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jueves, 6 de mayo de 2021

¿QUÉ ES EL “EVANGELIO SOCIAL” O EL “EVANGELIO DE LA JUSTICIA SOCIAL”?


Aunque hoy día usted puede encontrar buenos artículos que le explican de forma histórica y más profunda, solo deseo darle un repaso generalizado para que pueda ubicar la relevancia de este tema:

 

El “Evangelio social” es aquella interpretación de la naturaleza y funciones de la iglesia, que en su mejor caso dice: que la iglesia tiene dos funciones o misiones y esto por su naturaleza de ser sal y luz en medio del mundo, a saber, la gran comisión y el mandato de redimir una cultura para Dios. Esto es, que como insisto, en su mejor interpretación, la iglesia tiene el deber de predicar el evangelio y procurar la solución de las problemáticas sociales, o de predicar el evangelio mientras promueve buenas y justas condiciones sociales.

 

En su peor versión, si se puede decir, se trata casi de una reinterpretación de lo que es el evangelio, el evangelismo y la iglesia, no solo equiparando la labor social de la iglesia con el evangelio, sino que en la práctica sustituyéndolo. El “Evangelio social” como ha evolucionad hasta hoy en los círculos más “conservadores” tiene como madre de esta reinterpretación de la iglesia y sus funciones. Usted tendrá que ver el aporte a este “Evangelio social” más moderno desde Billy Graham, John Stott, recientemente Francis Chan, David Platt, Timothy Keller, John Piper (Keller y Piper, quienes participaron en el concilio ecuménico de Lausana), NT Wright, Rick Warren, y otros tantos de ese nivel.

 

Usted empezará a ver la diferencia entre tener una responsabilidad social como uno de los fines que en sí tiene la iglesia, y ver la mejora social como uno de los productos que vienen cuando la iglesia responde a su verdadera vocación en este mundo. Lo primero representa el “Evangelio Social”, lo segundo lo que insistimos, es la labor de la iglesia. La inmensa guerra se está dando nuevamente en otros lugares del mundo en este aspecto, mientras a Latinoamérica nos llegará las peores sobras de esa confrontación.

 

Ahora bien, si ya tenemos un problema con la interpretación de lo que es la iglesia y sus funciones, el asunto se acrecienta por no saber diferenciar lo que creyentes a nivel individual pueden y deben hacer en la medida de lo que es legitimo y que vaya de acuerdo a su profesión de fe, y lo que la iglesia, como cuerpo de Cristo y limitada en sus funciones por prerrogativa divina, puede y debe hacer. En esto debemos ser claros, y es que, a la iglesia, como iglesia, nunca se le dio la tarea de transformar o crear cultura ni redimirla, si es que eso es posible. Su único mandato bíblico para el mundo, es hacer discípulos.

 

Aunque los cristianos como individuos han de ser sal y luz en nuestro mundo lo cual puede tomar muchas formas de acuerdo al contexto y situación, pueden muy bien estar involucrados, junto con los no creyentes y dentro de los parámetros bíblicos, en asuntos de la sociedad, algunas acciones solidarias y la protección de la creación de Dios, como cuando ayudamos después de un huracán, defendemos el valor de la vida y nos oponemos al aborto y la eutanasia, cuando hacemos algo para aliviar la enfermedad del que sufre, etc., no podemos minimizar que el ejemplo del Nuevo Testamento y el precepto claro, es que los seguidores de Cristo deben discipular a la gente para Jesucristo lo cual incluye la evangelización y la formación en la obediencia.

 

Pero ¿Cuál es entonces la misión de la iglesia? ¿Es la misión de la iglesia hacer frente a todas las necesidades de todas las personas, o está más limitado en su alcance? Actualmente y en visión del “Evangelio social”, es popular comprender la misión de la iglesia como la de la evangelización, el discipulado, para satisfacer las necesidades tanto de los creyentes y no creyentes y la transformación de la sociedad. Pero cuando basamos nuestras órdenes de misión del Nuevo Testamento en vez de la cultura (sola Scriptura en vez de sola cultura), queda claro que la tarea de la Iglesia es llevar el Evangelio hasta los confines de la tierra, haciendo discípulos a todas las que vienen a Cristo y el cuidado de los necesitados que se convierten en parte del cuerpo de Cristo.

 

Latinoamérica debe advertir, según el ejemplo que ya se presentó en los Estados Unidos, que la iglesia, como iglesia, se movilizó a elegir al candidato que más habló del racismo, la pobreza, la inmigración, las minorías LGBTI, aun cuando promovía el aborto y la eutanasia, ridiculizando los valores históricos del cristianismo entre otras. Y esto a causa de que los mismos cristianos han malentendido la responsabilidad de la iglesia la que debe velar por intereses singulares de un aspecto particular. Cuando hoy día cristianos exhortan a la iglesia a “dejar de hablar”, a “dejar las cuatro paredes” y que se involucre en la asistencia social como parte de su función, iglesias conservadoras vemos con preocupación el aroma de este gran peligro que resultará poniendo la agenda social en la boca de la iglesia y sustituyendo o matizando el glorioso evangelio en nuestros labios. Es por ese motivo que usted hoy ve iglesias de tradición conservadora marchando, dándose la mano con católicos agnósticos y hasta ateos para promover una agenda común, haciendo pancartas y hasta apoyando causas a favor de las minorías discriminadas, sin saber que al hacerlo sin sabiduría, detrás de cada arenga, intereses diversos y ateos son apoyados. Y esto, porque permitimos que la Biblia fuer sustituida por los clamores de la agenda social, que parecen llegarnos más al fondo y confundimos dramáticamente lo que es la iglesia y para qué Dios la puso en la tierra.

 

Nota: Le aseguro que usted va a entender muchos más del panorama actual aun de los énfasis de la neoreforma y sus principios sociales y de contextualización del evangelio, si con paciencia lee el siguiente artículo:

 

https://evangelio.blog/2011/11/13/el-evangelio-social-ayer-y-hoy-1-parte/

 

Y sigue los enlaces de:

https://evangelio.blog/tag/justicia-social/

miércoles, 3 de febrero de 2021

EL CRISTIANO Y LA “NUEVA NORMALIDAD”

Dando honor y toda credibilidad a lo que la Palaba de Dios afirma acerca de la entrada del pecado y muerte al mundo, afirmando absolutamente con las Escrituras la descripción del estado caído de todo hombre, siendo conscientes de la estructura del mundo, de lo que es, de sus filosofías, debemos decir que el mundo ha tomado esta epidemia, para entenderlo, asimilarlo, y tomar resoluciones como mundo caído. Si bien, reconocemos que bienes verdaderos pero relativos pueden ser hechos en medio del mundo, este ha sabido tomar cualquier cosa, por buena que sea y la ha entendido, asumido y vivido con una mente carnal. Lo ha hecho con el mensaje infalible y prefecto del evangelio ¿qué no hará con las demás cosas? Hoy tenemos en la epidemia una realidad, pero al venir a este mundo, esta ha sido entendida con la visión de un mundo enemistado con Dios, que en su mejor caso es humanista. Ningún hombre del mundo puede llegar a ser objetivo en esto; aquí hay presupuestos, filosofías, tendencias, fundamentos, que hacen que el mundo haya actuado de tal forma y no de otra. Eso no es nuevo, solo quiero advertir en contra de lo que muchos cristianos han asumido: Que el mundo, en esto, es objetivo, cabal, justo, sin ninguna tendencia a hacer sino lo bueno, lo correcto; que todas las medidas que han tomado son razonables, adecuadas, casi que asumiendo que, en la pandemia, el hombre caído habla infaliblemente la voz de Dios y que nadie la puede cuestionar.

 

Permítame hacer unas preguntas ¿Hacia dónde, moral y espiritualmente, nos están llevando las disposiciones actuales derivadas de los cuidados por la epidemia? ¿Qué tipo de individuo está promoviendo las medidas que se han tomado en la epidemia? ¿Qué clase de persona se viene formando bajo el continuo bombardeo publicitario de cuidados y medidas en medio de la epidemia? ¿Cuáles son los rasgos de carácter del individuo de la “nueva normalidad”? Y con esto, debemos preguntar ¿Qué tipo de cristiano es el que se está promoviendo actualmente?

 

EL INDIVIDUO DE LA “NUEVA NORMALIDAD”

Eclesiastés 1:9 nos ofrece una máxima que nadie puede rebatir si la observa muy bien: «¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo debajo del sol». Usted puede ver nuevos ropajes, nuevas tecnologías, pero debajo de lo que se ve ¿hay algo que vivamos hoy que sea completamente novedoso?  Pero a la luz de lo que podemos observar hoy, ¿existen algunos rasgos indiscutibles de los individuos hoy? ¿Se pueden distinguir algunos rasgos prominentes que hoy parecen asentarse en la conciencia de los hombres bajo la presión de adoptar una “nueva normalidad”? ¡Por supuesto! Y si fuéramos a sintetizar en un enunciado el rasgo general de los hombres hoy, y que se está promoviendo, publicitando y atornillando a la conciencia de los hombres es el de vivir en un antropocentrismo salvaje en medio de una degradación vertiginosa y ateísmo práctico. Lo que quiero decir es que hoy se vive en un ambiente donde se promueve un antropocentrismo crudo y brusco, en el contexto de un menosprecio a la verdadera humanidad de los individuos y el desprecio expreso al Dios de la Biblia.

 

Todos hoy se preguntan qué es lo mejor para la humanidad, y en general, nadie se está preguntando hoy ¿Cuáles son los derechos de Dios sobre su mundo? Esto no es nuevo, pero el énfasis que se ha dado, al ver el riesgo la vida del hombre, hace que todo en absoluto guie en torno a nosotros, convenientemente, amañadamente, pero el eje es el hombre. ¿Con qué principios se rigen los destinos de los hombres hoy? Con los principios de los hombres. ¿La palabra de quien prevalece? ¿Quién provee el miedo, el temor o la esperanza? ¿Quién está proveyendo el remedio? ¿Quién será exaltado al final? ¡El hombre, quien es hoy la medida de todas las cosas! Todos los mensajes esperanzadores que se escuchan de todos lados son para resaltar la solidaridad, la unión, el heroísmo, el poder de la resiliencia, donde Dios es solo un subordinado en este asunto, aun donde debería reinar más visiblemente, donde ha dado a su Hijo como Cabeza: la iglesia. Esto es antropocentrismo salvaje, crudo, arrollador. La gente se vuelve más hacia sí misma, y por eso, sin duda, como un derivado del humanismo cruel, tenemos un creciente aumento del egoísmo y la individualidad. Esto no es novedoso, pero el aumento y la recalcitrante publicidad hace que olvidemos el tejido de solidaridad y prefiramos sacar al perro a sus necesidades que visitar y asistir en sus necesidades más profundas de compañía y aprecio a un anciano ¿No es así? ¿Con qué pretexto hemos llegado hasta aquí?

 

Si usted encontraba gente alienada, sumergida en su propio mundo día a día, la “nueva normalidad” trae consigo el aislamiento salvaje. Las medidas de aislamiento no se detuvieron en el asunto del cuerpo, y cunden el alma. La insensibilidad, distanciamiento personal de la sociedad, la deshumanización en la epidemia, hace que se prefiera, a conveniencia, lo individual.  Considere  el trato deshumanizante a los ancianos, a los niños, a la libertad del trabajo,  a los enfermos y a los que partieron de este mundo, donde las familias perdieron todo derecho a asistir a su familiar difunto y a decidir los asuntos de su última morada, y obligados a aislarse de los dolientes; mientras los perros tienen derechos más esclarecidos en la sociedad y donde a la par del trágico sistema de salud que debemos cuidar de no colapsar, el aborto jamás se puede negar por ser un derecho constitucional.

 

El internet ha provisto el sofisma de compensar la pérdida del ser social que tenemos como imagen de Dios, tal y como fuimos creados. Iglesias sin congregarse por convicción, sin hacer ningún esfuerzo por restaurar los derechos de Dios sobre su iglesia, rendidas al espíritu egoísta e individual, son testimonio de hasta dónde cunde al espíritu de la “nueva normalidad”. Separar a los hombres de las realidades de la vida, -en el caso de los creyentes de la realidad de la iglesia, su comunión, adoración, su llamado y sus tareas- está creando a un individuo más desconsiderado, más insensible y apático, que todo mide poniéndose él en el centro, apartándose de la exhortación a amar al prójimo como a sí mismo, y olvidado en la práctica del Dios de la Biblia. Claro, el principio de amor al prójimo ha sido hoy día y bajo la epidemia, astutamente trastocado para que se mire como señal de amor precisamente lo que evidencia su falta.

 

Lejos de ver más un contexto donde pueda correr la piedad, verá que el individuo de la “nueva normalidad” es más materialista, más sensual, más distraído y entretenido. Eso es lo que llamamos un ateísmo practico. Y es que a pesar que Dios es famoso en las crisis, su Hijo no es tan afamado. La gente busca a Dios, pero a otro novel, en otro entendimiento, con toda seguridad es un paganismo y pragmatismo lo que lleva a considerar supuestamente a Dios. Los valores que siempre han sido inversos en su alma, hoy se asientan con fuerza. Cristianos han perdido completamente de vista que la añadidura, incluyendo el comer, beber y todos los asuntos temporales, son secundarios a la hora de buscar el reino de Dios y su justicia. ¿A nombre de qué se ha hecho este cambio de paradigmas cristianos? Los creyentes han sabido como ahora vivir una vida cristiana humanista sin ruborizarse, hay mundanalidad, liviandad, falta de fe, confianza. El cristiano de hoy echó al olvido su creencia en el poder y la soberanía de Dios. Al parecer, Dios sí tenía límites, y ningún poder específico para la protección del pueblo que ha reclamado como posesión suya. El cristiano de hoy es desconfiado, temeroso, más dispuesto a creer la especulación, las teorías de conspiración, las voces de ¡paz, paz! O de ¡guerra, guerra! Que lo que lee en su propia Biblia.

 

Pero ¿ha visto algo sumamente extraño? No solo en las personas del mundo, sino en los mismos cristianos, al fin es un prototipo de “nueva normalidad” que está dada para todos. Es penoso ver la subordinación conveniente que se usa. Gente que prefiere no contagiarse y no contagiar a nadie en el trabajo, en la visita a sus ancianos, son los mismos que luego se abarrotan en fiestas, ofertas de multinacionales, marchas, campeonatos de futbol, y más. Doble moral aplicada sin ruborizarse. Pero ¿y los cristianos? Conocemos a muchos con gigantes prevenciones solo el Día del Señor, evitando a la iglesia, sus reuniones, la socialización, que se han montado en avión, buses, flotas, camiones, para hacer largos viajes, se han zambullido en piscinas, han ido a pasear, y lo han hecho en su libertad razonable entre su vida social y el cuidado personal. Pero el Domingo, allí hay otra ética, otra moral, eso sí es peligroso, adverso, imprudente. Gente se cuida del Domingo, pero el lunes amigos y hermanos hay que salir a laborar. Creyentes que temen y se abstienen de las reuniones de la iglesia, a la par, mantienen una vida familiar y social amplia y nutrida. Esto es subordinación conveniente. Al fin, no es la conveniencia de las cosas de Dios, al fin y al cabo, es un antropocentrismo salvaje en el contexto de la deshumanización de los individuos y un ateísmo práctico.

 


Le pregunto a usted, afanosamente, directamente ¿Está afirmando estos rasgos de carácter, que antes se hubiera negado a dejar correr en su corazón, pero que ahora justifica por las medidas tomadas en la epidemia y apoyado en cuidar su salud? ¿Se ha detenido a evaluar cuáles son los principios en los que hoy anda?



EL CRISTIANO Y LA “NUEVA NORMALIDAD”

Si la característica creciente en los individuos de hoy es el de vivir en un antropocentrismo salvaje en medio de una degradación vertiginosa y ateísmo práctico, el cristiano debe volver a vivir una vida teocéntricamente determinante en medio de una piedad creciente y sensibilidad verdadera. Hoy Dios es famoso, más que su Hijo Jesucristo; es invocado, popular en la jerga del hombre común, por la situación, por las enfermedades y muertes. Pero ¿Es el Dios de la Biblia amigos? No lo es, porque este Dios de la Biblia nos ha hablado por el Hijo, el Dios de la Biblia es solo conocible por Jesucristo quien le ha dado a conocer (Jn.1:18; Hb.1:1-3). Dios es tan verdaderamente famoso como su Hijo lo sea. Y ¿qué encuentra hoy acerca de Jesucristo como Salvador?

 

El incesante ruido de los vaivenes, publicidad e información, se han puesto como gruesas nubes negras que no dejan pasar los rayos del Sol de justicia, que es Jesucristo. La gente parece que medita y espera de Dios una respuesta, pero ¿Qué Dios? ¿Qué respuesta? Su Hijo es menospreciado, es olvidado. Si ya no era considerado, ahora está más lejos de las consideraciones de los hombres. En el mundo cristiano no es diferente. Hoy las palabras: sujeción, consuelo, prudencia, cuidados son el Cristo de muchos pulpitos ¿Dónde están los derechos de Dios sobre su iglesia? ¿Quién aboga aquí por los derechos de Cristo como Cabeza de la iglesia?

 

Dios debe volver al centro de todo y esto será posible cuando Cristo sea el centro de todo. Juan 5:23: «para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió». Ese terrible mal entendimiento de Dios, ese uso de Dios para las cosas vanas, es solo producto del desprecio de Jesucristo como Señor y Salvador. La gente estaría más dispuesta a creer hoy en Dios porque este le puede ayudar en su vida temporal y puede ayudar a conseguir una cura, que lo que está dispuesta a creer en Jesucristo para la salvación. El creyente debe mirar las filosofías de la “nueva normalidad” con prevención porque esta, como todas las “normalidades” que vienen del hombre, es una estructura que pone al verdadero Dios y a su Hijo como siervos de los hombres, cuando no, los echan al olvido. Jeremías 14:8: «Oh esperanza de Israel, Guardador suyo en el tiempo de la aflicción, ¿por qué te has hecho como forastero en la tierra, y como caminante que se retira para pasar la noche?».  Hoy debemos orar con las palabras del Salmo 7:7: «Te rodeará congregación de pueblos, y sobre ella vuélvete a sentar en alto». El creyente verdadero debe quitar del eje de su vida, existencia y atención al virus, sus temores y sus afanes y poner de nuevo a Jesucristo, y solo entonces podrá vivir una vida teocéntricamente determinante.

 

¿Qué significa vivir una vida teocéntricamente determinante? Una vida verdaderamente centrada en Jesucristo, es que la vida gire apasionadamente en torno al hermoso y precioso heredero de las naciones, el Cordero de Dios. Es vivir desplazando cualquier miedo, temor y angustia y poner de nuevo allí a nuestro Dios en Jesucristo. Isaías 8:11-13: «Porque Jehová me dijo de esta manera con mano fuerte, y me enseñó que no caminase por el camino de este pueblo, diciendo: No llaméis conspiración a todas las cosas que este pueblo llama conspiración; ni temáis lo que ellos temen, ni tengáis miedo. A Jehová de los ejércitos, a él santificad; sea él vuestro temor, y él sea vuestro miedo». Se vive una vida teocéntricamente determinante al desplazar del centro lo que el mundo quiere que pensemos, anhelemos y hagamos. Pues nuestra vida no se trata de vivir en torno y para el virus, para esquivarlo o para encontrar su cura ni para hacer de lo que nos conviene o no nos conviene el centro de nuestra existencia, pues Romanos 14:7-8 nos recuerda: «Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí. Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos». ¿Se nos ha olvidado esto? ¿Cuándo aceptamos la “nueva normalidad” olvidando el antiguo llamado del evangelio?

 

El creyente afronta la vida y se para firme en contra de la “nueva normalidad”, confiando en Dios con más fuerza y determinación, reposando en su soberanía, esperanzado en sus promesas. El creyente se enfrenta al tsunami de malas noticias, de informes pesimistas firme en el Salmo 46:1-3: «Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar; aunque bramen y se turben sus aguas, y tiemblen los montes a causa de su braveza», sin un temor paralizante a lo que la gente considera su mayor peligro, pues para nosotros el mayor peligro no es la muerte sino el pecado y eso Cristo ya pagó por ellos. Por eso vivimos con esperanza pues 2 Corintios 5:1 nos recuerda: «Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos». Con este escudo el creyente resiste el embate de la “nueva normalidad”. El creyente enfrenta las filosofías malignas de la “nueva normalidad” no olvidando las prioridades de su vocación, donde primero está la búsqueda del reino de Dios y su justicia y que considera la añadidura como esto. Lucas 12:29-31: «Vosotros, pues, no os preocupéis por lo que habéis de comer, ni por lo que habéis de beber, ni estéis en ansiosa inquietud. Porque todas estas cosas buscan las gentes del mundo; pero vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de estas cosas. Mas buscad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas». 

 

Los hijos de Dios por la fe en Jesucristo, enfrentamos los recalcitrantes llamados a adoptar una “nueva normalidad” con sus filosofías inherentes, en medio de una obediencia razonable, bíblica y usando el discernimiento, pues no olvidamos que la única obediencia absoluta y sin derecho a ser cuestionada es la de Dios, huyendo de ser ingenuamente sumisos, y menos, convenientemente sumisos, estando dispuestos a defender los derechos de Dios, y las ordenanzas de la creación del matrimonio, el trabajo y el Día del Señor, con humildad, prudencia y discernimiento, mirando cada medida con la convicción de Hechos 4:19-20: «Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído»; pero estando dispuestos a sufrir la afrenta y la presión «Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal» (1 Pd.3:17). Esperanzados, confiados en que si «también si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois. Por tanto, no os amedrentéis por temor de ellos, ni os conturbéis» (1 Pd.3:14). Muchos que han esquivado la iglesia se han contagiado en los contextos del paseo, de la reunión familiar, del trabajo, y nos preguntamos si esta era la mejor manera de sufrir o si era mejor arriesgarse como todos hicimos, por la mejor y más grande causa. El creyente pone sus prioridades en orden «para no vivir el tiempo que resta en la carne, conforme a las concupiscencias de los hombres, sino conforme a la voluntad de Dios» (1 Pd.4:2).

 

Pero el creyente se enfrenta a la “nueva normalidad” expresando el carácter de Cristo siendo verdaderamente compasivo, sensible y dispuesto a compartir el único mensaje verdaderamente compasivo que existe, el evangelio, viendo en esta ocasión una de las mejores oportunidades para compartirlo desde nuestra fe. Hablo de ‘verdaderamente’, pues hoy día existe una idea, puesta y definida por el mundo, de lo que es el amor, la compasión y la sensibilidad. El creyente no deja endurecer su carácter, es dulce, esperanzador, compasivo, generoso, y lo es exactamente en donde se espera que lo sea. No es acaparador, injusto, desconsiderado, sino que recuerdan que según 1 Pedro 3:8, deben ser: «compasivos […] misericordiosos, amigables», y se apersonan del cuidado de sus hermanos, pues así serán recordados en al día final. Mateo 25:35-40: «Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis». ¿Es este tipo de sensibilidad la que hoy define al pueblo de Dios? Sabemos de congregaciones donde nadie sabe que tal o cual hermano ha enfermado o pasa necesidad ¿Es esto una iglesia? ¿No es esto la “nueva normalidad” asimilada, y aplicada?

 

Queridos hermanos, son Dios días oscuros, pero jamás debemos permitir que la “nueva normalidad” haga surco en nuestra alma, eso es potestativo solamente de Dios. Considere, que el creyente bajo la “nueva normalidad”, debe ser el creyente que la Biblia jamás nos ha dejado de enseñar. El mundo, sus crisis y sus vaivenes, no deben ser nuestra Biblia ni nuestro eje. Tenemos un Dios, y un Señor Jesucristo, y hemos sido traídos a estar en Él para ya no ser nuestra y para ya no vivir para nosotros mismos, sino para Aquel que murió y resucitó por nosotros. Que Dios tenga misericordia de nosotros y nos ayude a vivir con el viejo evangelio en esta “nueva normalidad”.

 

Sermón completo:

https://www.youtube.com/watch?v=qKqgQVtlyAQ

 

miércoles, 30 de diciembre de 2020

CRISTIANISMO JOVIAL

 


...De bufones y payasos "cristianos"...

Extracto Tomado del Libro: El Cielo y el Infierno, Edward Donelly

Al parecer para algunos evangélicos de hoy en día, el error cardinal es el pesimismo y su temor más grande es parecer pesimista. El distintivo predominante de gran parte de la publicidad de la iglesia es que el cristianismo es muy divertido. En muchas iglesias, la atmosfera que prevalece es de una jovialidad obligatoria, frenética más bien.

 

Quienquiera que presida las reuniones tendrá un esmerado sentido del humor, demostrando ser un experto en “preparar” a la audiencia (no ya una congregación). Los testimonios cristianos son incansablemente optimistas y están interrumpidos por carcajadas. Quienes nos dan la bienvenida en la puerta siguen sonriendo tan abiertamente que estamos tentados a concluir que acaban de ponerse fundas en los dientes o que están practicando ventriloquía […] Pero tal cosa, parecen creer, es una parte esencial del testimonio cristiano.

 

Sin embargo, a Señor Jesucristo no se le describe en los evangelios como una figura jovial y risueña. El mismo dijo: «Bienaventurados los que lloran» (Mt.5:4). Isaías lo describe como un «Varón de dolores experimentado en quebranto» (Is.53:3). ¿Deberíamos, pues, imitar a nuestros contemporáneos o a nuestro Maestro? ¿Deberíamos ser más serios que joviales?

 

Debemos serlo mientras haya un infierno en espera de nuevos inquilinos. ¿Cómo podemos ir por la vida riéndonos con una risa tonta mientras millones de personas a nuestro alrededor van camino a la condenación? Si estuviera haciendo estragos una plaga con cadáveres por todos lados, ¿qué pensarías de las personas que sortearan alegremente los cuerpos, riéndose porque han encontrado una cura para sí mismos? El salmista se afligía por el pecado que lo rodeaba; al declarar a Dios que: «Ríos de aguas descendieron de mis ojos porque no guardaban tu ley» (Sal.119:136).

 

Esto no quiere decir que los creyentes tengan que ser hoscos. Nosotros experimentamos un gozo inefable y glorioso (1 Pd.1:8). Nos regocijamos aun más. Nos divertimos, reímos, jugamos, disfrutamos al máximo las buenas dadivas de Dios. Pero hay una diferencia entre felicidad y frivolidad. La conciencia del infierno debería producir en nosotros una seriedad subyacente, una gravedad, un realismo en medio de los perdidos y de los que están muriendo.

 

Por este motivo en particular, estamos tratando con verdades tan aterradoras como la muerte, el juicio y la condenación eterna. Hay un lugar para el humor, pero no es este. Aquí, más que en ningún otro lugar, el bufón cristiano es una abominación, y, sin embargo, estas realidades se tratan chistosamente y algunas veces lo hacen personas sorprendentes.

 

[…] Los inconversos quizás nos llamen pesimistas. Quizás consideren que nuestras reuniones están pasadas de moda y son aburridas, sin la chispa de los distinguidos comediantes eclesiásticos, consideran que estas son inaguantables, pero cuando tengan problemas, cuando estén en una verdadera crisis, ¿Se volverán a los payasos? ¿Buscaran a alguien que les cuente historietas y que les haga reír? Una y otra vez vemos que las personas que tienen necesidad se acercan instintivamente a quienes son serios, a los que van en serio, a los que tiene contacto con la vida real. Perciben a una persona de toda confianza, perciben una capacidad para ayudar a un nivel profundo.

 

A la larga, el bufón tiene menos impacto que el hombre o la mujer con lágrimas de compasión. Quienes una vez se burlaron de nosotros, quizás lleguen a descubrir que, «mejor es oír la reprensión del sabio que la canción de los necios» (Ec.7:5). Seamos serios, estemos atentos, pues vivimos en un mundo donde muchos de nuestros semejantes se están perdiendo.

jueves, 28 de mayo de 2020

LA DESTRUCCIÓN TEOLÓGICA DE HOY, VÍA INTERNET


Por Jorge E. Castañeda D

Ciertamente la “democratización” y la masificación de la información ha traído innumerables beneficios que antes no teníamos. Hoy día, cada individuo puede hacer parte de toda una cadena de información, cuando no, es el autor de dicha cadena. Esto ha servido por supuesto para esparcir información verídica y ha traído también las ‘Fake News’, o noticias falsas o imprecisas. Es el mundo de hoy y ya no podemos afirmar que si está escrito, es que debe ser cierto.

En el mundo cristiano y reformado ha pasado exactamente igual, y aunque quisiéramos que, al tener un solo Tomo de base para nuestras opiniones y conclusiones, cada vez coincidiéramos más entre los hijos de Dios, lamentablemente estamos viendo la segregación del cristianismo, la dispersión del pensamiento de la iglesia, la desunificación de lo que aparentemente teníamos en común doctrinalmente, y esto gracias a que los individuos, al verse inmersos en tanta información, y al concederle crédito a todo lo que se rotula como cristiano, histórico o reformado, se han vuelto sus propios teólogos y pastores, aportando, lamentablemente, más a la desinformación bíblica que a su aprendizaje correcto, lejos de los básicos parámetros de interpretación bíblica piadosa.

El asunto es peculiar, toda vez que usted ve cómo los creyentes hoy forman su teología y práctica. Un poco de allí, un poco de allá, todo y nada a la vez. Paginas abundan que reclaman respetar la herencia cristiana, pero lamentablemente cooperan más con la desinformación y la imprecisión doctrinal. La mezcolanza es a tal grado que se aprecia una especie de ecumenismo online sin precedentes, donde el carismático cuidadoso, el cantante pop reformado, el teólogo liberal, el arminiano, el molinista, el reconstruccionista y una que otra secta, aportan para la cosmovisión del cristiano de hoy que se contenta con ver la fotografía del hombre del pasado que le es familiar. Los creyentes expuestos a las redes de forma indiscriminada, construyen su teología sistemática de las frases preferidas de quienes quieren citar, y omiten, por supuesto, lo que no desean que entre a ella. Así, miles de cristianos hoy se reunirán con sus iglesias a adorar y a trabajar para la extensión del evangelio, pero ¿Bajo qué unidad? ¿Bajo qué mente? ¿Andarán dos juntos si no estuvieren de acuerdo?

Al final, es el individuo, a monto personal, particular y muy subjetivo, el que está al mando de construir su propia teología, arbitrariamente, convenientemente, aisladamente. Es fácil hacerlo y se hace dese casa, solo hay que pasar un tiempo en internet para sacar la frase del teólogo que hoy me conviene, frase descontextualizada generalmente, aunque mañana tenga que silenciarlo si no me conviene otra frase suya. La gente hoy aprende de los modelos de internet, de las grandes plataformas que han menoscabado la palabra de Dios para esta generación, adoptan el pragmatismo, modelos y metas mundanas, la adoración mundana, el menosprecio por sus iglesias y pastores locales, se pastorean ellos mismos a través de sus clips favoritos, y vuelven a su iglesia a mostrar su inconformismo por aquello que no encuentran en sus iglesias reales, con sus desafíos inherentes y bajo pastorados que no se limitan a dar sermones generales e inofensivos sino que explican y aplican con poder las Escrituras a las conciencias de las personas, cosas que los teólogos por internet jamás pueden hacer.


Sin duda que es tal la ambigüedad que se maneja que no es raro concluir, a la luz de lo que se ve hoy, que tal reformador fue el que cristiano que más respetó el "quédate en casa" en su tiempo, aunque nada (para sorpresa nuestra) se diga que estuvo dispuesto a morir por causa del evangelio, se llegue a pensar que el otro teólogo apoyaba las organizaciones paraeclesiales aunque sea un anacronismo estilo Fake News, que tal o cual predicador o puritano apoyaría la adoración mundana (sin hacer referencia a su férreos conceptos del principio regulador), que ningún hombre piadoso del pasado, para sorpresa nuestra, creía en la observancia fiel del día del Señor, que las esposas de todos ellos abandonaron sus hogares para desarrollarse como mujeres y que todas formaron una organización de mujeres predicadoras, y que ninguno de ellos, se pronunció con vehemencia contra la mundanalidad de las iglesias, y las corrupciones de su época. 
Todo esto gracias a la desinformación de ministerios que editan la verdad histórica para nosotros, que muestran solo una cara de nuestra herencia reformada, ministerios que no son claros en develar dónde están sus verdaderos intereses y que solo usan la herencia reformada para catapultarse en un contexto que debería ser más cuidadoso con las personas a quienes les presta su oído, que no honran las iglesias locales, que desvían la herencia que Dios trabajó para darnos a esta generación.

Lo más delicado es el manejo arbitrario que hoy se le ha dado a la Biblia a través del internet. Temas y versículos favoritos, que se postean solo para apoyar un punto, sin cuidado de respetar que en otra parte de la Escritura «también está escrito». La falta de conocimiento, pero a su vez la promoción de este y la masificación de este mal a través de organizaciones de internet, sigue alejando que el pueblo de Dios se vuelva a las Escrituras de verdad y aprenda de ellas lo que es la iglesia y la adoración, la edificación de los santos y el evangelismo verdadero en un contexto de santidad bajo el poder del Espíritu Santo.


Quizás usted considere estas palabras, y si cumplieron su cometido, preferirá empezar a salir de esas cadenas de desinformación y error que ayudamos a alimentar en las redes sociales y que en muchos casos, nos alejan de darnos fielmente al estudio de la Palabra y a la indagación de nuestro legado doctrinal, se dará cuenta cuánto hemos corrido lejos de lo que Dios nos regaló por su gracia y de lo que verdaderamente los hombres de Dios tenían en su alma cuando dijeron las frases o hicieron las cosas que hoy usamos sin ningún reparo de forma conveniente.

viernes, 6 de diciembre de 2019

NAVIDAD - CHRIST-MASS



Por A.W. Pink*

«Así dijo Jehová: No aprendáis el camino de las naciones […] Porque las costumbres de los pueblos son vanidad» (Jer.10:1-3).

¡Se acerca la Navidad! 
Efectivamente, pero ¿Qué es “Navidad?” ¿El mismo término no denota su fuente: “Christ-mass”, “la misa de Cristo”? Esto es de origen romano, traído del paganismo. Pero, dice alguien, ¿No es la Navidad el momento en que conmemoramos el nacimiento del Salvador? ¿Y quién autorizó tal conmemoración? Ciertamente Dios no lo hizo. El Redentor ordenó a sus discípulos que lo “recordaran” en Su muerte, pero no hay una palabra en las Escrituras, desde Génesis hasta Apocalipsis, que nos dice que celebremos su nacimiento. Además, ¿Quién sabe cuándo y en qué mes nació? La Biblia es silenciosa al respecto. ¿Es sin razón que las únicas conmemoraciones de “cumpleaños” mencionadas en la Palabra de Dios son las de Faraón (Gn.40:20) y Herodes (Mt.14:6)? ¿Esto está escrito «para nuestra enseñanza»? Si es así ¿Hemos orado recibiéndola de corazón?

¿Y quién es el que celebra la “Navidad”? Todo el “mundo civilizado”. Millones de personas que no hacen profesión de fe en la sangre del Cordero, que lo “desprecian y rechazan”, y millones más que, aunque afirman ser Sus seguidores pero con  sus hechos lo niegan, se unen para divertirse bajo el pretexto de honrar el nacimiento del Señor Jesús menospreciándolo. Nos preguntamos, ¿Es apropiado que sus amigos se unan con sus enemigos en una ronda mundana de gratificación carnal? ¿Alguna verdadera alma nacida de nuevo realmente piensa que Aquel a quien el mundo rechazó está complacido o glorificado por tal participación en los deleites del mundo? Verdaderamente, las costumbres de la gente son «vanas»; y está escrito: «No seguirás a los muchos para hacer el mal» (Ex.23:2).

Algunos abogarán por “mantener la Navidad” sobre la base de “darles un buen momento a los niños”. Pero ¿Por qué hacer esto bajo el manto de honrar el nacimiento del Salvador? ¿Por qué es necesario arrastrar Su santo Nombre en relación con lo que ocurre en esa época de festejo carnal? ¿Es esto llevar a los pequeños fuera de Egipto un tipo del mundo (Ex.10:9-10)? ¿No es simplemente una mezcla con los egipcios actuales en sus «gozar de los deleites temporales del pecado»? (Hb.11:25). La Escritura dice: «Instruye al niño su camino; y aun cuando fuere viejo, no se apartará de él» (Prov.22:6). Las Escrituras ordenan al pueblo de Dios a criar a sus hijos: «en disciplina y amonestación del Señor» (Ef.6:4). Pero ¿Dónde estipula que es nuestro deber dar a cada pequeño un “buen momento”? ¿Alguna vez les damos a los niños un “buen momento” cuando nos involucramos en algo en lo que no podemos pedir adecuadamente la bendición del Señor?

Hay quienes sí se abstienen de algunas de las carnalidades más groseras de la “temporada festiva”, sin embargo, se encuentran en esta atadura cruel de la costumbre prevaleciente en “Navidad” de intercambiar “regalos”. Decimos “intercambiar” porque eso es lo que realmente significa en muchos casos. Se guarda una lista, ya sea en papel o en la memoria, de aquellos de quienes se recibieron regalos el año pasado, con el propósito de devolver el cumplido este año. Eso no es todo: se ha tenido mucho cuidado de que el “regalo” hecho valga tanto en dólares y centavos como el que esperan recibir de él o ella. De manera que muchos quienes no pueden devolver el cumplido, se ven comprometidos cada año a reservar una suma considerable para comprar y devolver el regalo que recibieron para que otros puedan ser recibidos. Así, se les ha impuesto una carga que no pocos encuentran difícil de soportar.

Pero, ¿qué vamos a hacer? Si no enviamos “regalos”, nuestros amigos pensarán mal de nosotros, probablemente nos considerarán tacaños y mezquinos. El proceder más honesto en este caso, es tomarse la molestia de notificarlos, por carta si están a cierta distancia, que a partir de ahora no te propondrás a enviar más “regalos de Navidad” como tal. Da tus razones. Indica claramente que has sido llevado a ver que “La festividad navideña” es totalmente una cosa del mundo, sin ninguna garantía bíblica; que es una institución romana, y ahora que ves esto, ya no te atreves a tener ninguna comunión con ella (Ef.5:11); que eres el «hombre liberto del Señor» (1 Cor.7:22) y, por lo tanto, te niegas a estar atado a una costosa costumbre impuesta por el mundo.

¿Qué hay de enviar “tarjetas de Navidad” con un texto de las Escrituras en ellas? Eso también es una abominación a los ojos de Dios. ¿Por qué? Porque su Palabra prohíbe expresamente todas las mezclas profanas: Dt.22:10-11 tipificó esto. ¿Qué queremos decir con una “mezcla profana”? Esto: la unión de la Palabra pura de Dios con la “Misa de Cristo” romana (Christ-mass). De todos modos, envíe tarjetas (preferiblemente en algún otro momento del año) a sus amigos impíos, y también a los cristianos, con un versículo de la Escritura, pero no con “Christ-mass- Navidad”. ¿Qué pensaría usted de una comedia teatral cuyo programa impreso tuviera Isaías 53:5 al pie del mismo? Seguramente que está completamente fuera de lugar y que es grandemente incongruente. Pero a la vista de Dios, el circo y el teatro son mucho menos desagradables que la “celebración navideña” de las “iglesias” romanas y protestantes. ¿Por qué? Porque a diferencia de los primeros, estos últimos se hacen bajo la cubierta del santo nombre de Cristo.

«Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto» (Prov.4:18). Donde hay un corazón que realmente desea agradar al Señor, Él amablemente otorga un conocimiento cada vez mayor de Su voluntad. Si Él se complace en usar estas líneas para abrir los ojos de algunos de su querido pueblo para reconocer lo que es un mal creciente, y para mostrarles que han estado deshonrando a Cristo al vincular el nombre del Hombre de Dolores (y tal era cuando estaba en la tierra) con una "FELIZ Navidad", entonces únase con el escritor en un arrepentimiento para con Dios de este pecado, buscando Su gracia para una completa liberación de él, y alábelo por la luz que Él le ha otorgado al respecto.

Amado compañero cristiano: «La venida del Señor se acerca» (St.5:8). ¿Realmente creemos esto? No lo creas porque el papado está recuperando el poder temporal que perdió, sino porque Dios lo dice: «porque por fe andamos, no por vista» (2 Cor.5:7). Si es así, ¿Qué efecto tienen tales creencias en nuestro caminar? Esta puede ser tu última Navidad en la tierra en medio de la cual el Señor puede descender del cielo con estruendo para reunir a los suyos a sí mismo. ¿Te gustaría ser llamado de entre una “fiesta de Navideña” para salir a encontrarlo en el aire? El llamado por el momento es «salid a recibirle» (Mt.25:6) desde una cristiandad sin Dios, desde el horrible ‘burlesque’ de la “religión” que ahora se disfraza bajo Su nombre.

«Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo» (2 Cor.5:10). ¡Qué solemne y escrutador! El Señor Jesús declaró «que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio» (Mt.12:36). Si se va a tomar nota de cada «palabra ociosa», entonces lo más seguro es que cada energía desperdiciada, cada dólar desperdiciado, cada hora desperdiciada ¡también lo será! Si todavía estuviéramos en la tierra cuando lleguen los últimos días de este año, dejemos que el escritor y el lector busquen sinceramente la gracia para vivir y actuar con el tribunal de Cristo puesto delante de nosotros. Su «bien hecho» será una más amplia compensación por las burlas y burlas que ahora podemos recibir de las almas sin Cristo.

¿Algún lector cristiano imagina por un momento que cuando él o ella se presenten ante su santo Señor, lamentarán haber vivido “demasiado estrictamente” en la tierra? ¿Existe el menor peligro de que Él reprenda a alguno de los suyos porque eran “demasiado extremos” en «abstenerse de los deseos carnales, que batallan contra el alma» (1 Pd.2:11)? Podemos ganar la buena voluntad y los buenos favores de los religiosos de hoy en día comprometiéndonos en “pequeños? puntos”, pero ¿Recibiremos Su sonrisa y aprobación ese día? Oh, ¡Qué podamos estar más preocupados por lo que Él piensa, y menos preocupados por lo que piensan los mortales que perecen!

«No seguirás a los muchos para hacer mal» (Ex.23:2). Ah, es una cosa fácil dejarse arrastrar por la corriente de la opinión popular; pero se necesita mucha gracia buscada diligentemente de Dios, para nadar contra ella. Sin embargo, eso es lo que el heredero del cielo está llamado a hacer: «No [conformarse] a este siglo» (Rom.12:2), negarse a sí mismo, tomar la cruz y seguir a un Cristo rechazado. Qué tanto el escritor y el lector presten atención a la palabra del Salvador: «He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona» (Ap.3:11). Oh, que cada uno de nosotros pueda decir con sinceridad: «De todo mal camino contuve mis pies, para guardar tu palabra» (Sal.119:101).

Nuestra última palabra es para los pastores. Para ti, la Palabra del Señor es: «Sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza» (1 Tim.4:12). ¿No es cierto que las “iglesias” más corruptas que conoces, donde se niegan casi todos los fundamentos de la fe, tendrán sus “celebraciones navideñas”? ¿Los imitarás? ¿Es consistente protestar contra los métodos no bíblicos de “recaudar dinero” y luego aprobar los no bíblicos “servicios navideños”? Busca la gracia para establecer firmemente, pero con amor, la verdad de Dios sobre este tema ante tu gente, y anuncia que no pueden participar en el seguimiento de las costumbres paganas, romanas y mundanas.


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*Arthur W. Pink fue un ministro bautista y prolífico escritor. Nació en Nottingham Inglaterra el 1 de Abril de 1886 y se convirtió al evangelio a la edad de 22 años cuando a esa edad ya era un exitoso hombre de negocios. Después de su conversión, Pink comenzó a estudiar intensamente las Escrituras […] Antes de terminar su primer semestre, Pink renunció a sus estudios para pastorear una iglesia en Silverton Colorado […] Mientras se encontraba pastoreando la iglesia Bautista de Northside en Spartanburg Carolina del Sur en el año de 1918, escribió uno de sus libros que más influencia han tenido en los tiempos modernos: “La Soberanía de Dios”.

En el año de 1921, Pink comenzó a escribir un periódico mensual titulado: “Estudios en las Escrituras” el cual se convertiría en su principal ministerio. Aún a pesar de sus viajes, él siempre mantuvo el periódico en circulación con cerca de mil lectores. El periódico que mantuvo hasta el fin de sus días, ha sido la principal fuente de material de casi todas sus obras que han sido publicadas por distintas casas editoriales de la actualidad.

A través de sus escritos, Pink se convirtió en un fuerte puente entre los Puritanos del pasado y los creyentes de la última mitad del siglo XX. Él fue uno de los muchos escritores cuyas obras fomentaban un avivamiento del Calvinismo histórico en la última parte del siglo XX”. Murió en 1952.      

(R. P. Belcher, en su aportación de la breve biografía de A. W. Pink en la obra “Biographical Dictionary of Evangelicals”, IVP, 2003, p. 529).Biografía tomada de:

viernes, 29 de junio de 2018

¿LA BIBLIA DA PARA TODO?




“El papel aguanta todo”, es una expresión que tiene como fin poner en duda cualquier asunto que se ponga por escrito independientemente su autoridad. He escuchado este argumento para hablar de la Biblia y así expugnar su certeza y pertinencia para hoy.


En el caso de las Escrituras, quizá podríamos decir que en la gama de interpretaciones bíblicas, “La Biblia da para todo”. Por supuesto, esto no es una crítica a la Biblia misma ni una contradicción a mi adhesión a su inspiración, infalibilidad e inerrancia, sino a la desafortunada realidad de las desastrosas interpretaciones de las Escrituras de parte de los confesos cristianos que ha llegado a formar parte del colectivo evangélico y replicado hoy por los medios masivos de comunicación.

Hace algún tiempo, una líder de una secta en nuestro país (Colombia) tomó de la Biblia, principios descontextualizados con respecto al sacerdocio Aarónico del Antiguo Testamento para afirmar su prohibición a que personas discapacitadas presidan públicamente en su organización. Su interpretación bíblica es tal que puede arbitrariamente sacar ese principio del Antiguo Testamento, pero dejara un lado otros que no encajarían en su propia manera de ver las cosas. Si su manera de interpretarla Biblia fuera coherente, de rescatar de las prescripciones levíticas todos los requisitos para quienes presiden, ella misma tendría que abandonar su cargo, basado en que solamente los varones presidían como sacerdotes y levitas.


De hecho, el problema no está en establecer una práctica basada en el Antiguo Testamento, porque hay sinnúmero de principios que estamos obligados a obedecer, siendo ellos fundamentados en el Antiguo Testamento. El punto es que debe haber un principio objetivo, claro, no contradictorio, para que sepamos qué asuntos tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento se presentan como obligación para el creyente bajo el Nuevo pacto. Principios que no sean arbitrarios, que no dependan de mi manera particular de ver el cristianismo ni mucho menos, que uno mismo pueda moldearlos a su conveniencia.


Ha sido ampliamente conocido también como en el mundo del deporte, la practica de tomar textos aislados de su correcta interpretación, se aplican arbitrariamente y de manera descuidada, sin respetar minimamente el sentido de los pasajes citados. Hace algún tiempo, un famoso jugador de fútbol perdió la oportunidad para ir al mundial y se afirmó que tenía 'una esperanza como un grano de mostaza a la cual se aferra, la cual es suficiente para creer que su ilusión por el mundial aún está vivía. Dios hace posible lo improbable y en el creo yo’. Esto no parece tan indignante como las declaraciones de aquella mujer ni sufren el rigor del impacto publico y discriminatorio pero es altamente ofensivo para aquellos que nos confesamos en máxima subordinación a las Escrituras. Contiene la misma cantidad de confusión y subjetividad arbitraria que descartar a un varón para el ministerio de predicación por alguna discapacidad.


Muchos cristianos siguen, comparten y aplauden este proceder sin ningún discernimiento este uso de la Biblia que ahora cantantes, políticos, deportistas, actores y gente del común, usan. Tal parece que es suficiente con citar la Biblia así se atropelle el sentido básico de un texto y así se le haga decir a la Biblia lo que no quiere decir. En este sentido podemos ser acusados de tomar la Biblia y hacerle decir lo que deseamos y así, sin duda que la Biblia da parra todo. Textos como el conocido Filipenses 4:13, 'Todo lo puedo en Cristo que me fortalece', ha sido usado para manifestar la fe en Dios disponible para abrir una lata de atún, sacar adelante un proyecto laboral, ganar un Grammy, hasta para ganar un partido de fútbol o una votación política.


No es para nada probable que el Señor Jesús cuando afirmó que quien tuviera fe como un grano de mostaza haría lo imposible, estuviera pensando en la rodilla de Radamel, en el disco de Montaner, en el proyecto de Juanito ni en el cargo político que se consigue con esta estrategia. Tampoco creo que al decirle a sus discípulos que lo que es imposible para los hombres es posible para Dios, haya estado interesado en el staff de jugadores de la selección Colombia rumbo al mundial o que la victoria que Él da tiene que ver con derrotar en la cancha al otro equipo. Pero esta interpretación es tan típica, tan generalizada, pero terriblemente dañina para este mundo que es necesario detenerla.


La hermenéutica, ciencia de la interpretación bíblica, nos diría que los textos han tenido un significado primario, original. Antes que nosotros naciéramos ya tenía un significado que seguramente es el significado que debe dársele para luego aplicarlo a casos individuales. Si mi capacidad de entender el significado primario de la Biblia, en su contexto, se ve nublado por mis casos particulares, la manera de aplicar la Biblia a mi vida, será desastrosa, arbitraria y peligrosamente muy subjetiva. Mientras que si llego al significado que el Santo Espíritu dio al inspirar tales textos, los entiendo en su significado y contexto, luego al aplicarlos a mi vida, lo haré de la manera justa y real y sin duda podré decir que la Palabra de Dios se ha aplicado a mi vida.


La interpretación privada de la Biblia tan defendida por los reformadores del siglo XVI, no es sinónimo de interpretación arbitraria de ella. El libre examen de las Escrituras no es un permiso absoluto de interpretar la Biblia de la manera más liviana, subjetiva, parcializada y ligera que se pueda. El derecho que Dios le dio a su pueblo de leer e interpretar el Sagrado Tomo, no los autoriza a hacer su propia versión de cristianismo y espiritualidad ya que solo hay un Dios y una fe.


El tráfico indebido de máximas bíblicas no es un bien para el mundo, ni para el cristianismo, por supuesto. No basta con que un cantante mundano que se confesa cristiano, se vaya tranquilo a dormir porque citó en su canción o en sus declaraciones partes de la Biblia y piense que ha dado testimonio de la fe y ha sido un valiente testigo. Es muy probable que haya ido a la cama como alguien más culpable de seguir esparciendo el virus de subyugar la Biblia a criterios subjetivos y personales que alejan a las gentes del verdadero mensaje de Dios. Y si ya teníamos el problema de defender ante la gente que el papel de la Biblia aguanta todo, ahora tendremos otros, defender el evangelio ante el mundo violento que nos dice que la Biblia da para todo. El ya difícil mensaje del evangelio se levanta más enemigos por irresponsabilidades como las que anotamos. Pero usted sabe que eso no es lo único, cada día hay más y más de esto.



La hermenéutica no es un lujo de los seminaristas, si un creyente no busca ser más diestro en interpretar el sagrado libro, su mente será la incubadora del virus que hoy lamentamos. Que quede claro, Dios si nos habla hoy por su Palabra Santa, la Biblia, pero por ella bien interpretada. Si decimos tener la Biblia como Palabra de Dios, es necesario que la tratemos como tal.


Jorge E. Castañeda D.

lunes, 18 de diciembre de 2017

CELEBRAR O NO CELEBRAR ¡ES ESA LA CUESTIÓN!

Cada fin de año abundan entre los cristianos varios escritos y defensas de las posturas particulares, concernientes a si un cristiano debería celebrar o participar en la celebración de la Navidad. Bueno, aquí está otro artículo.

Antes de proseguir permítame aclarar tres asuntos de la mayor importancia, sabiendo que el tema no es tomado por todos con la misma fuerza y emoción:

1. Quien escribe lo hace desde una perspectiva pastoral, buscando no solo señalar ciertas cosas como erradas sino deseando la persuasión de las conciencias que luego resulte en cambios juiciosos.  Por ello no empezaré este escrito tildando a alguno de descendiente espiritual de los celtas o llamándole pagano o mundano acérrimo o católico romano. Si ese es su espíritu o espera que sea el mío, se irá desilusionado, creo que las cosas pueden ser instructivas y mi mayor deseo no es tanto denunciar como orientar bajo los principios de la Palabra de Dios.

2. Seguramente mi respuesta parecerá muy fuerte para algunos y se vean tildados a etiquetar sobre esta explicación: ¡Legalismo! Para otros pareceré muy blando y seré etiquetado como ¡Mundano! Pero espero que pueda sacar la mayor utilidad en lo que con meditación bíblica considere correcto y pueda en paz, disentir conmigo en algunos puntos o coincidir, pero porque vio el principio bíblico y no solo por la coherencia argumental que pueda ver aquí. Pero con todo, esperamos que los creyentes aprendamos a lidiar con el entendimiento particular que de este tema puedan tener los demás mientras les ayudamos a ver mejor los principios.

3. Tenga paciencia, pues en la procura de un mayor entendimiento bíblico en algún tema la inmediatez no es buena consejera. Muchos asuntos no son entendidos por el ánimo de desear la respuesta instantánea a cuestiones en las que se deben tener en cuenta muchísimas cosas que no van a surgir de forma inmediata. No saque conclusiones apresuradas ni finales hasta no leer todo este escrito, le animo a no asumir y etiquetar a primera las cosas, para su provecho.

En primer lugar, trataré de identificar de manera breve las posturas que he logrado reconocer entre los cristianos. No intento caricaturizar a nadie, no es el espíritu de este escrito, solamente el lograr identificar en líneas muy generales las diversas posturas que se tienen en cuanto a la celebración de la Navidad. A veces resulta que adquirimos más y más luz, al tratar de entender las posturas del otro y no solo combatirlas irreflexivamente y es la idea aquí. Espero que este sea el caso también para usted y su postura final considere lo que cristianos como usted y yo, piensan al respecto.

El que ha tomado una visión despistada o irreflexiva
Hablamos del que jamás había pensado si debería tener una postura. Casi que preguntarle el porqué de su celebración hará que sus neuronas choquen de manera no convencional y se sienta mal. Su práctica común es que llegado el mes de Diciembre, se encamina alegre hacia donde todo el mundo a su alrededor se encamina. No ha meditado sobre el tema si es que como cristianos necesitamos, aun en estas cosas, tener una base bíblica. Este creyente evitará estas reflexiones porque, entre otras cosas, está asombrado que haya extraños cristianos de tendencia Grinch que tengan objeciones contra tal celebración. Él no ve nada de malo en aunarse al contexto de la época y posiblemente en su iglesia se celebre la Navidad, todos asumiendo que es una época para celebrar. Sencillamente no ve nada de malo, claro, con una visión muy general de las cosas. Este cristiano nos dirá ¡Feliz Navidad! O ¡Felices fiestas! Quizás este mismo individuo diga palabras como “¿Qué nos traerá el próximo año?”, evidenciando su apego irreflexivo a estas épocas.

El que asume que ha tomado una posición bíblica
Para muchos creyentes, el hecho que el nacimiento de Cristo se encuentre registrado en las Escrituras, es suficiente para hacerlo motivo de celebración decembrina y establecer de manera personal y hasta eclesial, una festividad. Es decir, para ellos el asunto es muy fácil: En la Biblia se habla del nacimiento de Cristo, en Diciembre se celebra este nacimiento, por lo que celebrarán en Diciembre este nacimiento. Estos creyentes abogarán porque mientras la celebración se mantenga dentro del verdadero significado de la Navidad (El nacimiento del Salvador), es legítima. Otros han sido aún más osados tratando de rastrear en la historia evangélica la legitimidad de esta celebración y hasta han encontrado a San Nicolás entre los padres de la Iglesia. Este creyente solo tendrá ligeras objeciones en que la navidad se enfoque en celebraciones y regalos, pero no tendrá inconveniente en que se celebre, si el centro es exaltar a Cristo y recordar su nacimiento, así sea en medio de natilla*, buñuelos**, galletas, pavos y ponches.

* Postre típico en ciertas regiones en épocas decembrinas.
** Panecillos típicos en ciertas regiones en épocas decembrinas.

El que ha tomado una postura religiosa
Aquí encontramos individuos que creen que todos los cristianos estamos religiosamente obligados a observar anualmente los eventos del natalicio del Salvador, casi elevando la celebración de la navidad a un rito instituido para los cristianos. Ellos observarán con la mayor rigurosidad que se pueda esta fecha, como lo instituido para la cristiandad. Ellos se asombran que iglesias no tengan el “Culto Navideño”, o que para algunos estas fechas no signifiquen demasiado. Esta fecha no puede quedar inadvertida, piensan, y casi que nos llaman a tener algún tipo de piedad particular o expresiones devocionales singulares. Si bien, ya no andan por el lado de las novenas frente al pesebre, desean rescatar el espíritu cristiano detrás de estas celebraciones e instituyen en su vida o en la de sus iglesias, un sistema paralelo de las novenas de aguinaldos*. Seguramente también son cristianos enseñados a tener un momento de reflexión por la Semana Santa y hasta llevar a cabo ritos particulares de vigilias y ayunos.

* La Novena de Aguinaldos​ es una costumbre católica, arraigada sobre todo en Colombia, Venezuela y Ecuador, relacionada con la festividad de Navidad. Es análoga a las Posadas que se celebran en México y Centroamérica. Se trata de una oración rezada durante nueve días (novena) en la época previa a la Navidad (época de aguinaldos).

El que ha adoptado una postura de reproche y denuncia
Parece ser una postura reaccionaria, aunque para ellos es la postura cristiana. Muchos cristianos han visto la manera en que el mundo ha permeado muchas veces la iglesia y aquí ven una de las mayores. Ayudados por cierta documentación histórica, se esforzarán por demostrarle que dicha celebración es tan pagana como el Halloween, y que, como cristianos, debemos separarnos de todo lo mundano. Le hablarán de la innegable relación de las fechas de Navidad con celebraciones paganas, de la relación del paganismo con el árbol, de los regalos y de los orígenes oscuros de papá Noél. Y ya que la Biblia nunca enseña que los cristianos debemos celebrar la Navidad, ni mucho menos en una época donde, la verdad sea dicha, no fue la época del nacimiento del Señor, es completamente ilegitima y mundana, tal celebración. Estos cristianos pueden llegar a “meter todo en una misma bolsa” y llegar a prohibir con fuerza cualquier tipo de reunión familiar, comida y hasta conversación del Nacimiento en Diciembre mostrando así que no se están conformando al mundo.

El que ha adoptado una postura pragmática
Aquí están creyentes que pueden llegar a entender que esta celebración no está ordenada en las Escrituras, que no corresponde a la fecha del nacimiento del Señor Jesús, que esta celebración se presta para los excesos, aun entre cristianos, comprenden que hay gente irreflexiva o radical en esto, pero este cristiano no se quiere enredar en si se debe o no celebrar la Navidad, va a aprovechar la fecha para reunirse en familia, evangelizar, dar regalos, etc. Para ellos, no necesariamente existe un pecado en tal celebración, desde que se mantenga en una línea modesta, pero va a fijarse más bien en el provecho que se le pueda sacar, llámese provecho familiar, social, y hasta evangelístico. Muchos se han aunado a esta postura tratando de aprovechar lo bueno que en la gracia común épocas y fechas como estas traen a la humanidad y no se complicarán en nada mientras mantengan una línea sobria. Posiblemente apelarán en este caso a la libertad cristiana, a esos asuntos que, al no estar regulados por la Palabra de Dios, cada cristiano es libre de practicar o no, según la conciencia con que lo haga.

Está el creyente que deja a un lado su profesión de fe en esta época
Y aunque nos parezca singular, existen individuos que hacen una pausa de piedad para Diciembre y contemporizan tan descaradamente con el mundo que en verdad siembran dudas de su participación en Cristo. Si hay que comer hasta reventar, se come, si hay que beber, se bebe, si hay que bailar se baila, si hay que derrochar los recursos que Dios nos permitió ganar, se gastan, si se aporta para el estímulo de la mundanalidad, las codicias, se hace. Pasadas las festividades, vuelve a retomar su profesión de fe como si nada hubiese pasado, suspirando que tal vez el año se pase tan rápido para volver a este círculo. Este individuo manifiesta que su felicidad mayor proviene de fechas, regalos, familia y al parecer, deja a un lado a convicción profunda, el congregarse, orar, ofrendar, testificar, ser modesto, sobrio y prudente, estas son cosas que luego va a retomar cuando pasen los momentos de celebración. Parece que ve en Diciembre un salvoconducto divino para expresar sus pasiones reprimidas los once meses anteriores.

Por supuesto que entiendo que en la vida cristiana las cosas no se delinean tan fácil, habrá cristianos que estén entre una y otra postura, que no se hayan sentido tan bien identificados con una etiqueta, pero en general, espero haber sido justo con el pensamiento de la mayoría de hermanos, sin distorsión ni ironías. Pero ¿Podemos andar en un camino bíblico en esto? Esperamos que sí. Ahora bien, el asunto no es tan sencillo de delimitar, pues si la norma fuera como tal que vamos a celebrar solo aquello que esté estipulado en las Sagradas Escrituras, no solo la celebración de la Navidad quedaría fuera por no encontrarse en la Biblia, sino que el creyente tendrá que resolver las cuestiones de aniversarios, cumpleaños, días feriados, y conmemoraciones civiles y otras, que al igual que la Navidad no encuentran un respaldo en la Biblia. Puede ser que entonces algunos cristianos opten por no celebrar nada si es que así concluyen, pero no necesariamente deberían imponer, en el sentido de las conmemoraciones civiles, su criterio a otros.

Una ayuda preliminar
La distinción esencial entre fiestas civiles y fiestas religiosas
Quizás empecemos a dar luz si somos sensibles a los diferentes tipos de celebración que hay. Permítame primeramente aclarar previamente que la palabra ‘celebrar’, está definida como la conmemoración de un acontecimiento a través de un acto, sea una reunión, ceremonia o fiesta. Aquí y para nuestro provecho, hay que diferenciar fiestas civiles de fiestas religiosas ya que la Palabra de Dios nos señala algunos lineamientos en cuanto a ambas y las trata de forma particular, es decir, no las rige igual sino con principios singulares.

Las fiestas civiles, particulares, personales, son cuestiones de gustos, libertad, opinión. Entre las fiestas civiles podemos situar cumpleaños, aniversarios, fiestas patrias, y otras similares como conmemoraciones que, aunque no sean fiestas institucionalizadas, corresponden a un honor que se brinda a algo o a alguien. Por supuesto que entre las festividades civiles puede haber un componente ilegitimo, si así se quiere ver, pero no en la celebración en sí sino en la manera que hacemos de, por ejemplo, la Patria, el matrimonio o la vida misma, ídolos a los que nos hincamos de forma religiosa. Sin embargo, a nivel civil, un reconocimiento general con afecto cristiano, una conmemoración de lo que Dios ha hecho en la historia trayendo ciertas libertades civiles y religiosas a los pueblos, reconocer y alegrarse especialmente por un año más de la preservación de la vida o de matrimonio, tener cierta deferencia al recordar con aprecio el gobierno de Dios en la historia en una nación, pudiera ser hecho de manera que no contradiga nuestros principios bíblicos y la honra que le debemos a Dios, lo que jamás deberíamos traspasar.

Fiestas religiosas son aquellas que tienen, esencialmente, un componente religioso que es precisamente el que se celebra o conmemora. Y aquí quizás nos demos alguna luz, porque esencialmente no es igual la conmemoración de la independencia de una nación que de la asunción de la virgen, ni es igual la celebración de un cumpleaños que las fiestas del sagrado corazón. Lo que se remarca aquí es que las fiestas religiosas tienen como base o punto de partida un evento religioso inherente, es el motivo en sí de la celebración, es el sin qua non, el asunto sin el cual la celebración misma no tiene sentido.

Ubicando el aporte de Romanos 13
El apóstol Pablo, iniciando el tema de las responsabilidades civiles de un cristiano, nos enseña en Romanos 13 a andar como ciudadanos de este mundo de manera que demos a cada cual lo que le debemos, sean tributos, sea honra. Rom.13:7: «Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra». Por supuesto que, como afirmábamos antes, esta honra debe ser dada como una expresión de amor a Dios y al prójimo, y sin buscar dar rienda suelta a los deseos de la carne o buscando expresar principios que vayan en contra de la voluntad de Dios como la idolatría (Cf. vv.9-14). Note que la libertad cristiana aquí expresada, no es una libertad absoluta o sin escrúpulos, sino una bajo principios de amor y santidad en el sentido de «vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne» (v.14).


En este mismo contexto, el apóstol Pablo, en Romanos 14, exhorta a que en la iglesia deberíamos aprender a recibirnos entre cristianos sin hacer de los asuntos de libertad cristiana un conflicto, como lo afirma el v.3: «El que come, no menosprecie al que no come, y el que no come, no juzgue al que come; porque Dios le ha recibido». Y atiéndase aquí que el texto a continuación está en el marco más general de las demandas cristianas y de las cuestiones de opiniones. La diferencia aquí es crucial, pues en lo que la Biblia ordena y enseña, ya sea de manera clara o por sus necesarias implicaciones, el concepto de libertad no es el que aplica, sino el de la obediencia. Pero en asuntos donde no hay una revelación específica de la voluntad de Dios ya sea explícita o mediante sus implicaciones necesarias (Como es el caso de Romanos 13), solamente podemos regirnos por principios generales de las Escrituras y por un sentido cristiano de nuestra libertad cristiana. De ahí la importancia de reconocer el contexto de Romanos.


Pues es en este contexto y no en el contexto de la observancia clara de la ley moral, dice Rom.14:3-8: «El que come, no menosprecie al que no come, y el que no come, no juzgue al que come; porque Dios le ha recibido. ¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno? Para su propio señor está en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme. Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente. El que hace caso del día, lo hace para el Señor; y el que no hace caso del día, para el Señor no lo hace. El que come, para el Señor come, porque da gracias a Dios; y el que no come, para el Señor no come, y da gracias a Dios. Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí. Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos».

La Gran Diferencia, las celebraciones religiosas

Aquí espero que empiece a notar el punto: que esencialmente no es igual una celebración, homenaje o recordatorio de un asunto indiferente o de opinión como lo puede llegar a ser un asunto civil, que una festividad o conmemoración religiosa, por exactamente el asunto religioso involucrado y las implicaciones que celebrar un asunto religioso conlleva. Los asuntos religiosos corresponden a otro ámbito que supera los asuntos más generales y de opinión y tendremos que ir a textos que hablen de dicho tema para entender su regulación. Además, porque a nivel propiamente religioso, esperamos que sea la Palabra de Dios la que nos señale de manera específica los asuntos de devoción y culto, no sea que nos veamos sorprendidos en la implementación de cultos o festividades no instituidas por el Señor y así, caer en la idolatría.

La institución de festividades religiosas
¿Deberíamos, a la luz de esto, celebrar de manera religiosa, instituida formalmente para los creyentes la Semana Santa, el Pentecostés, la Navidad y otras, ya que fueron obras de Dios en la historia? Deseo que considere que, si bien, como iglesia creemos que hubo un momento histórico en el que el Señor Jesús nació, fue a la cruz, y envió su Espíritu, también es cierto que, en la categoría de celebraciones religiosas, la única celebración formal, instituida y demandada al pueblo de Dios es el Día del Señor. Es en la adoración corporativa (como un cuerpo) del pueblo de Dios en el Día del Señor, donde en sentido regular alabamos al Dios y Padre por la Persona y obra de su amado Hijo y por el ministerio del Espíritu Santo, no confinando a ciertas épocas el recordatorio afectivo y cultico de este, que es el fundamento de nuestra fe.

Como verás, la iglesia primera, estando aún más cerca de estos acontecimientos, y conociendo de primera mano “las fechas” en que estos asuntos fueron realizados, perseveraban en asuntos muy específicos: «…en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones» (Hch.2:42), y en la institución semanal y formal en día del Señor. Puedes repasar todo el Nuevo Testamento y notarás la ausencia de la observancia corporativa de “Festividades religiosas” aparte del Día del Señor. En otras palabras, ¿Para qué la iglesia celebraría en épocas específicas lo que podía y debía reconocer cada vez que se reunieran en culto el Día Santo? Al contrario ¿No señala el Nuevo Testamento el error de instituir el ‘culto voluntario’ de carácter religioso? (Cf.Col.2).

La institución de festividades religiosas por parte de la iglesia o la observancia religiosa de una fecha por parte de la iglesia, lo hace en detrimento del principio que regula la iglesia el  cual señala que aquello que hacemos como iglesia debe ser positivamente revelado en las Escrituras y no simplemente estar prohibido (lo que corresponde al principio normativo de la iglesia no observado por los reformadores). El establecimiento arbitrario de festividades religiosas para que la iglesia las observe, aparte de lo que Dios ha revelado en su Palabra para ser observado o practicado, es una invención humana impuesta sobre las conciencias de los creyentes, sobre lo que el Nuevo Testamento no guarda silencio. 1 Tim.3:14-15 afirma: «Esto te escribo, aunque tengo la esperanza de ir pronto a verte, para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad». El apóstol se asombra y reprende a los Gálatas, porque ellos querían volver a la observancia de ritos religiosos de los que ya habían salido: «Ciertamente, en otro tiempo, no conociendo a Dios, servíais a los que por naturaleza no son dioses; mas ahora, conociendo a Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os queréis volver a esclavizar? Guardáis los días, los meses, los tiempos y los años. Me temo de vosotros, que haya trabajado en vano con vosotros» (Gal.4:8-10).

En estos textos es claro que el tema no son los asuntos indiferentes, los asuntos de conciencia o de opinión ni los asuntos civiles, sino asuntos religiosos, de prácticas religiosas, ritos y cultos establecidos. La Palabra de Dios nos instruye, en consecuencia, que, en cuanto al servicio formal, religioso o cultico al Señor, Él tiene la prerrogativa de ordenar qué debe practicar la iglesia, en donde por supuesto, la iglesia no puede tomar un día y establecerlo como una festividad religiosa a su arbitrio. Aquí es muy útil el comentario de Calvino en su sermón de Miqueas 5 cuando exhortó a quienes habían asistido a la iglesia para la observancia religiosa de la Navidad ese domingo: 

“¿Pensaban que estarían honrando a Dios? Consideren qué tipo de obediencia a Dios vienen mostrando. En sus mentes, están celebrando un día santo para Dios, o convirtiendo el día de hoy en uno […] Porque no hay un día superior a otro. No importa si recordamos la natividad de Nuestro Señor en un miércoles, jueves, u otro día. Pero cuando insistimos en establecer un servicio de adoración basado en nuestros caprichos, blasfemamos a Dios, y creamos un ídolo, aunque lo hayamos hecho en el nombre de Dios. Y cuando adoran a Dios en la ociosidad de un espíritu de día santo, ese es un pecado pesado de llevar, y uno que atrae a los demás al respecto, hasta que llegamos a la altura de la iniquidad”.

Ahora, ¿La celebración Navideña, como la celebración de Semana Santa o el Pentecostés corresponden a celebraciones civiles, indiferentes, de opinión, a asuntos de conciencia donde aplica la libertad cristiana? O ¿Corresponde a una celebración religiosa, de contenido religioso, basada en un asunto religioso? ¿Hablamos aquí de conmemoraciones religiosas o culturales sin ninguna relación religiosa? Y además ¿Corresponden a un mandato bíblico para los creyentes? ¿Habría una diferencia entre lo que celebramos como iglesia y lo que podemos celebrar de manera particular? No hay ninguna duda que la misma palabra Navidad evoca el nacimiento de Jesucristo. Que cristianos le den  un tinte particular, que el mundo lo haya comercializado, no eclipsa el que esta sea una celebración que toma como punto de partida un evento religioso muy sentido y especial para los cristianos. Ahí, creo, está la dificultad y lo que nos debe llevar a mayor discernimiento.

Una ayuda secundaria
Ahora bien, debido a que no podemos desligar la celebración de la Navidad de su obvio punto de partida, empecemos el discernimiento de estos asuntos desde lo más obvio, lo que buscará encaminar nuestro andar para estas épocas.

1. La celebración de la Navidad es una celebración imprecisa
Cada uno debe tener en cuenta que la celebración decembrina del nacimiento de Cristo corresponde a una fecha arbitrariamente establecida, de orígenes culturales o culticos tradicionales, y que no corresponde a la fecha en que el Salvador Jesucristo nació en verdad. Trate de averiguar, aun por los exegetas más juiciosos el tiempo del Nacimiento y verá que el  asunto  es muy complejo de determinar. Es más, creemos que la Biblia, de forma deliberada escondió esa fecha de nuestro entendimiento. Imagine que, si tenemos tanta idolatría ignorando el día exacto del nacimiento del Salvador, ¿No tendríamos una “serpiente de bronce” conociendo el día exacto de su natalicio? Así que es mejor que sea cuidadoso en lo que usted hace, recomienda o exhibe ante otros, pues creo que lamentaría que otros lleguen a la conclusión que su creencia en este aspecto es la de estar cierto de la fecha del nacimiento de Cristo o de afirmar a los no creyentes o a creyentes inmaduros en algo que usted sabe que no es cierto: Que en Diciembre nació el Cristo y que estamos celebrando su cumpleaños. Usted debe estar bien claro que entiende que esta fecha es arbitraria y que no tenemos datos específicos para fechar el día del nacimiento de Cristo. Entonces celebrar el nacimiento en Navidad ¿No es de lo más impreciso y arbitrario que podemos hacer? ¿No estamos dando un mal mensaje a propósito de rescatar “el verdadero significado de la Navidad?

2. El Principio Regulador
Debemos tener en cuenta que jamás deberíamos ni siquiera dar la impresión que podemos instituir festividades religiosas para el pueblo de Dios fuera de la que ya ha sido instituida, a saber, el día del Señor. La esencia de la idolatría es adorar a otros dioses aparte o conjuntamente con el Dios de la Biblia, pero también adorar al Dios de la Biblia de maneras que Él no ha instituido. Por lo que establecer un rito, culto, de adoración a Dios que no esté prescrito, es simplemente una violación al mandamiento. Aquí será útil entender como nuestros antiguos maestros puritanos entendieron este punto en su explicación del segundo mandamiento. En la Pregunta 108 dice ¿Cuáles son los deberes requeridos en el segundo mandamiento? Y se responde:

“Les deberes requeridos en el segundo mandamiento son recibir, observar y guardar puros y completos todo el culto religioso y las ordenanzas, tales como Dios las instituyó en su Palabra […] así como también el desaprobar, detestar y oponerse a todo culto falso, y conforme al estado y llamamiento de cada uno, destruirlo, así como a todos los objetos de la idolatría”.

En la Pregunta 109 que dice ¿Cuáles son los pecados prohibidos en el segundo mandamiento? Se responde:

“Los pecados prohibidos en el segundo mandamiento son, todo lo que sea inventar, aconsejar, mandar, usar, y aprobar algún culto religioso por sabio que sea, pero que no haya sido instituido por Dios […] Todas las supersticiones engañosas, el corromper el culto de Dios, ya sea añadiéndole o quitándole, sean (supersticiones) inventadas y tomadas por nosotros mismos, o recibidas por tradición de otros, aun cuando vengan con el título de antigüedad, costumbre, devoción, buena intención o cualquier otro pretexto, la simonía, el sacrificio; toda negligencia, desprecio, impedimento, y oposición al culto y ordenanzas que Dios ha establecido”.

Esto me lleva a hacer un comentario de lo que podemos denominar “Cultos temáticos”. En mi país, desde hace algún tiempo, se ha puesto de moda que las celebraciones matrimoniales o de cumpleaños, tengan una temática. Hace algunos años usted simplemente era invitado a estos espacios, hoy la tarjeta de invitación puede decir: “Matrimonio ochentero”, “Cumpleaños del oeste” y así, cada reunión tiene una temática, una tendencia. Cada adorno, ambientación y decoración, están orientadas a estas temáticas. Pero ¿Es esto valido cuando hablamos de un culto? Por supuesto que no es mi deseo criticar o particularizar las cosas innecesariamente, pero sabemos que detrás de la sintaxis, va nuestra práctica. Si la tal es buena la práctica será buena, si la tal es mala, las prácticas se contaminarán por necesidad. Entonces ¿Es legítimo hablar de cultos de….? ¿Acaso la única palabra que debería terminar la frase “culto de”, no es la palabra “ADORACIÓN”? ¿Acaso como iglesia podemos poner temáticas a los cultos? ¿Qué vemos en las Escrituras? ¿Cómo fue la práctica apostólica y de los mejores momentos de entendimiento bíblico de la iglesia? Esperamos no estar tomando de una estructura secular, esta costumbre. Lo decimos no solo porque podemos haber hecho cultos del día de la madre, cultos de la familia y en épocas “navideñas” ¿Cultos de Navidad?

3. El uso indebido o impreciso del Nombre del Señor y lo relacionado con Él
Debemos advertir el peligro del quebrantamiento del tercer mandamiento en la celebración de la navidad. Este mandamiento nos advierte de usar el Nombre, los nombres y hasta los asuntos que se relacionan directamente con Dios de manera liviana, irreflexiva, descuidada y hasta jovial. Recordemos lo que el Catecismo mayor dice del tema en su Pregunta 112 que dice: ¿Qué exige el tercer mandamiento? A lo que responde:

“El tercer mandamiento exige que el nombre de Dios, sus títulos, atributos, ordenanzas, la palabra, los sacramentos, la oración, juramentos, votos, suertes, sus obras, y cualquiera otra cosa por lo cual él se da a conocer, sea santa y reverentemente usadas en pensamiento, meditación y) en palabra, y por escrito: por una profesión santa, una conversación intachable, para la gloria de Dios, y para el bien nuestro, y de otros”.

Y en la Pregunta 113: ¿Cuáles pecados prohíbe el tercer mandamiento? Se nos ilustra de la mejor manera:

“Los pecados prohibidos en el tercer mandamiento son, el no usar el nombre de Dios de la manera que es requerida, y el abuso del mismo por una ignorante, vana, irreverente, profana, supersticiosa, o malvada costumbre, mencionando o usando de cualquier otro modo sus títulos, atributos, ordenanzas, u obras; por blasfemia, perjurio, toda maldición pecaminosa, juramentos, votos, suertes […] la mala interpretación, aplicación, algún otro modo de pervertir la palabra o alguna parte de ella,  por chanzas profanas, cuestiones curiosas o inútiles, charlas vanas, o el sostener falsas doctrinas, en abusar el nombre de Dios, de las criaturas o de alguna cosa que está bajo de él; encantos, prácticas y concupiscencias pecaminosas; difamación, desprecio, injuria, o la oposición grave a la verdad, gracia y caminos de Dios […]”.


Ahora, si entendemos que la palabra “Navidad” significa “Natalicio” o “Nacimiento”, empezamos a ver que querámoslo o no, nuestro Señor está siendo involucrado en este asunto, porque ¿A qué nacimiento especifico nos estamos refiriendo? Y ¿En qué contexto o bajo que actividades estamos relacionando este acontecimiento? ¿En uno meramente cultural? ¿En uno sencillamente comercial? ¿En uno religioso? Y además ¿Lo estamos usando legítimamente dando una idea correcta del nacimiento de Cristo? O ¿Es más bien irreflexivo, cultural, descuidado, liviano o jovial? Esto lo afirmamos por la costumbre tradicional de desearnos una ¡Feliz Navidad! sin más ni más, signifique eso lo que signifique (si es que en el contexto específico de diciembre eso llegue a significar algo concreto). Piense si relacionar con las palabras el nacimiento de Cristo cuando con las obras y en el contexto particular en el que estamos, lo que estamos evocando son ideas bien distintas a la encarnación del Hijo de Dios y allí podemos ser reprendidos del uso liviano, irreflexivo y quizás hasta no veraz del nombre de Jesucristo y de su obra.

4. Nuestro aporte a la confusión o a la claridad Bíblica
Hemos de atender al hecho que los cristianos podemos poner nuestro grano de arena a la claridad bíblica o a la confusión con lo que hacemos u omitimos hacer. Casi que, en muchos casos, cuando no se nos escucha, la Biblia que muchos leerán somos nosotros. Así, nuestra presencia o ausencia en ciertos espacios, nuestra participación o reservas en otros programas, define ante los ojos de muchos el contenido de nuestras creencias. No es todo lo que deberíamos hacer, pero al menos esta es una realidad. Ahora, no es un secreto que esta época tiene un contenido sumamente comercial y materialista. Casi que el aspecto religioso de esta celebración tiene que competir para no ser eclipsado por el materialismo si no es que se ha sabido adaptar para no desaparecer en medio de comidas, regalos y parrandas. Si a esto le suma ese aspecto impreciso de celebrar el nacimiento del Señor en una época altamente cuestionable, en medio de un contexto bien enrarecido, entonces dicha celebración es un aval ¿A qué? Al final usted debe responder si quienes le acompañan han quedado más claros con el evangelio, su origen, sus métodos y fines o si usted ha aportado más para la confusión y disipación de la mente carnal.

Aquí es útil nuevamente citar a Calvino:
“Por lo tanto, pongamos atención a lo que Miqueas dice aquí, que Dios no debe solamente despojar cosas que son malas en sí mismas, sino debe también eliminar todo que pueda fomentar la superstición. Una vez que hayamos entendido eso, ya no más encontraremos extraño que Noel no es guardado el día de hoy, pero que en el domingo celebramos la Cena del Señor y recitamos la historia de la natividad de nuestro Señor Jesucristo. Para aquellos que apenas conocen de Jesucristo, que debemos estar sujetos a él, y que Dios quita todos estos obstáculos que nos previenen de llegar a él, esta gente, digo, van a apretar sus dientes. Vinieron aquí a la espera de una celebración con una intención equivocada, pero se irán con una total insatisfacción”.

5. La Iglesia como Columna y Baluarte de la verdad
No podemos olvidar que si esto es verdad como cristianos individuales frente a nuestras familias y amigos, el asunto se vuelve mayor cuando obramos como iglesia, como Columna y Baluarte de la verdad, pues como tal, nuestra función es la de recibir, guardar, preservar y comunicar la verdad de Dios, por lo que comunicar formal y públicamente algo que no creemos o prestarnos para la confusión doctrinal o dar un respaldo implícito y otras veces explicito, al mundo materialista y sus festividades mundanas, es algo que haríamos en detrimento de nuestro llamado como iglesia. Si alguien visitara nuestra iglesia y encontrara la ambientación tradicional decembrina o las costumbres tradicionales de la época ¿Estaríamos honrando nuestro llamado? ¿Podríamos decirle que a pesar de saber y entender que el Señor no nació en esta época o al menos en ese día especifico, y a pesar que creemos en el principio regulador de la iglesia y de los cultos, aun así, hemos instituido una reunión en nuestra libertad y que si bien, al parecer estamos apoyando ciertos asuntos algo mundanos o culturales en la iglesia, los apoyamos desde una perspectiva sobria y bíblica?

Implicando las verdades
Déjeme por favor, representar una historia ficticia que me facilitará poner sobre su mente los asuntos contradictorios a los que nos arrojamos cuando persistimos en la observancia religiosa de la Navidad y su celebración arbitraria:

Santiago es un hombre que ha sido convertido a la fe, y le pesa ver a sus amigos en la religión popular, tener una confusión religiosa que se hace patente en Navidad, donde se mezclan aspectos tradicionales religiosos, idolátricos, con la bebida, la inmoralidad y la codicia. De manera que en aquellas conversaciones que surgen para esta época, él se ha propuesto hablarles a los suyos del verdadero significado de la Navidad, pues él mismo ha decidido que llegada la fecha, va a meditar sobre este verdadero significado con su familia y claro, impulsado por su iglesia que otro año más, ha adornado el templo y ha destinado los sermones decembrinos específicamente, como cada año, a predicar sobre el verdadero significado de la navidad.

“- Queridos amigos, hoy deseo hablarles del verdadero significado de la Navidad, de lo que corresponde a una verdadera celebración navideña, dice. Aunque sabemos que esta fecha no corresponde a la época real donde nació el Señor Jesucristo, es una fecha arbitraria y ficticia, pues ni la Biblia está interesada en darnos tal fecha, aun así, deseo hablarles de “verdadero” significado. Yo también celebro navidad en una fecha que sé que no es la que corresponde al natalicio de Cristo, pero, en fin, les enseñaré el verdadero significado de la navidad”.

“-Ahora, prosigue exhortando a sus familiares y amigos, -su celebración religiosa de la navidad con imágenes en su pesebre y ritos es idolatría, ya que sus ritos e idolatría no han salido de la Palabra de Dios como una enseñanza, sino que son invenciones de hombres, por eso al ir a las novenas, rezar y dirigirse a las iglesias en estas fechas, ustedes muestran su idolatría. Yo les quiero enseñar el verdadero significado de la navidad, aunque mi iglesia y yo mismo hacemos una celebración navideña que sabemos que tampoco está enseñada en la Biblia, sabemos que ni los apóstoles ni ningún registro del Nuevo Testamento avala la observancia de una fecha especial, salvo el día del Señor, aun así, les quiero enseñar el verdadero significado de la navidad”. “Yo también, aclara él, hago lo que ustedes hacen, pongo mi árbol navideño, doy regalos, hacemos culto navideño, cena navideña, aun así, déjenme esta vez enseñarles el verdadero significado de la navidad. Parece que exactamente y hago lo mismo que ustedes, pero no es así, como soy evangélico, yo sí sé el verdadero significado de la navidad….”.

Creo que usted entiende lo que deseo remarcar. Para que un cristiano celebre la navidad, debe pasar por encima de aquello que critica en otros, entrar en serias contradicciones, en medio de las cuales quiere levantar su defensa de “la verdadera navidad” (Fecha ficticia, rito o celebración religiosa no regulada por la Biblia, sin sustento en la practica apostólica y de la primera iglesia, el uso liviano y descuidado del nombre de Dios y lo relacionado con Él, el aporte a la confusión religiosa en esta época). Nosotros podemos llegar a tener el equivalente "evangélico" de una tradición católica romana, pues muchas veces nos escandalizamos de un pesebre recostándonos sobre nuestro árbol navideño. Es solo una metáfora, pero espero la considere.

Y medite en esto, no es que no creamos en que el nacimiento, muerte y resurrección de Cristo haya sido en una época especifica. Sí que lo creemos, son datos históricos. El punto es su celebración ritual, anual, «guardando los días, los meses y los años», de forma religiosa, cuando la iglesia primera, y en los primeros siglos de iglesia, se negó a hacer tales celebraciones, conociendo de primera mano las fechas exactas de estos acontecimientos ¿Por qué? Porque la fecha de nacimiento de Cristo no es de tanta importancia como el hecho de su nacimiento. Es la obra de la encarnación del Verbo lo que constituye un pilar de nuestra fe y vida, no la fecha en sí. Hacemos de la fecha el asunto cuando el punto es el hecho de su venida para salvación. Nos apasionan las fechas, eso le hace bien a ese espíritu ritualista y místico que todos llevamos dentro, y la navidad provee ese perfecto espacio para manifestar nuestra fe sin dejar de renunciar a esa pasión natural.

Que la Celebración tampoco le tape la boca
Ahora, lo que puede ser una pérdida por el lado de una celebración ciega y arbitraria de la Navidad donde comprometemos la verdad, puede también ser una realidad desde el otro extremo del espectro. Es decir, bajo estas celebraciones tradicionales, imprecisas, extra bíblicas de la navidad, diluimos para nosotros y para la cultura, la riqueza del significado de la encarnación del Hijo eterno. Pero de otro lado, al parecer, muchos individuos parecen intuir que si hay una fecha en que jamás debemos hablar del nacimiento de Cristo es Diciembre. Se niegan a hablar con otros de este evento, solo para no parecer que avalan la fecha. Se incomodan el hablar del nacimiento de Cristo con otros aprovechando esta fecha, y jamás usarán en Diciembre el púlpito para predicar del nacimiento, solo para no parecer que se han rendido al espíritu de este mundo.

Me pregunto si ¿No es el mismo error desde el extremo opuesto? ¿Acaso esta reacción no es ciega? ¿Acaso hay algún tema del evangelio que esté vetado en una fecha particular? Si bien, el creyente debe tener mucho cuidado con lo que cree, con lo que practica, con lo que avala, no implica que tenga una restricción de hablar de Cristo y la encarnación en Diciembre. El espíritu reaccionario tampoco glorifica a Cristo y la supremacía del evangelio, pues Cristo debe ser proclamado siempre. Si una fecha parece adversa para predicar el verdadero evangelio ¿Lo dejaremos de predicar? Y si en la gracia común hay fechas más propicias para hacerlo ¿Lo dejaremos de predicar? Por supuesto que no. Si existe una fecha donde el evangelio suene impopular ¿Abandonaremos nuestro deber? Y si existe una fecha en que predicar del evangelio parece favorecernos ¿Omitiremos nuestro deber?

Que la fecha tampoco lo esclavice
En esto dos asuntos deseo remarcar. El primero, que no sea el apego a la fecha, el ambiente cultural, lo que le anime a hacer lo que hace. Algunas personas desean justificar sus actividades “navideñas”, afirmando que no hacen tal o cual actividad por celebración de esta fecha en especial sino porque desean compartir con la familia, tener un momento agradable, ver su casa decorada de cierta manera, y más. Usted sabrá qué tanto de eso es verdad si en realidad estaría dispuesto a tener la misma actitud, alegría, iniciativa en otras fechas de año para hacer lo mismo. Algún individuo afirmo que: “En otros meses, reunirnos en familia, dar regalos o adornar la casa no tiene gracia”. Lo que nos muestra que en verdad la persona está de manera irregular amarrado a esta fecha. Apelando a su libertad cristiana, en verdad no es libre.

Pero como segundo, déjeme hablar de otro tipo de esclavitud, y es la esclavitud reaccionaria. Es la de desechar asuntos legítimos solo porque son hechos en la fecha decembrina. Parece que por no caer en la esclavitud de la época, se esclaviza por el extremo opuesto. Están tan pendientes de la fecha que van a estar esclavizados por evitar hacer lo que la gente común hace. Se van a negar a compartir con su familia, a tener expresiones de cariño, quizás postergar unas vacaciones, ni siquiera hablar de Cristo, para no parecer que apoyan las celebraciones mundanas. Generalmente estas personas, arrojan los asuntos erróneos junto con asuntos que no necesariamente son males en sí mismos.

Quizás debemos recordar que en  un sentido, la fiesta imprecisa y cultural de la Navidad no es motivo para que el creyente coarte su libertad cristiana a la hora de vivir. 1 Cor.8:4-6: «Acerca, pues, de las viandas que se sacrifican a los ídolos, sabemos que un ídolo nada es en el mundo, y que no hay más que un Dios. Pues aunque haya algunos que se llamen dioses, sea en el cielo, o en la tierra (como hay muchos dioses y muchos señores), para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él». Ahora bien, este texto nos presenta principios de inigualable valor. Nadie debe detenerse de comer o beber, solo porque otros comen  y beben a sus dioses o costumbres. De otro lado, los creyentes aquí presentados, comen y beben partiendo del hecho que un ídolo no es nada en el mundo, no partiendo que la comida fue sacrificada a un ídolo. Eso para nosotros puede decirnos que, el creyente puede comer y beber para la gloria de Dios con su familia en la época decembrina, sabiendo que la Navidad no es nada en sí mismo para él, pero lo que no puede hacer es comer y beber partiendo de la celebración de Navidad, pues eso le sería equivalente a comer la carne sacrificada a los ídolos, precisamente porque fue sacrificada a los ídolos, lo que contradeciría el punto de conciencia que el apóstol desea remarcar.  

Los creyentes debemos ser libres y cuidadosos
El creyente es llamado a definir las cosas en el mundo de Dios de manera correcta. Cuando la sociedad dice que la familia es tal o cual cosa, que el hombre es tal o cual ser o que la mujer, el trabajo, el amor y más, son lo que ellos dicen, el creyente tiene a la mano la Palabra de Dios y su ejemplo para definir ante el mundo la realidad de Dios. Por lo que el creyente, al hacer uso legítimo de su libertad gloriosa, sin el temor de los mandamientos de hombres sobre su conciencia, debe ser consciente de lo que está expresando frente a los ojos de los demás. Deseo que por un momento deje a un lado la fiesta de Navidad como la conocemos hoy y sus cenas, regalos y luces. Pongamos por un momento, en ese mismo lugar la celebración de la Semana Santa. ¿Qué haríamos en esa fecha? ¿Qué ética usaríamos para no avalar prácticas ajenas a las Escrituras y no dar un mal mensaje a los nuestros? ¿Crees que participar en ese contexto de ayunos, pescado en vez de carne, visitas a ciertos lugares "sagrados", les ayudaría a definir mejor la realidad en el mundo de Dios? Quizás algunos puedan reconocer un camino mejor a la hora de actuar al usar los mismos principios que usamos para la muerte del Señor “celebrada en Semana Santa” y el nacimiento de Cristo “Celebrado en Navidad”.


Nuestra libertad cristiana es real, muchos asuntos tiene que ver con el conocimiento bíblico, profundo y real que tengamos de las cosas. Así como los corintios  al saber que un ídolo no es nada, y al comer con  la motivación de agradar al Señor, no pecaban al comer carne sacrificada a los ídolos, gozando de manera maravillosa de su libertad en Cristo, también deberían advertir que no  en todos hay este conocimiento y que muchas personas pueden verse mal involucradas en asuntos por su motivación. La libertad en Cristo es un  privilegio que nos toca defender para que Cristo siempre sea el señor de nuestra conciencia, pero la libertad no  debe ser una espada para herir de forma innecesaria a los demás. Si va a herir, que hiera, pero no la usemos específicamente con ese fin pues ya no andamos en la ley del amor y de la libertad que debe ser usada para servirnos unos a otros.

Un llamado a la prudencia
Los creyentes somos llamados para mantener y comunicar la verdad en este mundo en el contexto del amor. Quizás creyentes verdaderos hayan  tenido que ser tanto firmes como muy cuidadosos para explicarles a sus familias que no los van a acompañar a misas, fiestas de bailes y borracheras, novenas, y otros asuntos. Tener la prudencia, paciencia, gracia y amor para no ir a hacer que la verdad, aplicada sin buena medida, venga a ser motivo de burlas o persecuciones innecesarias. Si así ha de ser, que sea, pero que no suscitemos problemas solo por haber dado un manejo incorrecto de la verdad. Piense lo siguiente, ¿Es buena la medicina? Por supuesto. Pero la medicina dada en una medida que no corresponde, puede llegar a matar en  vez de recuperar. Recordemos que es la verdad en amor, es la verdad con discernimiento. Pero al fin y al cabo, la verdad va a hacer lo que siempre hace: La diferencia entre lo erróneo y lo verdadero.

Un ejemplo de progreso en la comprensión
Déjeme por favor mostrarle un ejemplo de un hombre que apreciamos, y aunque sabemos que no era infalible, su posición parece tener claridad con respecto a evitar extremos ciegos e irreflexivos en la celebración de la navidad, yendo mucho más allá de ello. No lo cito como autoridad final y fin de toda disputa, solo para mostrar que, en la mayor parte del pensamiento de Spurgeon, se mantuvo en una tensión evitando el apego ciego a la tradición y a la reacción ciega. Aun así, citaremos al comienzo un ejemplo donde no compartimos la posición del predicador. Nos quedamos, sin embargo, con el pensamiento maduro del príncipe de los predicadores.

Este es el sermón el Nacimiento de Cristo, del Domingo 24 de Diciembre de 1854, que Spurgeon predicó. No podemos determinar el contexto preciso por el que se expresó de esta manera, algo tendiente a tolerar la celebración de la Navidad. Por supuesto que disentimos de esta aplicación, pero si estamos citando a este predicador, debemos citarlo en todo su pensamiento:

“Ahora, una feliz Navidad a todos ustedes; y será una feliz Navidad si tienen a Dios con ustedes. No voy a decir nada hoy en contra de las festividades acerca de este día del nacimiento de Cristo. Yo sostengo que, tal vez, no es correcto celebrar este día, pero nunca estaremos en medio de aquellos que consideran un deber celebrarlo de una manera incorrecta, así como otros lo celebran de una manera correcta. Pero mañana reflexionaremos acerca del día del nacimiento de Cristo; nos sentimos obligados a hacerlo, estoy seguro, independientemente de cuán vigorosamente nos aferremos a nuestro áspero puritanismo. Y, “Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad.” No festejen como si desearan celebrar el festival de Baco; no vivan mañana como si adorasen una deidad pagana. Festejen, cristianos, festejen, tienen derecho a festejar. Vayan al salón de festejos mañana, celebren el nacimiento de su Salvador; que no les dé vergüenza estar contentos, tienen derecho de ser felices. Salomón dice, “Anda, y come tu pan con gozo, y bebe tu vino con alegre corazón; porque tus obras ya son agradables a Dios. En todo tiempo sean blancos tus vestidos, y nunca falte ungüento sobre tu cabeza”. “La religión nunca fue diseñada Para disminuir nuestros placeres”. Recuerden que nuestro Señor se alimentó de mantequilla y miel. Regresen a sus casas, gocen el día de mañana; pero, en sus festejos, piensen en el Hombre de Belén; permitan que Él tenga un lugar en sus corazones, denle la gloria, piensen en la virgen que lo concibió, pero sobre todo piensen en el Hombre que nació, el Hijo dado. Concluyo diciendo otra vez: “¡UNA FELIZ NAVIDAD PARA TODOS USTEDES!””. 

Pero el pensamiento de Spurgeon al respecto iba madurando al respecto, seguramente con más luz y entendimiento del tema. Un segundo ejemplo es el sermón que predicó el 23 de Diciembre de 1855 sobre “La Encarnación y Nacimiento de Cristo” de Miqueas 5:2. Sus palabras iniciales fueron estas:

“Esta es la estación del año cuando, querámoslo o no, estamos obligados a pensar en el nacimiento de Cristo. Considero que es una de las cosas más absurdas bajo el cielo pensar que hay religión cuando se guarda el día de Navidad. No hay ninguna probabilidad que nuestro Salvador Jesucristo haya nacido en ese día, y su observancia es puramente de origen papal; sin duda quienes son católicos tienen el derecho de reverenciarlo, pero no puedo entender cómo los protestantes consistentes pueden considerarlo de alguna manera sagrado. Sin embargo, yo desearía que hubiese diez o doce días de Navidad al año; porque hay suficiente trabajo en el mundo y un poco más de descanso no le haría daño a la gente que trabaja. El día de Navidad es realmente una bendición para nosotros; particularmente porque nos congregamos alrededor de la chimenea de nuestra casa y nos reunimos una vez más con nuestros amigos. Sin embargo, aunque no seguimos los pasos de otras personas, no veo ningún daño en que pensemos en la encarnación y el nacimiento del Señor Jesús. No queremos ser clasificados con aquellos que: “Ponen más cuidado en guardar el día de fiesta de manera incorrecta, Que el cuidado que otros ponen para guardarlo de manera correcta”.

En la mañana del domingo 24 de diciembre de 1871, titulando “El Gozo Nacido en Belén,” Spurgeon comenzó su sermón con estas palabras, lo que nos muestra, creo, su pensamiento maduro:

“No tenemos un respeto supersticioso por los tiempos y las estaciones. Ciertamente no creemos en la presente disposición eclesiástica llamada Navidad; primero, porque de ninguna manera creemos en la misa, sino que la aborrecemos, ya sea hablada o cantada en latín o en inglés. Y en segundo lugar, porque no encontramos ninguna base en la Escritura para guardar algún día como el del nacimiento del Salvador. Y entonces, como no es por autoridad divina, su observancia es una superstición. La superstición ha fijado de la manera más concluyente el día del nacimiento de nuestro Salvador, aunque no exista la posibilidad de descubrir cuándo ocurrió realmente. Fabricio nos da un catálogo de 136 diferentes opiniones de eruditos sobre el asunto. Y diferentes teólogos inventan diversos argumentos de peso para abogar por una fecha en cada mes del año. No fue sino hasta mediados del siglo tercero que una parte de la iglesia celebró la natividad de nuestro Señor; y no fue sino mucho tiempo después que la iglesia de occidente había puesto el ejemplo, que la iglesia oriental adoptó esa celebración. Puesto que el día es desconocido, la superstición lo ha determinado. A pesar de que el día de la muerte de nuestro Salvador podría determinarse con mucha seguridad, la superstición mueve la fecha de su observancia cada año. ¿Acaso existe un método en la locura de los supersticiosos? Probablemente los días santos fueron establecidos para ajustarse a los festivales paganos. Nos aventuramos a afirmar que si hay algún día del año del cual podemos estar muy seguros que no fue el día en que nació el Salvador, es el veinticinco de diciembre”.

Pero el predicador muestra la libertad tanto de las tradiciones religiosas como de un espíritu reaccionario cuando afirma seguidamente:

“Sin embargo, como la corriente de los pensamientos de la gente ya está encauzada por ese camino y yo no veo ningún mal en esa corriente en sí misma, orientaré la barca de nuestro sermón hacia esta corriente y haré uso de ese hecho, que no voy a justificar ni condenar, intentando conducir los pensamientos de ustedes en la misma dirección. Puesto que es legítimo y digno de elogio meditar en la encarnación del Señor en cualquier día del año, no está en el poder de las supersticiones de otros hombres, convertir tal meditación en impropia el día de hoy. Entonces, sin importar el día, demos gracias a Dios por el don de Su Hijo amado”.

Hasta aquí las citas de Spurgeon.

Conclusión

La vida cristiana incluye el discernimiento bíblico. En este camino de aprender a aplicar la Palabra de Dios, debemos tratar de ser sensibles a la estatura del conocimiento y al grado de luz que algunos hermanos tienen y que se refleja en sus prácticas. Si bien, no es bueno ni seguir andar la vida cristiana con la mente en blanco, tampoco es bueno andar con la sierra de la división en la mano para amputar y separarse de hermanos que no parecen tener la misma luz al respecto, no al menos mientras no hayamos agotado en amor y paciencia otras instancias. Si bien, los unos y los otros, al menos en  teoría, estamos del lado de no querer ser mundanos ni parecerlo, vale la pena tener la valentía de aplicar Rom.12:2 y Ef.5:10 a nuestra vida, al costo que esto represente: «No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis, cual sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta’ y ‘comprobando lo que es agradable al Señor».

POR LA SUPREMACÍA DE CRISTO EN ESTA GENERACION

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A Dios sea la goria.