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jueves, 28 de mayo de 2020

LA DESTRUCCIÓN TEOLÓGICA DE HOY, VÍA INTERNET


Por Jorge E. Castañeda D

Ciertamente la “democratización” y la masificación de la información ha traído innumerables beneficios que antes no teníamos. Hoy día, cada individuo puede hacer parte de toda una cadena de información, cuando no, es el autor de dicha cadena. Esto ha servido por supuesto para esparcir información verídica y ha traído también las ‘Fake News’, o noticias falsas o imprecisas. Es el mundo de hoy y ya no podemos afirmar que si está escrito, es que debe ser cierto.

En el mundo cristiano y reformado ha pasado exactamente igual, y aunque quisiéramos que, al tener un solo Tomo de base para nuestras opiniones y conclusiones, cada vez coincidiéramos más entre los hijos de Dios, lamentablemente estamos viendo la segregación del cristianismo, la dispersión del pensamiento de la iglesia, la desunificación de lo que aparentemente teníamos en común doctrinalmente, y esto gracias a que los individuos, al verse inmersos en tanta información, y al concederle crédito a todo lo que se rotula como cristiano, histórico o reformado, se han vuelto sus propios teólogos y pastores, aportando, lamentablemente, más a la desinformación bíblica que a su aprendizaje correcto, lejos de los básicos parámetros de interpretación bíblica piadosa.

El asunto es peculiar, toda vez que usted ve cómo los creyentes hoy forman su teología y práctica. Un poco de allí, un poco de allá, todo y nada a la vez. Paginas abundan que reclaman respetar la herencia cristiana, pero lamentablemente cooperan más con la desinformación y la imprecisión doctrinal. La mezcolanza es a tal grado que se aprecia una especie de ecumenismo online sin precedentes, donde el carismático cuidadoso, el cantante pop reformado, el teólogo liberal, el arminiano, el molinista, el reconstruccionista y una que otra secta, aportan para la cosmovisión del cristiano de hoy que se contenta con ver la fotografía del hombre del pasado que le es familiar. Los creyentes expuestos a las redes de forma indiscriminada, construyen su teología sistemática de las frases preferidas de quienes quieren citar, y omiten, por supuesto, lo que no desean que entre a ella. Así, miles de cristianos hoy se reunirán con sus iglesias a adorar y a trabajar para la extensión del evangelio, pero ¿Bajo qué unidad? ¿Bajo qué mente? ¿Andarán dos juntos si no estuvieren de acuerdo?

Al final, es el individuo, a monto personal, particular y muy subjetivo, el que está al mando de construir su propia teología, arbitrariamente, convenientemente, aisladamente. Es fácil hacerlo y se hace dese casa, solo hay que pasar un tiempo en internet para sacar la frase del teólogo que hoy me conviene, frase descontextualizada generalmente, aunque mañana tenga que silenciarlo si no me conviene otra frase suya. La gente hoy aprende de los modelos de internet, de las grandes plataformas que han menoscabado la palabra de Dios para esta generación, adoptan el pragmatismo, modelos y metas mundanas, la adoración mundana, el menosprecio por sus iglesias y pastores locales, se pastorean ellos mismos a través de sus clips favoritos, y vuelven a su iglesia a mostrar su inconformismo por aquello que no encuentran en sus iglesias reales, con sus desafíos inherentes y bajo pastorados que no se limitan a dar sermones generales e inofensivos sino que explican y aplican con poder las Escrituras a las conciencias de las personas, cosas que los teólogos por internet jamás pueden hacer.


Sin duda que es tal la ambigüedad que se maneja que no es raro concluir, a la luz de lo que se ve hoy, que tal reformador fue el que cristiano que más respetó el "quédate en casa" en su tiempo, aunque nada (para sorpresa nuestra) se diga que estuvo dispuesto a morir por causa del evangelio, se llegue a pensar que el otro teólogo apoyaba las organizaciones paraeclesiales aunque sea un anacronismo estilo Fake News, que tal o cual predicador o puritano apoyaría la adoración mundana (sin hacer referencia a su férreos conceptos del principio regulador), que ningún hombre piadoso del pasado, para sorpresa nuestra, creía en la observancia fiel del día del Señor, que las esposas de todos ellos abandonaron sus hogares para desarrollarse como mujeres y que todas formaron una organización de mujeres predicadoras, y que ninguno de ellos, se pronunció con vehemencia contra la mundanalidad de las iglesias, y las corrupciones de su época. 
Todo esto gracias a la desinformación de ministerios que editan la verdad histórica para nosotros, que muestran solo una cara de nuestra herencia reformada, ministerios que no son claros en develar dónde están sus verdaderos intereses y que solo usan la herencia reformada para catapultarse en un contexto que debería ser más cuidadoso con las personas a quienes les presta su oído, que no honran las iglesias locales, que desvían la herencia que Dios trabajó para darnos a esta generación.

Lo más delicado es el manejo arbitrario que hoy se le ha dado a la Biblia a través del internet. Temas y versículos favoritos, que se postean solo para apoyar un punto, sin cuidado de respetar que en otra parte de la Escritura «también está escrito». La falta de conocimiento, pero a su vez la promoción de este y la masificación de este mal a través de organizaciones de internet, sigue alejando que el pueblo de Dios se vuelva a las Escrituras de verdad y aprenda de ellas lo que es la iglesia y la adoración, la edificación de los santos y el evangelismo verdadero en un contexto de santidad bajo el poder del Espíritu Santo.


Quizás usted considere estas palabras, y si cumplieron su cometido, preferirá empezar a salir de esas cadenas de desinformación y error que ayudamos a alimentar en las redes sociales y que en muchos casos, nos alejan de darnos fielmente al estudio de la Palabra y a la indagación de nuestro legado doctrinal, se dará cuenta cuánto hemos corrido lejos de lo que Dios nos regaló por su gracia y de lo que verdaderamente los hombres de Dios tenían en su alma cuando dijeron las frases o hicieron las cosas que hoy usamos sin ningún reparo de forma conveniente.

jueves, 8 de marzo de 2018

UN LLAMADO A LA VIGILANCIA REFLEXIVA


Por W. Robert Godfrey

Pablo advirtió a los ancianos de la iglesia en Éfeso acerca de la necesidad crítica de estar atentos: ‘Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos. Por tanto, velad…’ (Hch.20:28-31). Esta advertencia apostólica no fue solo para la iglesia de Éfeso; es una advertencia que es necesaria para cada iglesia en cada edad.

La advertencia de Pablo fue tomada muy en serio por muchas iglesias y ministros en la controversia entre fundamentalistas y liberales en la década de 1920. Los fundamentalistas, al ver que sus iglesias y escuelas desertaban del cristianismo histórico, miraban a los liberales como desviados, engañosos e incluso demoníacos. El Dr. J. Gresham Machen, en la crítica más valiosa y perdurable al liberalismo escrita en la década de 1920, El Cristianismo y el Liberalismo, concluyó que el cristianismo era una religión y el liberalismo era otra muy distinta.

Si bien el análisis del Dr. Machen fue preciso y se presentó de manera moderada, muchos en las iglesias de su época no lo aceptaron. ¿Por qué ocurrió esto, y qué podemos aprender en nuestros días sobre estar atentos en la defensa y promoción del cristianismo bíblico?

La Mente del Liberalismo
En primer lugar, debemos tratar de comprender cómo se veían a sí mismos los liberales y cómo comunicaban sus convicciones a los demás. Los liberales insistieron en que eran cristianos evangélicos. Creyeron que se aferraban a lo esencial de la fe cristiana. Insistieron, afirmando el lenguaje de la Afirmación de Auburn de 1924, que mantenían las doctrinas cristianas básicas y solo rechazaban algunas de las teorías que los fundamentalistas utilizaron para elaborar esas doctrinas. Por ejemplo, creían con ellos que Jesús era Dios, pero no en el nacimiento virginal. Los liberales creían sinceramente que solo ellos salvarían al cristianismo en el mundo moderno al hacerlo más relevante. Como tales, eran misioneros activos por su causa.

El Dr. Machen tenía razón cuando dijo de los liberales: "Por el uso ambiguo de las frases tradicionales, por la representación de las diferencias de opinión como si fueran solo diferencias sobre la interpretación de la Biblia, la entrada a la Iglesia estaba asegurada para aquellos que son hostiles a los mismos fundamentos de la fe". Pero los liberales negaron tales acusaciones, y al usar un lenguaje ambiguo, persuadieron a muchos de que no eran tan malos como afirmaban sus críticos.

Para el Dr. Machen, la controversia entre liberales y fundamentalistas no era solo acerca de la verdad, era sobre la ética. Los liberales no fueron directos u honorables al dejar en claro sus creencias. Escribió que "la honestidad está siendo cedida en su totalidad por el partido liberal en muchos cuerpos eclesiásticos hoy". Ellos habían prometido en sus votos de ordenación defender doctrinas que no creían.

La mente conservadora
El Dr. Machen creía que la mayoría de los miembros de la iglesia en su época eran básicamente conservadores. No querían cambios extensos en la doctrina o la vida de sus iglesias. Estaban algo preocupados acerca de dónde los liberales querían llevar la iglesia. Sin embargo, tendían a ser optimistas sobre el futuro y estaban preocupados por las críticas al liberalismo que parecían demasiado negativas o estridentes.

El liderazgo del ala conservadora de la iglesia no presentaba un frente unido. Mientras que los acérrimos conservadores como el Dr. Machen estaban muy alarmados y criticaban a los liberales, otros conservadores moderados argumentaban que demasiada negatividad y divisiones minarían la misión de la iglesia. Los miembros de la iglesia conservadora a menudo no sabían a quién creer ni seguir.

La división de opiniones entre los líderes conservadores y el optimismo de muchos conservadores los dispuso a evitar una pelea. Ya en 1915, el Dr. Machen vio el peligro potencial de esta situación: "La masa de la Iglesia aquí sigue siendo conservadora, pero conservadora en una forma ignorante, no polémica, de dulzura y luz, que es solo carne para los lobos. No me refiero a usar frases duras de una manera dura, mi lenguaje debe ser entendido como bíblico ". Como Pablo había advertido a los ancianos de Éfeso sobre lobos atacando a las ovejas de la iglesia, el Dr. Machen se preocupó de que las ovejas de la iglesia en su día eran muy vulnerables a los lobos liberales.

La mentalidad confesional
Mientras que el Dr. Machen a menudo era visto como el líder intelectual más grande del movimiento fundamentalista, no se sentía del todo cómodo con el movimiento fundamentalista. Él no creía que era suficiente para defender solo cinco fundamentos de la fe. Creía que el fundamentalismo era demasiado individualista, demasiado reduccionista y demasiado despreocupado con la historia. Para Machen, el verdadero cristianismo era una comunidad histórica con una teología completa y coherente. El verdadero cristianismo, como el Dr. Machen lo sabía en la tradición reformada, llegó a la expresión doctrinal en una confesión completa de fe, como la Confesión de fe de Westminster.

El Dr. Machen creía que una confesión expresaba la mente de la iglesia y mostraba a los miembros de la iglesia lo que la iglesia confesaba como las grandes y necesarias enseñanzas de la Biblia. La confesión debe servir como un antídoto contra la ignorancia doctrinal en la iglesia, ya que la iglesia enseña diligentemente su confesión a sus miembros. La confesión debe mostrar a la iglesia qué doctrinas deben ser defendidas con lucha. Esta debería fortalecer a la iglesia como el baluarte de la verdad.

Hoy, las iglesias evangélicas enfrentan desafíos doctrinales tan serios como los de la década de 1920. Algunos evangélicos rechazan la inerrancia de la Biblia. Algunos rechazan la doctrina histórica de Dios por lo que llaman "teísmo abierto". Algunos rechazan la doctrina bíblica de la justificación que fue recuperada por la Reforma para alguna forma de moralismo.

Las iglesias evangélicas de hoy, sin embargo, están mucho menos preocupadas por los serios errores doctrinales que las dividen de lo que estaban en los años veinte. Están menos atentos de lo que estaban entonces. La iglesia en general no ha aprendido la lección del confesionalismo. El conocimiento doctrinal, la comprensión bíblica y la vida cristiana disciplinada parecen haber disminuido en lugar de avanzar desde la década de 1920.

El llamado de Pablo a la vigilancia reflexiva se necesita más hoy que nunca. Los ministros, los ancianos y los miembros de la iglesia hoy deben renovarse en la verdad mediante un conocimiento completo y cuidadoso de la doctrina contenida para nosotros en las grandes confesiones de las iglesias. Entonces sabremos dónde y cuándo luchar, así como también la verdad por la que luchamos. Como Pablo le escribió a Timoteo: ‘Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren’ (1 Tim.4:16).

Tomado de: 
Traducción: M.L.

sábado, 3 de marzo de 2018

VERDAD EN CRISIS

Nadie se atrevería a afirmar que la verdad de la Palabra de Dios alguna vez ha gozado de popularidad y aceptación masiva. En un mundo caído en el pecado, la verdad tiene que abrirse paso en medio del tumulto agresivo de seres humanos caídos, y sus ideas. Pero cuando la verdad es atacada por quienes deberían ser sus defensores, ella tendrá un desafío extra, el ser vindicada a pesar de sus custodios.
Una postura ciertamente enigmática se ha empezado a tomar el lugar que le corresponde a la verdad, y es la filosofía de la tolerancia, ahora, más distinguida y cuidada que la primera. En los días actuales maltratar la verdad de la Biblia no es tan grave como denunciar, criticar o poner en evidencia a quien lo hace. Si hay un pecado imperdonable no es menoscabar la Palabra de Dios como evidenciar a quien lo ha hecho. El discurso posmoderno ha calado en las grietas del pensamiento superficial cristiano moderno, de manera que hay más afán en conciliar, armonizar, dialogar, que en vindicar las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas.
No es fariseísmo radical, intolerante e incongruente mirar con asombro cómo se adultera la Palabra de Dios, y como se arrincona sus preceptos, doctrinas y enseñanzas, al estante de la “libertad cristiana” o “formas distintas”. Si esta es la manera de concebir la verdad, la tolerancia sí que es un valor primario, pero si le damos el peso e implicamos la Sola Scriptura, entonces la obediencia y fidelidad y no la tolerancia son los valores a seguir con esmero.
Por supuesto que el defensor de la verdad, es cristiano aun cuando la defiende, y no existen salvoconductos para el pecado en pro de la defensa del evangelio. Nada sería más una contradicción que por defender la verdad, esta fuera menoscabada. Pero el amor cristiano y la prudencia, jamás deben ser confundidos con la tolerancia al error, más cuando estos se publicitan y promocionan sin rubor. Según se ve, no es tan malo promover errores públicamente, usando las grandes plataformas de la comunicación masiva, ah, pero defender la fe, si debe ser asunto privado, personal y “prudente”. Vale la pena aclarar que los medios de comunicación no son la iglesia y que la finalidad de los medios es la promoción, en el buen sentido de la palabra. De manera que los errores promovidos públicamente, ¿Por qué deberían ser reprendidos en privado? ¿Por qué querer tapar la boca del defensor de la verdad si el ofensor de ella está gritando y promocionando sus errores?
Más aún, si nadie puede decir nada porque todos somos pecadores, y nadie tiene autoridad moral para hablar de nadie, todos deberíamos callar, padres, pastores y la misma iglesia debido a que nadie está libre de pecado. Ni aun el que critica a quienes defienden la fe debería escribir en contra porque sus aseveraciones tienen doble filo y resulta cortándose él mismo con lo que dice. Si es coherente, también debería callar. A estos, permítame aclarar que, aunque nadie está libre del error, no todos los yerros tienen la misma proveniencia ni todos revisten el mismo peligro. Alguno puede errar porque es la luz que tiene, pero su deseo es la conformidad a Cristo y sus doctrinas. Otros pueden errar y desviarse, habiendo conocido la verdad y queriendo establecer sus propias ideas ajenas a la Biblia y a una fe histórica y confesional lo que los reformados entendemos que es sinónimo de sana doctrina. Y que no todos los yerros tienen la misma consecuencias, queda claro porque si yerras para ti mismo o para un grupo restringido de creyentes, las consecuencias amargas no son tan grandes como cuando yerras desde una plataforma masiva de influencia mediática desde la cual resultas afectando la vida y rumbo de cientos de creyentes.
Si algunos no desean llevar las implicaciones de ahondar en su conocimiento de la palabra de Dios, no pueden por implicación, amedrentar a quienes desean hacerlo. Si la diplomacia pesa más que la verdad en la escala de valores de muchos, que no se concluya que todos tienen el mismo temor de vindicar la verdad. Ya se lo hemos dicho al mundo, y ahora se lo afirmamos a algunos creyentes hermanos, si en verdad eres tolerante, debes serlo también con los que no piensan como tú, o ¿Estas exigiendo tolerancia solo para tus ideas?
Claro que alabamos la tolerancia en el cuerpo de Cristo, pero no toleramos el error. Ni menos cuando se publicita sin temor. Para no entrar en este subjetivismo cristiano, no se nos olvide que hemos recibido un depósito de la sana doctrina y que la iglesia es su custodio, somos columna y baluarte de la verdad y se nos encargó el retenerla y comunicarla con fidelidad. Si esto no nos mueve a procurar la sanidad en la doctrina ¿Por qué pensar que la tolerancia posmoderna lo hará?

sábado, 11 de noviembre de 2017

¿QUÉ ES ESENCIAL?

- De las doctrinas "esenciales y no esenciales"-.
Por Jorge E. Castañeda Delgado
En la jerga actual evangélica, se plantea la urgente necesidad de distinguir en doctrina lo que es fundamental o esencial de lo que no lo es. Por supuesto que hacer correctamente esta precisión viene a ser necesario prerrequisito para la verdadera unidad entre cristianos, la cual, según se cree, sufre en su aplicación, por no saber hacer esta diferencia. Es decir, que como iglesia avanzaríamos en la materialización de la unidad, si supiéramos distinguir entre doctrinas esenciales, las que proveen el terreno adecuado para la unidad, y las doctrinas secundarias o no esenciales, que generalmente se constituyen en un verdadero obstáculo para el avance de dicha unidad cristiana. Tener la habilidad de distinguir entonces lo que en doctrina es esencial y lo que es secundario, proveerá de mayor sabiduría en el mantenimiento de la tan esquiva unidad practica en el cuerpo de Cristo.
Sin duda que alrededor de este lenguaje, se generan varias inquietudes y objeciones legítimas de quienes anhelamos la unidad  fundamentada en la verdad de la Escritura en todo su consejo. Por un lado, el temor de hacer una brecha innecesaria en medio de la iglesia por asuntos superficiales, por otro lado, el celo de no construir una unidad sobre el fundamento débil del subjetivismo. El asunto de distinción entre lo esencial y lo no esencial, sugiere precisamente este camino subjetivo donde tal doctrina puede catalogarse como esencial para unos y secundaria para otros y en la realidad se destruye lo que se anhela construir. Usted puede mirar una explicación más específica de esta manera de concebir las doctrinas, en este cuadro.
Valdría la pena preguntarnos ¿Basados en qué podemos llegar a tal distinción? ¿Sobre qué terreno unificado podremos hacer tal diferencia entre lo que es esencial o no? Cuando hablamos de doctrinas bíblicas ¿podemos hablar de partes de la Palabra de Dios esenciales y otras partes no esenciales? ¿Cómo medir el valor de una doctrina?
Precisamente, una aparente salida para salvaguardar la unidad (como hacer estas distinciones), está quitándole el piso solido de una verdadera, al arrojarnos al subjetivismo y a la diversidad de opiniones que pueden seguir al tratar de definir lo uno y lo otro. Quizás sería muchísimo mejor precisar las preguntas en aras de avanzar a la unidad de la fe, antes que seguir sumiendo la mente cristiana en este relativismo que desemboca en desunión. Organizaciones creadas para, supuestamente, promover el evangelio, hoy llaman a los individuos a la unidad basado en esta manera de ver las doctrinas, así desechan arbitrariamente lo que consideran perjudicial para la unidad y lo relegan a un segundo plano, a la vez que están  dispuestos a unirse bajo las doctrinas para ellos,  urgentes o indispensables.
Nada raro escuchar de las posiciones más liberales dentro de la cristiandad tales argumentos. Pero escuchara de quienes afirman trabajar duro por la sana doctrina, es confuso. Estos argumentos lo que logran es fragmentar al doctrina, que para el cristianismo histórico, siempre ha sido considerada una unidad, un cuerpo que podemos llamar, "La fe una vez dada a los santos". Usted sabe, es mejor fragmentar la doctrina y así esconderse detrás de esta argumentación para justificar implicaciones de la Sol Escritura en adoración, fe y vida. 

Esencial
La palabra “esencial” en el contexto de la unidad eclesiástica, debe ser más precisada o harán un daño más que proveer un beneficio. Las preguntas más acordes posiblemente serían ¿Tal o cual doctrina es esencial para qué? ¿En qué ámbito puede una doctrina ser esencial?
Creo que todos los confesos creyentes huiríamos del pensamiento que existen en la Palabra de Dios doctrinas reveladas que pueden o no ser atendidas o desechadas arbitrariamente, por no considerárseles esenciales. Creemos en la inspiración verbal y plenaria de la Escritura lo que asegura hasta el valor de cada una de las palabras divinas, porque reconocemos en última instancia su procedencia celestial. Pero también reconocemos que cada doctrina es esencial en un ámbito donde esta reina o gobierna.
Así, por ejemplo, si planteáramos ¿Qué doctrina es esencial para la justificación? Tendríamos que desechar a la verdad, doctrinas reveladas en la misma Escritura, porque no serían esenciales para este asunto específico y definido, un asunto concreto. Pero si se nos plantea ¿Qué doctrina es esencial para la santificación de la iglesia? ¿Qué doctrina es esencial para glorificar a Dios? Tendríamos respuestas más precisas, no subjetivas ni opcionales porque la Biblia es clara en sus afirmaciones. Siendo más precisos en las preguntas, la palabra de Dios sería mejor honrada y se gestaría en verdad la plataforma de una verdadera unidad en la fe.
En respuesta a la pregunta ¿Qué es esencial para salvación/justificación?  La respuesta no superaría las sentencias básicas de Cristo y de Pablo: ‘Esta es la obra… que creáis en el que [el Padre] ha enviado’ (Jn.6:29), ‘Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley' (Rom.3:28). Si de justificación hablamos, la obediencia a la ley no solo no sería una doctrina "no esencial", sino contradictoria, porque si la justicia fuera por la obediencia a la ley, dada por Dios mismo, en vano Cristo murió.
Pero esta ley que llegamos a considerar contraria a la justificación por la sola fe, sería una doctrina fundamental si habláramos de lo esencial para santificación, la obediencia aquí sería una doctrina esencial y esgrimir la "sola fe" en el aspécto de santificación, sería más bien una excusa negligente en el proceso que demanda la muerte continua del “yo” y la rendición al señorío de Cristo, como bien lo expresa Santiago 2:17-18.

La Unidad
Cuando escuchamos acerca de la unidad entre el cuerpo de Cristo y el prerrequisito de la distinción entre lo esencial y lo secundario, la pregunta inmediata que surge es ¿Sobre la base de qué doctrina nos uniremos? ¿Sobre la base de lo que es meramente esencial para justificación? Si la respuesta es afirmativa, entonces el cuerpo de Cristo no estaría autorizado para el entendimiento ni para la proclamación de ningún otro campo de la doctrina bíblica a menos que sea lo básico en soteriología, ya que ahondar en otros terrenos, lo haría en detrimento de la verdadera unidad. Es decir, a menos que hablamos de justificación por la fe, lo demás lo haríamos solo para contender sobre opiniones secundarias. Para otros la lista no se limita a la justificación sino a postulados un poco más amplios como los delineados en el credo apostólico. Pero volvemos al punto inicial ¿Basados en qué esa credo sí representa las doctrinas esenciales, cuando por ejemplo no habla de la inspiración de la Escritura ni su inerrancia?
La expectativa de la iglesia de Cristo, según Cristo mismo, es la unidad de la fe (doctrina) y el modelo apostólico, no nos deja campo para la especulación (Ef.4:11-16). La unidad propuesta por la Biblia, no viene por la disminución paulatina de la doctrina hasta lo mínimo aceptable en soteriología, sino que partiendo de este mínimo, la iglesia debe unirse cada vez más “hacia arriba”, hacia el Modelo del Varón Perfecto que es Cristo y todo el conjunto de lo que en este contexto se le llama 'Verdad'. Por así decirlo, es haciendo las murallas más altas que veremos mejor, es en la altura donde hay más luz y donde lograremos la verdadera unidad, no es “hacia abajo” donde reina el subjetivismo.
El razonamiento de buscar lo esencial en lo mínimo aceptable, conlleva en si una trampa. No solo porque sume a la iglesia en subjetivismo con respecto a la demás Biblia y todo el consejo de Dios, sino porque la iglesia se vuelve tremendamente antropocéntrica porque se verá tentada a hacer una lista arbitraria, subjetiva y tendenciosa de lo que es o no fundamental, de acuerdo a su propia visión. Reconocemos como todo cristiano verdadero el valor de la doctrina de la salvación, pero esta doctrina debería mirarse como el punto de partida de una verdadera unidad y el punto de cohesión de todas las demás doctrinas, pero jamás debería verse como la doctrina que anula las demás. Sería más humilde pensar que abrazar una correcta soteriología nos deja hasta ahora en el punto de partida legitimo para generar una verdadera unidad de allí hacia adelante, que pensar que es el todo lo que representa la unidad eclesial.
Al procurar la unidad “hacia abajo” (hacia el mínimo común denominador), parecería sugerir que lo esencial es lo que en última instancia termina redundando en el beneficio del hombre y lo secundario corresponde a los intereses de Dios. Así, es esencial la “salvación por gracia”, ya que en medio esta obviamente, el beneficio de la criatura, pero no es esencial “la adoración a Dios”, porque esto solo redunda en la gloria de Dios. Así, esta unidad “hacia abajo”, pone un ladrillo sobre la cabeza de la iglesia, que le impide su crecimiento y su conformación “hacia arriba” donde hay más luz, esta conformación al Varón Perfecto y sume a la iglesia en la búsqueda egoísta de lo que más le conviene, perdiendo de vista  lo que es esencial como la gloria de Dios, la edificación en todo el consejo de Dios, la inspiración e inerrancia de las Escrituras, solo por dar algunos nombres.
Hay algo bien fuera de lugar cuando en la iglesia, la adoración a Dios no es algo esencial, cuando la suficiencia de las Escrituras no es algo esencial, cuando la madurez no es algo esencial. Si bien, dichas cosas no son esenciales para justificación, no por eso dejan de ser esenciales para una vida eclesial santa y pura según la expectativa de Efesios 4:16. La justificación no es el único propósito de Dios sobre su iglesia, la santificación también lo es, la madurez lo es también. La unidad básica, empieza con lo que es esencial para justificación, pero no debe quedarse allí, sino que a partir de esa medida básica, la iglesia debe avanzar hasta que llegue a la plenitud de Cristo. La obra de los pastores dados a la iglesia, es pertrechar al creyente para que crezca en santidad y madurez (Ef.4:11-12). Allí,  arriba del muro de las doctrinas hay más claridad, pues está escrito que: 'en su luz, veremos luz' (Sal.36:9). Donde hay más luz de la Palabra, la unidad se materializa, siempre basada en un fundamento tan sólido como lo es la obediencia de la verdad y no la ausencia o el mínimo de ella, como aparentemente se exhorta en los llamados a la unidad de la iglesia.
Ahora, pudiera surgir la idea que mientras una iglesia o las iglesias nos encontramos más arriba del muro donde hay más luz, la comunión entre iglesias no será posible y estemos destinados a mirarnos con reservas y desconfianzas, los unos para con los otros. Sin duda que uno de los peligros de la falta de unidad en la fe, es por supuesto, menos confianza en los lazos de hermandad. Sin embargo, una iglesia  que es consciente de su estado además que de su estándar podrá madurar en unidad si existe una cooperación en dirigirnos a la estatura del Varón Perfecto. Pero no es aquella cooperación de pasar por alto la doctrina y presentar un frente común de trabajo, creamos lo que creamos y hacer muchas actividades de unión externa. La cooperación que habría entre iglesias, la que honraría le verdad, consistiría en la ayuda mutua y esforzada por aunarnos en la verdad y cada vez en más verdad. La renuencia de parte del pueblo de Dios a crecer en la verdad o a hacerlo selectivamente, hará lento el buen proceder de la iglesia que avanza a la conformación a la doctrina tal y como la hemos recibido. Negarse de cierta manera o quitarse los aparejos y estándares del mundo, de una religión comprobada como errónea, o mantener ciertas anclas por inofensivas que parezcan, lo único que hará es acrecentar la distancia en un cuerpo que debe gozar de una cohesión admirable y un crecimiento parejo en el Señor.
La solución pues, no está en reconocer lo mínimo aceptable que necesitamos para identificarnos como los que por gracia y “así como por fuego” somos salvos, siendo una ganancia de enormes proporciones como lo es, ni en hacer distinciones arbitrarias y algo confusas dentro de la misma Palabra de Dios de lo que es o no esencial, sino avanzando en una vida de santificación cada vez más creciente, como corresponde a una iglesia lavada por la Palabra, cada vez mejor ataviada para su Señor, 'siendo edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu' (Ef.2:20-22).
Seguro que hallar esta coordinación y cooperación mutua para aunarnos en la verdad y cada vez más verdad, no es fácil, pero ¿cuál sino este es el fundamento legítimo de la unidad, según la Palabra de Dios?

POR LA SUPREMACÍA DE CRISTO EN ESTA GENERACION

Este blog se hace responsable de lo que publica, pero no se hace responsable de lo que los autores de los artículos o las páginas de las que estos son extraídos, crean en su demás teología o en las practicas que ellos tengan a nivel personal.

Se desea a través de este blog, expresar el pensamiento bíblico coherente, y más cercano a la confesionalidad histórica y reformada y aportar para la aplicación de ella en la vida cristiana, pero no avalamos lo que en contradicción a la fe reformada histórica algunos de los autores hagan o vayan a hacer en un futuro

A Dios sea la goria.