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miércoles, 3 de febrero de 2021

EL CRISTIANO Y LA “NUEVA NORMALIDAD”

Dando honor y toda credibilidad a lo que la Palaba de Dios afirma acerca de la entrada del pecado y muerte al mundo, afirmando absolutamente con las Escrituras la descripción del estado caído de todo hombre, siendo conscientes de la estructura del mundo, de lo que es, de sus filosofías, debemos decir que el mundo ha tomado esta epidemia, para entenderlo, asimilarlo, y tomar resoluciones como mundo caído. Si bien, reconocemos que bienes verdaderos pero relativos pueden ser hechos en medio del mundo, este ha sabido tomar cualquier cosa, por buena que sea y la ha entendido, asumido y vivido con una mente carnal. Lo ha hecho con el mensaje infalible y prefecto del evangelio ¿qué no hará con las demás cosas? Hoy tenemos en la epidemia una realidad, pero al venir a este mundo, esta ha sido entendida con la visión de un mundo enemistado con Dios, que en su mejor caso es humanista. Ningún hombre del mundo puede llegar a ser objetivo en esto; aquí hay presupuestos, filosofías, tendencias, fundamentos, que hacen que el mundo haya actuado de tal forma y no de otra. Eso no es nuevo, solo quiero advertir en contra de lo que muchos cristianos han asumido: Que el mundo, en esto, es objetivo, cabal, justo, sin ninguna tendencia a hacer sino lo bueno, lo correcto; que todas las medidas que han tomado son razonables, adecuadas, casi que asumiendo que, en la pandemia, el hombre caído habla infaliblemente la voz de Dios y que nadie la puede cuestionar.

 

Permítame hacer unas preguntas ¿Hacia dónde, moral y espiritualmente, nos están llevando las disposiciones actuales derivadas de los cuidados por la epidemia? ¿Qué tipo de individuo está promoviendo las medidas que se han tomado en la epidemia? ¿Qué clase de persona se viene formando bajo el continuo bombardeo publicitario de cuidados y medidas en medio de la epidemia? ¿Cuáles son los rasgos de carácter del individuo de la “nueva normalidad”? Y con esto, debemos preguntar ¿Qué tipo de cristiano es el que se está promoviendo actualmente?

 

EL INDIVIDUO DE LA “NUEVA NORMALIDAD”

Eclesiastés 1:9 nos ofrece una máxima que nadie puede rebatir si la observa muy bien: «¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo debajo del sol». Usted puede ver nuevos ropajes, nuevas tecnologías, pero debajo de lo que se ve ¿hay algo que vivamos hoy que sea completamente novedoso?  Pero a la luz de lo que podemos observar hoy, ¿existen algunos rasgos indiscutibles de los individuos hoy? ¿Se pueden distinguir algunos rasgos prominentes que hoy parecen asentarse en la conciencia de los hombres bajo la presión de adoptar una “nueva normalidad”? ¡Por supuesto! Y si fuéramos a sintetizar en un enunciado el rasgo general de los hombres hoy, y que se está promoviendo, publicitando y atornillando a la conciencia de los hombres es el de vivir en un antropocentrismo salvaje en medio de una degradación vertiginosa y ateísmo práctico. Lo que quiero decir es que hoy se vive en un ambiente donde se promueve un antropocentrismo crudo y brusco, en el contexto de un menosprecio a la verdadera humanidad de los individuos y el desprecio expreso al Dios de la Biblia.

 

Todos hoy se preguntan qué es lo mejor para la humanidad, y en general, nadie se está preguntando hoy ¿Cuáles son los derechos de Dios sobre su mundo? Esto no es nuevo, pero el énfasis que se ha dado, al ver el riesgo la vida del hombre, hace que todo en absoluto guie en torno a nosotros, convenientemente, amañadamente, pero el eje es el hombre. ¿Con qué principios se rigen los destinos de los hombres hoy? Con los principios de los hombres. ¿La palabra de quien prevalece? ¿Quién provee el miedo, el temor o la esperanza? ¿Quién está proveyendo el remedio? ¿Quién será exaltado al final? ¡El hombre, quien es hoy la medida de todas las cosas! Todos los mensajes esperanzadores que se escuchan de todos lados son para resaltar la solidaridad, la unión, el heroísmo, el poder de la resiliencia, donde Dios es solo un subordinado en este asunto, aun donde debería reinar más visiblemente, donde ha dado a su Hijo como Cabeza: la iglesia. Esto es antropocentrismo salvaje, crudo, arrollador. La gente se vuelve más hacia sí misma, y por eso, sin duda, como un derivado del humanismo cruel, tenemos un creciente aumento del egoísmo y la individualidad. Esto no es novedoso, pero el aumento y la recalcitrante publicidad hace que olvidemos el tejido de solidaridad y prefiramos sacar al perro a sus necesidades que visitar y asistir en sus necesidades más profundas de compañía y aprecio a un anciano ¿No es así? ¿Con qué pretexto hemos llegado hasta aquí?

 

Si usted encontraba gente alienada, sumergida en su propio mundo día a día, la “nueva normalidad” trae consigo el aislamiento salvaje. Las medidas de aislamiento no se detuvieron en el asunto del cuerpo, y cunden el alma. La insensibilidad, distanciamiento personal de la sociedad, la deshumanización en la epidemia, hace que se prefiera, a conveniencia, lo individual.  Considere  el trato deshumanizante a los ancianos, a los niños, a la libertad del trabajo,  a los enfermos y a los que partieron de este mundo, donde las familias perdieron todo derecho a asistir a su familiar difunto y a decidir los asuntos de su última morada, y obligados a aislarse de los dolientes; mientras los perros tienen derechos más esclarecidos en la sociedad y donde a la par del trágico sistema de salud que debemos cuidar de no colapsar, el aborto jamás se puede negar por ser un derecho constitucional.

 

El internet ha provisto el sofisma de compensar la pérdida del ser social que tenemos como imagen de Dios, tal y como fuimos creados. Iglesias sin congregarse por convicción, sin hacer ningún esfuerzo por restaurar los derechos de Dios sobre su iglesia, rendidas al espíritu egoísta e individual, son testimonio de hasta dónde cunde al espíritu de la “nueva normalidad”. Separar a los hombres de las realidades de la vida, -en el caso de los creyentes de la realidad de la iglesia, su comunión, adoración, su llamado y sus tareas- está creando a un individuo más desconsiderado, más insensible y apático, que todo mide poniéndose él en el centro, apartándose de la exhortación a amar al prójimo como a sí mismo, y olvidado en la práctica del Dios de la Biblia. Claro, el principio de amor al prójimo ha sido hoy día y bajo la epidemia, astutamente trastocado para que se mire como señal de amor precisamente lo que evidencia su falta.

 

Lejos de ver más un contexto donde pueda correr la piedad, verá que el individuo de la “nueva normalidad” es más materialista, más sensual, más distraído y entretenido. Eso es lo que llamamos un ateísmo practico. Y es que a pesar que Dios es famoso en las crisis, su Hijo no es tan afamado. La gente busca a Dios, pero a otro novel, en otro entendimiento, con toda seguridad es un paganismo y pragmatismo lo que lleva a considerar supuestamente a Dios. Los valores que siempre han sido inversos en su alma, hoy se asientan con fuerza. Cristianos han perdido completamente de vista que la añadidura, incluyendo el comer, beber y todos los asuntos temporales, son secundarios a la hora de buscar el reino de Dios y su justicia. ¿A nombre de qué se ha hecho este cambio de paradigmas cristianos? Los creyentes han sabido como ahora vivir una vida cristiana humanista sin ruborizarse, hay mundanalidad, liviandad, falta de fe, confianza. El cristiano de hoy echó al olvido su creencia en el poder y la soberanía de Dios. Al parecer, Dios sí tenía límites, y ningún poder específico para la protección del pueblo que ha reclamado como posesión suya. El cristiano de hoy es desconfiado, temeroso, más dispuesto a creer la especulación, las teorías de conspiración, las voces de ¡paz, paz! O de ¡guerra, guerra! Que lo que lee en su propia Biblia.

 

Pero ¿ha visto algo sumamente extraño? No solo en las personas del mundo, sino en los mismos cristianos, al fin es un prototipo de “nueva normalidad” que está dada para todos. Es penoso ver la subordinación conveniente que se usa. Gente que prefiere no contagiarse y no contagiar a nadie en el trabajo, en la visita a sus ancianos, son los mismos que luego se abarrotan en fiestas, ofertas de multinacionales, marchas, campeonatos de futbol, y más. Doble moral aplicada sin ruborizarse. Pero ¿y los cristianos? Conocemos a muchos con gigantes prevenciones solo el Día del Señor, evitando a la iglesia, sus reuniones, la socialización, que se han montado en avión, buses, flotas, camiones, para hacer largos viajes, se han zambullido en piscinas, han ido a pasear, y lo han hecho en su libertad razonable entre su vida social y el cuidado personal. Pero el Domingo, allí hay otra ética, otra moral, eso sí es peligroso, adverso, imprudente. Gente se cuida del Domingo, pero el lunes amigos y hermanos hay que salir a laborar. Creyentes que temen y se abstienen de las reuniones de la iglesia, a la par, mantienen una vida familiar y social amplia y nutrida. Esto es subordinación conveniente. Al fin, no es la conveniencia de las cosas de Dios, al fin y al cabo, es un antropocentrismo salvaje en el contexto de la deshumanización de los individuos y un ateísmo práctico.

 


Le pregunto a usted, afanosamente, directamente ¿Está afirmando estos rasgos de carácter, que antes se hubiera negado a dejar correr en su corazón, pero que ahora justifica por las medidas tomadas en la epidemia y apoyado en cuidar su salud? ¿Se ha detenido a evaluar cuáles son los principios en los que hoy anda?



EL CRISTIANO Y LA “NUEVA NORMALIDAD”

Si la característica creciente en los individuos de hoy es el de vivir en un antropocentrismo salvaje en medio de una degradación vertiginosa y ateísmo práctico, el cristiano debe volver a vivir una vida teocéntricamente determinante en medio de una piedad creciente y sensibilidad verdadera. Hoy Dios es famoso, más que su Hijo Jesucristo; es invocado, popular en la jerga del hombre común, por la situación, por las enfermedades y muertes. Pero ¿Es el Dios de la Biblia amigos? No lo es, porque este Dios de la Biblia nos ha hablado por el Hijo, el Dios de la Biblia es solo conocible por Jesucristo quien le ha dado a conocer (Jn.1:18; Hb.1:1-3). Dios es tan verdaderamente famoso como su Hijo lo sea. Y ¿qué encuentra hoy acerca de Jesucristo como Salvador?

 

El incesante ruido de los vaivenes, publicidad e información, se han puesto como gruesas nubes negras que no dejan pasar los rayos del Sol de justicia, que es Jesucristo. La gente parece que medita y espera de Dios una respuesta, pero ¿Qué Dios? ¿Qué respuesta? Su Hijo es menospreciado, es olvidado. Si ya no era considerado, ahora está más lejos de las consideraciones de los hombres. En el mundo cristiano no es diferente. Hoy las palabras: sujeción, consuelo, prudencia, cuidados son el Cristo de muchos pulpitos ¿Dónde están los derechos de Dios sobre su iglesia? ¿Quién aboga aquí por los derechos de Cristo como Cabeza de la iglesia?

 

Dios debe volver al centro de todo y esto será posible cuando Cristo sea el centro de todo. Juan 5:23: «para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió». Ese terrible mal entendimiento de Dios, ese uso de Dios para las cosas vanas, es solo producto del desprecio de Jesucristo como Señor y Salvador. La gente estaría más dispuesta a creer hoy en Dios porque este le puede ayudar en su vida temporal y puede ayudar a conseguir una cura, que lo que está dispuesta a creer en Jesucristo para la salvación. El creyente debe mirar las filosofías de la “nueva normalidad” con prevención porque esta, como todas las “normalidades” que vienen del hombre, es una estructura que pone al verdadero Dios y a su Hijo como siervos de los hombres, cuando no, los echan al olvido. Jeremías 14:8: «Oh esperanza de Israel, Guardador suyo en el tiempo de la aflicción, ¿por qué te has hecho como forastero en la tierra, y como caminante que se retira para pasar la noche?».  Hoy debemos orar con las palabras del Salmo 7:7: «Te rodeará congregación de pueblos, y sobre ella vuélvete a sentar en alto». El creyente verdadero debe quitar del eje de su vida, existencia y atención al virus, sus temores y sus afanes y poner de nuevo a Jesucristo, y solo entonces podrá vivir una vida teocéntricamente determinante.

 

¿Qué significa vivir una vida teocéntricamente determinante? Una vida verdaderamente centrada en Jesucristo, es que la vida gire apasionadamente en torno al hermoso y precioso heredero de las naciones, el Cordero de Dios. Es vivir desplazando cualquier miedo, temor y angustia y poner de nuevo allí a nuestro Dios en Jesucristo. Isaías 8:11-13: «Porque Jehová me dijo de esta manera con mano fuerte, y me enseñó que no caminase por el camino de este pueblo, diciendo: No llaméis conspiración a todas las cosas que este pueblo llama conspiración; ni temáis lo que ellos temen, ni tengáis miedo. A Jehová de los ejércitos, a él santificad; sea él vuestro temor, y él sea vuestro miedo». Se vive una vida teocéntricamente determinante al desplazar del centro lo que el mundo quiere que pensemos, anhelemos y hagamos. Pues nuestra vida no se trata de vivir en torno y para el virus, para esquivarlo o para encontrar su cura ni para hacer de lo que nos conviene o no nos conviene el centro de nuestra existencia, pues Romanos 14:7-8 nos recuerda: «Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí. Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos». ¿Se nos ha olvidado esto? ¿Cuándo aceptamos la “nueva normalidad” olvidando el antiguo llamado del evangelio?

 

El creyente afronta la vida y se para firme en contra de la “nueva normalidad”, confiando en Dios con más fuerza y determinación, reposando en su soberanía, esperanzado en sus promesas. El creyente se enfrenta al tsunami de malas noticias, de informes pesimistas firme en el Salmo 46:1-3: «Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar; aunque bramen y se turben sus aguas, y tiemblen los montes a causa de su braveza», sin un temor paralizante a lo que la gente considera su mayor peligro, pues para nosotros el mayor peligro no es la muerte sino el pecado y eso Cristo ya pagó por ellos. Por eso vivimos con esperanza pues 2 Corintios 5:1 nos recuerda: «Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos». Con este escudo el creyente resiste el embate de la “nueva normalidad”. El creyente enfrenta las filosofías malignas de la “nueva normalidad” no olvidando las prioridades de su vocación, donde primero está la búsqueda del reino de Dios y su justicia y que considera la añadidura como esto. Lucas 12:29-31: «Vosotros, pues, no os preocupéis por lo que habéis de comer, ni por lo que habéis de beber, ni estéis en ansiosa inquietud. Porque todas estas cosas buscan las gentes del mundo; pero vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de estas cosas. Mas buscad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas». 

 

Los hijos de Dios por la fe en Jesucristo, enfrentamos los recalcitrantes llamados a adoptar una “nueva normalidad” con sus filosofías inherentes, en medio de una obediencia razonable, bíblica y usando el discernimiento, pues no olvidamos que la única obediencia absoluta y sin derecho a ser cuestionada es la de Dios, huyendo de ser ingenuamente sumisos, y menos, convenientemente sumisos, estando dispuestos a defender los derechos de Dios, y las ordenanzas de la creación del matrimonio, el trabajo y el Día del Señor, con humildad, prudencia y discernimiento, mirando cada medida con la convicción de Hechos 4:19-20: «Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído»; pero estando dispuestos a sufrir la afrenta y la presión «Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal» (1 Pd.3:17). Esperanzados, confiados en que si «también si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois. Por tanto, no os amedrentéis por temor de ellos, ni os conturbéis» (1 Pd.3:14). Muchos que han esquivado la iglesia se han contagiado en los contextos del paseo, de la reunión familiar, del trabajo, y nos preguntamos si esta era la mejor manera de sufrir o si era mejor arriesgarse como todos hicimos, por la mejor y más grande causa. El creyente pone sus prioridades en orden «para no vivir el tiempo que resta en la carne, conforme a las concupiscencias de los hombres, sino conforme a la voluntad de Dios» (1 Pd.4:2).

 

Pero el creyente se enfrenta a la “nueva normalidad” expresando el carácter de Cristo siendo verdaderamente compasivo, sensible y dispuesto a compartir el único mensaje verdaderamente compasivo que existe, el evangelio, viendo en esta ocasión una de las mejores oportunidades para compartirlo desde nuestra fe. Hablo de ‘verdaderamente’, pues hoy día existe una idea, puesta y definida por el mundo, de lo que es el amor, la compasión y la sensibilidad. El creyente no deja endurecer su carácter, es dulce, esperanzador, compasivo, generoso, y lo es exactamente en donde se espera que lo sea. No es acaparador, injusto, desconsiderado, sino que recuerdan que según 1 Pedro 3:8, deben ser: «compasivos […] misericordiosos, amigables», y se apersonan del cuidado de sus hermanos, pues así serán recordados en al día final. Mateo 25:35-40: «Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis». ¿Es este tipo de sensibilidad la que hoy define al pueblo de Dios? Sabemos de congregaciones donde nadie sabe que tal o cual hermano ha enfermado o pasa necesidad ¿Es esto una iglesia? ¿No es esto la “nueva normalidad” asimilada, y aplicada?

 

Queridos hermanos, son Dios días oscuros, pero jamás debemos permitir que la “nueva normalidad” haga surco en nuestra alma, eso es potestativo solamente de Dios. Considere, que el creyente bajo la “nueva normalidad”, debe ser el creyente que la Biblia jamás nos ha dejado de enseñar. El mundo, sus crisis y sus vaivenes, no deben ser nuestra Biblia ni nuestro eje. Tenemos un Dios, y un Señor Jesucristo, y hemos sido traídos a estar en Él para ya no ser nuestra y para ya no vivir para nosotros mismos, sino para Aquel que murió y resucitó por nosotros. Que Dios tenga misericordia de nosotros y nos ayude a vivir con el viejo evangelio en esta “nueva normalidad”.

 

Sermón completo:

https://www.youtube.com/watch?v=qKqgQVtlyAQ

 

martes, 16 de julio de 2019

¿DEBERÍA LA IGLESIA, SEGÚN LA BIBLIA, INVOLUCRARSE EN LOS ASUNTOS SOCIALES?


Por: Pastor Jorge Castañeda D.

Definitivamente el asunto es conflictivo, aunque algunos están asombrados que lo sea. No es de extrañar, pues, que el concepto de la iglesia, su misión, funciones, métodos, herramientas, gobierno, adoración y más, es hoy, sumamente pragmático. La iglesia es para muchos, lo que ellos quieren que sea, y hace lo que ellos desean que haga, y lo hace, con las metodologías o herramientas que ellos mismos desean. Aquí el asunto en cuestión fundamental es otra vez, la Sola Escritura, pero no solo en los poster que se  comparten en internet o pegatinas en los automóviles o en el slogan de una iglesia, sino la verdadera creencia que la palabra de Dios y solamente ella, es suficiente para revelarnos a Dios y su voluntad, fuera de ella entonces, todo es especulación.


Preliminarmente, antes que califique este escrito como uno que ayuda a los propósitos del diablo en este mundo, o antes que descalifique este aporte porque quizás piense que quien escribió apoya directa o indirectamente las aberraciones e injusticias sociales del mundo y se sienta tranquilo a ver cómo pasan las cosas, le animo a leer y considerar la argumentación, pues el asunto, aunque debería ser claro, por nuestro pecado, por el apasionamiento que sentimos como creyentes cuando, en forma de ley, se promueven las aberraciones, y debido a nuestras ganas de aportar a la solución, nuestro entendimiento puede nublarse y nuestro acercamiento a la Biblia se vuelve un asunto de tremenda confusión. Aquí de nuevo debemos preguntarnos si según la Biblia, ¿Debe la iglesia involucrarse, en los asuntos sociales como militante o promotora (militante en el sentido de organizar marchas, firmas, huelgas, plantones, apoyo formal a ciertos políticos, etc.)? Digo, la iglesia Bíblicamente definida.


A veces las respuestas sencillas son suficientes, pero en estos casos y más cuando ellos generan tanta confusión y confusión avivada por los mismos cristianos, las respuestas deben ser claras pero bíblicas, no como resultado de nuestros suspiros o inclinaciones, sino bajo una seria consideración de las Sagradas Escrituras.


Hay mucha presión alrededor, el mundo ha entrado a una etapa en el que se ha dado cuenta que los derechos de su ciudadanía pueden manifestarse más decididamente y que unidos podemos llegar a cambiar, en algunos contextos, ciertos asuntos periféricos de la sociedad, nada fundamental por ahora. Es decir, lo que parece haber sido descubierto es que si unimos fuerzas como parte de la sociedad contra los gobernantes, políticas injustas, podemos llevar a cabo cambios. Esto ha suscitado y estimulado a los mismos cristianos quienes ahora preguntan y presionan si es que acaso “la iglesia debería ser más activa” frente a las injusticias, que si quizás, ante los males sociales “debemos pronunciarnos como iglesia”, ya que parece que “estamos dormidos como cristianos”. De manera que, siguiendo la metodología en boga, todos tienen algo que recomendarle hacer a la iglesia, y por eso las movilizaciones que tienen la filosofía de “unámonos como iglesia para”… Gran parte de la iglesia tiene que decidir su postura en medio de banderas, ruidos de bocinas y arengas, y muchos cristianos han nacido en la iglesia bajo esta metodología.


Así que en respuesta a la pregunta ¿Debería la iglesia involucrarse en los asuntos sociales como militante, en marchas, firmas, huelgas, plantones, votaciones, etc.? La respuesta es un rotundo: No. Que no es lo mismo que decir que los cristianos, como seres particulares, identificados con las causas legitimas bajo los gobiernos y posibilidades establecidas, puedan y deban involucrarse de manera bíblica y sabia, según sus contextos y vocaciones, sin poner sus esperanzas permanentes y finales en ello.


No deje de leer por favor, porque esta no es una afirmación gratuita. Es osada, sí, pero ¿de dónde podemos decir que la iglesia, como el conjunto de creyentes subordinados a Cristo para hacer todas las cosas que Él nos ordenó no puede involucrarse en los asuntos sociales como militante y promotora?: De las Sagradas Escrituras, de su enseñanza llamada sana doctrina, de la norma o forma de esas sanas palabras, del ejemplo rector de los discípulos del Señor quienes recibieron las órdenes de Cristo y nos enseñaron y modelaron para la iglesia de todos los tiempos, lo que es la iglesia y sus trabajos, métodos, herramientas, y más. De hecho, esta doctrina y su norma, acompañada por sus labores subordinadas al mandato de Cristo, es lo que constituye el fundamento apostólico que tanto defendemos.


Debido a la naturaleza y propósito de la iglesia según el Nuevo Pacto, la iglesia no debe inmiscuirse de forma militante (como anteriormente lo definí) en estos asuntos como la sociedad quiere y como muchos cristianos anhelan. Si bien, ella no debe ni puede ser indiferente, debe involucrarse como organismo regulado por Dios, según Dios y no según las expectativas humanas o culturales. Por supuesto que esta no es una afirmación de que la iglesia no deba involucrarse absolutamente, pues la iglesia tiene una responsabilidad frente al mundo, a la que podríamos llamar su responsabilidad social, eso no tiene discusión. El asunto en cuestión es exactamente qué responsabilidad es la que ella tiene según el Documento oficial de la iglesia del Nuevo Pacto (El Nuevo Testamento), y cómo debe cumplir esta misión.


Lamento decir que la Sola Escritura, tan solicitada e invocada en muchos frentes (¿O podríamos decir usada a conveniencia?), vuelve a recibir heridas de parte de sus beneficiarios y promotores. Parece que Sola Escritura tiene un límite, y es cuando se encuentra con el Sr. Pragmatismo y con la continua acompañante, la Sra. Presión del Mundo. Entonces Sola Escritura tiene que retroceder, modificar su apariencia, cortarse un brazo o simplemente dejarlos pasar porque siempre llevan algo atractivo y “pertinente” para la iglesia. Esto permanecerá hasta que Sola Escritura vuelva a ser recordada por la iglesia la próxima vez que la necesite.

 

Y en esto llamamos la atención con toda nuestra fuerza: No podemos ser Sola Escritura en los propósitos y “solo pragmatismo” en el método. No podemos gritar ¡Sola Escritura! a la vez que sacamos nuestras propias armas para militar, o las armas de la sociedad, del mundo o de nuestra ingeniosa mente. Si la iglesia no está bajo Sola Escritura de forma teórica y práctica, no somos mejores ni diferentes que el catolicismo romano y los demás movimientos que no consideran que la Palabra Escrita sea suficiente a causa de estar enemistados y aborrecer la Palabra Encarnada. Debe ser por eso que cada vez es más fácil para la iglesia tomar de la mano a la Sra. Roma y caminar juntos persiguiendo, según nosotros, causas comunes.

                                                  

A TÍTULO ECLESIAL, A TÍTULO PERSONAL ¿HAY DIFERENCIA?

Mucha gente expresa su frustración por la delicadeza que se debe usar a la hora de distinguir lo que los cristianos, a título personal, como individuos regenerados, quienes vivimos en una sociedad con algunos derechos y deberes, debemos hacer; de lo que podemos y debemos hacer como iglesia. La mayoría de cristianos vive sin la conciencia que hay asuntos singulares que nos competen como individuos y que no pueden ser traspasados a la iglesia, ya que la iglesia se distingue por tener prescripciones más específicas.

 

El Dr. Waldron afirma en su documento del Principio Regulador lo siguiente:

“[…] el principio regulador de la adoración, es tan solo una importante dimensión de lo que puede ser más apropiadamente, comprensiblemente, y bíblicamente entendido como “El Principio Regulador de la Iglesia” […] Me parece que uno de los mayores obstáculos intelectuales con los cuales los hombres son impedidos de abrazar el principio regulador, es que éste involucra la idea de que la iglesia y su adoración son ordenadas y reguladas en una manera diferente del resto de la vida. Para el resto de la vida Dios da grandes preceptos y principios generales de Su Palabra, y dentro de ciertos límites de estas direcciones, les permite ordenar sus vidas como mejor les parece a ellos. Él no les da direcciones a cada instante acerca de cómo ellos edificarán sus casas o cómo seguirán sus vocaciones seculares. Por otro lado, el principio regulador implica una limitación a la iniciativa humana y la libertad que no caracteriza el resto de la vida”.

 

Si pudiéramos poner un ejemplo, que a manera de principio nos ilustra este asunto, tendría que ser el encontrado en 1 Cor.11:22: «Pues qué, ¿no tenéis casas en que comáis y bebáis? ¿O menospreciáis la iglesia de Dios, y avergonzáis a los que no tienen nada? ¿Qué os diré? ¿Os alabaré? En esto no os alabo». Note que mientras que, a nivel individual, como cristianos particulares y en otros contextos, tenían cierta libertad de comer y beber, cuando los corintios se reunían como iglesia a comer, en medio de lo cual se celebraba la Cena del Nuevo Pacto, ellos deberían tener otra conducta. Así, lo que era permitido en términos generales a nivel individual, era restringido de forma particular cuando se reunían como iglesia.


Hemos pretendido afirmar que la iglesia no es cualquier asamblea de personas, que no está puesta aquí para cualquier tipo de propósitos. Eso ya debería restringir cualquier intento de hacer de la iglesia y con la iglesia, lo que nos parece correcto sin atender a alguna sanción Bíblica al respecto.


Para el caso que nos compete, es necesario saber que la iglesia de Cristo, bajo el Nuevo Pacto, tiene precisamente en el fundamento apostólico su ética particular, porque la iglesia, formalmente hablando, es un asunto que pertenece a esta administración, no a la Antigua alianza. La iglesia tiene sus propósitos definidos según la Palabra de Dios como centro de adoración, edificación y evangelismo y bajo estas tareas, debería justificar cada actuación. Ahora bien, siguiendo el patrón del Nuevo Testamento ¿Ves a la iglesia apostólica promoviendo mejoras sociales tal y como se plantea hoy para la iglesia por parte de muchos? ¿Ves a la iglesia siendo convocada por uno de sus líderes para cambiar alguna estructura social? ¿En dónde está prescrita la militancia social de la iglesia en el Nuevo Testamento? Sin duda que los apóstoles no eran ajenos a las problemáticas de esclavitud, injusticias, inmoralidades y otras. Pero en ellos vemos exactamente lo que entendieron de Cristo, acompañados por el Espíritu Santo que los guio a toda verdad, a hacer y modelar, pero a instruir mediante las Escrituras, lo que la iglesia en cada época debería hacer.


Y en esto, el Pastor Albert Martin nos arroja suficiente luz, al finalizar una de sus conferencias acerca del hombre de Dios consagrado a la vida de servicio a Cristo en la iglesia. Su tesis es que, si deseamos volver a ese modelo de consagración, deberíamos tener:  

 

“Conformidad con la Palabra de Dios con respecto a las áreas específicas de las tareas, funciones y ministerios de la iglesia. –Él afirma que- Si nos comprometemos a regresar a ese modelo de consagración bíblica, debemos comprometernos profundamente a trabajar en nuestras propias asambleas en dependencia de Dios para ver en conformidad con la Palabra de Dios, las esferas específicas de: las tareas, funciones y ministerios de la iglesia” “Todo el mundo parece que tiene algo que decirle a la iglesia acerca de lo que debe hacer, excepto Jesús, la Cabeza de la iglesia. ¿Le ha dicho Jesús a la iglesia que dé educación general a sus jóvenes? No, esa es la tarea de los padres. ¿Le ha dicho Jesús a la iglesia que organice y enfrente males sociales específicos mediante un estándar de selectividad determinado por los hombres? No. Los males del aborto y el asesinato de niños eran mucho más frecuentes en la época del ministerio del apóstol que en la actualidad. Uno de nuestros hermanos ha sacado de fuentes muy confiables que un niño romano no era considerado digno de ser protegido incluso recién nacido. Permanecía en una estera fuera de la casa hasta que el niño fuera recogido por el padre. De lo contrario, podría dejarse morir de hambre. No hay un indicio de que algún apóstol haya tratado de organizar a las iglesias en un esfuerzo concentrado y organizado para atacar ese mal específico, o cualquier otro mal, y hubo suficientes de ellos si lees Romanos 1. El apóstol que escribió sobre estos males sabía que estaban allí, pero nunca llamó a la iglesia para que se organizara como iglesia y luchara contra este o aquel otro mal. ¿Y sabes cómo algunas personas logran evitar eso? Dicen: "Bueno, la influencia del evangelio para esa época no estaba lo suficientemente generalizada, por lo tanto, debemos observar los tiempos posteriores a Constantino. En otras palabras, si dices eso tú no crees en la suficiencia de las Escrituras. O bien dices que crees en la revelación abierta sobre asuntos éticos, o afirmas que la Biblia es suficiente para obtener la agenda de la iglesia como iglesia. Pero no puedes sostener ambas al mismo tiempo”.

 

Entonces, si hemos entendido el punto central, que la iglesia es regida en el Nuevo Testamento más específicamente que nuestra vida particular, si el principio rector de la Palabra, el ejemplo e instrucciones apostólicas se constituyen en modelo, debemos ser cuidadosos con nuestras expectativas acerca de lo que debería hacer o no la iglesia y cómo nos involucramos socialmente. Si Dios, por su Palabra, llama a la iglesia a organizar acciones sociales para cambiar estructuras éticas y espirituales promovidas por los gobiernos de turno, tendremos que hacerlo. No hacerlo sería afrentar las Escrituras, faltar a nuestras tareas y escondernos cobardemente cuando se requiere este tipo de lucha. Pero adelantar estas tareas sociales como iglesia, sin una sanción del Fundamento apostólico, es entonces afrentar la Palabra de Dios, tornarnos cabezas de la iglesia y subir atrevidamente a pelear contra “el cananeo” y “el amalecita”, cuando Dios no está con nosotros para hacer esto. Sería ser derrotados y retrocedidos hasta Horma (Nm.14:39-45).


Puede que suene valiente y desafiante, poner las cosas en tonos graves. Miles de veces la iglesia ha tenido que soportar el escuchar que, si no imitamos al mundo en sus estrategias, es porque queremos ser un monasterio o vivir cobardemente dentro de las paredes. Puede que eso haya ocurrido, puede que en verdad la falta de entendimiento bíblico lleve a una iglesia a atrincherarse cuando debería estar en la lucha. Pero cuando este argumento se usa para promover métodos y actividades por fuera de la Palabra de Dios, no es más que acondicionamiento positivista en su mejor caso, y orgullo carnal, en su peor. En esto debemos aprender la lección típica de Jueces 7, que si Dios dice que son 300 hombres cada uno con un cántaro y unas trompetas como se gana una guerra, así debe ser. Pudiera ser más atractivo un ejército de miles con grandes ejércitos. Pero ¿qué haremos los miles sin la bendición de Dios? ¿No preferiríamos las bíblicas armas de la milicia bendecidas por Dios aun cuando sean ridículas para el mundo? 


El pastor Martin, citando a Thornwell Pregunta: 

“¿Puede la iglesia hacer todo lo que Cristo la ha llamado a hacer si espera de Cristo los dones necesarios, los recursos humanos, la gracia y el denuedo para hacerlo? La respuesta intransigente de Thornwell contra todo el sofisma de Hodge fue: “La iglesia puede hacer todo lo que ella está llamada a hacer si la voluntad de su Señor es que lo haga”.

 

Y nosotros preguntamos ¿Creeremos al Señor que es la oración, la predicación constante y poderosa, la vida constantemente piadosa, el evangelismo agresivo, el testimonio de una comunidad que se niega a sí misma en la que cada uno se considera menor que el otro, las armas de nuestra milicia, suficientes y bendecidas por Dios? O ¿Somos más fuertes e ingeniosos que Él?

 

LAS ARMAS DE NUESTRA MILICIA

Creo que después de haber puesto un piso medianamente claro, llegó el momento de enfrentar el asunto con nombre propio. ¿Qué tipo de recursos son las votaciones, arengas, paros, huelgas, firmas, marchas, etc.? ¿Armas de nuestra milicia (2 Cor.10:4)? ¿O son armas de fabricación y presión humanas?

Usted distinguirá qué tipo de armas son porque las armas humanas corresponden a cosas que los no regenerados pueden hacer igual que los regenerados porque no se necesita al Espíritu de Dios ni la sanción bíblica, porque son de sentido común, y generalmente habilitadas por leyes humanas. Estas armas usted puede usarlas para bien o para mal, puede usarlas para causas legitimas o pecaminosas. Finalmente son armas de humana sabiduría porque han sido ideadas en el taller de la mente del ser humano y quizás estas sean legítimas para ese tipo de lucha natural.

 

Pero 2 Cor.10:4-5 afirma: «porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo». Esta es una referencia directa al evangelio de Jesucristo en la defensa de la fe. Le recuerdo que, en efecto, sí estamos en una guerra, pero no social, no se trata de estructuras opresivas, ni de condiciones sociales amenazantes. Ef.6:12 nos ubica: «Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes». Por supuesto que no vemos los espíritus sino las personas y las estructuras que representan, pero atiéndase que el apóstol Pablo inspirado por Dios, no exhorta a la iglesia a tomar alguna acción social, sino a aparejarse espiritualmente para permanecer firmes en la fe frente al diablo y los días malos. Si de iglesia se trata, ella debe ser consciente de su lucha, del ámbito de ella y de las armas de su milicia.


Aquí de nuevo, el Pastor Albert Martin afirma:

“Si nos tomamos en serio este asunto de la restauración del modelo del individuo que se consagra al Señor en servicio bíblico, debemos buscar la conformidad con la Palabra de Dios con respecto a los recursos, armas y métodos de la iglesia para cumplir con las tareas que Dios le ha dado. ¿Cuáles son las armas con las que la iglesia sacudió el imperio romano? Oración, predicación, vida piadosa, evangelismo agresivo, comunidad que se niega a sí misma en la que cada uno se consideraba menor que los demás. Ningún hombre decía tener como suyo lo que poseía […] Fue una disposición de corazón y esas fueron sus armas de conquista, sin máquinas de fax, ni teléfonos, ni aviones, ni imprenta. Sus armas eran poderosas en Dios. ¿Somos lo suficientemente simples para creer que esas armas son todavía poderosas hoy? ¿Cómo lo sabremos si nos metemos en la armadura de Saúl y nunca salimos como un ejército de ‘Davides’ de Dios para que los Goliat de este mundo se burlen de nosotros? ¿No deberíamos esperar que, si salimos en el nombre del Dios de Israel como el David de Dios, con las armas de Dios, pudiéramos arrancar sus cabezas de sus hombros?”.


El Pastor Martin, antes de citar a Lloyd Jones advierte: 

“[cuando] llegas a un profundo compromiso por la gracia de Dios para servir a la iglesia en la que trabajas hasta el final para que continúe su conformidad con toda la voluntad revelada de Dios en el poder del Espíritu Santo, te has puesto, no solo en el camino de las alegrías más grandes que conocerás a este lado del cielo, sino que te has puesto en el camino del sufrimiento. Escuche a Lloyd-Jones: Debo mencionar un factor que afecta nuestro pensamiento porque creo que puede ser fuerte, a saber, el miedo a las consecuencias. Tenemos que enfrentar esto. Los hombres que han tratado de concebir la iglesia y de conducirse en la iglesia en los términos del Nuevo Testamento, generalmente han tenido que pagar por ello y han tenido que pagarlo muy a menudo. Me parece que es casi una regla universal que puede implicar sufrimiento”.

 

Hoy podemos ver que la mayoría de cristianos asumen que lo que la iglesia tiene que enfrentar, jamás lo había enfrentado y por eso intuyen un permiso especial para obrar de manera única y singular, fuera de las armas de nuestra milicia bíblicas. Excusados en que las demandas son nuevas, se proclaman nuevas estrategias y métodos. Si bien aceptamos que el pecado ha tomado otras formas y a veces se torna más violento, Dios en Su Palabra ha aparejado a la iglesia y ha anticipado sus luchas, proveyendo para ella perpetuamente. Es siempre bueno anotar lo que hombres de Dios han apuntado desde mucho antes al respecto. John MacArthur, a quien citamos, no porque estemos de acuerdo en toda la extensión de su teología y principalmente nada de acuerdo con sus asociaciones ministeriales contemporáneas, escribió de forma útil y clara en el 2009, en su comentario al evangelio de Lucas:

“En las últimas décadas ha habido un malestar creciente entre los cristianos en cuanto a la desenfrenada corrupción moral en la sociedad. Preocupación por la influencia de esa tolerancia y defensa del pecado en generaciones actuales y posteriores, han llevado a esfuerzos por parte de la iglesia para efectuar un cambio moral por medio del activismo político, exposición a los medios de comunicación, y grupos de presión social. Muchos evangélicos ven la promoción de valores judeocristianos, la enseñanza de moral a escolares y el politiqueo de la nación de vuelta a la vida moral como una prioridad para los creyentes. Puesto que tal moralidad social también se encuentra en la agenda del protestantismo apostata, el catolicismo romano, el judaísmo, el islamismo y hasta algunos ateos, la iglesia ha quedado en alianzas comprometedoras e impías que socavan la claridad del evangelio. Los verdaderos cristianos denuncian acertadamente el abandono del evangelio de la salvación a favor del evangelio social por parte de las principales denominaciones liberales del siglo anterior. No obstante, el énfasis entre actuales creyentes profesantes en restaurar la moral pública equivale a nada más que una forma de neoliberalismo. Una vez más, el evangelio salvador de nuestro Señor Jesucristo, se está poniendo a un lado en beneficio de un mensaje distinto y no salvador. […] Este es un evangelio falso y por tanto está bajo la condenación de Dios […] El mandato de la iglesia es claro. Se le ha confiado el mensaje salvador de la reconciliación, y se le ha ordenado predicar la verdad de que los pecadores pueden ser restaurados a la unión con Dios por medio de Cristo. […] Mejorar la moralidad de una nación, igual que la disciplina corporal, tiene valor temporal limitado de hacer la vida más segura y más pacífica. Pero construir una sociedad más moral no trae ni puede traer la bendición de Dios, la cual viene solo por la verdadera piedad (1 Tim.4:8). Una sociedad extremadamente moral no escapará al mismo juicio divino que cae sobre asesinos perversos, no más de lo que el judaísmo farisaico de la época de Jesús, escapo de devastador juicio de Dios en el 70 D.C”.


Generalmente las iglesias que van perdiendo fidelidad bíblica, pero que desean mantener su estatus en medio del mundo, son más proclives a esta conducta. Quizás la iglesia de hoy, ha querido compensar su falta de poder, unción, fidelidad, que corre desde sus pulpitos hasta la que se manifiesta en sus miembros, apoyándose en este tipo de estrategias que son más visibles, que quizás calman a conciencia y hacen parecer a la iglesia, algo más amable a la sociedad que lo que el viejo evangelio que conforta la raíz del pecado. Entonces nos preguntamos ¿No estaremos desviando el tratamiento? Sin duda que en lugar de gastar los recursos que Dios le ha dado a la iglesia para la labor que está prescrita en la Biblia, para cambiar la sociedad, deberíamos usarlos para hacer ese tipo de iglesia que jamás necesitó de mediatismo secular para cumplir su tarea. Es ese tipo de iglesia y son ese tipo de tareas revelada en las Escrituras la que Dios bendice, lo demás, es solo espuma vistosa y agradable.


jueves, 17 de agosto de 2017

LA PORNOGRAFÍA, UN COSTOSO PLACER PARA EL ALMA


Por Jorge E. Castañeda D.

Creo que es sumamente obvio decir que vivimos en una cultura altamente ‘sexualizada’ y no quiero pretender enterarlo de algo que es sumamente elemental y ya casi costumbre en nuestro medio. Decir que casi en el 100% de la publicidad, televisión, radio, Internet  libros, música, conversaciones, entretenimiento, etc, hay un alto contenido de tendencia que estimula al sexo ilegitimo, es decir lo que ya sabemos. Informar que el sexo cada vez mas explicito y todas sus aberraciones son cada vez mas publicitadas, comunes, toleradas, recibidas, es informar lo que ya usted sabe. Decir que la filosofía de sexualizar a una sociedad es en verdad una procura de muchos, no hace parte de la teoría de la conspiración sino de una realidad en la que vivimos y que difícilmente podemos huir de ella.

De seguro todo cristiano ha resuelto no dejarse contaminar por esto, lo cual es un propósito loable y santo que toda persona que ha venido a Cristo tiene, y debe alzar como un abandera. Pero tendrá que sortear decenas de escenas al transcurso del día para ver que es uno de los propósitos más difíciles de mantener, no solo por la tendencia de nuestro pecado remanente a ser satisfecha, sino porque todo alrededor conspira contra nuestra santidad sexual.

El individuo sale de la casa y se encuentra con varias personas cuyos atuendos son altamente sexuales. No necesitan hablar para comunicarnos que desean llamar la atención sobre su cuerpo o una parte de él, pero de una manera sexual. El radio en el transporte, así sea un noticiero, tiene varias noticias o secciones que tienen que ver con sexo. Si lo que se escucha es música, ya nada queda a la imaginación. Las conversaciones comunes de las personas son de doble sentido. Si trabaja en computador, mínimo un par de veces se encontrará con publicidad sugerente que usted no buscó. Sea que lea el periódico o le llegue una publicidad debajo de la puerta, para medio día usted habrá visto u oído o sido testigo de variadas alusiones al sexo.

Usted puede ver por televisión un programa infantil, en un canal infantil, y allí llegará los comerciales sugerentes. Vaya al supermercado, allí encontrará exhibidos periódicos y revistas que en su portada no dejan de tener sugerencias sexuales. Los grafitis, calcomanías de otros vehículos, y aun yendo a cambiar el aceite de su vehículo, encontrará que nada escapa de ello. Y de ninguna manera estoy justificando que los cristianos al verse grandemente afectados por todo esto, se den licencia para no seguir luchando o para pecar sin temor en este aspecto. Pero deseo hacerlo consciente de esta lucha que debemos seguir presentando es una verdadera lucha y nunca el cristiano debería tomar una posición pasiva en esto. De hecho ser pasivo nos pondrá del lado del consumidor. Solo quien es altamente activo en su lucha contra el pecado sexual, logrará vencer en esta generación.

Uno de estos males con mayor acceso fácil es la pornografía. Usted solo necesita un dispositivo electrónico con breve acceso a internet y un clic, ni más dinero, ni más esfuerzo. Y no sé qué tan acertadas sean las estadísticas acerca de la exposición a la pornografía en medio de los confesos creyentes en Cristo (Puede ver algunas aquí, aquí y aquí), pero si no son tan reales o si solo se parecen a la realidad, aun así debemos aceptar que, aceptando el promedio más bajo y favorable, la mitad de los hombres de una iglesia, pueden estar luchando con la pornografía, inclusive si es pastor. 

Y cuando digo luchando, hablo un tropiezo donde el individuo cae e intenta ponerse de pie nuevamente por el arrepentimiento. Y si dichas estadísticas nos acercan a una realidad, debemos entender que dos de cada diez mujeres está luchando con lo mismo, de una u otra forma, pero lo está. Si dichas estadísticas son parecidas a lo que pasa en realidad, nuestros hijos a la edad de 12 años, habrán visto 300 veces más contenido sexual que su abuelo en toda su vida.

Debido a que, según se entiende, la industria de la pornografía está más elaborada para los hombres, deseo hablarles de al menos seis peligros que tiene el caer en el vicio de la pornografía. Con esto no deseo desanimar a nadie, más bien, que al poder analizar varios asuntos que compromete la pornografía y cómo ella resta en gran manera nuestra hombría, podamos desenmascarar el engaño de Satanás y por la gracia de Dios, dar pasos hacia una vida santa. Seguramente podemos saber, que medidas externas para frenar con este problema, serán temporales. 

Por ello deseo que pongamos nuestra atención en el hombre interior. Deseo ser de ayuda y no juez. Pero aprovecho que si usted es cristiano, halle en la Palabra de Dios, no solo el camino a seguir, lo cual sabemos, sino la fuerza del Espíritu a través de estas advertencias, para vivir una vida agradable a Dios y verdaderamente santa, en medio de la generación que nos tocó vivir. 

Considere pues hermano que de no tomar armas reales y prácticas contra la pornografía, el costo es demasiado alto. 

Segunda parte: Seis Razones por las que la Pornografía es costosa para el alma.

miércoles, 26 de junio de 2013

LOS FUNDAMENTOS ONTOLÓGICOS Y ESCATOLÓGICOS DEL DÍA DE REPOSO, O SABBAT III

Usado con permiso de la Iglesia Bautista de North Bergen, NJ, USA. Derechos reservados (www.ibrnj.org)

LO ANTROPOLÓGICO: EL HOMBRE, IMAGEN DE DIOS
Nuestra identidad básica es la imagen de Dios. Somos réplicas creadas del Dios Creador, constituidas con un ser personal, una condición de sacerdocio real que nos ha sido dada, y hemos sido hechos para ser como Dios. Como imagen Suya que somos, disfrutamos de una relación filial con nuestro Padre-Creador como hijos-criaturas Suyas. Ser creados a imagen de Dios y hechos a semejanza de Él es un lenguaje que describe una relación de filiación (cf. Gn. 5:1-3; Lc. 3:38). No se podría concebir identidad más noble para el hombre. El ser humano es, en sí mismo, una revelación de Dios. No es Dios, sino que es la imagen de Dios, designada para ser como Él en Su creación. Debe representar a Dios y actuar como Él lo hace, gobernando sobre la creación y funcionando en ella de manera a llevarla al descanso prometido de Dios. Como imagen Suya, el hombre no solo es una forma de revelación en sí mismo, sino que es capaz de percibir y recibir Su revelación de obra y de palabra1.
La conducta de Adán quedó determinada por el comportamiento de Dios por cuanto fue creado a Su imagen. Ser la imagen de Dios determinó la naturaleza ética y la obligación de Adán, y la nuestra, para con Dios como Sus hijos-criaturas. Es algo más bien profundamente ontológico e inherente al hecho de que seamos imagen de Dios. Somos seres teológicos: teomorfos. El hombre está hecho para corresponderle a Dios como un hijo lo hace con su padre. La ética es esencial para la filiación ontológica del hombre. El ser humano «debe» ser como Dios por necesidad ontológica, porque esto es lo que justifica que se le den las obligaciones morales de los mandamientos. Se nos ha llamado a ser obedientes, por ser quienes somos ontológicamente. Nuestra esencia misma nos obliga hacia Dios y a las responsabilidades que nos han sido encomendadas (ordenanzas de la creación, ley moral e imperativos neotestamentarios). «La imagen es la ética»2. Pablo declara su ética ontológica en Efesios 5:1, Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. La ética no consiste tanto en «obedecer esta ley», (aunque obedecerla es algo fundamental para la ética bíblica), sino en «ama a tu Padre y sé como Él».
Esto significa que Adán entendió3 y se comportó de forma receptiva con respecto a la bendición de Dios y Su santificación del día de reposo. «Que Dios santificara el día equivale a Su mandamiento a los hombres para que lo santifiquen»4.
El modo de operación de Dios es el ejemplar sobre cuya base se establece el patrón para la secuencia del hombre. Por tanto, poco lugar a duda hay de que en Génesis 2:3 se haga, al menos, una alusión a la bendición del séptimo día en la semana del hombre; y, cuando lo comparamos más de cerca con Éxodo 20:11, existe una fuerte conjetura a favor de la opinión de que se refiere específica y directamente al día de reposo instituido para el hombre… A la luz de Génesis 2:2, 3 y Éxodo 20:11; 31:17, debemos también suponer que el patrón arquetipo proporcionado por la propia acción de Dios en el ámbito de Su propio trabajo y descanso habrían servido de norma para la labor y el reposo de Adán en el ámbito de su actividad. Cómo se informó a Adán o cómo habría llegado a disponer de esta información, es algo que desconocemos. La suposición más razonable es que la revelación de Adán tomó la forma o habría adoptado el modelo del dato que se expresa en Génesis 2:2-37… Es inconcebible que hubiera ignorado que Dios hizo el cielo y la tierra en seis días, y que el séptimo descansó… De ser así, Adán debió de reconocer el patrón para la vida del hombre implícito en esta secuencia. El principio que gobierna esta ética no es meramente la voluntad de Dios, sin la conformidad al patrón del procedimiento divino. En este caso, Adán debía ser un hijo del Padre celestial… Podemos resumir nuestras conclusiones como sigue. El día de reposo semanal se basa en el ejemplo divino; el modo de proceder divino en la creación determina uno de los ciclos básicos por el cual se regula la vida humana, aquí en la tierra, a saber, el ciclo semanal; esta secuencia de labor repartida en seis días y uno dedicado al descanso se habría aplicado a Adán en el estado de inocencia y en estado de integridad confirmada en el caso de haber superado la prueba; y la suposición más razonable es que la revelación hecha a Adán habría tomado la forma de la revelación que poseemos en Génesis 2:2, 3»5.
Como hijos-imagen de Dios, estamos constituidos como seres que se comunican, capaces tanto de recibir comunicación de parte de Dios, como para comunicarse con él. Es fundamental que entendamos que Adán no solo era capaz de entender la comunicación verbal de Dios, sino que también comprendió, de forma inmediata y precisa, Su comunicación no verbal. De manera innata, Adán interpretó con exactitud tanto la conducta como las palabras de su Padre-Creador como algo éticamente normativo. No solo comprendió la comunicación verbal de Dios en cuanto al «mandamiento de dominio» (Gn. 1:26 ss.) y el mandato verbal con respecto al árbol del conocimiento del bien y del mal (Gn. 2:16-17), sino que también entendió cómo actuar en respuesta a las acciones de Dios. Cuando Dios lo puso en el jardín (Gn. 2:15), entendió Su propósito en este acto divino. Él era la imagen del Obrero-Creador que acabó los proyectos de la creación en el transcurso del tiempo secuencial. La conducta de Dios estableció el principio moral para la labor del hombre. De forma innata, Adán supo por la naturaleza de su ser y su relación con Dios que debía cultivar y cuidar el jardín por el simple hecho de que Dios lo había colocado a él allí (Gn 2:15). Vemos la misma dinámica cuando Dios trajo a los animales (G, 2:19) y también a su ayuda (2:18ss.) idónea. Así como su Padre-Creador llamó y le dio el nombre de Adán a lo que había creado, cuando se ve cara a cara con algo que no tiene nombre, él imita a Dios: le pone nombre6. Es un acto de «jefatura» de inmensa relevancia por parte de Adán, pero nuestro interés está ahora en el día de reposo. Lo que vemos aquí es que Adán actúa rectamente imitando los actos de Dios cuando este lo coloca en las situaciones correspondientes en las que el hombre es imagen divina. Trabaja en el jardín y pone nombre a lo que no lo tiene.
Por su ontología, el hombre7 es ético por definición. Pero su ser es más que eso, su ontología es teológica. Es la imagen de Dios, no «la imagen de la ley». Sus funciones éticas surgen de su identidad teológica. Adán conocía, de forma innata, su propósito ético, porque era la expresión de su naturaleza teológicamente definida. Como imagen de Dios, se creó al hombre para que fuera y actuara como Dios y disfrutara de una relación de filiación. Sí, tenía que madurar como «vicerregente sacerdotal»8, pero no había nada que obstruyera la comunicación de Dios con Su imagen y nada en el hombre que malinterpretara o rechazara lo que Dios comunicaba. En el asunto del día de reposo es fundamental que estemos de acuerdo en que los actos de Dios eran revelatorios junto con Sus palabras.
Ciertamente, Dios es omnipotente y Adán habría vivido conscientemente delante del ojo de Dios durante el curso de su «semana laboral». Por medio de su labor, estaría imitando intencionadamente a su Padre-Creador que trabajó durante la Semana de la Creación. Todo lo que Adán tocó ya llevaba las «huellas digitales» de su Padre, y todo ello revelaba los atributos invisibles de su Padre, Su poder eterno y Su naturaleza divina que Adán vio claramente y que entendió por medio de lo que había sido hecho (Ro. 1:20). Pero su Padre había hecho algo más, después de acabar con Su obra de creación. Santificó el tiempo. Dios convirtió un día en tiempo santo para Su presencia especial y personal. Cuando Dios hizo el día de reposo para el hombre (Mr. 2:27), creó tiempo para estar con (el) hombre. Le dio tiempo al hombre en Su presencia personal. Tim Keller se refiere a una ilustración utilizada por John Frame «para explicar la diferencia entre la adoración corporativa y la adoración con “la vida en su totalidad”. Si sirves al rey en su palacio, lo haces todo el tiempo. Con todo, cuando el rey mismo entra en la habitación en la que tú estás trabajando y tiene una conversación contigo, ciertamente, “tu servicio adquiere un carácter diferente”… se vuelve, en cierto modo, más ceremonial. Te inclinas y recuerdas lo mejor que puedes un lenguaje que rinde homenaje… Algo parecido ocurre en nuestra relación con Dios. Toda la vida es adoración… pero cuando nos encontramos con él sucede algo9. Esto es lo que ocurre en el día de reposo. Somos admitidos en la presencia del Rey. En el día de reposo, Dios mismo viene a comunicarse con (el) hombre. Y este venir a nosotros debe atenderse en nuestra imitación de Él10, nuestra venida receptiva a Él.
¿Adónde fue? Al jardín (Gn. 3:8). «El Jardín del Edén fue el primer templo arquetipo en el que el primer hombre adoró a Dios»11. Gregory Beale correlaciona el Jardín y el Templo. «El templo de Israel era el lugar donde el sacerdote experimentaba la presencia única de Dios, y el Edén fue el sitio donde Adán caminaba y hablaba con Él. La misma forma verbal hebrea (raíz) mithallek (hithpael) que se utilizaba para el «caminar de un lado a otro» de Dios en el jardín (Gn. 3:8), también describe la presencia de Dios en el tabernáculo (Lv. 26:12; Dt. 23:14 [15]; 2 S. 7:6-7)»12. La labor de Adán en el jardín era una labor sacerdotal. En sí, el término cultivar se refiere al trabajo agrícola, pero en emparejamiento de cultivar y cumplir describe el «“servicio” a Dios y el “guardar [cumplir] Su palabra por parte de Israel, o a sacerdotes que “cumplen” el “servicio” (o “cargo”) del tabernáculo (ver Nm. 3:7-8; 8:25-26; 18:5-6; 1 Cr. 23:32; Ez. 44:14)»14. Es significativo que Dios pusiera al hombre en el jardín. Moisés no utiliza el término habitual para «poner» (‘sum), sino el sabático «reposar» (nuach) . Este vocablo conlleva la idea de ser colocado y situado de una forma segura y, más tarde, el Señor lo utiliza para colocar a Israel en la tierra. La seguridad de ese lugar no se debe a su ubicación geográfica, sino a la presencia del Señor que mora con Israel en la tierra. La situación de la morada de Su pacto era el templo, el lugar de reposo de Dios (Sal. 132:7-8, 14; Is. 66:1 donde el término se halla en una forma nueva). Parecería que Adán trabajó en el jardín para prepararlo para la llegada de Su Padre-Creador, que, cuando viniera, lo elevaría a la comunión consigo mismo, a un tiempo ahora santificado por Su presencia, en un lugar preparado por la labor sacerdotal-principesca: el Jardín-Templo de Dios. La esperanza de Adán debía obtenerse una vez acabada la labor que le había sido encomendada, es decir, cuando por medio de su trabajo sacerdotal, y su vicerregencia, hubiera transformado toda la creación en el Jardín-Templo de Dios15. Dios mismo moraría con los hombres en ese Jardín-Templo y, por Su presencia, el tiempo pasado allí sería ipso facto un tiempo santificado, escatológico, el tiempo del descanso y el refresco divinos.
Adán debía moverse a través del tiempo lineal, llevando a cabo de forma gradual la tarea encomendada por Dios, y, cada día de reposo semanal, disfrutaría de un anticipo de lo que había más adelante. Una vez cada semana, pasaba de su labor habitual al tiempo santificado en la presencia de Dios y disfrutaba de Sus bendecidoras palabras de bendición. Este don del día de reposo fundaba a Adán en su identidad creadora como imagen de Dios y lo obligaba a actuar del mismo modo en que Dios actuó a lo largo de la Semana de la Creación. El día de reposo le proporcionaba una experiencia de la presencia de Dios mismo. Pero el Sabbat también indicaba un tiempo prometido, un día infinito de tiempo santificado en una elevada intimidad con Dios cuando todo el cosmos se convirtiera, por el reino sacerdotal de Adán, en el templo de Dios. «Dios descansó de Sus tareas, y ahora Adán tenía el deber de seguir el ejemplo de su Padre celestial, llevando a cabo sus propias tareas del pacto de obras, multiplicando la imagen de Dios, extendiendo el templo hasta los confines de la tierra, y entrando al reposo de Dios»16.
Esta es pues, la bendición del día de reposo de Adán y nuestro: la vida vivida con Dios. Como Él, trabajamos para llevar gloria a Dios en nuestra labor, pero cuando Dios mismo viene para darnos tiempo con Él, debemos dejar nuestras tareas para estar con Él, adorarle y disfrutar de Él, recibir Sus palabras de bendición y paz del día de reposo, y ser refrescados, avivados y capacitados por Él para vivir después para Él y ser Su imagen en Su creación como amados hijos Suyos. Para esto fuimos creados y, por esto, el día de reposo se hizo para el hombre, y no el hombre para el día de reposo (Mr. 2:27). Para esto fuimos salvados por el Señor del día de reposo que nos da la bendición del Sabbat, dándose a sí mismo.
LO SOTERIOLÓGICO: HIJOS SANTIFICADOS DE DIOS
La salvación se tipificó en la experiencia de Israel. Como nación, el Israel del Antiguo Pacto fue llevado a una relación con YHWH Dios que equivalía a la de Adán. Las analogías son numerosas; pero que a ese Israel se le diera la adopción como hijos (Ro. 9:4) está relacionado con nuestras preocupaciones sobre el día de reposo. Así como Adán, el hijo creado de Dios, recibió tiempo santificado con Dios, así también Israel, el hijo nacional de Dios recibió tiempo santificado con Dios17. La bendición sotérica que recibió el Israel del Antiguo Pacto fue la presencia de Dios mismo, viviendo con ellos como su Dios. Su presencia para el culto del Antiguo Pacto y, en especial, para la disposición, el mobiliario y la decoración del tabernáculo y posterior templo, evocaban el cosmos creado de Dios y Su Jardín-Templo18. La presencia del pacto del Señor estaba situada en el Lugar Santísimo, sobre el propiciatorio, entre el arco formado por los querubines. Su presencia con Israel fue la que los marcó como un pueblo particular. La bendición de la vida vivida con Dios quedó subrayada en que el Señor convirtió el día de reposo en la señal del Antiguo Pacto (Éx. 31:33). La presencia del Sabbat de Dios era el corazón de la bendición y de la esperanza del Antiguo Pacto. Mi presencia irá contigo, y yo te daré descanso (Éx. 33:14).
Cuando YHWH emitió el cuarto mandamiento, le estaba diciendo básicamente a Israel que hiciera aquello para lo que diseñó a Adán: imitar a Dios como Su hijo-imagen y entrar en el tiempo santificado del Sabbat en comunión con Dios y disfrutar de Su bendición. El cuarto mandamiento volvía a ser un llamado al hijo de Dios para que hiciera lo que Dios hace y para que estuviera con Él. Los hechos de Dios en la creación (Éx. 20:11) y en la redención (Dt. 5:15) formaron el paradigma conductual para que Israel fuera la imagen de YHWH como Su hijo nacional. «El principio subyacente en el día de reposo se formula en el Decálogo mismo. Consiste en esto: que el hombre debe copiar a Dios en el curso de la vida»19. Es una tragedia que tan gran parte del debate en cuanto al cuarto mandamiento se centre en lo que conlleva la cláusula auxiliar: seis días trabajarás y hará toda tu obra, pero el séptimo día es día de reposo para el Señor tu Dios; no harás en él obra alguna. La fijación de lo que significa no trabajar ha oscurecido el imperativo central, y el privilegio esencial, del mandamiento: Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Cuando YHWH le dijo a Israel que guardarael día de reposo santo, lo que estaba diciendo en realidad era: «Sé mi imagen. Haz lo que yo hago durante este tiempo santificado de bendición. Encuéntrate conmigo. Vive conmigo. Sé como yo, hijo». Está llamando a Israel a hacer aquello que Él llamó a Adán a hacer: entrar en el tiempo santificado con Dios. Hamilton comenta sobre la gramática de Génesis 2:3, cuando Dios santificó el séptimo día. «Tomo el Piel de qadash como factitivo20, Piel como en Éxodo 20:8: “Acuérdate del día de reposo para santificarlo”»21. Dios santificó el día en la creación; ahora, Israel ha de santificarlo como Dios hizo, entrando en Su bendita presencia del pacto. El día de reposo se dio para bendecir y santificar a los hijos de Dios.
La bendición del día de reposo santificado se lleva a su cumplimiento en el Nuevo Pacto en el Hijo de Dios mismo: Jesucristo. Antes de la resurrección de Jesús, reveló la irrupción de la vida divina, celestial, con calidad de día de reposo. Y no solo debemos ver calidad del día de reposo en Su ministerio22, sino que Él mismo, en Su ser y persona, es la visitación de la vida con calidad del día de reposo a los hombres.
Como Hijo preexistente de Dios, Él «viene de arriba», «no es de este mundo», es el Hombre celestial que vino a la tierra desde ese descanso del día de reposo de Dios que empezó cuando acabó la creación. Él mismo es la verdad y la vida (Jn. 14:6)23. Vos explora el significado de Jesús como la verdad, el verdadero pan, el verdadero vino (Jn. 6:32-33; 15:1). No es como si otras cosas no fueran verdad, o que otro pan u otros vinos sean «falsos», sino que «la diferencia llega a través de una valoración del precio. El término técnico en Juan para marcar el contraste es el de aletheia“verdad”24. Las cosas del mundo sobrenatural poseen la calidad de “cosas verdaderas”… Las cosas verdaderas en esta aceptación joanina específica llevan la verdad inherente en sí mismas como una característica objetiva. Son intrínsecamente verdad. La verdad intrínseca que reside en ellas es exactamente el carácter específico que llevan como parte de la esfera celestial divina»25. La «esfera celestial» es sinónimo de la vida escatológica que tiene una calidad de día de reposo. Vos la llama «esfera divina». «El adjetivo que se usa en tales declaraciones no es la forma corriente “aletes”, sino la más fuerte “alethinos”. Se podría decir que toda la esfera divina está hecha de “alethinities”. La objetividad del concepto se vuelve más evidente cuando se observa que esta verdad celestial está, por así decirlo, condensada, incorporada en el Logos celestial: Él es la verdad, no porque sea veraz y fiable, por supuesto, sino sencillamente porque Él tiene en Sí mismo la realidad del cielo»26. «Cielo» es aquí sinónimo de «día de reposo».
Desde la Caída, el día de reposo es ahora, hasta su consumación en la era venidera, una bendición redentora. El día de reposo escatológico precede (Gn. 2:2-3) y ahora condiciona el Sabbat sotérico por el cual Dios se entrega a los pecadores como su salvador. El día de reposo escatológico tiene primacía sobre la soteriología así como esta es la gracia salvífica de Dios por la cual Él trae a Su pueblo, en Cristo, el segundo Adán, de vuelta a la alineación con Su propósito de creación: glorificarse en Su Hijo en un estado de vida de día de reposo perfeccionada, inmutable y eterna. Cada aspecto de la soteriología es, por tanto, escatológica, y consiste en llevar la vida sabática celestial de Dios al hombre. La naturaleza escatológica de la soteriología es más evidente en la resurrección de Jesucristo. Unidos a Él ya se nos ha dado la vida de calidad sabática: nuestra regeneración es un nacimiento de lo alto (Jn.3:3); nuestra justificación ya es nuestra condición de justicia eternamente legal lograda en la resurrección de Jesús (Ro. 4:25); nuestra definitiva santificación (somos santos) y nuestra santificación progresiva es la manifestación de la presencia y el poder del Espíritu que nos capacita para que la vida escatológica actúe en las perdurables ordenanzas de la creación y en nuestra mayordomía en este siglo. La santidad está, por definición, arraigada en esa santificación original del día de reposo (Gn. 2:2-3). Donde hay santidad, hay vida escatológica con la cualidad del día de reposo. Nosotros, como Jesús y en Él, somos hijos del Altísimo Dios (Lc. 6:35), nuevas criaturas (2 Co. 5:17), que, en la semejanza de Dios, hemos sido creados en la justicia y santidad de la verdad (Ef. 4:24). Estamos vivos en Él que es la imagen de Dios (1 Co. 4:4), el primogénito de toda creación (Col. 1:15). Estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria como por el Señor, el Espíritu (2 Co. 3:18), y tal como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial (1 Co. 15:49).
Nosotros, en unión con Cristo, por la vida y el poder de Su Espíritu, por medio de la fe, ¡«ya» vivimos con Dios! «Ya» experimentamos un depósito genuino de la vida con calidad de día de reposo. Pero «todavía no» hemos llegado al final de este siglo. «Todavía no» hemos resucitado ni hemos sido glorificados ni hemos obtenido la plenitud de nuestra herencia prometida como hijos. Como todavía criaturas del tiempo y del espacio, vivimos vidas que siguen condicionadas por las realidades de la creación original, aunque salvada. «Todavía no» estamos en la resurrección cuando el matrimonio ya no existirá (Mt. 22:30) y cuando hayamos entrado en el tiempo glorificado, no santificado, del día de reposo eterno. Hasta ese tiempo, seguimos viviendo en el tiempo de la creación original. Es un tiempo que se mueve de forma lineal hacia la meta de ese tiempo señalado en que Jesús volverá (Hab. 2:3), y liberará a esta creación en la gloriosa libertad de los hijos resucitados y glorificados de Dios (Ro. 8:19-23). Todo esto significa que debemos situarnos en ese esquema de la historia que sigue moviéndose hacia el Iscatón, y, a medida que progresa, se sigue dando la bendición de la presencia de Dios al tener Él comunión con Su pueblo reunido durante el tiempo santificado del Sabbat del Día del Señor.
El pasaje que informa con mayor claridad de nuestro progreso hacia el descanso prometido del Sabbat de Dios es Hebreos 3 y 4. Es el único lugar del Nuevo Testamento donde se cita Génesis 2:2 (He. 4:4). El prometido descanso que está delante de nosotros no es otro que el descanso del Sabbat de la creación original de Dios. El autor nos informa que Israel no logró entrar en el reposo de Dios cuando estuvieron a punto de entrar en la Tierra Prometida en Números 14. Se cita a David, en el Salmo 95, para mostrar que en su época no se había entrado todavía en el descanso de Dios. Pero Jesús sí ha entrado en ese reposo. Él ha ido por delante de nosotros y ahora tenemos que seguirle, corriendo nuestra carrera con los ojos puestos en Él (He. 12:1), manteniendo una cadencia sabática porque queda, por tanto, un reposo sagrado para el pueblo de Dios (He. 4:9). Teniendo ante nosotros la perspectiva de entrar en el Descanso de la Creación de Dios, se endosa de nuevo la lógica del cuarto mandamiento (Gn. 2:2-3). El verbo utilizado en Hebreos 4:9 es hápax legomenon (empleado una sola vez) en el Nuevo Testamento, pero se utiliza cuatro veces en la Septuaginta con el significado de «observando el día del Sabbat» (Éx. 16:30; Lv. 23:32; 26:34-35; 2 Cr.36:21). Hebreos nos dice que nosotros también, en nuestro viaje por el desierto del Nuevo Pacto hasta la Tierra Prometida del reposo de Dios, debemos recorrer nuestro trayecto empleando las mejores bendiciones del Nuevo Pacto: su sacerdote, sus sacrificios, su templo-y su Sabbat, el primer día de la semana. El pasaje es un llamado a perseverar y, como Jesús, correr nuestra carrera y entrar en el reposo de Dios. Jesús es el que ha entrado a su reposo, [y] ha reposado de sus obras, como Dios reposó de las suyas (v. 10). Esforcémonos por entrar en ese reposo (v. 11). De nuevo, se nos motiva a la observancia del día de reposo por la acción de Dios en la creación y, ahora, por Dios Hijo, en Su obra de expiación. Así como Dios acabó Su obra de la creación y entró en Su reposo, Jesús también acabó la obra expiatoria (¡Consumado es! Jn. 19:30) y ha entrado en Su reposo en victoria resucitada y ahora está entronizado en Su templo celestial. Se nos llama a perseverar por fe y acabar nuestra carrera, y, como Jesús que ha ido por delante de nosotros, también entraremos en el reposo de Dios. «Y oí una voz del cielo que decía: Escribe: “Bienaventurados los muertos que de aquí en adelante mueren en el Señor”. Sí —dice el Espíritu—para que descansen de sus trabajos, porque sus obras van con ellos» (Ap. 14:13). Guardar el día de reposo es esencial para una vida de buenas obras que manifiesten el vivir por fe. Vemos aquí la indispensable necesidad de adorar mientras vamos cruzando este desierto. No debemos dejar de congregarnos (He. 10:25). ¿Cuándo? En el Sabbat del Día del Señor.
Si todavía se nos da tiempo santificado para la adoración del Nuevo Pacto, ¿tenemos también un espacio santificado? ¿Dónde nos congregamos? No nos acercamos a Dios como lo hacía el Israel del Antiguo Pacto en el Sinaí. Hemos venido al monte de Sión… la Jerusalén celestial… a Jesús, el mediador del Nuevo Pacto (He. 12:18-25). El templo celestial es el lugar santificado de adoración al que entramos cada Día del Señor, por fe en Jesús. Así como la luz del Sabbat del Día del Señor irrumpe en el mundo, los creyentes se congregan y ejercen su sacerdocio del Nuevo Pacto, ofreciendo sacrificios espirituales de alabanza (He. 13:15; 1 P. 2:5), hechos aceptables por la mediación de nuestro Gran Sumo Sacerdote, Jesús (Ap. 8:3-4). Las voces se elevan primero en los templos vivos de Nueva Zelanda y Australia. Enseguida estalla el coro de alabanza de los creyentes oprimidos en Indonesia y en la iglesia subterránea de China. Las voces rusas se mezclan entonces con las de Asia central y, a continuación llegan las alabanzas de Europa y África. A medida que el día avanza, llega un arrullo cruzando el Atlántico, pero en ese momento llegan las alabanzas de Brasil, Sudamérica, Canadá y el litoral oriental de Estados Unidos. Muy pronto, los estados del centro norteño y el oeste se unen a las multitudes de los que han adorado y siguen adorando al Cordero que está en Su trono (Ap. 5). En el Sabbat del Día del Señor entramos en un tiempo santo y en Cristo Jesús, por fe, nuestra adoración es aceptada en el espacio santo: el palacio celestial del Rey de reyes y Señor de señores, el Señor del día de reposo.
La cadencia sabática de adoración seguirá hasta el fin de los siglos (Mt. 28:20), hasta que Jesús, por Su Espíritu, haya acabado de edificar Su Iglesia. Entonces Jesús vendrá a nosotros y, por el poder de Su omnipotencia, rescatará a Sus dos testigos con semejanza de cordero (Ap. 11), nos resucitará a nosotros, y transformará el cuerpo de nuestro estado de humillación en conformidad al cuerpo de su gloria, por el ejercicio del poder que tiene aun para sujetar todas las cosas a sí mismo (Fil. 3:21). Pablo quería que supiéramos que nuestros cuerpos de resurrección excederán con mucho a este maldito por la muerte: un cuerpo corruptible, sembrado en deshonra y debilidad, un cuerpo natural. El cuerpo de resurrección excederá sin duda a este cuerpo de muerte (Ro. 7:24) este hombre exterior decadente (2 Co. 4:16). Resucitará como un cuerpo incorruptible; en poder, un cuerpo espiritual (1 Co. 15:42-44). Podemos concebir fácilmente que el cuerpo de resurrección es más glorioso que el que ahora tenemos y que es terrenal y natural. Lo inconcebible, sin embargo, es que nuestro cuerpo de resurrección será más glorioso que el de Adán antes de la caída, el cuerpo original. La gloria a la que Jesús nos lleva supera de lejos la gloria sabática que Adán, aun no habiendo caído, hubiera transmitido a su raza. Tras contrastar el cuerpo de resurrección con este cuerpo natural, Pablo compara el cuerpo de resurrección con el cuerpo no caído de Adán y afirma que, en Jesús, obtenemos un estado aún más glorioso que el que habría sido posible a través de Adán. Así también está escrito: El primer hombre, Adán, fue hecho alma viviente. El último Adán, espíritu que da vida (1 Co. 15:45). El cuerpo de su gloria es más maravilloso que el cuerpo que Dios formó originalmente del polvo de esta tierra y al que animó con el aliento de vida (Gn. 2:7). Esta obra vivificante de Dios constituyó al hombre comoser vivo: vivo con la vitalidad del orden de vida de esta creación. Pero el cuerpo de la resurrección será mucho más glorioso. Pertenecerá a un espíritu dador de vida de un orden superior y elevado, imbuido con la vitalidad y la presencia de Dios Espíritu adecuado para vivir en un cosmos resucitado, el Jardín-Templo escatológico de Dios27, en el que Dios será todo en todos (1 Co. 15:28). En la gloria de la vida de resurrección entraremos en el reposo de Dios y el Padre será glorificado para siempre en Su Hijo y en la esposa de este (Ef. 3:20-21).
«Si Cristo nos volviera a poner donde Adán se encontraba en su rectitud, sin pecados y sin muerte, sería una indecible gracia, desde luego, más que suficiente para convertir al evangelio en una bendita palabra. Pero la gracia excede de una forma mucho más abundante que todo esto: aparte de borrar hasta el último vestigio del pecado y de sus consecuencias, nos abre ese mundo más alto a cuyo umbral ni siquiera llegó la comprensión del primer Adán. Y esto no es un mero asunto de grados de bienaventuranza, sino la diferencia entre dos modos de vida; así como el cielo está muy por encima de la tierra, las condiciones de nuestro estado futuro trascenderán aquella del paraíso de la antigüedad»28.
En realidad, estas son cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han entrado al corazón del hombre, son las cosas que Dios ha preparado para los que le aman (1 Co. 2:10). Y, a pesar de todo (v. 11) ¡Dios nos la reveló a nosotros a través del Espíritu!
Estas son las realidades que probamos cuando nos congregamos para adorar en el Sabbat del Día del Señor. Jesús estableció aquel primer día como el día en el cual Él, con la victoria y la gracia de la resurrección, vino y sigue viniendo a Sus discípulos que, por fe, se reúnen e invocan Su nombre. Su presencia hace que el tiempo sea santo y santificado. Se proclama Su palabra de bendición. Se come Su cena29. Su pueblo está alineado con los propósitos de la creación de Dios y aprenden a trabajar y descansar en ese orden muy bueno (Gn. 1:31) en el que fueron hechos para ser imagen de Dios. Pero, como hijos santificados de Dios, creados de nuevo en Cristo y portadores de Su imagen en la redención, Su pueblo saborea ahora la era venidera y aprende a orientar toda su vida a esa meta escatológica que Dios ha señalado: el regreso de Jesús y nuestra entrada a Su reposo sabático. La búsqueda de un mandamiento explícito a este respecto para obligar a la Iglesia a congregarse el domingo es un planteamiento superficial que no llega a palpar la profunda realidad ontológica de quienes somos como imagen de Dios. Él viene a nosotros y, por Su presencia del pacto, santifica el tiempo y nos admite a Su santo espacio celestial. Dios viene a vivir con nosotros y la tierra se transforma en el templo de Dios, habitado por los hijos santificados de Dios. En vista de estas realidades ontológicas y escatológicas, ¿cómo es que no deseamos observar el día de reposo para santificarlo?
Esta es nuestra delicia: Si por causa del día de reposo apartas tu pie para no hacer lo que te plazca en mi día santo, y llamas al día de reposo delicia, al día santo del Señor, honorable, y lo honras, no siguiendo tus caminos, ni buscando tu placer, ni hablando de tus propios asuntos, entonces te deleitarás en el Señor, y yo te haré cabalgar sobre las alturas de la tierra, y te alimentaré con la heredad de tu padre Jacob; porque la boca del Señor ha hablado. Esta es nuestra esperanza: He aquí, el tabernáculo de Dios está entre los hombres, y El habitará entre ellos y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará entre ellos (Ap. 21:3). El vencedor heredará estas cosas, y yo seré su Dios y él será mi hijo (Ap. 21:7). El que testifica de estas cosas dice: Sí, vengo pronto. Amén. Ven, Señor Jesús (Ap. 22:20).
Notas
1. Watke, op. cit. 65. «Ser hecho a imagen de Dios establece el papel de la humanidad sobre la tierra y facilita la comunicación con lo divino». «Un ser humano es teomórfico, hecho como Dios de manera que Él pueda comunicarse con Su pueblo». «Entender que somos hechos a la imagen de Dios es fundamental para entender nuestro destino y nuestra relación con Dio». 63.
2. Greg Nichols, Lectures On The Doctrine of Man (Trinity Ministerial Academy, Trinity Baptist Church, Montville, NJ. 1984). Reflexionar en esta frase tan significativa ha abierto perspectivas panorámicas a la antropología, la ética, la cristología, la soteriología y la escatología.
3. Kevan, Ernest, Moral Law (Escondido, Calif.: Den Dulk Christian Foundation, 1991), 30. «La ley de la naturaleza se revela a sí misma en las impresiones religiosas comunes que se hallan por todas partes en el hombre. Como los primeros principios o axiomas de la ciencia, no se puede alegar razón alguna para ellas: se reconoce que se manifiestan por sí mismas. Hay que admitir, sin embargo, que la ley de la naturaleza existía de un modo distinto en Adán que en su posteridad. En él era perfectamente conocida, pero lo que hoy encontramos en los hombres no es más que una mera sombra de aquello. En el principio, a Adán se le dio toda la ley de la naturaleza, que contenía una conciencia perfecta de la voluntad de Dios; y, aunque se le dio el regalo posterior de una ley positiva, para probar su obediencia, esto no invalidó ni sustrajo en modo alguno de la validez y la relevancia de su primera dotación de la ley de la naturaleza. En el principio mismo, Adán fue hecho según la imagen de Dios, en justicia y santidad; de otro modo, se le habría desposeído de la luz de la razón y no habría tenido conciencia alguna».
4. Bush, Ibíd., p. 48. «Es por medio de este término como se expresa la designación positiva del Sabbat como un día de reposo para el hombre. Que Dios santificara ese día equivale a Su mandamiento a los hombres para que lo santificaran».
5. Murray, John, Principles of Conduct: Aspects of Biblical Ethics (Grand Rapids: Eerdmans, 1977), 31-34.
6. La obra de creación de Dios se lleva a cabo por Su palabra y por Sus hechos. Dios dijo («amar»), y, por decreto, da vida a la creación ex nihilo. A lo que Él creó entonces, Él le dio nombre, lo llamó (qara). Adán no «amar» sino que, como su Padre-Creador, hace «qara» cuando da nombre tanto a los animales como a la mujer.
7. Estoy usando «hombre» en el género inclusivo, como hace Moisés en Gn. 5:2. Varón y hembra los creó, y los bendijo, y los llamó Adán el día en que fueron creados.
8. Beale, G.K. The Temple and the Church’s Mission: A Biblical Theology of the Dwelling Place of God (Nueva York: InterVarsity, 2004), 68.
9. Keller, Timothy J. «Reformed Worship in the Global City”, D. A. Carson ed. Worship by the Book (Grand Rapids: Zondervan, 2002), 205.
10. Calvino, Juan, Calvin Commentaries, (Grand Rapids, Mich.: Baker, 1979), 106-107. «Por tanto, Dios descansó primero, después bendijo ese descanso, para que en todas las épocas pudiera ser sagrado entre los hombres: o dedicó cada séptimo día al descanso, para que Su propio ejemplo pudiera ser una regla perpetua… No es un ligero estímulo el que da el propio ejemplo de Dios y el precepto en sí mismo se convierte, por este medio, en algo afable, porque Dios no puede atraernos de un modo más amable o incitarnos de una manera más efectiva a la obediencia, que invitándonos y exhortándonos a la imitación de Sí mismo». Soy consciente de la incoherencia de Calvino en sus opiniones escritas sobre el día de reposo. (Cf. Gaffin, Richard B. Calvin and the Sabbath, Fearn, Ross-shire: Mentor, 1998).
11. Beale, G.K., Ibíd. 66.
12. Beale, G.K., Ibíd. 66.
13. Beale, G.K., Ibíd. 67.
14. Beale, G.K. op. cit. 69-70.
15. Beale, G.K. op. cit. 70. «Adán tenía que empezar a reflejar el descanso soberano de Dios… y… lograr un “descanso” consumado, después de haber acabado su tarea de “cuidar y guardar “el jardín”».
16. Fesko, op. cit. 184.
17. Éx. 4:22, Así dice el Señor, “Israel es mi hijo, mi primogénito”. Os. 11:1: Cuando Israel era joven yo lo amé y de Egipto llamé a mi hijo. La bendición epítome de Dios a Adán, Su hijo-creación fue el don de Sí mismo en el día de reposo; así también, Su presencia del día de reposo era la bendición epítome dada a Israel, Su hijo-redimido nacional.
18. Longman, Tremper op. cit. y Beale, G.K. op. cit.
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