domingo, 10 de septiembre de 2017

CUANDO LA RELEVANCIA EMPEZÓ A MINAR LA FIDELIDAD

Cuanta verdad tiene la frase: "Las ideas tienen consecuencias, tienen consecuencias para una cultura, para una nación". Y creo, es una declaración acertada, realista y que no se puede esquivar. El solo hecho de ser seres racionales nos ha puesto ya en el papel de proponer y apoyar o rechazar ideas. Pero este hecho se acentúa en gran manera al considerar que el llamado a Cristo tiene que ver con el entendimiento de las Escrituras santas.

Una Aclaración Previa
Esta aclaración es tanto necesaria como sincera. No corresponde a un formalismo ni al intento de esquivar el escarpado trayecto de identificar y asumir propuestas que de hecho se sabe, no siempre irán en el mismo sentido de las de otros y pueden provocar animadversión. Sin embargo es una indicación que guarda la esperanza de no entorpecer el  ya difícil y sensible camino de la hermandad cristiana y el progreso conjunto del reino de Dios en nuestra administración, en nuestra generación.

Así, las posturas expuestas no pretenden ir contra los hombres como  tal sino con sus ideas. Probablemente algunos usen las mismas palabras para esquivar el problema, pero no es el caso aquí. Entendiendo que existe una línea delgada entre señalar un pensamiento de alguien sin que de alguna manera se señale a quien lo expresa, el afán expresado en estas líneas nada tiene que ver con los proponentes como personas. No se trata de calificar la conversión de ninguno ni de situarlos del lado de la impiedad, no en todos los casos al menos. Muchos de estos hombres nadie dudaría en considerarlos como hermanos y al diferir de sus posturas, se esperaría que ellos tampoco descalifiquen a los demás, pero aclaro, que otros dan fuertes razones para dudar de su piedad.

Situados como parte del cuerpo y sabiendo que en su infinita misericordia también Dios ha dado de su Palabra y Espíritu a los creyentes en otras partes del mundo, es necesario oír el clamor del cuerpo de boca de los que de muchas maneras nunca alcanzarán ni las plataformas ni la influencia de otros, pero que sienten sobre sus hombros su responsabilidad histórica en la Iglesia y quienes son cargados en el corazón con el progreso de ella frente a este mundo.

Lo relevante
Ciertamente ser relevante en medio de un mundo cuyas filas se han apretado en contra del evangelio bíblico y que se esfuerza por destronar cualquier rastro de la Biblia en los diferentes lugares, ha venido a ser una procura que ha tomado el primer lugar en la agenda de muchas iglesias cristianas. Tal parece que, como lo predijeron los que estudian las tendencias de las épocas, una de las cosas que influirían en la década que vivimos sería el calvinismo. Este amable reconocimiento es lo que al parecer, estamos siendo testigos de su cumplimiento.


Mi punto aquí no es hondear la bandera de la irrelevancia ni de siquiera sugerir que verdadero evangelio tenga necesariamente que ver con la elaboración de un mensaje tosco, burdo, indiscernible, y que su gloria está precisamente en no ser para nada relevante en la cultura de hoy. Anhelamos porque muchos oigan, conozcan y vean las glorias del evangelio en toda su plenitud y extensión. Deseamos que aun el mundo evangélico deje atrás la mediocridad doctrinal y la obediencia a medio camino, lo que es constantemente observado alrededor.

Pero, aquí está la situación. Si pudiésemos hacer un señalamiento, tendría que ser por una casi nueva ideología de la relevancia a costa del antiguo fundamento de la fidelidad bíblica. No es totalmente cierto que el calvinismo esté influyendo en el pensamiento de hoy, más bien, creo que algo de calvinismo está influyendo en el mundo de hoy, pero en mayor medida, el mundo de hoy, está influyendo en el calvinismo. Queriendo ser relevantes, aun en cada subcultura, el calvinismo, tal como lo vemos hoy, algo desligado de su historicidad, seguramente está más cerca de convertirse en otra subcultura, una interesante propuesta entre otras más.

"Queriendo ser relevantes, aun en cada subcultura, el calvinismo, tal como lo vemos hoy, algo desligado de su historicidad, seguramente está más cerca de convertirse en otra subcultura".

Y es que al centrar los esfuerzos en procurar visibilidad, los amarres se han venido rompiendo de manera que fidelidad ya no es lo que distinguirá ese calvinismo y de seguro el prefijo de "Neo", es el que más le ajusta a su realidad. Además que el gran barco, puede entrar a mares turbulentos sin un ancla que tal vez no le permita volver y sea anegada en la irrelevancia, de la que pretendieron cuidarse.

Si es un esfuerzo consciente o un descuido somnoliento, cada cual lo tendrá que revisar, pero el fin es el mismo, la relevancia que pretende el Neocalvinismo, es una filosofía hija de otras que se promulgan en el mundo y que expugna el calvinismo histórico y corre en detrimento de la tan apreciada y siempre segura solidez doctrinal.

Cuando algo en el mundo desea ser relevante, echa mano a distintas herramientas pragmáticas que le hagan visible, importante y necesario. De esa manera, asegura un público al llenar las expectativas que por naturaleza somos inclinados a aceptar para que nos influyan. Si la gente está yendo por multitudes a algún lugar, algo debe estar pasando allí. Si además hay grandes personalidades que promueven y disfrutan del asunto, queda mejor respaldado. Estas coaliciones comunican al receptor que las cosas se están globalizando y que es imposible que uno no entre en un mundo cada vez más cercano a todos. Si se aseguran los medios de comunicación, se asegura la promoción de cualquier cosa. Y claro, nunca, entiéndase, nunca, la palabra absoluto o similares deben usarse porque al momento de cerrar las dimensiones de alcance, el mundo plural y diverso (¿Tolerante?) se quedará por fuera y la idea es ser relevante.

"Estas coaliciones comunican al receptor que las cosas se están globalizando y que es imposible que uno no entre en un mundo cada vez más cercano a todos".

¿No es esa la manera en que el Neoclavinismo se ha organizado? Una de las credenciales que primero mostrarán para afirmar la pertinencia de su labor son las multitudes que alrededor de grandes personalidades evangélicas se pueden dar. Es un sensible asunto porque el  común de los cristianos anhelamos que muchos sean influidos por el evangelio y es casi un sueño poderlo ver. Pero la pregunta surge ¿Las personas allí aglomeradas están siendo atraídas por lo que deben o alrededor de lo que les destella? Pero si no es solo una golondrina llamando la lluvia, sino que es una coalición de personalidades influyentes que reman hacia un mismo objetivo, es aún más convincente.  Esta avalancha es intimidante y más aún cuando de tornarse critico de esto, se le pone a usted en el lado de los que no desean la unidad de la iglesia y bajo tal presión ¿Quién mueve un pie? Es decir, quien se atreva a ser cuidadoso al respecto y señalar lo inconveniente, será tildado de ortodoxo frío, inmaduro, doble moral o fariseísmo ¿Bajo estas cosas, qué cristiano osaría ir en contra?

¿Unidad hacia dónde?
Para tener esas grandes respuestas de ‘impacto’ y ‘relevancia’, la mayoría de estos movimientos Neocalvinistas, han tenido que manejar muy prudentemente el asunto de los absolutos y los acervos de interpretación histórica que poseen, porque levantar la ‘barrera’ de una Confesión de fe histórica, estropearía el intento de relevancia e influencia, según las conciben. Más bien, las grandes voces se aúnan para animar a los cristianos a buscar la unidad ‘hacia abajo’ del estándar y no hacia donde las Escrituras nos señalan que debemos buscarla.


Déjeme explicarlo, una de las cosas de la que se alardea hoy es la manera que el Neocalvinismo ha logrado aportar a la unidad de la iglesia como en ningún otro momento. Los históricamente reservados calvinistas, están saliendo de sus ‘guetos’ para juntarse con otros por el evangelio. Grandes eventos se realizan donde cada uno aporta para dicho fin y se demuestra al mundo que somos una gran fuerza unida, que no estamos solos, que nos hemos hecho oír, que somos relevantes. Pero, ¿Cómo ha sido posible? La fórmula es fácil, pragmática, llana: buscar el mínimo común que nos identifique como cristianos y desechar lo demás bajo el título de ‘secundario’. Así, nos unimos en lo fundamental y nos toleramos en lo ‘secundario’.

La pedagogía, que yo llamo, buscar la unidad hacia abajo, viene cuando dejamos de levantar las ‘incomodas Confesiones de Fe’, dialogamos hacia el mínimo común en doctrina, acordamos afirmarnos en lo más básico y lo demás, evitémoslo como algo mortífero que no coopera con la unidad de la Iglesia, porque ya sabemos, debemos procurar y ser solícitos en guardar la unidad en el vínculo de la paz.

Como se puede apreciar, esta es una pedagogía totalmente contraria a la que nos señala la Pablara de Dios y contraria al lugar donde debemos buscarla. Solo una mirada superficial de Efesios 4, nos puede testificar que la verdadera unidad no está en despojarnos de la doctrina hasta lo más mínimo que podamos, y descender a la estatura más básica que podamos sino que está en crecer hasta la estatura de la plenitud de Cristo (Ef.4:11-16). Además que debemos temblar en llamarle secundario y mucho más desechar como algo estorboso, cosas que igualmente están reveladas en el mismo Libro de donde sacamos lo fundamental y que cuyas marcas de ‘secundario’ (o de segundo o tercer nivel) son marcas de hombres y no del mismo sentimiento bíblico, pues las Escrituras afirman que todas ellas son inspiradas y útiles para perfeccionar al hombre de Dios y por ende la Iglesia.

"Ya no es la ortodoxia lo que somos llamados observar y conservar como el principio que matiza una correcta práctica y una ortopatía segura, sino que lo que debemos observar es cómo ser relevantes en este mundo, es trabajar, evangelizar, dejar, como nos dicen, el hielo ortodoxo y frío y correr hacia donde está la acción". 

No es hacia abajo donde deberíamos buscar la unidad ni la relevancia, es hacia arriba, es creciendo, dejando lo infantil, es siguiendo la verdad en amor, es perseguir la edificación y allí, arriba, donde hay más luz, más precisión, más estructura, es donde la unidad se encuentra. ¿Totalmente en el sentido opuesto que nos señala el Neocalvimosmo verdad? ¿No será que se está confundiendo el mínimo común que una persona debe creer para su justificación y lo mínimo razonable y fiel que una iglesia necesita para llamarse bíblica? Que no se piense que estamos hablando de lo mismo, porque si lo aunamos sin discriminación, la gran mayoría de la Biblia pasaría ser un registro irrelevante para cualquier cristiano hoy y solo los aspectos directamente relacionados con soteriología pudieran ser preservados.

Y es aquí donde la relevancia ha venido a erigirse en detrimento de la fidelidad. Ya no es la ortodoxia lo que somos llamados observar y conservar como el principio que matiza una correcta práctica y una ortopatía segura, sino que lo que debemos observar es cómo ser relevantes en este mundo, es trabajar, evangelizar, dejar, como nos dicen, el hielo ortodoxo y frío y correr hacia donde está la acción. Como lo ve, son terrenos peligrosos para el alma y la mejor manera de diluir lo que pretendía ser el fundamento sólido en que las personas que buscaban la verdad, estaban fundamentándose, resultó ser el mismo plato que se les pretendía reemplazar, pero ahora quien lo sirve es distinto.

Estamos sintiendo el quebradizo piso de continuismo de nuevo, de la no suficiencia de las Escrituras en las cosas más grandes y pequeñas, del emocionalismo, del amor por la música del mundo y sus expresiones culturales para adorar a Dios, de reevaluar la ley moral y su pertinencia. Observe que entre más sigamos bajando el estándar, el asunto no se vuelve más relevante sino el viejo y conocido evangelio distorsionado. Estamos abonando diligentemente el terreno para que ‘Solo Cristo’ sea una frase que excluya las demás doctrinas de la fe bíblica y no un estandarte que promueva que en Cristo están incluidas todas las cosas que glorifican a Dios y son el bien de su pueblo, es decir, un Solo Cristo inclusivo. Estamos viendo que lo que está influyendo en esta década son unas doctrinas de la gracia desligadas de su necesaria implicación que nos llevará a un cuerpo amorfo de soteriología reformada y santificación y eclesiología carismática (O mundana).

Y si las cosas no se detienen a tiempo o se reevalúan, caeremos en el más craso subjetivismo que raya en el relativismo crudo que se opone totalmente a la sana doctrina. No es una exageración. Deseo que piense en la expresión de uno de los representantes del Neocalvinismo cuando hablando de la unidad (hacia abajo), se le preguntó por qué seguía siendo Bautista Reformado. Él respondió que aunque todos estaban en lo cierto, era algo honesto consigo mismo y que su conciencia no le permitía pensar distinto. ¿Lo notó? No hay principios objetivos, él cree lo que cree porque así lo concibe. Si ese deslizadero no lleva al subjetivismo relativista ¿A dónde desembocará?

Creemos que la relevancia no está prohibida, pero deseamos que sea una consecuencia y no una filosofía. Deseamos ser fieles como filosofía y no fieles por consecuencia. Eso es seguir invirtiendo las cosas. Si bien, no dudaríamos llamar hermano a una persona que de evidencia de su piedad después de haberse arrepentido y creído en Cristo, aunque su práctica de santificación y su eclesiología no sean las mejores, nuestro amor nos lleva a hacer lo que hizo Pablo con los corintios: no dejarlos en ese estado, sino procurar su reforma. Déjeme explicarlo, cuando Pablo, llamó a los corintos, santos aun en medio de prácticas pecaminosas, no se limitó a bajar su estándar y buscar el mínimo común para llamarlos hermanos, sino que les exhortó a reformarlo todo (someter las cosas bajo el señoría de Cristo y su Palabra). Mírese muy bien, no solo los llamó a las doctrinas más básicas y fundamentales, o solo a las doctrinas de la gracia, sino que habló hasta de la cena del Señor, dones, el papel de la mujer en la iglesia y segunda venida de Cristo. El asunto de llamar ‘santos’ a los corintios no es para que bajo una superficial aplicación concluyamos que no importa la estatura de nuestros hermanos, sigamos bajando el estándar y caminemos hacia la unidad, sino que basados en su justificación nos animemos a procurar su reforma, lo que redundará en una verdadera unidad y no a una superficial que menoscaba la verdad.


"Creemos que la relevancia no está prohibida, pero deseamos que sea una consecuencia y no una filosofía". 

Mientras que avanzamos en estos modestos esfuerzos llamando al discernimiento, lo hacemos esperanzados en aunarnos en la verdad y no a costa de ella. De procurar la verdadera reforma y no solo una soteriología bíblica. Si comparte el amor y celo por la verdad, como cargados por la encomienda de guardar el buen depósito, debemos recordar que la voluntad de Dios está expresada en todas las Escrituras, que compete a todas las áreas de la vida incluyendo la santificación, la adoración pública y privada y la eclesiología y muchas otras cosas más. Y que ser reformado, no es la aceptación somera de cinco puntos sino de un compromiso confesional que empezó con fidelidad mucho antes que viniéramos nosotros y claro está, mucho antes del Neo calvinismo.


P. Jorge E. Castañeda D.

2 comentarios:

  1. Hermano que importante reflexión, me anima a seguir adelante buscando siempre como siervo la gloria de Dios apegado a la sola escritura.

    Gracias. Bendiciones

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  2. Seguramente es nuestro único fundamento, no hay otro en el que apoyemos nuestros ministerios y vidas.
    Gracias por pasar por aquí.

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