Escritura, porque no serían esenciales para este asunto específico y definido, un asunto concreto. Pero si se nos plantea ¿Qué doctrina es esencial para la santificación de la iglesia? ¿Qué doctrina es esencial para glorificar a Dios? Tendríamos respuestas más precisas, no subjetivas ni opcionales porque la Biblia es clara en sus afirmaciones. Siendo más precisos en las preguntas, la palabra de Dios sería mejor honrada y se gestaría en verdad la plataforma de una verdadera unidad en la fe.
En respuesta a la pregunta ¿Qué es esencial para salvación/justificación?  La respuesta no superaría las sentencias básicas de Cristo y de Pablo: ‘Esta es la obra… que creáis en el que [el Padre] ha enviado’ (Jn.6:29), ‘Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley' (Rom.3:28). Si de justificación hablamos, la obediencia a la ley no solo no sería una doctrina "no esencial", sino contradictoria, porque si la justicia fuera por la obediencia a la ley, dada por Dios mismo, en vano Cristo murió.
Pero esta ley que llegamos a considerar contraria a la justificación por la sola fe, sería una doctrina fundamental si habláramos de lo esencial para santificación, la obediencia aquí sería una doctrina esencial y esgrimir la "sola fe" en el aspécto de santificación, sería más bien una excusa negligente en el proceso que demanda la muerte continua del “yo” y la rendición al señorío de Cristo, como bien lo expresa Santiago 2:17-18.

La Unidad
Cuando escuchamos acerca de la unidad entre el cuerpo de Cristo y el prerrequisito de la distinción entre lo esencial y lo secundario, la pregunta inmediata que surge es ¿Sobre la base de qué doctrina nos uniremos? ¿Sobre la base de lo que es meramente esencial para justificación? Si la respuesta es afirmativa, entonces el cuerpo de Cristo no estaría autorizado para el entendimiento ni para la proclamación de ningún otro campo de la doctrina bíblica a menos que sea lo básico en soteriología, ya que ahondar en otros terrenos, lo haría en detrimento de la verdadera unidad. Es decir, a menos que hablamos de justificación por la fe, lo demás lo haríamos solo para contender sobre opiniones secundarias. Para otros la lista no se limita a la justificación sino a postulados un poco más amplios como los delineados en el credo apostólico. Pero volvemos al punto inicial ¿Basados en qué esa credo sí representa las doctrinas esenciales, cuando por ejemplo no habla de la inspiración de la Escritura ni su inerrancia?
La expectativa de la iglesia de Cristo, según Cristo mismo, es la unidad de la fe (doctrina) y el modelo apostólico, no nos deja campo para la especulación (Ef.4:11-16). La unidad propuesta por la Biblia, no viene por la disminución paulatina de la doctrina hasta lo mínimo aceptable en soteriología, sino que partiendo de este mínimo, la iglesia debe unirse cada vez más “hacia arriba”, hacia el Modelo del Varón Perfecto que es Cristo y todo el conjunto de lo que en este contexto se le llama 'Verdad'. Por así decirlo, es haciendo las murallas más altas que veremos mejor, es en la altura donde hay más luz y donde lograremos la verdadera unidad, no es “hacia abajo” donde reina el subjetivismo.
El razonamiento de buscar lo esencial en lo mínimo aceptable, conlleva en si una trampa. No solo porque sume a la iglesia en subjetivismo con respecto a la demás Biblia y todo el consejo de Dios, sino porque la iglesia se vuelve tremendamente antropocéntrica porque se verá tentada a hacer una lista arbitraria, subjetiva y tendenciosa de lo que es o no fundamental, de acuerdo a su propia visión. Reconocemos como todo cristiano verdadero el valor de la doctrina de la salvación, pero esta doctrina debería mirarse como el punto de partida de una verdadera unidad y el punto de cohesión de todas las demás doctrinas, pero jamás debería verse como la doctrina que anula las demás. Sería más humilde pensar que abrazar una correcta soteriología nos deja hasta ahora en el punto de partida legitimo para generar una verdadera unidad de allí hacia adelante, que pensar que es el todo lo que representa la unidad eclesial.
Al procurar la unidad “hacia abajo” (hacia el mínimo común denominador), parecería sugerir que lo esencial es lo que en última instancia termina redundando en el beneficio del hombre y lo secundario corresponde a los intereses de Dios. Así, es esencial la “salvación por gracia”, ya que en medio esta obviamente, el beneficio de la criatura, pero no es esencial “la adoración a Dios”, porque esto solo redunda en la gloria de Dios. Así, esta unidad “hacia abajo”, pone un ladrillo sobre la cabeza de la iglesia, que le impide su crecimiento y su conformación “hacia arriba” donde hay más luz, esta conformación al Varón Perfecto y sume a la iglesia en la búsqueda egoísta de lo que más le conviene, perdiendo de vista  lo que es esencial como la gloria de Dios, la edificación en todo el consejo de Dios, la inspiración e inerrancia de las Escrituras, solo por dar algunos nombres.
Hay algo bien fuera de lugar cuando en la iglesia, la adoración a Dios no es algo esencial, cuando la suficiencia de las Escrituras no es algo esencial, cuando la madurez no es algo esencial. Si bien, dichas cosas no son esenciales para justificación, no por eso dejan de ser esenciales para una vida eclesial santa y pura según la expectativa de Efesios 4:16. La justificación no es el único propósito de Dios sobre su iglesia, la santificación también lo es, la madurez lo es también. La unidad básica, empieza con lo que es esencial para justificación, pero no debe quedarse allí, sino que a partir de esa medida básica, la iglesia debe avanzar hasta que llegue a la plenitud de Cristo. La obra de los pastores dados a la iglesia, es pertrechar al creyente para que crezca en santidad y madurez (Ef.4:11-12). Allí,  arriba del muro de las doctrinas hay más claridad, pues está escrito que: 'en su luz, veremos luz' (Sal.36:9). Donde hay más luz de la Palabra, la unidad se materializa, siempre basada en un fundamento tan sólido como lo es la obediencia de la verdad y no la ausencia o el mínimo de ella, como aparentemente se exhorta en los llamados a la unidad de la iglesia.
Ahora, pudiera surgir la idea que mientras una iglesia o las iglesias nos encontramos más arriba del muro donde hay más luz, la comunión entre iglesias no será posible y estemos destinados a mirarnos con reservas y desconfianzas, los unos para con los otros. Sin duda que uno de los peligros de la falta de unidad en la fe, es por supuesto, menos confianza en los lazos de hermandad. Sin embargo, una iglesia  que es consciente de su estado además que de su estándar podrá madurar en unidad si existe una cooperación en dirigirnos a la estatura del Varón Perfecto. Pero no es aquella cooperación de pasar por alto la doctrina y presentar un frente común de trabajo, creamos lo que creamos y hacer muchas actividades de unión externa. La cooperación que habría entre iglesias, la que honraría le verdad, consistiría en la ayuda mutua y esforzada por aunarnos en la verdad y cada vez en más verdad. La renuencia de parte del pueblo de Dios a crecer en la verdad o a hacerlo selectivamente, hará lento el buen proceder de la iglesia que avanza a la conformación a la doctrina tal y como la hemos recibido. Negarse de cierta manera o quitarse los aparejos y estándares del mundo, de una religión comprobada como errónea, o mantener ciertas anclas por inofensivas que parezcan, lo único que hará es acrecentar la distancia en un cuerpo que debe gozar de una cohesión admirable y un crecimiento parejo en el Señor.
La solución pues, no está en reconocer lo mínimo aceptable que necesitamos para identificarnos como los que por gracia y “así como por fuego” somos salvos, siendo una ganancia de enormes proporciones como lo es, ni en hacer distinciones arbitrarias y algo confusas dentro de la misma Palabra de Dios de lo que es o no esencial, sino avanzando en una vida de santificación cada vez más creciente, como corresponde a una iglesia lavada por la Palabra, cada vez mejor ataviada para su Señor, 'siendo edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu' (Ef.2:20-22).
Seguro que hallar esta coordinación y cooperación mutua para aunarnos en la verdad y cada vez más verdad, no es fácil, pero ¿cuál sino este es el fundamento legítimo de la unidad, según la Palabra de Dios?

POR LA SUPREMACÍA DE CRISTO EN ESTA GENERACION

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Se desea a través de este blog, expresar el pensamiento bíblico coherente, y más cercano a la confesionalidad histórica y reformada y aportar para la aplicación de ella en la vida cristiana, pero no avalamos lo que en contradicción a la fe reformada histórica algunos de los autores hagan o vayan a hacer en un futuro

A Dios sea la goria.