jueves, 14 de febrero de 2013

LA PORNOGRAFÍA, UN COSTOSO PLACER PARA EL ALMA


Creo que es sumamente obvio decir que vivimos en una cultura altamente ‘sexualizada’ y no quiero pretender enterarlo de algo que es sumamente elemental y ya casi costumbre en nuestro medio. Decir que casi en el 100% de la publicidad, televisión, radio, Internet  libros, música, conversaciones, entretenimiento, etc, hay un alto contenido de tendencia que estimula al sexo ilegitimo, es decir lo que ya sabemos. Informar que el sexo cada vez mas explicito y todas sus aberraciones son cada vez mas publicitadas, comunes, toleradas, recibidas, es informar lo que ya usted sabe. Decir que la filosofía de sexualizar a una sociedad es en verdad una procura de muchos, no hace parte de la teoría de la conspiración sino de una realidad en la que vivimos y que difícilmente podemos huir de ella.

De seguro todo cristiano ha resuelto no dejarse contaminar por esto, lo cual es un propósito loable y santo que toda persona que ha venido a Cristo tiene, y debe alzar como un abandera. Pero tendrá que sortear decenas de escenas al transcurso del día para ver que es uno de los propósitos más difíciles de mantener, no solo por la tendencia de nuestro pecado remanente a ser satisfecha, sino porque todo alrededor conspira contra nuestra santidad sexual.

El individuo sale de la casa y se encuentra con varias personas cuyos atuendos son altamente sexuales. No necesitan hablar para comunicarnos que desean llamar la atención sobre su cuerpo o una parte de él, pero de una manera sexual. El radio en el transporte, así sea un noticiero, tiene varias noticias o secciones que tienen que ver con sexo. Si lo que se escucha es música, ya nada queda a la imaginación. Las conversaciones comunes de las personas son de doble sentido. Si trabaja en computador, mínimo un par de veces se encontrará con publicidad sugerente que usted no buscó. Sea que lea el periódico o le llegue una publicidad debajo de la puerta, para medio día usted habrá visto u oído o sido testigo de variadas alusiones al sexo.

Usted puede ver por televisión un programa infantil, en un canal infantil, y allí llegará los comerciales sugerentes. Vaya al supermercado, allí encontrará exhibidos periódicos y revistas que en su portada no dejan de tener sugerencias sexuales. Los grafitis, calcomanías de otros vehículos, y aun yendo a cambiar el aceite de su vehículo, encontrará que nada escapa de ello. Y de ninguna manera estoy justificando que los cristianos al verse grandemente afectados por todo esto, se den licencia para no seguir luchando o para pecar sin temor en este aspecto. Pero deseo hacerlo consciente de esta lucha que debemos seguir presentando es una verdadera lucha y nunca el cristiano debería tomar una posición pasiva en esto. De hecho ser pasivo nos pondrá del lado del consumidor. Solo quien es altamente activo en su lucha contra el pecado sexual, logrará vencer en esta generación.

Uno de estos males con mayor acceso fácil es la pornografía. Usted solo necesita un dispositivo electrónico con breve acceso a internet y un clic, ni más dinero, ni más esfuerzo. Y no sé qué tan acertadas sean las estadísticas acerca de la exposición a la pornografía en medio de los confesos creyentes en Cristo (Puede ver algunas aquí, aquí y aquí), pero si no son tan reales o si solo se parecen a la realidad, aun así debemos aceptar que, aceptando el promedio más bajo y favorable, la mitad de los hombres de una iglesia, pueden estar luchando con la pornografía, inclusive si es pastor. 

Y cuando digo luchando, hablo un tropiezo donde el individuo cae e intenta ponerse de pie nuevamente por el arrepentimiento. Y si dichas estadísticas nos acercan a una realidad, debemos entender que dos de cada diez mujeres está luchando con lo mismo, de una u otra forma, pero lo está. Si dichas estadísticas son parecidas a lo que pasa en realidad, nuestros hijos a la edad de 12 años, habrán visto 300 veces más contenido sexual que su abuelo en toda su vida.

Debido a que, según se entiende, la industria de la pornografía está más elaborada para los hombres, deseo hablarles de al menos seis peligros que tiene el caer en el vicio de la pornografía. Con esto no deseo desanimar a nadie, más bien, que al poder analizar varios asuntos que compromete la pornografía y cómo ella resta en gran manera nuestra hombría, podamos desenmascarar el engaño de Satanás y por la gracia de Dios, dar pasos hacia una vida santa. Seguramente podemos saber, que medidas externas para frenar con este problema, serán temporales. 

Por ello deseo que pongamos nuestra atención en el hombre interior. Deseo ser de ayuda y no juez. Pero aprovecho que si usted es cristiano, halle en la Palabra de Dios, no solo el camino a seguir, lo cual sabemos, sino la fuerza del Espíritu a través de estas advertencias, para vivir una vida agradable a Dios y verdaderamente santa, en medio de la generación que nos tocó vivir. 

Considere pues hermano que de no tomar armas reales y prácticas contra la pornografía, el costo es demasiado alto. 

P. Jorge Castañeda

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