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jueves, 15 de febrero de 2018

LA REFORMA: UNA BARRERA DE CORRECCIÓN CONFESIONAL

Por Tom Nettles

A medida que la teología de la Reforma se desarrollaba, sus principales voces encontraron que era necesario resumir su doctrina con el método tradicional de escribir confesiones de fe. Esto se hizo necesario ya que querían exponer su doctrina para que fuese investigada a fin de que las caricaturas y otras tergiversaciones pudieran dejarse de lado. Positivamente, los credos universalmente aceptados por los cristianos a través de los siglos, fueron afirmaciones. 

Así tenemos posiciones confesionales como diversamente construidas desde el Libro de la Concordia de los Luteranos, la Confesión de Fe de los Calvinistas, hasta el Credo Ortodoxo de los Bautistas Generales afirmando los tres “símbolos” del Credo de los Apóstoles, el Credo de Nicea, y el Credo de Atanasio como declaraciones de fe. Tanto los luteranos como los reformados estarían de acuerdo con la afirmación de los Bautistas Generales de que estas declaraciones “deben ser recibidas y creídas a fondo. Ya que estamos seguros que estos credos pueden ser probados, por la mayor autoridad, la autoridad indudable de la Sagrada Escritura, y son necesarios para ser entendidos por todos los cristianos”.

Las confesiones, por lo tanto, no eran autoridades en sí mismas sino solo cuando resumían verdadera y claramente la verdad revelada de la Escritura. El prefacio a la confesión escocesa de 1560 invitó a su lector a señalar “cualquier artículo u oración repugnante a la Palabra santa de Dios”, y amonestar a los autores “del mismo por escrito”. Se comprometieron a dar “satisfacción de la boca de Dios”, es decir, desde las Sagradas Escrituras o, de lo contrario, la reforma de aquello que se  demostrara estaría fuera de lugar.

1. Las confesiones reformadas rechazaron el error.
Negativamente, esas posiciones doctrinales universalmente condenadas por la iglesia a través de los siglos como fuera de armonía con la revelación divina, la encarnación y el principio de la salvación por la gracia, fueron rechazadas en nombre y en sustancia en las Confesiones de la Reforma. 

Por lo tanto, a menudo uno lee en estas confesiones condenas al gnosticismo, maniqueísmo, arrianismo, nestorianismo, eutiquianismo, donatismo y pelagianismo. Cuando los Anabautistas rechazaron el bautismo de infantes y buscaron una iglesia de verdaderos creyentes disciplinada apropiadamente de acuerdo con la Biblia, fue visto como una especie de Donatismo. Balthasar Hubmaier reflexionó sobre la comisión de Cristo al observar: “Pero los infantes no pueden ser enseñados, por lo tanto, uno no puede bautizarlos. Ese argumento es tan fuerte como un muro”. 

Las confesiones luteranas y reformadas los condenaron (p. Ej. La Confesión de Augsburgo). John Smyth, el primer seguidor bautista de esta posición anabaptista, escribió lo contrario en su “Confesión corta”, que “el bautismo es el signo externo de la remisión de los pecados, de morir y de hacerse vivo, y por lo tanto no pertenece a infantes”. Thomas Helwys escribió confesionalmente que los miembros deben ser recibidos por el bautismo “con la confesión de su fe y los pecados forjados por la predicación del evangelio”, y las iglesias formadas de cualquier otra manera “o de cualquier otra persona no son según el Testamento de Cristo”. Donatismo o no, o solo parcialmente, los Bautistas lo vieron como un punto Escritural como para incluirlo en esta Confesión.

Sin embargo, yendo más al punto histórico, fue el rechazo general de aquellas doctrinas ofensivas del catolicismo romano que canonizaron meras tradiciones humanas como verdad de Dios, decisiones de sus concilios y pronunciamientos papales. Los reformadores, en su mayoría, creían que el catolicismo romano había traído los errores del pelagianismo y el semipelagianismo al establecer ciertos grados de mérito humano para combinarlos con la gracia divina para la salvación. Según lo pronunciado por la Segunda Confesión escocesa, 1580, “Detestamos y rechazamos la autoridad usurpada del Anticristo Romano sobre las escrituras de Dios, sobre la Iglesia, los magistrados civiles y las conciencias de los hombres; su doctrina errónea contra la suficiencia de la palabra escrita. . . el oficio de Cristo, y su bendito evangelio: su doctrina corrupta concerniente al pecado original, nuestra inhabilidad natural y nuestra rebelión a la ley de Dios, nuestra justificación solo por fe, nuestra santificación imperfecta y nuestra obediencia a la ley; la naturaleza, el número y el uso de los santos sacramentos: sus cinco sacramentos bastardos, con todos sus ritos, ceremonias y falsas doctrinas,. . . su necesidad absoluta del bautismo, su opinión blasfema de la transubstanciación. . . su purgatorio, oraciones por los muertos, ... sus satisfacciones de los hombres por sus pecados, su justificación por las obras, opus operatum, obras de supererogación, méritos, perdones, peregrinaciones y estaciones; . . .Sus decretos erróneos y sangrientos hechos en Trento, con todos los suscriptores y aprobadores de la banda cruel y sangrienta [pactada] conjurada contra la Iglesia de Dios”. ¡Y eso ni siquiera es la mitad de las cosas que detestan!


2. Las confesiones reformadas afirmaron la verdad.
Además, la confesión serviría como una presentación apologética de aquellas cosas que creían sinceramente como verdaderas. Para que su doctrina se establezca de manera concisa, clara y en su forma más rudimentaria, los pastores / teólogos de la Reforma establecieron las confesiones como la base para la discusión con aquellos que no estaban de acuerdo o con quienes buscaban una comunión o alianza más amplia. Ulrich Zwingli escribió su Exposición de la Fe a Francisco I en 1529 después del colapso del Coloquio de Marburg. Buscó instruirlo en la doctrina básica de la Reforma y lo convenció de dar su apoyo a la Reforma creciente, y más peligroso aún, en contra del catolicismo. Vemos la seriedad de la apelación de Zwinglio en la manera en que se dirigió al rey y las conclusiones a las que trató de llevarlo. "Dejaré todo en claro a su alteza, oh rey. . . . Cuando piensas en todas las cosas que los hombres hacemos habitualmente, ya sea por pasión o por deseo, estarás aterrorizado, y en lo que concierne a tu propia rectitud, en tu propio juicio te declararás indigno de la salvación eterna. . . Cuando te consuelas en Cristo. . . entonces tú, espiritualmente, comes su cuerpo, es decir, confiando en la humanidad que él asumió por tu causa”.


Los luteranos presentaron la Confesión de Fe de Augsburgo a Carlos V en 1530, por muchas de las mismas razones, pero también como un claro anuncio de su falta de voluntad para comprometerse con los asuntos doctrinales que consideraban habían sido corregidos en su reforma de la iglesia. Afirmaron: "A estos les declaramos nuestra adhesión continua y no nos desviaremos de nuestra posición mediante estas o ninguna negociación posterior. . . como públicamente atestiguamos y afirmamos ".


La Confesión de Schleitheimde los anabautistas señalaba siete áreas específicas de convicción que diferían de Zwinglio, además de una corrección de algunas de las proclamas más libres de autoridad espiritual y libertad en el movimiento anabautista. Escribieron contra “ciertos falsos hermanos entre nosotros [que] observan la libertad del Espíritu [a través de] lascivia y la autoindulgencia”. En su primer artículo se distanciaron de los errores restantes de Zwinglio y escribieron que el bautismo es para aquellos “que creen verdaderamente sus pecados son quitados por Cristo”; esta convicción, por lo tanto, “excluye todo bautismo de infantes, la más alta y principal abominación del Papa”. La Confesión de fe Francesa de 1559 fue dirigida a Carlos IX con la esperanza “de que sea una respuesta suficiente a la culpa y el oprobio injustamente puestos sobre nosotros por aquellos que siempre nos han condenado sin tener conocimiento de nuestra causa”.

3. Las confesiones reformadas enseñaron a las iglesias.
Finalmente, sus confesiones sirvieron como fuente de instrucción para las personas, quienes a través de algunos medios se habían convertido en parte de las iglesias que estaban involucradas en la Reforma. En 1536, en el mismo año en que publicó la primera edición de las Instituciones de la religión cristiana, Juan Calvino escribió una confesión para la iglesia en Ginebra. Encontramos en la declaración introductoria de esta confesión, tanto el deseo imitable de una formación en teología comprensiva básica como el error del compromiso con la cristiandad: "Confesión de fe que todos los ciudadanos y habitantes de Ginebra y los súbditos del país deben prometer guardar y esperar".

También en 1536, la Primera Confesión Helvética escrita en gran parte por Heinrich Bullinger iba a ser utilizado como un instrumento de enseñanza para todas las iglesias reformadas de Zwinglio. Fue reemplazado por la Segunda Confesión Helvética en 1566, más completa y discursiva, pero diseñada para proteger a las iglesias del error pernicioso y preservarlas en la ortodoxia. La Confesión escocesa de 1560 fue escrita para que el resto del mundo reformado supiera de su solidez en la fe, para rechazar los errores, para "detener las bocas de los blasfemos insolentes", pero principalmente "con respecto a nuestros hermanos débiles e inestables, a quienes hablaríamos desde lo más profundo de nuestros corazones, para que no se turben o se dejen llevar por los diversos rumores que Satanás difunde contra nosotros para derrotar a esta nuestra empresa piadosa ".

Traducido y publicado don permiso de: 
https://founders.org/2017/12/20/the-reformation-a-barrage-of-confessional-correction/

Traducción: M.L.

domingo, 10 de septiembre de 2017

CUANDO LA RELEVANCIA EMPEZÓ A MINAR LA FIDELIDAD

Cuanta verdad tiene la frase: "Las ideas tienen consecuencias, tienen consecuencias para una cultura, para una nación". Y creo, es una declaración acertada, realista y que no se puede esquivar. El solo hecho de ser seres racionales nos ha puesto ya en el papel de proponer y apoyar o rechazar ideas. Pero este hecho se acentúa en gran manera al considerar que el llamado a Cristo tiene que ver con el entendimiento de las Escrituras santas.

Una Aclaración Previa
Esta aclaración es tanto necesaria como sincera. No corresponde a un formalismo ni al intento de esquivar el escarpado trayecto de identificar y asumir propuestas que de hecho se sabe, no siempre irán en el mismo sentido de las de otros y pueden provocar animadversión. Sin embargo es una indicación que guarda la esperanza de no entorpecer el  ya difícil y sensible camino de la hermandad cristiana y el progreso conjunto del reino de Dios en nuestra administración, en nuestra generación.

Así, las posturas expuestas no pretenden ir contra los hombres como  tal sino con sus ideas. Probablemente algunos usen las mismas palabras para esquivar el problema, pero no es el caso aquí. Entendiendo que existe una línea delgada entre señalar un pensamiento de alguien sin que de alguna manera se señale a quien lo expresa, el afán expresado en estas líneas nada tiene que ver con los proponentes como personas. No se trata de calificar la conversión de ninguno ni de situarlos del lado de la impiedad, no en todos los casos al menos. Muchos de estos hombres nadie dudaría en considerarlos como hermanos y al diferir de sus posturas, se esperaría que ellos tampoco descalifiquen a los demás, pero aclaro, que otros dan fuertes razones para dudar de su piedad.

Situados como parte del cuerpo y sabiendo que en su infinita misericordia también Dios ha dado de su Palabra y Espíritu a los creyentes en otras partes del mundo, es necesario oír el clamor del cuerpo de boca de los que de muchas maneras nunca alcanzarán ni las plataformas ni la influencia de otros, pero que sienten sobre sus hombros su responsabilidad histórica en la Iglesia y quienes son cargados en el corazón con el progreso de ella frente a este mundo.

Lo relevante
Ciertamente ser relevante en medio de un mundo cuyas filas se han apretado en contra del evangelio bíblico y que se esfuerza por destronar cualquier rastro de la Biblia en los diferentes lugares, ha venido a ser una procura que ha tomado el primer lugar en la agenda de muchas iglesias cristianas. Tal parece que, como lo predijeron los que estudian las tendencias de las épocas, una de las cosas que influirían en la década que vivimos sería el calvinismo. Este amable reconocimiento es lo que al parecer, estamos siendo testigos de su cumplimiento.


Mi punto aquí no es hondear la bandera de la irrelevancia ni de siquiera sugerir que verdadero evangelio tenga necesariamente que ver con la elaboración de un mensaje tosco, burdo, indiscernible, y que su gloria está precisamente en no ser para nada relevante en la cultura de hoy. Anhelamos porque muchos oigan, conozcan y vean las glorias del evangelio en toda su plenitud y extensión. Deseamos que aun el mundo evangélico deje atrás la mediocridad doctrinal y la obediencia a medio camino, lo que es constantemente observado alrededor.

Pero, aquí está la situación. Si pudiésemos hacer un señalamiento, tendría que ser por una casi nueva ideología de la relevancia a costa del antiguo fundamento de la fidelidad bíblica. No es totalmente cierto que el calvinismo esté influyendo en el pensamiento de hoy, más bien, creo que algo de calvinismo está influyendo en el mundo de hoy, pero en mayor medida, el mundo de hoy, está influyendo en el calvinismo. Queriendo ser relevantes, aun en cada subcultura, el calvinismo, tal como lo vemos hoy, algo desligado de su historicidad, seguramente está más cerca de convertirse en otra subcultura, una interesante propuesta entre otras más.

"Queriendo ser relevantes, aun en cada subcultura, el calvinismo, tal como lo vemos hoy, algo desligado de su historicidad, seguramente está más cerca de convertirse en otra subcultura".

Y es que al centrar los esfuerzos en procurar visibilidad, los amarres se han venido rompiendo de manera que fidelidad ya no es lo que distinguirá ese calvinismo y de seguro el prefijo de "Neo", es el que más le ajusta a su realidad. Además que el gran barco, puede entrar a mares turbulentos sin un ancla que tal vez no le permita volver y sea anegada en la irrelevancia, de la que pretendieron cuidarse.

Si es un esfuerzo consciente o un descuido somnoliento, cada cual lo tendrá que revisar, pero el fin es el mismo, la relevancia que pretende el Neocalvinismo, es una filosofía hija de otras que se promulgan en el mundo y que expugna el calvinismo histórico y corre en detrimento de la tan apreciada y siempre segura solidez doctrinal.

Cuando algo en el mundo desea ser relevante, echa mano a distintas herramientas pragmáticas que le hagan visible, importante y necesario. De esa manera, asegura un público al llenar las expectativas que por naturaleza somos inclinados a aceptar para que nos influyan. Si la gente está yendo por multitudes a algún lugar, algo debe estar pasando allí. Si además hay grandes personalidades que promueven y disfrutan del asunto, queda mejor respaldado. Estas coaliciones comunican al receptor que las cosas se están globalizando y que es imposible que uno no entre en un mundo cada vez más cercano a todos. Si se aseguran los medios de comunicación, se asegura la promoción de cualquier cosa. Y claro, nunca, entiéndase, nunca, la palabra absoluto o similares deben usarse porque al momento de cerrar las dimensiones de alcance, el mundo plural y diverso (¿Tolerante?) se quedará por fuera y la idea es ser relevante.

"Estas coaliciones comunican al receptor que las cosas se están globalizando y que es imposible que uno no entre en un mundo cada vez más cercano a todos".

¿No es esa la manera en que el Neoclavinismo se ha organizado? Una de las credenciales que primero mostrarán para afirmar la pertinencia de su labor son las multitudes que alrededor de grandes personalidades evangélicas se pueden dar. Es un sensible asunto porque el  común de los cristianos anhelamos que muchos sean influidos por el evangelio y es casi un sueño poderlo ver. Pero la pregunta surge ¿Las personas allí aglomeradas están siendo atraídas por lo que deben o alrededor de lo que les destella? Pero si no es solo una golondrina llamando la lluvia, sino que es una coalición de personalidades influyentes que reman hacia un mismo objetivo, es aún más convincente.  Esta avalancha es intimidante y más aún cuando de tornarse critico de esto, se le pone a usted en el lado de los que no desean la unidad de la iglesia y bajo tal presión ¿Quién mueve un pie? Es decir, quien se atreva a ser cuidadoso al respecto y señalar lo inconveniente, será tildado de ortodoxo frío, inmaduro, doble moral o fariseísmo ¿Bajo estas cosas, qué cristiano osaría ir en contra?

¿Unidad hacia dónde?
Para tener esas grandes respuestas de ‘impacto’ y ‘relevancia’, la mayoría de estos movimientos Neocalvinistas, han tenido que manejar muy prudentemente el asunto de los absolutos y los acervos de interpretación histórica que poseen, porque levantar la ‘barrera’ de una Confesión de fe histórica, estropearía el intento de relevancia e influencia, según las conciben. Más bien, las grandes voces se aúnan para animar a los cristianos a buscar la unidad ‘hacia abajo’ del estándar y no hacia donde las Escrituras nos señalan que debemos buscarla.


Déjeme explicarlo, una de las cosas de la que se alardea hoy es la manera que el Neocalvinismo ha logrado aportar a la unidad de la iglesia como en ningún otro momento. Los históricamente reservados calvinistas, están saliendo de sus ‘guetos’ para juntarse con otros por el evangelio. Grandes eventos se realizan donde cada uno aporta para dicho fin y se demuestra al mundo que somos una gran fuerza unida, que no estamos solos, que nos hemos hecho oír, que somos relevantes. Pero, ¿Cómo ha sido posible? La fórmula es fácil, pragmática, llana: buscar el mínimo común que nos identifique como cristianos y desechar lo demás bajo el título de ‘secundario’. Así, nos unimos en lo fundamental y nos toleramos en lo ‘secundario’.

La pedagogía, que yo llamo, buscar la unidad hacia abajo, viene cuando dejamos de levantar las ‘incomodas Confesiones de Fe’, dialogamos hacia el mínimo común en doctrina, acordamos afirmarnos en lo más básico y lo demás, evitémoslo como algo mortífero que no coopera con la unidad de la Iglesia, porque ya sabemos, debemos procurar y ser solícitos en guardar la unidad en el vínculo de la paz.

Como se puede apreciar, esta es una pedagogía totalmente contraria a la que nos señala la Pablara de Dios y contraria al lugar donde debemos buscarla. Solo una mirada superficial de Efesios 4, nos puede testificar que la verdadera unidad no está en despojarnos de la doctrina hasta lo más mínimo que podamos, y descender a la estatura más básica que podamos sino que está en crecer hasta la estatura de la plenitud de Cristo (Ef.4:11-16). Además que debemos temblar en llamarle secundario y mucho más desechar como algo estorboso, cosas que igualmente están reveladas en el mismo Libro de donde sacamos lo fundamental y que cuyas marcas de ‘secundario’ (o de segundo o tercer nivel) son marcas de hombres y no del mismo sentimiento bíblico, pues las Escrituras afirman que todas ellas son inspiradas y útiles para perfeccionar al hombre de Dios y por ende la Iglesia.

"Ya no es la ortodoxia lo que somos llamados observar y conservar como el principio que matiza una correcta práctica y una ortopatía segura, sino que lo que debemos observar es cómo ser relevantes en este mundo, es trabajar, evangelizar, dejar, como nos dicen, el hielo ortodoxo y frío y correr hacia donde está la acción". 

No es hacia abajo donde deberíamos buscar la unidad ni la relevancia, es hacia arriba, es creciendo, dejando lo infantil, es siguiendo la verdad en amor, es perseguir la edificación y allí, arriba, donde hay más luz, más precisión, más estructura, es donde la unidad se encuentra. ¿Totalmente en el sentido opuesto que nos señala el Neocalvimosmo verdad? ¿No será que se está confundiendo el mínimo común que una persona debe creer para su justificación y lo mínimo razonable y fiel que una iglesia necesita para llamarse bíblica? Que no se piense que estamos hablando de lo mismo, porque si lo aunamos sin discriminación, la gran mayoría de la Biblia pasaría ser un registro irrelevante para cualquier cristiano hoy y solo los aspectos directamente relacionados con soteriología pudieran ser preservados.

Y es aquí donde la relevancia ha venido a erigirse en detrimento de la fidelidad. Ya no es la ortodoxia lo que somos llamados observar y conservar como el principio que matiza una correcta práctica y una ortopatía segura, sino que lo que debemos observar es cómo ser relevantes en este mundo, es trabajar, evangelizar, dejar, como nos dicen, el hielo ortodoxo y frío y correr hacia donde está la acción. Como lo ve, son terrenos peligrosos para el alma y la mejor manera de diluir lo que pretendía ser el fundamento sólido en que las personas que buscaban la verdad, estaban fundamentándose, resultó ser el mismo plato que se les pretendía reemplazar, pero ahora quien lo sirve es distinto.

Estamos sintiendo el quebradizo piso de continuismo de nuevo, de la no suficiencia de las Escrituras en las cosas más grandes y pequeñas, del emocionalismo, del amor por la música del mundo y sus expresiones culturales para adorar a Dios, de reevaluar la ley moral y su pertinencia. Observe que entre más sigamos bajando el estándar, el asunto no se vuelve más relevante sino el viejo y conocido evangelio distorsionado. Estamos abonando diligentemente el terreno para que ‘Solo Cristo’ sea una frase que excluya las demás doctrinas de la fe bíblica y no un estandarte que promueva que en Cristo están incluidas todas las cosas que glorifican a Dios y son el bien de su pueblo, es decir, un Solo Cristo inclusivo. Estamos viendo que lo que está influyendo en esta década son unas doctrinas de la gracia desligadas de su necesaria implicación que nos llevará a un cuerpo amorfo de soteriología reformada y santificación y eclesiología carismática (O mundana).

Y si las cosas no se detienen a tiempo o se reevalúan, caeremos en el más craso subjetivismo que raya en el relativismo crudo que se opone totalmente a la sana doctrina. No es una exageración. Deseo que piense en la expresión de uno de los representantes del Neocalvinismo cuando hablando de la unidad (hacia abajo), se le preguntó por qué seguía siendo Bautista Reformado. Él respondió que aunque todos estaban en lo cierto, era algo honesto consigo mismo y que su conciencia no le permitía pensar distinto. ¿Lo notó? No hay principios objetivos, él cree lo que cree porque así lo concibe. Si ese deslizadero no lleva al subjetivismo relativista ¿A dónde desembocará?

Creemos que la relevancia no está prohibida, pero deseamos que sea una consecuencia y no una filosofía. Deseamos ser fieles como filosofía y no fieles por consecuencia. Eso es seguir invirtiendo las cosas. Si bien, no dudaríamos llamar hermano a una persona que de evidencia de su piedad después de haberse arrepentido y creído en Cristo, aunque su práctica de santificación y su eclesiología no sean las mejores, nuestro amor nos lleva a hacer lo que hizo Pablo con los corintios: no dejarlos en ese estado, sino procurar su reforma. Déjeme explicarlo, cuando Pablo, llamó a los corintos, santos aun en medio de prácticas pecaminosas, no se limitó a bajar su estándar y buscar el mínimo común para llamarlos hermanos, sino que les exhortó a reformarlo todo (someter las cosas bajo el señoría de Cristo y su Palabra). Mírese muy bien, no solo los llamó a las doctrinas más básicas y fundamentales, o solo a las doctrinas de la gracia, sino que habló hasta de la cena del Señor, dones, el papel de la mujer en la iglesia y segunda venida de Cristo. El asunto de llamar ‘santos’ a los corintios no es para que bajo una superficial aplicación concluyamos que no importa la estatura de nuestros hermanos, sigamos bajando el estándar y caminemos hacia la unidad, sino que basados en su justificación nos animemos a procurar su reforma, lo que redundará en una verdadera unidad y no a una superficial que menoscaba la verdad.


"Creemos que la relevancia no está prohibida, pero deseamos que sea una consecuencia y no una filosofía". 

Mientras que avanzamos en estos modestos esfuerzos llamando al discernimiento, lo hacemos esperanzados en aunarnos en la verdad y no a costa de ella. De procurar la verdadera reforma y no solo una soteriología bíblica. Si comparte el amor y celo por la verdad, como cargados por la encomienda de guardar el buen depósito, debemos recordar que la voluntad de Dios está expresada en todas las Escrituras, que compete a todas las áreas de la vida incluyendo la santificación, la adoración pública y privada y la eclesiología y muchas otras cosas más. Y que ser reformado, no es la aceptación somera de cinco puntos sino de un compromiso confesional que empezó con fidelidad mucho antes que viniéramos nosotros y claro está, mucho antes del Neo calvinismo.


P. Jorge E. Castañeda D.


Para más información de lo que es el Neo calvinismo, sus enseñanzas, sus representantes y las implicaciones de sus filosofías, puede consultar los siguientes enlaces:

LA UNIÓN DEL CALVINISMO CON LA MUNDANALIDAD:

NEO CALVINISMO:

CARACTERÍSTICAS DEL NEO CALVINISMO:

LOS NEO CALVINISTAS (1):

LOS NEO CALVINISTAS (2) Y LA COALICIÓN EVANGÉLICA:

COMPRENDIENDO LO DETESTABLE DE LA HOMOSEXUALIDAD DESDE LA CONFESIÓN DE SAM ALLBERRY:

¿LA COALICIÓN EVANGÉLICA CREE EN LO DETESTABLE DE LA HOMOSEXUALIDAD?

EL MONSTRUO QUE HEMOS CREADO: CONCILIOS, DENOMINACIONES Y CELEBRIDADES:

UN PÚLPITO NO ES UNA PLATAFORMA:

¿ES NECESARIA UNA NUEVA REFORMA?

CUANDO LA RELEVANCIA EMPEZÓ A MINAR LA FIDELIDAD:

AVAL:

APOYO REFORMADO A GRAHAM:

miércoles, 26 de junio de 2013

LOS FUNDAMENTOS ONTOLÓGICOS Y ESCATOLÓGICOS DEL DÍA DE REPOSO, O SABBAT III

Usado con permiso de la Iglesia Bautista de North Bergen, NJ, USA. Derechos reservados (www.ibrnj.org)

LO ANTROPOLÓGICO: EL HOMBRE, IMAGEN DE DIOS
Nuestra identidad básica es la imagen de Dios. Somos réplicas creadas del Dios Creador, constituidas con un ser personal, una condición de sacerdocio real que nos ha sido dada, y hemos sido hechos para ser como Dios. Como imagen Suya que somos, disfrutamos de una relación filial con nuestro Padre-Creador como hijos-criaturas Suyas. Ser creados a imagen de Dios y hechos a semejanza de Él es un lenguaje que describe una relación de filiación (cf. Gn. 5:1-3; Lc. 3:38). No se podría concebir identidad más noble para el hombre. El ser humano es, en sí mismo, una revelación de Dios. No es Dios, sino que es la imagen de Dios, designada para ser como Él en Su creación. Debe representar a Dios y actuar como Él lo hace, gobernando sobre la creación y funcionando en ella de manera a llevarla al descanso prometido de Dios. Como imagen Suya, el hombre no solo es una forma de revelación en sí mismo, sino que es capaz de percibir y recibir Su revelación de obra y de palabra1.
La conducta de Adán quedó determinada por el comportamiento de Dios por cuanto fue creado a Su imagen. Ser la imagen de Dios determinó la naturaleza ética y la obligación de Adán, y la nuestra, para con Dios como Sus hijos-criaturas. Es algo más bien profundamente ontológico e inherente al hecho de que seamos imagen de Dios. Somos seres teológicos: teomorfos. El hombre está hecho para corresponderle a Dios como un hijo lo hace con su padre. La ética es esencial para la filiación ontológica del hombre. El ser humano «debe» ser como Dios por necesidad ontológica, porque esto es lo que justifica que se le den las obligaciones morales de los mandamientos. Se nos ha llamado a ser obedientes, por ser quienes somos ontológicamente. Nuestra esencia misma nos obliga hacia Dios y a las responsabilidades que nos han sido encomendadas (ordenanzas de la creación, ley moral e imperativos neotestamentarios). «La imagen es la ética»2. Pablo declara su ética ontológica en Efesios 5:1, Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. La ética no consiste tanto en «obedecer esta ley», (aunque obedecerla es algo fundamental para la ética bíblica), sino en «ama a tu Padre y sé como Él».
Esto significa que Adán entendió3 y se comportó de forma receptiva con respecto a la bendición de Dios y Su santificación del día de reposo. «Que Dios santificara el día equivale a Su mandamiento a los hombres para que lo santifiquen»4.
El modo de operación de Dios es el ejemplar sobre cuya base se establece el patrón para la secuencia del hombre. Por tanto, poco lugar a duda hay de que en Génesis 2:3 se haga, al menos, una alusión a la bendición del séptimo día en la semana del hombre; y, cuando lo comparamos más de cerca con Éxodo 20:11, existe una fuerte conjetura a favor de la opinión de que se refiere específica y directamente al día de reposo instituido para el hombre… A la luz de Génesis 2:2, 3 y Éxodo 20:11; 31:17, debemos también suponer que el patrón arquetipo proporcionado por la propia acción de Dios en el ámbito de Su propio trabajo y descanso habrían servido de norma para la labor y el reposo de Adán en el ámbito de su actividad. Cómo se informó a Adán o cómo habría llegado a disponer de esta información, es algo que desconocemos. La suposición más razonable es que la revelación de Adán tomó la forma o habría adoptado el modelo del dato que se expresa en Génesis 2:2-37… Es inconcebible que hubiera ignorado que Dios hizo el cielo y la tierra en seis días, y que el séptimo descansó… De ser así, Adán debió de reconocer el patrón para la vida del hombre implícito en esta secuencia. El principio que gobierna esta ética no es meramente la voluntad de Dios, sin la conformidad al patrón del procedimiento divino. En este caso, Adán debía ser un hijo del Padre celestial… Podemos resumir nuestras conclusiones como sigue. El día de reposo semanal se basa en el ejemplo divino; el modo de proceder divino en la creación determina uno de los ciclos básicos por el cual se regula la vida humana, aquí en la tierra, a saber, el ciclo semanal; esta secuencia de labor repartida en seis días y uno dedicado al descanso se habría aplicado a Adán en el estado de inocencia y en estado de integridad confirmada en el caso de haber superado la prueba; y la suposición más razonable es que la revelación hecha a Adán habría tomado la forma de la revelación que poseemos en Génesis 2:2, 3»5.
Como hijos-imagen de Dios, estamos constituidos como seres que se comunican, capaces tanto de recibir comunicación de parte de Dios, como para comunicarse con él. Es fundamental que entendamos que Adán no solo era capaz de entender la comunicación verbal de Dios, sino que también comprendió, de forma inmediata y precisa, Su comunicación no verbal. De manera innata, Adán interpretó con exactitud tanto la conducta como las palabras de su Padre-Creador como algo éticamente normativo. No solo comprendió la comunicación verbal de Dios en cuanto al «mandamiento de dominio» (Gn. 1:26 ss.) y el mandato verbal con respecto al árbol del conocimiento del bien y del mal (Gn. 2:16-17), sino que también entendió cómo actuar en respuesta a las acciones de Dios. Cuando Dios lo puso en el jardín (Gn. 2:15), entendió Su propósito en este acto divino. Él era la imagen del Obrero-Creador que acabó los proyectos de la creación en el transcurso del tiempo secuencial. La conducta de Dios estableció el principio moral para la labor del hombre. De forma innata, Adán supo por la naturaleza de su ser y su relación con Dios que debía cultivar y cuidar el jardín por el simple hecho de que Dios lo había colocado a él allí (Gn 2:15). Vemos la misma dinámica cuando Dios trajo a los animales (G, 2:19) y también a su ayuda (2:18ss.) idónea. Así como su Padre-Creador llamó y le dio el nombre de Adán a lo que había creado, cuando se ve cara a cara con algo que no tiene nombre, él imita a Dios: le pone nombre6. Es un acto de «jefatura» de inmensa relevancia por parte de Adán, pero nuestro interés está ahora en el día de reposo. Lo que vemos aquí es que Adán actúa rectamente imitando los actos de Dios cuando este lo coloca en las situaciones correspondientes en las que el hombre es imagen divina. Trabaja en el jardín y pone nombre a lo que no lo tiene.
Por su ontología, el hombre7 es ético por definición. Pero su ser es más que eso, su ontología es teológica. Es la imagen de Dios, no «la imagen de la ley». Sus funciones éticas surgen de su identidad teológica. Adán conocía, de forma innata, su propósito ético, porque era la expresión de su naturaleza teológicamente definida. Como imagen de Dios, se creó al hombre para que fuera y actuara como Dios y disfrutara de una relación de filiación. Sí, tenía que madurar como «vicerregente sacerdotal»8, pero no había nada que obstruyera la comunicación de Dios con Su imagen y nada en el hombre que malinterpretara o rechazara lo que Dios comunicaba. En el asunto del día de reposo es fundamental que estemos de acuerdo en que los actos de Dios eran revelatorios junto con Sus palabras.
Ciertamente, Dios es omnipotente y Adán habría vivido conscientemente delante del ojo de Dios durante el curso de su «semana laboral». Por medio de su labor, estaría imitando intencionadamente a su Padre-Creador que trabajó durante la Semana de la Creación. Todo lo que Adán tocó ya llevaba las «huellas digitales» de su Padre, y todo ello revelaba los atributos invisibles de su Padre, Su poder eterno y Su naturaleza divina que Adán vio claramente y que entendió por medio de lo que había sido hecho (Ro. 1:20). Pero su Padre había hecho algo más, después de acabar con Su obra de creación. Santificó el tiempo. Dios convirtió un día en tiempo santo para Su presencia especial y personal. Cuando Dios hizo el día de reposo para el hombre (Mr. 2:27), creó tiempo para estar con (el) hombre. Le dio tiempo al hombre en Su presencia personal. Tim Keller se refiere a una ilustración utilizada por John Frame «para explicar la diferencia entre la adoración corporativa y la adoración con “la vida en su totalidad”. Si sirves al rey en su palacio, lo haces todo el tiempo. Con todo, cuando el rey mismo entra en la habitación en la que tú estás trabajando y tiene una conversación contigo, ciertamente, “tu servicio adquiere un carácter diferente”… se vuelve, en cierto modo, más ceremonial. Te inclinas y recuerdas lo mejor que puedes un lenguaje que rinde homenaje… Algo parecido ocurre en nuestra relación con Dios. Toda la vida es adoración… pero cuando nos encontramos con él sucede algo9. Esto es lo que ocurre en el día de reposo. Somos admitidos en la presencia del Rey. En el día de reposo, Dios mismo viene a comunicarse con (el) hombre. Y este venir a nosotros debe atenderse en nuestra imitación de Él10, nuestra venida receptiva a Él.
¿Adónde fue? Al jardín (Gn. 3:8). «El Jardín del Edén fue el primer templo arquetipo en el que el primer hombre adoró a Dios»11. Gregory Beale correlaciona el Jardín y el Templo. «El templo de Israel era el lugar donde el sacerdote experimentaba la presencia única de Dios, y el Edén fue el sitio donde Adán caminaba y hablaba con Él. La misma forma verbal hebrea (raíz) mithallek (hithpael) que se utilizaba para el «caminar de un lado a otro» de Dios en el jardín (Gn. 3:8), también describe la presencia de Dios en el tabernáculo (Lv. 26:12; Dt. 23:14 [15]; 2 S. 7:6-7)»12. La labor de Adán en el jardín era una labor sacerdotal. En sí, el término cultivar se refiere al trabajo agrícola, pero en emparejamiento de cultivar y cumplir describe el «“servicio” a Dios y el “guardar [cumplir] Su palabra por parte de Israel, o a sacerdotes que “cumplen” el “servicio” (o “cargo”) del tabernáculo (ver Nm. 3:7-8; 8:25-26; 18:5-6; 1 Cr. 23:32; Ez. 44:14)»14. Es significativo que Dios pusiera al hombre en el jardín. Moisés no utiliza el término habitual para «poner» (‘sum), sino el sabático «reposar» (nuach) . Este vocablo conlleva la idea de ser colocado y situado de una forma segura y, más tarde, el Señor lo utiliza para colocar a Israel en la tierra. La seguridad de ese lugar no se debe a su ubicación geográfica, sino a la presencia del Señor que mora con Israel en la tierra. La situación de la morada de Su pacto era el templo, el lugar de reposo de Dios (Sal. 132:7-8, 14; Is. 66:1 donde el término se halla en una forma nueva). Parecería que Adán trabajó en el jardín para prepararlo para la llegada de Su Padre-Creador, que, cuando viniera, lo elevaría a la comunión consigo mismo, a un tiempo ahora santificado por Su presencia, en un lugar preparado por la labor sacerdotal-principesca: el Jardín-Templo de Dios. La esperanza de Adán debía obtenerse una vez acabada la labor que le había sido encomendada, es decir, cuando por medio de su trabajo sacerdotal, y su vicerregencia, hubiera transformado toda la creación en el Jardín-Templo de Dios15. Dios mismo moraría con los hombres en ese Jardín-Templo y, por Su presencia, el tiempo pasado allí sería ipso facto un tiempo santificado, escatológico, el tiempo del descanso y el refresco divinos.
Adán debía moverse a través del tiempo lineal, llevando a cabo de forma gradual la tarea encomendada por Dios, y, cada día de reposo semanal, disfrutaría de un anticipo de lo que había más adelante. Una vez cada semana, pasaba de su labor habitual al tiempo santificado en la presencia de Dios y disfrutaba de Sus bendecidoras palabras de bendición. Este don del día de reposo fundaba a Adán en su identidad creadora como imagen de Dios y lo obligaba a actuar del mismo modo en que Dios actuó a lo largo de la Semana de la Creación. El día de reposo le proporcionaba una experiencia de la presencia de Dios mismo. Pero el Sabbat también indicaba un tiempo prometido, un día infinito de tiempo santificado en una elevada intimidad con Dios cuando todo el cosmos se convirtiera, por el reino sacerdotal de Adán, en el templo de Dios. «Dios descansó de Sus tareas, y ahora Adán tenía el deber de seguir el ejemplo de su Padre celestial, llevando a cabo sus propias tareas del pacto de obras, multiplicando la imagen de Dios, extendiendo el templo hasta los confines de la tierra, y entrando al reposo de Dios»16.
Esta es pues, la bendición del día de reposo de Adán y nuestro: la vida vivida con Dios. Como Él, trabajamos para llevar gloria a Dios en nuestra labor, pero cuando Dios mismo viene para darnos tiempo con Él, debemos dejar nuestras tareas para estar con Él, adorarle y disfrutar de Él, recibir Sus palabras de bendición y paz del día de reposo, y ser refrescados, avivados y capacitados por Él para vivir después para Él y ser Su imagen en Su creación como amados hijos Suyos. Para esto fuimos creados y, por esto, el día de reposo se hizo para el hombre, y no el hombre para el día de reposo (Mr. 2:27). Para esto fuimos salvados por el Señor del día de reposo que nos da la bendición del Sabbat, dándose a sí mismo.
LO SOTERIOLÓGICO: HIJOS SANTIFICADOS DE DIOS
La salvación se tipificó en la experiencia de Israel. Como nación, el Israel del Antiguo Pacto fue llevado a una relación con YHWH Dios que equivalía a la de Adán. Las analogías son numerosas; pero que a ese Israel se le diera la adopción como hijos (Ro. 9:4) está relacionado con nuestras preocupaciones sobre el día de reposo. Así como Adán, el hijo creado de Dios, recibió tiempo santificado con Dios, así también Israel, el hijo nacional de Dios recibió tiempo santificado con Dios17. La bendición sotérica que recibió el Israel del Antiguo Pacto fue la presencia de Dios mismo, viviendo con ellos como su Dios. Su presencia para el culto del Antiguo Pacto y, en especial, para la disposición, el mobiliario y la decoración del tabernáculo y posterior templo, evocaban el cosmos creado de Dios y Su Jardín-Templo18. La presencia del pacto del Señor estaba situada en el Lugar Santísimo, sobre el propiciatorio, entre el arco formado por los querubines. Su presencia con Israel fue la que los marcó como un pueblo particular. La bendición de la vida vivida con Dios quedó subrayada en que el Señor convirtió el día de reposo en la señal del Antiguo Pacto (Éx. 31:33). La presencia del Sabbat de Dios era el corazón de la bendición y de la esperanza del Antiguo Pacto. Mi presencia irá contigo, y yo te daré descanso (Éx. 33:14).
Cuando YHWH emitió el cuarto mandamiento, le estaba diciendo básicamente a Israel que hiciera aquello para lo que diseñó a Adán: imitar a Dios como Su hijo-imagen y entrar en el tiempo santificado del Sabbat en comunión con Dios y disfrutar de Su bendición. El cuarto mandamiento volvía a ser un llamado al hijo de Dios para que hiciera lo que Dios hace y para que estuviera con Él. Los hechos de Dios en la creación (Éx. 20:11) y en la redención (Dt. 5:15) formaron el paradigma conductual para que Israel fuera la imagen de YHWH como Su hijo nacional. «El principio subyacente en el día de reposo se formula en el Decálogo mismo. Consiste en esto: que el hombre debe copiar a Dios en el curso de la vida»19. Es una tragedia que tan gran parte del debate en cuanto al cuarto mandamiento se centre en lo que conlleva la cláusula auxiliar: seis días trabajarás y hará toda tu obra, pero el séptimo día es día de reposo para el Señor tu Dios; no harás en él obra alguna. La fijación de lo que significa no trabajar ha oscurecido el imperativo central, y el privilegio esencial, del mandamiento: Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Cuando YHWH le dijo a Israel que guardarael día de reposo santo, lo que estaba diciendo en realidad era: «Sé mi imagen. Haz lo que yo hago durante este tiempo santificado de bendición. Encuéntrate conmigo. Vive conmigo. Sé como yo, hijo». Está llamando a Israel a hacer aquello que Él llamó a Adán a hacer: entrar en el tiempo santificado con Dios. Hamilton comenta sobre la gramática de Génesis 2:3, cuando Dios santificó el séptimo día. «Tomo el Piel de qadash como factitivo20, Piel como en Éxodo 20:8: “Acuérdate del día de reposo para santificarlo”»21. Dios santificó el día en la creación; ahora, Israel ha de santificarlo como Dios hizo, entrando en Su bendita presencia del pacto. El día de reposo se dio para bendecir y santificar a los hijos de Dios.
La bendición del día de reposo santificado se lleva a su cumplimiento en el Nuevo Pacto en el Hijo de Dios mismo: Jesucristo. Antes de la resurrección de Jesús, reveló la irrupción de la vida divina, celestial, con calidad de día de reposo. Y no solo debemos ver calidad del día de reposo en Su ministerio22, sino que Él mismo, en Su ser y persona, es la visitación de la vida con calidad del día de reposo a los hombres.
Como Hijo preexistente de Dios, Él «viene de arriba», «no es de este mundo», es el Hombre celestial que vino a la tierra desde ese descanso del día de reposo de Dios que empezó cuando acabó la creación. Él mismo es la verdad y la vida (Jn. 14:6)23. Vos explora el significado de Jesús como la verdad, el verdadero pan, el verdadero vino (Jn. 6:32-33; 15:1). No es como si otras cosas no fueran verdad, o que otro pan u otros vinos sean «falsos», sino que «la diferencia llega a través de una valoración del precio. El término técnico en Juan para marcar el contraste es el de aletheia“verdad”24. Las cosas del mundo sobrenatural poseen la calidad de “cosas verdaderas”… Las cosas verdaderas en esta aceptación joanina específica llevan la verdad inherente en sí mismas como una característica objetiva. Son intrínsecamente verdad. La verdad intrínseca que reside en ellas es exactamente el carácter específico que llevan como parte de la esfera celestial divina»25. La «esfera celestial» es sinónimo de la vida escatológica que tiene una calidad de día de reposo. Vos la llama «esfera divina». «El adjetivo que se usa en tales declaraciones no es la forma corriente “aletes”, sino la más fuerte “alethinos”. Se podría decir que toda la esfera divina está hecha de “alethinities”. La objetividad del concepto se vuelve más evidente cuando se observa que esta verdad celestial está, por así decirlo, condensada, incorporada en el Logos celestial: Él es la verdad, no porque sea veraz y fiable, por supuesto, sino sencillamente porque Él tiene en Sí mismo la realidad del cielo»26. «Cielo» es aquí sinónimo de «día de reposo».
Desde la Caída, el día de reposo es ahora, hasta su consumación en la era venidera, una bendición redentora. El día de reposo escatológico precede (Gn. 2:2-3) y ahora condiciona el Sabbat sotérico por el cual Dios se entrega a los pecadores como su salvador. El día de reposo escatológico tiene primacía sobre la soteriología así como esta es la gracia salvífica de Dios por la cual Él trae a Su pueblo, en Cristo, el segundo Adán, de vuelta a la alineación con Su propósito de creación: glorificarse en Su Hijo en un estado de vida de día de reposo perfeccionada, inmutable y eterna. Cada aspecto de la soteriología es, por tanto, escatológica, y consiste en llevar la vida sabática celestial de Dios al hombre. La naturaleza escatológica de la soteriología es más evidente en la resurrección de Jesucristo. Unidos a Él ya se nos ha dado la vida de calidad sabática: nuestra regeneración es un nacimiento de lo alto (Jn.3:3); nuestra justificación ya es nuestra condición de justicia eternamente legal lograda en la resurrección de Jesús (Ro. 4:25); nuestra definitiva santificación (somos santos) y nuestra santificación progresiva es la manifestación de la presencia y el poder del Espíritu que nos capacita para que la vida escatológica actúe en las perdurables ordenanzas de la creación y en nuestra mayordomía en este siglo. La santidad está, por definición, arraigada en esa santificación original del día de reposo (Gn. 2:2-3). Donde hay santidad, hay vida escatológica con la cualidad del día de reposo. Nosotros, como Jesús y en Él, somos hijos del Altísimo Dios (Lc. 6:35), nuevas criaturas (2 Co. 5:17), que, en la semejanza de Dios, hemos sido creados en la justicia y santidad de la verdad (Ef. 4:24). Estamos vivos en Él que es la imagen de Dios (1 Co. 4:4), el primogénito de toda creación (Col. 1:15). Estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria como por el Señor, el Espíritu (2 Co. 3:18), y tal como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial (1 Co. 15:49).
Nosotros, en unión con Cristo, por la vida y el poder de Su Espíritu, por medio de la fe, ¡«ya» vivimos con Dios! «Ya» experimentamos un depósito genuino de la vida con calidad de día de reposo. Pero «todavía no» hemos llegado al final de este siglo. «Todavía no» hemos resucitado ni hemos sido glorificados ni hemos obtenido la plenitud de nuestra herencia prometida como hijos. Como todavía criaturas del tiempo y del espacio, vivimos vidas que siguen condicionadas por las realidades de la creación original, aunque salvada. «Todavía no» estamos en la resurrección cuando el matrimonio ya no existirá (Mt. 22:30) y cuando hayamos entrado en el tiempo glorificado, no santificado, del día de reposo eterno. Hasta ese tiempo, seguimos viviendo en el tiempo de la creación original. Es un tiempo que se mueve de forma lineal hacia la meta de ese tiempo señalado en que Jesús volverá (Hab. 2:3), y liberará a esta creación en la gloriosa libertad de los hijos resucitados y glorificados de Dios (Ro. 8:19-23). Todo esto significa que debemos situarnos en ese esquema de la historia que sigue moviéndose hacia el Iscatón, y, a medida que progresa, se sigue dando la bendición de la presencia de Dios al tener Él comunión con Su pueblo reunido durante el tiempo santificado del Sabbat del Día del Señor.
El pasaje que informa con mayor claridad de nuestro progreso hacia el descanso prometido del Sabbat de Dios es Hebreos 3 y 4. Es el único lugar del Nuevo Testamento donde se cita Génesis 2:2 (He. 4:4). El prometido descanso que está delante de nosotros no es otro que el descanso del Sabbat de la creación original de Dios. El autor nos informa que Israel no logró entrar en el reposo de Dios cuando estuvieron a punto de entrar en la Tierra Prometida en Números 14. Se cita a David, en el Salmo 95, para mostrar que en su época no se había entrado todavía en el descanso de Dios. Pero Jesús sí ha entrado en ese reposo. Él ha ido por delante de nosotros y ahora tenemos que seguirle, corriendo nuestra carrera con los ojos puestos en Él (He. 12:1), manteniendo una cadencia sabática porque queda, por tanto, un reposo sagrado para el pueblo de Dios (He. 4:9). Teniendo ante nosotros la perspectiva de entrar en el Descanso de la Creación de Dios, se endosa de nuevo la lógica del cuarto mandamiento (Gn. 2:2-3). El verbo utilizado en Hebreos 4:9 es hápax legomenon (empleado una sola vez) en el Nuevo Testamento, pero se utiliza cuatro veces en la Septuaginta con el significado de «observando el día del Sabbat» (Éx. 16:30; Lv. 23:32; 26:34-35; 2 Cr.36:21). Hebreos nos dice que nosotros también, en nuestro viaje por el desierto del Nuevo Pacto hasta la Tierra Prometida del reposo de Dios, debemos recorrer nuestro trayecto empleando las mejores bendiciones del Nuevo Pacto: su sacerdote, sus sacrificios, su templo-y su Sabbat, el primer día de la semana. El pasaje es un llamado a perseverar y, como Jesús, correr nuestra carrera y entrar en el reposo de Dios. Jesús es el que ha entrado a su reposo, [y] ha reposado de sus obras, como Dios reposó de las suyas (v. 10). Esforcémonos por entrar en ese reposo (v. 11). De nuevo, se nos motiva a la observancia del día de reposo por la acción de Dios en la creación y, ahora, por Dios Hijo, en Su obra de expiación. Así como Dios acabó Su obra de la creación y entró en Su reposo, Jesús también acabó la obra expiatoria (¡Consumado es! Jn. 19:30) y ha entrado en Su reposo en victoria resucitada y ahora está entronizado en Su templo celestial. Se nos llama a perseverar por fe y acabar nuestra carrera, y, como Jesús que ha ido por delante de nosotros, también entraremos en el reposo de Dios. «Y oí una voz del cielo que decía: Escribe: “Bienaventurados los muertos que de aquí en adelante mueren en el Señor”. Sí —dice el Espíritu—para que descansen de sus trabajos, porque sus obras van con ellos» (Ap. 14:13). Guardar el día de reposo es esencial para una vida de buenas obras que manifiesten el vivir por fe. Vemos aquí la indispensable necesidad de adorar mientras vamos cruzando este desierto. No debemos dejar de congregarnos (He. 10:25). ¿Cuándo? En el Sabbat del Día del Señor.
Si todavía se nos da tiempo santificado para la adoración del Nuevo Pacto, ¿tenemos también un espacio santificado? ¿Dónde nos congregamos? No nos acercamos a Dios como lo hacía el Israel del Antiguo Pacto en el Sinaí. Hemos venido al monte de Sión… la Jerusalén celestial… a Jesús, el mediador del Nuevo Pacto (He. 12:18-25). El templo celestial es el lugar santificado de adoración al que entramos cada Día del Señor, por fe en Jesús. Así como la luz del Sabbat del Día del Señor irrumpe en el mundo, los creyentes se congregan y ejercen su sacerdocio del Nuevo Pacto, ofreciendo sacrificios espirituales de alabanza (He. 13:15; 1 P. 2:5), hechos aceptables por la mediación de nuestro Gran Sumo Sacerdote, Jesús (Ap. 8:3-4). Las voces se elevan primero en los templos vivos de Nueva Zelanda y Australia. Enseguida estalla el coro de alabanza de los creyentes oprimidos en Indonesia y en la iglesia subterránea de China. Las voces rusas se mezclan entonces con las de Asia central y, a continuación llegan las alabanzas de Europa y África. A medida que el día avanza, llega un arrullo cruzando el Atlántico, pero en ese momento llegan las alabanzas de Brasil, Sudamérica, Canadá y el litoral oriental de Estados Unidos. Muy pronto, los estados del centro norteño y el oeste se unen a las multitudes de los que han adorado y siguen adorando al Cordero que está en Su trono (Ap. 5). En el Sabbat del Día del Señor entramos en un tiempo santo y en Cristo Jesús, por fe, nuestra adoración es aceptada en el espacio santo: el palacio celestial del Rey de reyes y Señor de señores, el Señor del día de reposo.
La cadencia sabática de adoración seguirá hasta el fin de los siglos (Mt. 28:20), hasta que Jesús, por Su Espíritu, haya acabado de edificar Su Iglesia. Entonces Jesús vendrá a nosotros y, por el poder de Su omnipotencia, rescatará a Sus dos testigos con semejanza de cordero (Ap. 11), nos resucitará a nosotros, y transformará el cuerpo de nuestro estado de humillación en conformidad al cuerpo de su gloria, por el ejercicio del poder que tiene aun para sujetar todas las cosas a sí mismo (Fil. 3:21). Pablo quería que supiéramos que nuestros cuerpos de resurrección excederán con mucho a este maldito por la muerte: un cuerpo corruptible, sembrado en deshonra y debilidad, un cuerpo natural. El cuerpo de resurrección excederá sin duda a este cuerpo de muerte (Ro. 7:24) este hombre exterior decadente (2 Co. 4:16). Resucitará como un cuerpo incorruptible; en poder, un cuerpo espiritual (1 Co. 15:42-44). Podemos concebir fácilmente que el cuerpo de resurrección es más glorioso que el que ahora tenemos y que es terrenal y natural. Lo inconcebible, sin embargo, es que nuestro cuerpo de resurrección será más glorioso que el de Adán antes de la caída, el cuerpo original. La gloria a la que Jesús nos lleva supera de lejos la gloria sabática que Adán, aun no habiendo caído, hubiera transmitido a su raza. Tras contrastar el cuerpo de resurrección con este cuerpo natural, Pablo compara el cuerpo de resurrección con el cuerpo no caído de Adán y afirma que, en Jesús, obtenemos un estado aún más glorioso que el que habría sido posible a través de Adán. Así también está escrito: El primer hombre, Adán, fue hecho alma viviente. El último Adán, espíritu que da vida (1 Co. 15:45). El cuerpo de su gloria es más maravilloso que el cuerpo que Dios formó originalmente del polvo de esta tierra y al que animó con el aliento de vida (Gn. 2:7). Esta obra vivificante de Dios constituyó al hombre comoser vivo: vivo con la vitalidad del orden de vida de esta creación. Pero el cuerpo de la resurrección será mucho más glorioso. Pertenecerá a un espíritu dador de vida de un orden superior y elevado, imbuido con la vitalidad y la presencia de Dios Espíritu adecuado para vivir en un cosmos resucitado, el Jardín-Templo escatológico de Dios27, en el que Dios será todo en todos (1 Co. 15:28). En la gloria de la vida de resurrección entraremos en el reposo de Dios y el Padre será glorificado para siempre en Su Hijo y en la esposa de este (Ef. 3:20-21).
«Si Cristo nos volviera a poner donde Adán se encontraba en su rectitud, sin pecados y sin muerte, sería una indecible gracia, desde luego, más que suficiente para convertir al evangelio en una bendita palabra. Pero la gracia excede de una forma mucho más abundante que todo esto: aparte de borrar hasta el último vestigio del pecado y de sus consecuencias, nos abre ese mundo más alto a cuyo umbral ni siquiera llegó la comprensión del primer Adán. Y esto no es un mero asunto de grados de bienaventuranza, sino la diferencia entre dos modos de vida; así como el cielo está muy por encima de la tierra, las condiciones de nuestro estado futuro trascenderán aquella del paraíso de la antigüedad»28.
En realidad, estas son cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han entrado al corazón del hombre, son las cosas que Dios ha preparado para los que le aman (1 Co. 2:10). Y, a pesar de todo (v. 11) ¡Dios nos la reveló a nosotros a través del Espíritu!
Estas son las realidades que probamos cuando nos congregamos para adorar en el Sabbat del Día del Señor. Jesús estableció aquel primer día como el día en el cual Él, con la victoria y la gracia de la resurrección, vino y sigue viniendo a Sus discípulos que, por fe, se reúnen e invocan Su nombre. Su presencia hace que el tiempo sea santo y santificado. Se proclama Su palabra de bendición. Se come Su cena29. Su pueblo está alineado con los propósitos de la creación de Dios y aprenden a trabajar y descansar en ese orden muy bueno (Gn. 1:31) en el que fueron hechos para ser imagen de Dios. Pero, como hijos santificados de Dios, creados de nuevo en Cristo y portadores de Su imagen en la redención, Su pueblo saborea ahora la era venidera y aprende a orientar toda su vida a esa meta escatológica que Dios ha señalado: el regreso de Jesús y nuestra entrada a Su reposo sabático. La búsqueda de un mandamiento explícito a este respecto para obligar a la Iglesia a congregarse el domingo es un planteamiento superficial que no llega a palpar la profunda realidad ontológica de quienes somos como imagen de Dios. Él viene a nosotros y, por Su presencia del pacto, santifica el tiempo y nos admite a Su santo espacio celestial. Dios viene a vivir con nosotros y la tierra se transforma en el templo de Dios, habitado por los hijos santificados de Dios. En vista de estas realidades ontológicas y escatológicas, ¿cómo es que no deseamos observar el día de reposo para santificarlo?
Esta es nuestra delicia: Si por causa del día de reposo apartas tu pie para no hacer lo que te plazca en mi día santo, y llamas al día de reposo delicia, al día santo del Señor, honorable, y lo honras, no siguiendo tus caminos, ni buscando tu placer, ni hablando de tus propios asuntos, entonces te deleitarás en el Señor, y yo te haré cabalgar sobre las alturas de la tierra, y te alimentaré con la heredad de tu padre Jacob; porque la boca del Señor ha hablado. Esta es nuestra esperanza: He aquí, el tabernáculo de Dios está entre los hombres, y El habitará entre ellos y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará entre ellos (Ap. 21:3). El vencedor heredará estas cosas, y yo seré su Dios y él será mi hijo (Ap. 21:7). El que testifica de estas cosas dice: Sí, vengo pronto. Amén. Ven, Señor Jesús (Ap. 22:20).
Notas
1. Watke, op. cit. 65. «Ser hecho a imagen de Dios establece el papel de la humanidad sobre la tierra y facilita la comunicación con lo divino». «Un ser humano es teomórfico, hecho como Dios de manera que Él pueda comunicarse con Su pueblo». «Entender que somos hechos a la imagen de Dios es fundamental para entender nuestro destino y nuestra relación con Dio». 63.
2. Greg Nichols, Lectures On The Doctrine of Man (Trinity Ministerial Academy, Trinity Baptist Church, Montville, NJ. 1984). Reflexionar en esta frase tan significativa ha abierto perspectivas panorámicas a la antropología, la ética, la cristología, la soteriología y la escatología.
3. Kevan, Ernest, Moral Law (Escondido, Calif.: Den Dulk Christian Foundation, 1991), 30. «La ley de la naturaleza se revela a sí misma en las impresiones religiosas comunes que se hallan por todas partes en el hombre. Como los primeros principios o axiomas de la ciencia, no se puede alegar razón alguna para ellas: se reconoce que se manifiestan por sí mismas. Hay que admitir, sin embargo, que la ley de la naturaleza existía de un modo distinto en Adán que en su posteridad. En él era perfectamente conocida, pero lo que hoy encontramos en los hombres no es más que una mera sombra de aquello. En el principio, a Adán se le dio toda la ley de la naturaleza, que contenía una conciencia perfecta de la voluntad de Dios; y, aunque se le dio el regalo posterior de una ley positiva, para probar su obediencia, esto no invalidó ni sustrajo en modo alguno de la validez y la relevancia de su primera dotación de la ley de la naturaleza. En el principio mismo, Adán fue hecho según la imagen de Dios, en justicia y santidad; de otro modo, se le habría desposeído de la luz de la razón y no habría tenido conciencia alguna».
4. Bush, Ibíd., p. 48. «Es por medio de este término como se expresa la designación positiva del Sabbat como un día de reposo para el hombre. Que Dios santificara ese día equivale a Su mandamiento a los hombres para que lo santificaran».
5. Murray, John, Principles of Conduct: Aspects of Biblical Ethics (Grand Rapids: Eerdmans, 1977), 31-34.
6. La obra de creación de Dios se lleva a cabo por Su palabra y por Sus hechos. Dios dijo («amar»), y, por decreto, da vida a la creación ex nihilo. A lo que Él creó entonces, Él le dio nombre, lo llamó (qara). Adán no «amar» sino que, como su Padre-Creador, hace «qara» cuando da nombre tanto a los animales como a la mujer.
7. Estoy usando «hombre» en el género inclusivo, como hace Moisés en Gn. 5:2. Varón y hembra los creó, y los bendijo, y los llamó Adán el día en que fueron creados.
8. Beale, G.K. The Temple and the Church’s Mission: A Biblical Theology of the Dwelling Place of God (Nueva York: InterVarsity, 2004), 68.
9. Keller, Timothy J. «Reformed Worship in the Global City”, D. A. Carson ed. Worship by the Book (Grand Rapids: Zondervan, 2002), 205.
10. Calvino, Juan, Calvin Commentaries, (Grand Rapids, Mich.: Baker, 1979), 106-107. «Por tanto, Dios descansó primero, después bendijo ese descanso, para que en todas las épocas pudiera ser sagrado entre los hombres: o dedicó cada séptimo día al descanso, para que Su propio ejemplo pudiera ser una regla perpetua… No es un ligero estímulo el que da el propio ejemplo de Dios y el precepto en sí mismo se convierte, por este medio, en algo afable, porque Dios no puede atraernos de un modo más amable o incitarnos de una manera más efectiva a la obediencia, que invitándonos y exhortándonos a la imitación de Sí mismo». Soy consciente de la incoherencia de Calvino en sus opiniones escritas sobre el día de reposo. (Cf. Gaffin, Richard B. Calvin and the Sabbath, Fearn, Ross-shire: Mentor, 1998).
11. Beale, G.K., Ibíd. 66.
12. Beale, G.K., Ibíd. 66.
13. Beale, G.K., Ibíd. 67.
14. Beale, G.K. op. cit. 69-70.
15. Beale, G.K. op. cit. 70. «Adán tenía que empezar a reflejar el descanso soberano de Dios… y… lograr un “descanso” consumado, después de haber acabado su tarea de “cuidar y guardar “el jardín”».
16. Fesko, op. cit. 184.
17. Éx. 4:22, Así dice el Señor, “Israel es mi hijo, mi primogénito”. Os. 11:1: Cuando Israel era joven yo lo amé y de Egipto llamé a mi hijo. La bendición epítome de Dios a Adán, Su hijo-creación fue el don de Sí mismo en el día de reposo; así también, Su presencia del día de reposo era la bendición epítome dada a Israel, Su hijo-redimido nacional.
18. Longman, Tremper op. cit. y Beale, G.K. op. cit.
Obras citadas
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