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miércoles, 26 de septiembre de 2018

LA HUMILDAD Y LA SANTIDAD


Por Andrew Murray
“Que dicen: Estate en tu lugar, no te acerques a mí, porque soy más santo que tú” (Isaías 65:5).

Hablamos sobre el movimiento de la Santidad en nuestros tiempos y alabamos a Dios por ello. Escuchamos de una gran cantidad de buscadores de santidad y maestros de santidad, de enseñanzas santas y de reuniones santas. Las verdades bendecidas de santidad en Cristo y la santidad por la fe se enfatizan como nunca antes. La mayor prueba de si la santidad que profesamos buscar o alcanzar es verdadera será si se manifiesta en la humildad creciente que produce. En el ser humano, la humildad es lo más necesario para permitir que la santidad de Dios habite en él y brille. En Jesús, el Santo de Dios que nos santifica, una humildad divina fue el secreto de Su vida, Su muerte y Su exaltación. La única prueba infalible de nuestra humildad será la humildad delante de Dios y de los hombres. La humildad es la fuerza y la belleza de la santidad.

La principal marca de la santidad falsa es su falta de humildad. Todo aquel que busca la santidad necesita estar vigilando, para que, no inconscientemente, lo que se empezó en el espíritu se perfeccione en la carne, y que el orgullo no entre donde su presencia no se espera. Dos hombres fueron al templo para orar: uno era un fariseo, el otro un publicano. No hay un lugar o una posición tan sagrada en la que el fariseo no entre. El orgullo puede subírsele en el propio templo de Dios y hacer de la adoración a Dios la escena de su propia exaltación. Desde que Cristo expuso el orgullo del fariseo, éste se puso la vestimenta del publicano; y deben estar alerta el confesor de la profunda pecaminosidad así como el profesor de la más elevada santidad.

Cuando estemos muy ansiosos por tener nuestro corazón como templo de Dios, encontraremos a los dos hombres subiendo al templo para orar. El publicano demostrará que su peligro no viene del fariseo que está a su lado, quien lo desprecia, sino del fariseo interior que elogia y exalta. En el templo de Dios, cuando pensamos que estamos en el lugar más santo de todos, en la presencia de Su santidad, debemos tener cuidado con el orgullo. “Un día vinieron a presentarse delante de Jehová los hijos de Dios, entre los cuales vino también Satanás”.

“Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano”. El ego encuentra su satisfacción en el motivo de las acciones de gracias, en las propias acciones de gracia que rendimos a Dios y en la misma confesión de que Dios lo ha hecho todo. Incluso cuando en el templo el lenguaje de penitencia y confianza en la misericordia de Dios es duro, el fariseo puede comenzar a alabar y a agradecer a Dios por estar felicitándolo a él. El orgullo puede vestirse con ropas de alabanza o de penitencia. Aunque las palabras “No soy como los otros hombres” se rechazan y se condenan, su espíritu puede encontrarse a menudo en nuestros sentimientos y en nuestro lenguaje hacia nuestros compañeros adoradores y otros cristianos. Si quieres saber si esto es así, simplemente tienes que escuchar la manera en la que a menudo hablan los unos de los otros las iglesias y los cristianos.

Qué poco de la mansedumbre y de la bondad de Jesús se ve. Se recuerda muy poco que la humildad profunda debe ser el principio predominante de lo que los siervos de Jesús dicen de ellos mismos o de los demás. Hay muchas iglesias o asambleas de los santos, muchas misiones o conferencias, muchas sociedades o comités, incluso muchas misiones en lugares paganos, donde la armonía se ha perturbado y la obra de Dios se ha impedido porque los hombres que se cuentan como santos han demostrado en susceptibilidad, en precipitación, en impaciencia, en autodefensa, en autoafirmación, en juicios severos y en palabras groseras, que ellos no consideran a los demás como mejores que ellos mismos y que su santidad tiene poco de la mansedumbre de los santos. En su historia espiritual, los hombres han tenido tiempos de gran humildad y quebrantamiento, pero esto es muy diferente de estar vestido en humildad, de tener un espíritu humilde, de tener una opinión humilde en la que cada uno se tiene a sí mismo como siervo de los demás y así lo muestra, como lo hizo Jesucristo.

¿Se puede encontrar, entonces, dicha humildad por la que los hombres se consideran “menos que el más pequeño de todos los santos”, siervos de todos? Sí se puede. “El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo”. Donde se derrama el espíritu de amor en el corazón, donde la naturaleza divina llega a un nacimiento pleno, donde Cristo, el manso y el humilde Cordero de Dios es verdaderamente formado dentro de nosotros, ahí es donde se da el poder de un amor perfecto que se olvida de sí mismo y encuentra su bendición al bendecir a los demás, al soportarlos y honrarlos, sin importar lo débiles que puedan ser. Donde entra este amor, ahí entra Dios. Y donde Dios ha entrado en Su poder y se revela a Sí mismo como Todo, allí el ser humano se convierte en nada. Y donde el ser humano se hace nada ante Dios, no puede haber otra cosa que humildad hacia los demás. La presencia de Dios no se convierte en un asunto de los tiempos o de las estaciones, sino en la cubierta bajo la cual mora el alma, y su profunda humillación ante Dios se convierte en el lugar santo de Su presencia de donde proceden todas sus palabras y sus obras.

Que Dios nos enseñe que nuestros pensamientos, palabras y sentimientos con respecto a nuestros semejantes son Su prueba de nuestra humildad hacia Él, y que nuestra humildad ante Él es el único poder que puede capacitarnos para ser siempre humildes con los demás. Nuestra humildad debe ser la vida de Cristo, el Cordero de Dios, dentro de nosotros.

Que todos los maestros de santidad, ya sea en el púlpito o en la plataforma, y todos los que buscan la santidad, ya sea en secreto o en una convención, tengan presente dicha advertencia. No hay orgullo tan peligroso, porque ninguno es tan sutil e insidioso, como el orgullo de la santidad. No es que un hombre diga ni piense: “Soy más santo que tú”. No, de hecho, el pensamiento sería considerado como aborrecimiento. Pero crece, de manera inconsciente, un hábito oculto del alma, que siente complacencia en sus logros y no puede evitar ver cuál lejos está por delante de los demás. Se puede reconocer, no siempre en una autoafirmación especial o en un elogio propio, con la ausencia de esa profunda autodegradación que no puede ser sino la marca del alma que ha visto la gloria de Dios (Job 42:5; 6; Isaías 6:5). Se revela a sí mismo, no solo en palabras o pensamientos, sino en un todo, una manera de hablar de los demás, en la que quienes tienen el don del discernimiento de espíritu pueden reconocer el poder del ego. Incluso el mundo con sus ojos penetrantes lo nota y lo señala como una prueba de que la profesión de una vida celestial no da ningún fruto especialmente celestial. Hermanos, tengamos cuidado. A menos que hagamos, con cada avance en lo que pensamos que es santidad, del incremento de humildad nuestro estudio, podemos pensar que nos hemos estado deleitando en pensamientos hermosos y sentimientos, en actos solemnes de consagración y fe, mientras la única marca segura de la presencia de Dios, es decir, la desaparición del ego, era todo el tiempo deficiente. Ven y huyamos hacia Jesús, y escondámonos en Él hasta que seamos cubiertos con Su humildad. Solo esto es nuestra santidad.

Extracto de: Humildad, la Belleza de la Santidad
Tomado del Portal
http://www.tesoroscristianos.net/component/content/article/25-the-project/51-andre



martes, 12 de diciembre de 2017

10 MANERAS DE MENTIR

El tema de la mentira es un mal muy complejo porque tiene la facilidad de escabullirse, camuflarse, transformarse. 

La mentira puede adoptar muchas formas, de las más negras y malignas que saben horrendo a las más blancas y sutiles, deliciosas al paladar en una innumerable gama de colores y sabores en medio. ‹‹Aun cuando los cristianos son afortunados de conocer el camino la verdad y la vida, no siempre caminan en la verdad. Al contrario, a veces los no cristianos se hacen respetar por su honestidad e integridad, aunque lamentablemente no conozcan el camino la verdad y vida. Se puede hablar la verdad y seguir caminando en la mentira››. Douma.

Solo deseo remarcar un punto muy importante al hablar de la mentira y es que tiene mucho que ver con algo mental antes que todo. No únicamente, pero la mentira tiene que ver con nuestros pensamientos, motivaciones, la intencionalidad con que obramos o hablamos. En la mentira siempre hay premeditación. El engaño implica un ejercicio –así sea rápido- de pensamiento con el que la persona desea ocultar o pervertir lo verdadero o de engañar.

En ese sentido, así no lleguemos a la acción de mentir, la premeditación de engaño hace que seamos reprendidos de mentirosos a causa del ejercicio mental intencional por querer engañar. Sal.12:2 (la ligazón entre hablar y corazón). Is.59:13 (concebir y musitar en el corazón palabras engañosas BJ; concebir y proferir en el corazón palabras mentirosas LBLA). Sal.15:2 (¿Dónde se habla la verdad que Dios ve?). Para nuestro interés veremos al menos 10 maneras de mentir.

1. Mentira Como Tal.
En un mundo creciente de mentiras cada vez más nos volvemos expertos en mentir. Por ello los cuidados familiares, sociales, judiciales, se han vuelto más minuciosos para lograr establecer la verdad. Tener un departamento de criminalística, no es porque somos una sociedad leal a la verdad. La multiplicación de cámaras y dispositivos que buscan llegar a la verdad (como el polígrafo), aumentan. Las hojas de vida que muchos piden van en aumento. Cuando se quiere dar un crédito se piden datos y datos de formularios verificación de datos, solo para que en un cuadro de dos centímetros coloquemos la cantidad que deseamos pedir prestado. Aun así, se sigue defraudando la verdad.

La mentira como tal tiene que ver con la imprecisión intencional a la verdad. Podemos hablar aquí de una contradicción a la verdad, de lo opuesto a la verdad, con modificarla, así como de rebajarla (aguarla), oscurecerla, desviarla, etc. Rom.1:25; Ef.4:25. Claramente nos habla la Biblia de sustituir algo cierto o verdadero con algo que no corresponde. El que miente va contra la verdad y defrauda al prójimo al tratarle como un ser sin valor al que puedo pasarle por encima con mi mentira.

2. Falso rumor.
Un rumor es hacer correr un comentario de modo que se escuche, pero no tan duro, nada confirmado por el que lo comunica, pero seguramente cierto. Hay rumores que resultan ciertos y otros eran simplemente falsos.  Encontramos que, aunque las palabras sean dichas con el antecedente de: no lo puedo confirmar, pero…. O con las palabras: no me consta, pero… O tal vez el: escuche que…pero habrá que ver, no por eso lo hacen menos grave, pues si hay algo de lo que no estamos seguros e intencionalmente lo propagamos - sabiendo o no que quien lo escucha casi que lo dará por cierto-, es una manera de mentir. Ex.23:1a.

Si no podemos sostener algo por falta de conocimiento, rumorar es mentir, pues puede que resulte cierto, pero no lo teníamos por cierto cuando lo hablamos. El rumor generalmente tiene falsedad, porque si fuera cierto no se estaría rumorando, tal vez chismeando, pero no rumorando. ¿Qué nos lleva a hacer correr unas palabras de las cuales no estamos seguros? Ganas de atención propia, morbo (interés mal sano), satisfacción por lo que se rumora, pero nunca un deseo de honrar la verdad ni la reputación del prójimo.

3. Falsear Juramento.
Culturalmente nos hemos visto ya involucrados en muchas formas que dan realce a nuestro testimonio porque la sola palabra parece que ya no vale. Usamos palabras que no deberíamos como: Pa’ Dios, se lo juro, seguro, por lo más sagrado, y más. No estoy diciendo que jurar sea algo intrínsecamente malo (Dt.6:13), pero hacerlo en todo o a la ligera, aun mas hacerlo por hacerlo sin caer en cuenta el peso de asegurar algo con unas palabras, es pecaminoso.  A veces solo son palabras porque ni es nuestro deseo jurar, ni decir la verdad. No por el hecho de ser descuidado deja de ser pecado. Ec. 5:2-7.

Si esto es verdad en caso de descuido, mucho más será cierto en caso de intencionalidad gravosa que busca perjudicar al prójimo (Jer.5:1-3a; Sal.24:4). Debemos entender que nuestra palabra tiene el peso de un juramento, o al menos así lo toma Dios (Mt.5:37). Pero como cristianos debemos estar muy atentos a palabras como: Dios sabe que…apúnteme para…delante de Dios…y a estar muy atentos a compromisos adquiridos sea por escrito o verbalmente.

4. Calumnia.
La calumnia es una información falsa que se extiende maliciosamente para herir a alguien. De hecho, la línea entre el rumor exagerado y la calumnia no siempre es fácil de delimitar. La calumnia siempre es falsa y deliberadamente dañina. Seguramente detrás de cada calumnia hay un espíritu rencilloso, de odio, que no valora al prójimo. La calumnia es un atentado cruel contra la reputación de alguien a la vez que es mentira descarada. Generalmente quien calumnia se ha llenado de un espíritu de superioridad y se cree con derecho de dañar al prójimo con palabras malignas. Note la conexión entre orgullo y calumnia en 3 Jn.9 y 10.

Zac.8:16-17. Nos habla de hablar la verdad y juzgar bien, sin albergar odio en el corazón hacia el prójimo, pues estas cosas Dios las odia. Alguno podría pensar que solo quien detracta de otro es el malo, pero meditemos que el Señor denuncia que quien escucha es mentiroso y malo. ¿Es cierto eso? Claro que lo es porque quien se presta para escuchar una falsedad es porque tiene un puente de identificación con la mentira que escucha y la que hay en su alma. Si así no fuera – como el caso de Dios -, la aborrecería (Prv.17:4).

Si se roba, la victima puede verse compensada, si se falta en otros sentidos puede haber restitución, pero nunca el solo: ‘lo siento’, basta para restituir una calumnia. Si alguien se viniera en tu contra y te diera 5 puñaladas y luego más calmado te dijera, ‘lo siento’ ¿lo verías como correcto? La calumnia es más que eso, pues difícilmente se puede reparar este mal, por ello Dios puso un remedio que en algo ayuda a reparar este crimen (Lv. 6: 1-5). Así aprendemos que la calumnia no se repara con un perdón, sino que la reparación debe superar la ofensa con creses. ¿Has sido calumniado? Lc.6:28.

5. Inexactitud terminológica.
Esta es una palabra acuñada para señalar otra forma de mentira y es – como dice un autor -, cuando somos económicos con la verdad. Podemos presentar una información selectiva o atenuando las palabras y así dar una impresión falsa de lo que es en realidad. Una de las maneras más comunes de esta inexactitud terminológica es el nuevo nombre que se le da a los pecados para hacerlos más aceptables (Fantasías sexuales, presos de guerra, libre desarrollo de la personalidad). Otra manera es la justificación de errores por palabras atenuadas. En alguna riña alguno puede testificar: Subí de decibles la voz exasperado y le apliqué un estímulo físico al otro, cuando en verdad debió decir: lo grité, lo ofendí y le pegué.

Esta inexactitud también se presenta cuando ‘editamos’ la verdad. Con el método ‹‹recortar y pegar››, podemos poner en otro orden las palabras, suprimir otras y dar una información desviada de la verdad. Es decir, podemos mentir cuando decimos parte de la verdad omitiendo intencionalmente la otra parta para engañar o poniendo las palabras en un orden o que afecta el significado verdadero. Mr. 14:58.

6. Conspiración de silencio.
Siempre que se miente se engaña, pero no todas las veces que se engaña se ha mentido en palabras. Hay una manera de engañar que no necesariamente está ligada a hablar, precisamente se engaña haciendo lo contrario. Esto se llama conspiración de silencio o premeditar un silencio con el fin de engañar o desviar la atención de lo verdadero o simplemente porque no se quiere que la verdad salga a relucir. Debemos aclarar que no es que nosotros debamos estar descubriéndonos ante todos y descubriendo todo. El pecado consiste en callar intencionalmente algo que debe ser hablado, la verdad lo requiere, la honra del prójimo lo demanda, la situación misma lo requiere y calla, en ese contexto, es pecado. ¿No actuó Acán de esa manera?

A veces pecamos de esa manera cuando nos enteramos de un comentario pecaminoso o cuando se dice algo inexacto que podría corregirse con facilidad y permanecemos callados sin ofrecer evidencia de lo contrario. Nuestro silencio queda entonces como una afirmación o como una indicación que no poseemos ninguna información que lo contradiga. Quizás puede ser igual de pecaminoso negarnos a defender la fe cuando la situación lo requiere. Otra manera de hacerlo puede ser concertarse con otros bajo la ley del silencio para dejar que las cosas sigan el rumbo sin interrumpirlo favoreciendo así algún asunto pecaminoso.

7. Contradicción práctica.
Al estudiar lo que la Biblia habla de este tema, encontramos algo que también es catalogado como mentira y es cuando se desmiente con alguna acción algo que se dice con la boca. Es algo así como hipocresía en el que se profesa algo y luego con las acciones se echa por tierra lo dicho. Miremos los ejemplos que nos da la Biblia. 1 Jn.2:4 habla que algunas personas profesan conocer a Jesucristo, seguramente han hecho esa profesión publica de modo que todos a su alrededor asumen lo que confesó, pero si no guarda los mandamientos de Dios como una constante en la vida práctica, es mentiroso. Por más que se esfuerce por gritar su profesión, su vida habla más fuerte y nos grita que es mentira, que no conoce a Cristo.

El otro ejemplo está en 1 Jn.4:20 y nos habla de la persona que profesa públicamente su amor a Dios, pero que al mismo tiempo puede vivir sin amor hacia algún hermano. No importa lo que diga, según Dios, el tal es mentiroso porque realmente no ama a Dios. Así puede en culto elevar sus cantos que confiesan su lealtad a Dios, pero es una lealtad falsa porque si realmente tuviese temor de Dios, haría lo que Él manda y entre otras cosas Él manda amar a nuestros hermanos. Por ello se le puede llamar mentiroso. Pero estos ejemplos solo nos muestran que las inconsistencias entre lo que profesamos como cristianos y lo que realmente hacemos nos ponen como crasos mentirosos.

8. Chismes
El chisme, según se presenta en la Biblia, es usado como sinónimo de murmuración y a veces como calumnia. De acuerdo a los textos donde se encuentra esta palabra se señala al hecho de traficar indebidamente con información. Podemos definir chisme como dar un reporte de otra persona a quien no se debe, que no se es capaz de decirse directa ni bíblicamente y sin el ánimo de edificar. El pecado del chisme es tan grave si pensamos que el mismo móvil que lleva a un asesino a matar a otra, es el mismo que el de una persona cuando chismosea. Quizás su moral no le permite llegar tan lejos como matar a esa persona; pero cuando chismea es simple y llanamente, el asesinato premeditado de la reputación ajena. Si alguno es capaz de chismosear, ese es un asesino, pues está asesinando deliberadamente la reputación ajena, y eso es una perversión.

Pero, no todo reporte negativo dada a un tercero sobre una persona es chisme, y ahí debemos ser justos, y voy a demostrarlo bíblicamente. Mire lo que el apóstol Pablo dice sin avergonzarse en 1 Cor.1:11. ¿Por qué esto no era un chisme? Definimos chisme como todo reporte dicho a quien no se debe decir, con otra intención ajena a edificar. Ahora, en este caso, los hermanos de Cloé hablaron con quién debían hablar y ¿Para qué? Para corregir el mal que había en la iglesia.

No solo por la evidencia bíblica, lo cual debería bastarnos, sino por el mismo motivo que es tan común y uno de los tratos más fraudulentos de la verdad que podemos cometer como algo espontaneo es necesario mostrar lo dañino de este mal y ser corregidos por la Palabra de Dios. Sin olvidar, claro está, los efectos terribles del chisme.

Así que el chisme no puede ser excusado porque lo dicho es ‹‹perfectamente cierto››. Sin embargo, no siempre es así, porque cuando usamos una forma ilegítima de usar la verdad, siempre la corrompemos. Así que cuando se ‘chismea’ una verdad siempre se distorsiona, el 100% de las veces. Hay una ley de la gracia común que nos dice: ‹‹Una verdad propagada a través del chisme o murmuración, siempre aumenta su tono ridiculizador, mientras que su contenido condenatorio jamás disminuye››. Todos hemos pecado en esta área y debemos saber que es así.

Cuando no se usa la verdad de manera legítima, es imposible dejar de pecar (el primer pecado empezó al deliberadamente usar un medio pecaminoso). Luego decimos algo más o una palabra que interpreta otra y no podemos evitar tomar partido en lo que decimos. Por ello el chisme se relaciona con la calumnia y falso rumor, porque partió de una apreciación de algo y se convirtió en un asunto distorsionado. Si el chisme es mentiroso entra en la censura de la mentira y calumnia. Pero si es verdad entra bajo la censura de murmuración, ‘hablar contra alguien’. Pero sea lo que sea evidencia el carácter de una persona y no detiene las consecuencias malignas.

Lev.19:16
No andarás chismeando entre tu pueblo. No atentarás contra la vida de tu prójimo. Yo Jehová.
Por vía de contraste andar chismeando es una forma de atentar contra la vida del prójimo. Tal vez no contra su físico sino contra la vida moral y la reputación del prójimo.

Prov.11: 12-13
El que carece de entendimiento menosprecia a su prójimo; Mas el hombre prudente calla. El que anda en chismes descubre el secreto; Mas el de espíritu fiel lo guarda todo.
Se nos describe un poco el carácter del chismoso: falto de entendimiento. ¿Por qué? El pobre ni entiende el arma con la que está jugando. Además, es una persona que menosprecia a su prójimo. También se le describe como una persona infiel. ¿Sabe una cosa? La persona que no teme traficar un chisme con usted, no le costará mañana traficar un chisme de usted. La alusión a ‘descubre el secreto’, no viene como un halago sino como alguien que traiciona confidencias, que habla de lo que debería estar guardado porque no tiene dominio propio.

Prov. 16: 27-28
El hombre perverso cava en busca del mal, Y en sus labios hay como llama de fuego. El hombre perverso levanta contienda, Y el chismoso aparta a los mejores amigos.
Algunos perversos cavan en busca del mal resucitando historias que deberían haber quedado enterradas en el olvido para siempre. Así hay personas que a causa de su ánimo de ‘tener algo nuevo que decir’ prenden contiendas y destruyen la paz que hubiesen tenido si se hubiesen permanecido callados. El hombre chismoso no cree conveniente calumniar abiertamente al prójimo, sino que busca como difamar de otro secretamente. Eso aparta al prójimo pues nunca se sostendrá una verdadera amistad basada en actos pecaminosos.

Prov. 18:7-9
La boca del necio es quebrantamiento para sí, Y sus labios son lazos para su alma. Las palabras del chismoso son como bocados suaves, Y penetran hasta las entrañas. También el que es negligente en su trabajo Es hermano del hombre disipador.
Los chismosos no solo son causa de ruina, sino que son el instrumento de su propia ruina. Pero no podemos valorar como poco el efecto que produce un chisme, pues ‘físicamente’ no parece letal, pero llegan a lo profundo y producen heridas muchas veces fatales en los demás. Además, los chismes cuentan con un recubrimiento de ese dulce del pecado que aún nos atrae de alimentarnos con faltas o pecados ajenos. Aparte que quien chismea peca, quien recibe el chisme no deja de ser estimulado por su ‘amigo’ al pecado (Vaya amistad).

Prov.20.19
El que anda en chismes descubre el secreto; No te entremetas, pues, con el suelto de lengua.
Ya hablamos de la primera clausula, entonces hablaremos de la reprensión que Dios nos hace de evitar a quien chismea. Hagámoslo por obediencia, por amor al prójimo y a nosotros mismos que somos dañados cada vez que escuchamos un chisme. El tal debe ser reprendido en amor, aun así, asociarse con él como si nada tuviera no es sabio ni seguro mientras no renuncie arrepentido a su proceder.

Prov.26:20-22
Sin leña se apaga el fuego, Y donde no hay chismoso, cesa la contienda. El carbón para brasas, y la leña para el luego; Y el hombre rencilloso para encender contienda. Las palabras del chismoso son como bocados suaves, Y penetran hasta las entrañas.
Volvemos a ver verdades que ya hemos visto y aquí se nos describe el chismoso como quien enciende contiendas. Quite el chismoso y quitará la fuente del incendio. El sentido común nos dice que si hay un fuego prendido en un rincón de la casa no ponemos una cinta que diga ¡cuidado! Ni organizamos la casa de modo que nadie tenga que pasar cerca. Si usted ve eso, creo que va y lo apaga de inmediato. Apliquemos ese principio al chisme porque no es menos peligroso. Reprenda y huya, quite el chismoso y las rencillas que vienen por ello cesarán.

Jer.6:28
Todos ellos son rebeldes, porfiados, andan chismeando; son bronce y hierro; todos ellos son corruptores.
Una descripción del pueblo rebelde al que Dios dirige su juicio. Aquí se nos pone en relieve que el chisme no es una cosa aislada de un carácter bueno. Como todo pecado de la lengua, viene acompañada de otras cosas. Quien es chismoso debe examinarse realmente delante de la cruz de Cristo y verá que el chisme es solo uno de los pecados que le acompañan. Hay más pecados donde el chisme se para hablar.

1 Tim.5:13
Y también aprenden a ser ociosas, andando de casa en casa; y no solamente ociosas, sino también chismosas y entremetidas, hablando lo que no debieran.
Es muy iluminador que el Espíritu Santo nos haga ver que el chisme viene de la mano del ocio, de la desocupación, de no estar ocupados en obediencia. Alguno puede decir: ‘yo ando muy ocupado’, pero hablo de ocupación espiritual. Alguno puede trabajar 23 horas diarias y en todas ellas haber murmurado. Note el contraste del apóstol, nos enseña que andar por allí sin obedecer lo que Dios le ha mandado a cada cual es el campo propicio para el chisme. Así que hermano, ande y trabaje duro, vea por su casa, gobierne los suyos, pastoréelos según la Biblia y me cuenta si le quedó tiempo de conspirar contra alguien. Hermana trabaje como Dios le ha mandado, cuide sus hijos, sirva a su esposo como es debido, administre su hogar y me cuenta si queda con fuerzas para hablar. No lo hagamos y nuestra mente correrá tras el chisme.

Números 12 nos habla de un episodio de murmuración donde no se nos dice que el contenido del mismo sea malo, sino que se habló con desdén de un hombre y se puso en tela de juicio la obra de Dios en él. El punto es que no se traficó con una mentira sino con que la intención fue dañar la honra de alguien con un comentario y Dios no se hizo esperar con las consecuencias.

Concluyendo, recordemos que El chisme o murmuración es la transmisión de noticias y rumores, sean verdad o mentira, por cualquier otro motivo que no sea la edificación o la honra de la reputación de alguien. A diferencia de la mentira, el chisme puede transmitir cosas ciertas, pero con otros propósitos.

El acto viene asociado con secreto, morbosidad, ocio y corrupción. Además, que en algunos lugares se nos describe la misma persona del chismoso como de un suelto de lengua, violento, infiel, falto de entendimiento, perverso, contencioso, malicioso, rebelde, entrometido. Y no dejan los textos de señalar los efectos del chisme como imprudencia, herimiento, promueve la contienda, aparta los amigos, herimiento propio, disipación, estimulo del pecado de otros, desorden.

9. Juicio Premeditado
En otras ocasiones el uso indebido de la verdad y la deshonra al prójimo viene ligado a la ligereza de alguno para emitir juicios para los demás. El juicio lo entendemos como emitir un concepto de algo o alguien, de un hecho, por ejemplo y darle un calificativo. Juzgar es eso que hacemos evaluando, sopesando y luego calificando algo como bueno, malo, mejor, peor, etc. Como usted se puede dar cuenta juzgar como tal no siempre es malo. Es parte de ser seres morales y racionales lo que nos lleva a juzgar. Si usted ve que su hijo pequeño se acerca a la mitad de un juego de futbol de adultos, su mente enseguida evalúa y juzga eso como malo. Allí juzgar está bien. Pero sabemos que no es de este juicio que nos referimos.

Nos referimos al acto de emitir un fallo definitivo sobre algo o alguien de manera precipitada o injusta, que no corresponde a la realidad o a toda la realidad. Esto tiene sus variaciones y debemos aceptar que muchos -diría yo-, la mayoría de nuestros juicios se hacen por lo que recibimos por nuestros sentidos y algunas veces por nuestras corazonadas. ¿Ha juzgado como pedante a una persona que nunca ha tratado ni hablado sino solo visto? ¿No decimos que ‘se le ve el orgullo’? Eso es juzgar. Si nos pasa a simple vista imagínese lo que podemos llegar a hacer cuando por algún motivo nos conocemos y tratamos con otros.

Juzgar es pecaminoso porque:
- Es contrario a exhortaciones explicitas en las Escrituras. Jn.7:24; Rom.12:1; 14:10; St.4:11. No estamos hablando de algo que la Biblia ‘da a entender’ sino que dice con claridad. No juzgar es el mandato de Dios. Si bien hay muchas referencias a juzgar correctamente, ese tipo de juicio precipitado, falto de la realidad total es algo que Dios mismo nos mira y nos dice ¡No!

- Generalmente lo hacemos basados en nuestros falibles sentidos. Encontramos que cada vez que juzgamos lo hacemos principalmente confiados en que la apreciación de las cosas es la más correcta y la infalible. ¿Qué dice la Biblia de nuestro corazón? ¿Qué dice la Biblia acerca de juzgar solo por lo que vemos? 1 Sam.16:7; Jn.7:24. Ejemplo, la persona que juzga la actitud de otra por un gesto o postura sin saber quizás que estaba enfermo o atribulado (1 Sam.1: 12-15).

- Asumimos que nuestra visión de un asunto o persona es lo que corresponde 100% a la realidad. Nos colocamos en una posición muy orgullosa al pensar que nuestra perspectiva de las cosas es lo que es y corresponde a la realidad el 100%. Podemos preguntar ¿Tenemos una visión completa de las cosas como para decir que nuestra perspectiva es la verdad? Le repito que no hablo del juicio justo sino de la facilidad con que nos sentamos en una posición asegurando que nuestra percepción es la realidad y no aceptamos otra (1 Sam.22:12-13).

- Aseguramos cosas que como seres humanos nos están veladas a nuestros sentidos. Así podemos hasta suponer lo que la persona estaba pensando y el motivo por el que hizo las cosas. A veces coincide, pero la mayoría de veces no. ¿No es este juicio pecaminoso? ¿No es ponernos en el lugar de Dios quien es el único que conoce los pensamientos y las intenciones del corazón? Jer.11:20a; Sal.139:23; Jn.2:25. Nosotros podemos ver actos, muchas veces actitudes y nadie necesita darse por enterado de una forma descortés de trato, pero eso es distinto a atribuirnos la capacidad de decir con certeza cuales fueron los pensamientos e intenciones.

- Mentimos porque nuestros juicios solo pudieran reflejar parte de la realidad. Si vamos a juzgar debemos: Conocer la situación aun con el más mínimo detalle, debemos conocer los pensamientos de la gente y sus motivaciones y luego y solo luego podemos emitir un juicio. ¿Fácil no? No sabemos nada y creo que es injusto, no hace honor a la verdad y daña la reputación del prójimo que le califiquemos por solo lo que logran ver nuestros ojos o percibir nuestros sentidos o solo apoyados en nuestra propia y personal apreciación de algo. Somos tan ligeros que podemos convertir un acto pecaminoso de una persona en una evidencia que toda la vida ha hecho eso.


¿Hay un juicio permitido?
Por ello el Señor mandó a los de su época que si lo iban a juzgar lo hicieran con justo juicio, apoyados en elementos no subjetivos de ‘me parece’, ‘creo’, ‘percibo’, sino con justo juicio. Eso implica que debemos acudir a las Escrituras, seguir procedimientos bíblicos, ser justos en lo que vemos o escuchamos, no podemos emitir juicios de pensamientos o motivaciones a menos que realmente las conozcamos, más bien atenernos a los hechos y aun así guardar la humildad en el alma que tal vez yo soy el único que ve eso y que no debo ser apresurado.

Por ello la Biblia nos habla lo que debemos hacer con los pecados del prójimo. Si no son creyentes, reprenderlos, denunciarlos. Si es de los hijos de Dios, Él mismo nos ha prescrito la manera de tratarlo. Por eso no dice: si tu hermano peca contra ti, júzgalo sino repréndelo y hazlo primero estando tú y él solos. No hay propósito de juzgar si lo que tenemos en mente es ayudar y edificar a nuestro hermano. ¿Qué sacamos al examinar, averiguar, indagar, sopesar, juzgar y luego emitir un juicio contra el hermano? Pues bien, ¿Piensas que allí termina todo con tu veredicto? Por el contrario ¡Allí empieza todo!, si sabes que haciendo todo eso resuelves, compruebas, que tu hermano es mentiroso – por ejemplo-, bien no llegaste a ningún lado, solo estas parado en Mt. 18:15 en el primer escalón ¡Empieza entonces el proceso!

Pero en casos donde nos toca emitir un juicio, por ello Dios nos dejó su Palabra, nos dejó en medio de la iglesia, nos provee de liderazgo pastoral, de hermanos maduros, para que, si fuera el caso, pudiéramos emitir un justo juicio (1 Cor.5:12). Aquí es donde se vuelve importante estar muy cerca a los medios de gracia. ¿Con que herramientas juzgas si tu exposición a las explicaciones bíblicas es de un ahora cada semana? ¿Con que espíritu emitirás un juicio si tu corazón no está continuamente ablandado por los ejercicios de oración continua? ¿Cómo juzgaras lo espiritual si andas en tus caminos? ¿Cómo te atreves a organizar lo espiritual con elementos carnales? (1 Cor.2:15; 6:5). Lo otro es lo que hacemos comúnmente, ver y juzgar implacablemente.

10. Indirecta
Hablamos de indirecta a la manera de hablar dónde se va contra el honor a la verdad o la reputación del prójimo de una forma intencional y maliciosamente velada. Seguro que podemos tener temor de enfrentar la verdad sea cual sea o decirla de una forma Bíblica y directa a una persona con el fin de edificarla, pero pensamos que hay un recurso que podemos usar y es tratar de insinuar algo por lo opuesto o con un énfasis indebido que para nada suena a verdad ni honra al prójimo.

No estoy hablando cuando por respeto o modales atenuamos la verdad sino cuando hay una ofensa de por medio, un revuelto de murmuración, chisme, mentira y deshonor. Así las indirectas nunca son recibidas como edificantes además que suelen ser bien ambiguas por las que el que las recibe, no entiende muy bien cuál es el punto en cuestión. Es aquí donde vemos que no solo lo que pronunciamos cuenta pues sabemos que podemos articular las palabras correctas, pero la intencionalidad y el énfasis comunicarán algo distinto. Entre las indirectas tenemos el sarcasmo (ironía mordaz) o la ironía (burla fina y disimulada, tono burlón o comunicar por medio de unas palabras lo contrario), el silencio embarazoso, las cejas arqueadas, el encogimiento de hombros, la mirada burlona, etc.  Son claras indirectas que dañan y no hacen honor a la verdad ni al prójimo.




sábado, 18 de noviembre de 2017

DOCTRINAS DE LA REFORMA ¿Un Permiso para la mundanalidad?

Por Jorge E. Castañeda D.

Muchas personas, y con algo de razón, miran con sospecha las doctrinas reformadas, pues al parecer muchos de sus representantes han asumido como una reacción a sus experiencias pasadas en el legalismo, vidas mundanas o al menos, viviendo un cristianismo sin una renuncia completa a la mundanalidad. Por supuesto que no es culpa de las doctrinas reformadas sino de aquellos que las usan para darle un alcance indebido a su libertad cristiana y como un trampolín para un disfrute del mundo, ahora avalado por un pseudo conocimiento intelectual de estas doctrinas.

Cuando hablo de sus representantes, hablo de aquellos que profesan las doctrinas reformadas, aquellos que son la cara de la reforma ante sus amigos, familiares y otros cristianos. Muchos que en iglesias legalistas reprimieron su amor al mundo so pena de ser señalados como impíos, ahora han encontrado en las doctrinas reformadas, una excusa para andar de fiestas, vestir de forma inmodesta, ponerse a la par con los impíos en el uso del licor de forma social, escuchar música del mundo, hacerse tatuajes, quebrantar el día del Señor, vivir para sus deleites, hablar vanidades y liviandades, etc. Sabemos que esto no corresponde a la esencia de lo que la biblia llama mundanalidad, pero sí corresponden a su expresión práctica, más inmediata y evidente.

Estos individuos, malinterpretando las doctrinas de la gracia asumen que la santificación personal y subjetiva, es decir, la conformidad con el carácter santo de Cristo, es por imputación. Ellos prefieren la teología puritana pero no su práctica, para ello pueden afirmar que los puritanos eran legalistas, aunque los usan para darse reputación en sus comentarios. Ellos afirman que guardar completamente el día del Señor es legalista, que apartarse del mundo y sus cosas es fanático, asumen la membresía con liviandad, su acercamiento a las entretenciones claramente sensuales y perniciosas, es sin reparo, sus gustos, hobbies y más, dejan mucho que pensar, a la par que sostienen admiración por Spurgeon y Whitefield.

Por supuesto que creemos en la libertad cristiana, pero no en una que nos vuelva al mundo. Si quisiéremos saber más del poder de la reforma en sus mejores momentos, debemos sonrojarnos al leer relatos como la siguiente cita de Spurgeon, en su sermón llamado buenas obras. Quizás el Señor siga usando exhortaciones como estas, para que aquellos que estamos en un continuo entendimiento de las doctrinas reformadas vivamos vidas apegadas a la verdad que es según la piedad:  

IV. De esta manera les he mostrado el uso de las buenas obras. Ahora, sólo un momento o dos, para decirles que la religión que profesamos en este lugar, y que predicamos, está DISEÑADA PARA PRODUCIR BUENAS OBRAS EN EL HIJO DE DIOS.  Algunos afirman que el llamado Calvinismo, que es un alias del verdadero Evangelio, está calculado para inducir a los hombres al pecado. Ahora, vamos a refutar eso, simplemente recordándoles que el pueblo más santo del mundo ha sido aquel que profesó la doctrina que nosotros sostenemos. Si ustedes preguntasen quiénes fueron las grandes luces morales del mundo en la Edad Media, la respuesta será: personas como Atanasio, Ambrosio y Crisóstomo; y luego, acercándonos más, hombres tales como: Wickliffe, Jerónimo de Praga y Calvino; y cada uno de estos sostuvo las doctrinas que proclamamos con entusiasmo. Y sólo permítanme recordarles que, nunca hubo mejores hombres en el mundo que los puritanos, y cada uno de ellos sostuvo con firmeza la verdad que amamos. 

Me encontré un comentario en un libro, el otro día, que me agradó tanto que decidí leerlo ahora. El escritor dice: "los puritanos fueron los más resueltos protestantes de la nación; calvinistas celosos; predicadores cálidos y afectuosos. Eran las personas más pías y devotas de la tierra; hombres de oración en lo secreto y en público, así como en el seno de sus familias. Su estilo de devoción era ferviente y solemne, dependiente de la ayuda del Espíritu Divino. Tenían una profunda reverencia para el santo nombre de Dios, y eran enconados enemigos no sólo de los juramentos profanos, sino de la plática insensata y de las burlas. Eran estrictos observantes del día del Señor, dedicando todo el día a la devoción en público y en privado y a la caridad. Era marca distintiva de un puritano, en aquellos tiempos, verlo asistir a la iglesia dos veces al día, con su Biblia bajo el brazo.

Y mientras otros se dedicaban al juego y a las distracciones, a las parrandas, a caminar por los campos, o a la diversión del boliche, la esgrima, etcétera, estos, desde la víspera del día de reposo, se dedicaban con la familia a leer las Escrituras, a cantar salmos, a repasar sermones, a catequizar a sus hijos y a la oración. Y esta actividad la llevaban a cabo no sólo el día del Señor, sino que tenían sus horas de devoción familiar durante los días de semana; eran circunspectos en cuanto a todo exceso en la comida y en la bebida, en la ropa, y las diversiones sanas. Eran frugales, diligentes, honestos en sus tratos, y solícitos en dar a cada quien lo que le correspondía." Ese es un noble testimonio hacia la verdad puritana y el poder del Evangelio. Un sabio infiel dice que los calvinistas y jansenistas, "cuando son comparados con sus antagonistas, se han destacado, no en menor grado, en las virtudes más rígidas y respetables; ellos han sido un honor para su propia época, y el mejor modelo de imitación para las generaciones sucesivas." Imagínense a un infiel hablando así. Creo que fue infiel quien dijo: "vayan a escuchar a un arminiano para oír hablar de buenas obras; pero vayan a un calvinista para ver cómo exhibe esas obras." Y aun el doctor Priestly, que era un unitariano, admite que: "los que sostienen las doctrinas de la gracia, se conforman menos al mundo y tienen un principio mayor de religión, que nuestros propios seguidores: y quienes, con base en un principio de la religión, atribuyen más a Dios y menos al hombre que otros, tienen la mayor elevación de piedad." Y precisamente ahora que los unitarios están trayendo a todos sus grandes hombres (tan grandes que nunca habíamos escuchado sus nombres hasta este día), y están haciendo todos sus esfuerzos en Londres para conseguir adeptos para el Unitarismo, sólo les diríamos este hecho.

El doctor Priestly atribuye la frialdad del Unitarismo a la realidad que se han vuelto más indiferentes hacia la doctrina religiosa, y eso explica que sus capillas no tengan mucha asistencia, afirmando que los unitarios tienen muy poco apego a sus doctrinas religiosas. ¡Cuánta misericordia! Pues si continuaran aferrándose a ellas, inevitablemente se perderían. Un hombre que niega la divinidad de Cristo se perderá con certeza. Es inútil que afirmen ser cristianos; muy bien podrían afirmar que son santos ángeles. La mejor prueba que puedo ofrecerles de la santa influencia de nuestras doctrinas, es este grandioso hecho, a saber: que en cada época, aquellos que han sostenido las doctrinas de la gracia han mostrado en sus vidas una santa conducta y una santa conversación.

Pero además, al recorrer rápidamente las doctrinas, preguntamos, ¿qué podría hacer más santos a los hombres que las verdades que predicamos? ¿No les enseñamos, acaso, que Dios ha elegido para Sí un pueblo que debe ser santo? ¿Es esa una doctrina perversa? ¿No les decimos que Dios ha elegido para Sí un pueblo que en este mundo publicará Su alabanza por su vida santa? ¿Es esa una doctrina impía? Y les hemos dicho que el Espíritu Santo les da un nuevo corazón, y un espíritu recto, y que se requiere algo más de lo que ustedes podrían hacer; que son incapaces de llevar a cabo las cosas buenas que Dios espera de ustedes, por lo tanto, Dios el Espíritu debe renovarlos. ¿Llaman a eso una doctrina malvada? ¿Es acaso perversa la doctrina que los hombres son depravados por naturaleza y que necesitan gracia regeneradora? Y la doctrina de que los verdaderos santos perseverarán hasta el fin, ¿es malvada? Me parece que lo que se opone a estas doctrinas es precisamente lo más perverso del mundo. ¿Acaso es perversa la doctrina de que únicamente los creyentes tienen un interés en la sangre de Cristo?

La doctrina que predico, que Cristo ha redimido únicamente a los que viven en santidad, habiendo sido conducidos a ello por el Espíritu Santo, ¿es impía? No lo creo. Retamos a todos aquellos a quienes les encanta hablar en contra de nuestras doctrinas, que demuestren que una sola de ellas tiene algún componente impío. ¿Nos acusas porque no apoyamos las buenas obras? Ven y trata de entrar a nuestra iglesia, y pronto tendrás una prueba que estás equivocado. Vamos, no te recibiríamos, caballero, aunque nos dieras mil libras esterlinas, si no te consideráramos un hombre santo. Si no tienes buenas obras, pasará mucho tiempo antes de que te recibamos; y si vivieras en el pecado y en la injusticia, y te introdujeras subrepticiamente en nuestra iglesia, saldrías en una semana; pues pronto serías reportado al pastor y a los diáconos, y podrías comprobar que sostenemos la necesidad de las buenas obras. Si no las exhibieras diariamente te echaríamos fuera, pues no queremos tener comunión con las obras infructíferas de las tinieblas, sino que más bien las reprobamos. Nuestro orden eclesiástico es la mejor refutación de esa calumnia.  ¿Qué más podemos agregar, entonces? Esperamos haber demostrado nuestros puntos a todos los hombres honestos y consistentes. Únicamente los despedimos a ustedes, hipócritas, con este mensaje resonando en sus oídos: "Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él." A menos que vivan según Cristo, no estarán con Cristo al final; si su espíritu no es santificado en este mundo, Dios no los santificará cuando vengan delante de Su trono.  

Pero ustedes, pobres pecadores, que no tienen ninguna santidad propia, y que no tienen buenas obras: sé que no tienen ninguna porque no son hijos de Dios. ¿Sienten que no las tienen? Vengan, entonces, y Cristo les dará algo: Él se dará a Sí mismo a ustedes. Si creen en el Señor Jesús, Él les lavará de todos sus pecados, les dará un nuevo corazón, y de aquí en adelante la vida de ustedes será santa, su conducta será consistente, Él les guardará hasta el fin, y con toda certeza serán salvos. ¡Que Dios bendiga este testimonio para cualquiera que esté viviendo en pecado, para que pueda ser rescatado de él; por Cristo nuestro Señor! Amén.

jueves, 26 de octubre de 2017

A PROPÓSITO DEL HALLOWEEN Y OTROS ESPACIOS MUNDANOS

NO AMÉIS AL MUNDO NI LAS COSAS QUE ESTÁN EN EL MUNDO’-.

Por: Jorge E. Castañeda D.

Podemos apreciar que de vez en cuando, existen principios bíblicos que se ponen a prueba de forma más prominente, por los vaivenes de las costumbres particulares de la cultura siempre cambiante. Sin embargo, debería existir un principio que matice nuestra vida como creyentes aquí en nuestro peregrinaje como cristiano, y es que debemos crecer en un odio al mundo y a sus cosas al mismo tiempo que crecemos en amor por Cristo, su reino y justicia. Entendiéndose mundo, no como el planeta ni a los individuos que habitan en él, sino a aquellas ideas, filosofías, cosmovisiones, costumbres, hábitos, gustos, que han sabido levantarse aparte de la Palabra de Dios y en última instancia en contra de Señorío de Cristo.

Por estas cosas que solo en un mundo extraño y bajo pecado pasan, el principio de no amar el mundo ni sus cosas, ha venido a ser transformado hábilmente por algunos profesos cristianos de tal manera que, ahora dice: “Amen del mundo lo que ustedes consideren viable, usen las cosas de este mundo para vivir una vida cristiana saludable, usen al mundo para vivir en la libertad cristiana y usen al mundo para evangelizar a otros”. Bien la Palabra de Dios afirma que el mundo entero está bajo el maligno (1 Jn.5:19) y que todo lo que hay en el mundo es malo (1 Jn.2:16) y que cualquier amistad, identificación, comunión y uso de las cosas del mundo nos ponen como adversarios de Dios (St.4:4), sin embargo, el relativismo moral en el ámbito cristiano está hoy en niveles tan altos que lo que dice la Biblia hoy se interpreta de modo que afirme lo contrario.

Seguramente somos conscientes de la debilidad entre el cuerpo de Cristo, y, sin embargo, ¿A qué vienen tantas preguntas de cristianos hoy de si es o no viable celebrar Halloween siendo cristianos, si podemos ir a fiestas mundanas donde hay bailes, licor y conversaciones inmorales y hasta dónde podemos participar de ellas como cristianos? ¿Qué tanto podemos usar nuestra libertad cristiana y qué tanto podemos untarnos de mundo y aun así tener la conciencia tranquila? Las preguntas de los creyentes hoy van destinadas a averiguar qué tanta música del mundo pueden oír para seguir siendo santos, cuánto licor pueden beber para poder seguir afirmando que son creyentes, cuánto de su cuerpo pueden exhibir para que se les continúe tratando como hijos de Dios. Podemos asombrarnos de la manera en que existen creyentes que no conciben sus reuniones sociales sin mundanalidad y ya han tomado la decisión de tolerar un poco de mundo, desde que sea inofensivo, según piensan ellos. Hay creyentes que no pueden concebir, cumpleaños, grados, aniversarios, esparcimiento, vacaciones, sin dosis de mundo y sensualidad y parece que la manera de sortearlo es pausar su profesión cristiana por unas horas, para luego volverla a tomar cuando los deseos de mundo se hayan satisfecho.

Las preguntas han cambiado y esto dice mucho de nuestra época. Ya no se escucha “¿Qué debemos hacer para ser salvos?”, “¿Cómo poner por obra las palabras de Cristo?”, “¿Qué es lo agradable y perfecto?”, pues dichas preguntas han sido dramáticamente sustituidas por una generación de creyentes que ahora preguntar cuánto y qué tanto podemos estar tan cerca del mundo como cristianos. Al parecer hemos vuelto a las épocas donde se extrañan los puerros y las cebollas egipcias y se desprecia el básico maná del cielo. Ya no vemos un consciente y piados esfuerzo por 'comprobar lo que es agradable al Señor' (Ef.5:10), sino qué tanto podemos gratificar la carne para no pasar el limite legal. Este es el precio a pagar por trastornar deliberadamente el mensaje de la Palabra de Dios.

Como hijos de Dios que afirmamos nuestra completa y profunda adhesión a las Escrituras y al señorío de Cristo, no solo debemos proclamar estas verdades sino implicarlas. Si bien tenemos libertad cristiana, jamás ella nos fue dada para volvernos a arrodillar al mundo ni a nuestros propios deseos carnales, sino para servir al Señor (Gál.5:13). Tenemos una libertad que debe ser usada para el beneficio de nuestras almas y las de otros y para el avance del reino de Dios. Esto no es legalismo, es simplemente implicar el principio de no amar al mundo y buscar fuertemente, por otro lado, el reino de Dios y su justicia (Mt.6:33). Animamos a los creyentes a meditar en las palabras citadas al principio y en corazón humilde mirar las implicaciones que tiene. Seguramente discernir la voluntad de Dios se volverá más eficaz, cuando se aproximan fechas de celebración mundana que difícilmente pueden ser justificadas bajo la libertad cristiana, por su alto índice de mundo, sensualidad, vanidad, sin hablar de la alta relación que este evento tiene con lo que es oculto y oscuro. No olvidemos que: 'todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad' (Fil.4:8).


Aprovéchese esta providencia para poder dar testimonio de nuestra fe y no para desdibujarla en medio de un mundo que necesita saber y ver que el evangelio es verdadero poder de Dios que convierte las almas de las tinieblas a la luz, y que el Señor salva, alma y cuerpo,  cuando venimos a Él arrepentidos y creyendo. 

jueves, 17 de agosto de 2017

LA PORNOGRAFÍA, UN COSTOSO PLACER PARA EL ALMA


Por Jorge E. Castañeda D.

Creo que es sumamente obvio decir que vivimos en una cultura altamente ‘sexualizada’ y no quiero pretender enterarlo de algo que es sumamente elemental y ya casi costumbre en nuestro medio. Decir que casi en el 100% de la publicidad, televisión, radio, Internet  libros, música, conversaciones, entretenimiento, etc, hay un alto contenido de tendencia que estimula al sexo ilegitimo, es decir lo que ya sabemos. Informar que el sexo cada vez mas explicito y todas sus aberraciones son cada vez mas publicitadas, comunes, toleradas, recibidas, es informar lo que ya usted sabe. Decir que la filosofía de sexualizar a una sociedad es en verdad una procura de muchos, no hace parte de la teoría de la conspiración sino de una realidad en la que vivimos y que difícilmente podemos huir de ella.

De seguro todo cristiano ha resuelto no dejarse contaminar por esto, lo cual es un propósito loable y santo que toda persona que ha venido a Cristo tiene, y debe alzar como un abandera. Pero tendrá que sortear decenas de escenas al transcurso del día para ver que es uno de los propósitos más difíciles de mantener, no solo por la tendencia de nuestro pecado remanente a ser satisfecha, sino porque todo alrededor conspira contra nuestra santidad sexual.

El individuo sale de la casa y se encuentra con varias personas cuyos atuendos son altamente sexuales. No necesitan hablar para comunicarnos que desean llamar la atención sobre su cuerpo o una parte de él, pero de una manera sexual. El radio en el transporte, así sea un noticiero, tiene varias noticias o secciones que tienen que ver con sexo. Si lo que se escucha es música, ya nada queda a la imaginación. Las conversaciones comunes de las personas son de doble sentido. Si trabaja en computador, mínimo un par de veces se encontrará con publicidad sugerente que usted no buscó. Sea que lea el periódico o le llegue una publicidad debajo de la puerta, para medio día usted habrá visto u oído o sido testigo de variadas alusiones al sexo.

Usted puede ver por televisión un programa infantil, en un canal infantil, y allí llegará los comerciales sugerentes. Vaya al supermercado, allí encontrará exhibidos periódicos y revistas que en su portada no dejan de tener sugerencias sexuales. Los grafitis, calcomanías de otros vehículos, y aun yendo a cambiar el aceite de su vehículo, encontrará que nada escapa de ello. Y de ninguna manera estoy justificando que los cristianos al verse grandemente afectados por todo esto, se den licencia para no seguir luchando o para pecar sin temor en este aspecto. Pero deseo hacerlo consciente de esta lucha que debemos seguir presentando es una verdadera lucha y nunca el cristiano debería tomar una posición pasiva en esto. De hecho ser pasivo nos pondrá del lado del consumidor. Solo quien es altamente activo en su lucha contra el pecado sexual, logrará vencer en esta generación.

Uno de estos males con mayor acceso fácil es la pornografía. Usted solo necesita un dispositivo electrónico con breve acceso a internet y un clic, ni más dinero, ni más esfuerzo. Y no sé qué tan acertadas sean las estadísticas acerca de la exposición a la pornografía en medio de los confesos creyentes en Cristo (Puede ver algunas aquí, aquí y aquí), pero si no son tan reales o si solo se parecen a la realidad, aun así debemos aceptar que, aceptando el promedio más bajo y favorable, la mitad de los hombres de una iglesia, pueden estar luchando con la pornografía, inclusive si es pastor. 

Y cuando digo luchando, hablo un tropiezo donde el individuo cae e intenta ponerse de pie nuevamente por el arrepentimiento. Y si dichas estadísticas nos acercan a una realidad, debemos entender que dos de cada diez mujeres está luchando con lo mismo, de una u otra forma, pero lo está. Si dichas estadísticas son parecidas a lo que pasa en realidad, nuestros hijos a la edad de 12 años, habrán visto 300 veces más contenido sexual que su abuelo en toda su vida.

Debido a que, según se entiende, la industria de la pornografía está más elaborada para los hombres, deseo hablarles de al menos seis peligros que tiene el caer en el vicio de la pornografía. Con esto no deseo desanimar a nadie, más bien, que al poder analizar varios asuntos que compromete la pornografía y cómo ella resta en gran manera nuestra hombría, podamos desenmascarar el engaño de Satanás y por la gracia de Dios, dar pasos hacia una vida santa. Seguramente podemos saber, que medidas externas para frenar con este problema, serán temporales. 

Por ello deseo que pongamos nuestra atención en el hombre interior. Deseo ser de ayuda y no juez. Pero aprovecho que si usted es cristiano, halle en la Palabra de Dios, no solo el camino a seguir, lo cual sabemos, sino la fuerza del Espíritu a través de estas advertencias, para vivir una vida agradable a Dios y verdaderamente santa, en medio de la generación que nos tocó vivir. 

Considere pues hermano que de no tomar armas reales y prácticas contra la pornografía, el costo es demasiado alto. 

Segunda parte: Seis Razones por las que la Pornografía es costosa para el alma.

POR LA SUPREMACÍA DE CRISTO EN ESTA GENERACION

Este blog se hace responsable de lo que publica, pero no se hace responsable de lo que los autores de los artículos o las páginas de las que estos son extraídos, crean en su demás teología o en las practicas que ellos tengan a nivel personal.

Se desea a través de este blog, expresar el pensamiento bíblico coherente, y más cercano a la confesionalidad histórica y reformada y aportar para la aplicación de ella en la vida cristiana, pero no avalamos lo que en contradicción a la fe reformada histórica algunos de los autores hagan o vayan a hacer en un futuro

A Dios sea la goria.