miércoles, 19 de mayo de 2021

LA ESPADA DE LA AUTORIDAD CIVIL


G.I. Williamson

Comentario a la Confesión de Fe de Westminster (1964)

 

Afirmar que la autoridad civil es de origen divino no es decir que dicha autoridad no tenga límites. Toda autoridad divinamente establecida en los asuntos humanos, está limitada por decreto divino. El magistrado civil es establecido por Dios como “ministro” o sirviente de Dios “para el bien”. Su responsabilidad es “llevar la espada” del poder físico como “un terror” contras las obras del mal. Su responsabilidad es como “vengador que demuestra la ira de Dios sobre los que hacen el mal”.

 

Mientras el gobierno civil se contente con restringir y castigar el crimen y la violencia, proteger el bien y castigar el mal, el cristiano debe apoyar, orar por y honrar ese gobierno. Pero cuando ese gobierno castiga a los rectos y premia al malhechor, volviéndose militarista y agresivo, es la responsabilidad del cristiano de resistir ese poder porque subvierte el mandato de Dios. En muchos casos es, sin duda, difícil determinar precisamente cuándo y hasta qué punto un cristiano debe resistir a un gobierno civil en particular. No es nuestra intención hacer que esta decisión parezca fácil. Pero ciertos principios son muy claros, y si se aplican correctamente, harán posible que el individuo tome la decisión correcta en su caso en particular.

 

1. Debemos siempre obedecer los “mandatos legítimos” de nuestro gobierno. En todas y cada una de las instancias debemos estar “listos a hacer toda buena obra” (Tito 3:1).

 

2. Siempre debemos obedecer a Dios antes que a los hombres cuando existe un conflicto entre los dos (Hch.5:29). “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres”.

 

3. Podemos resistir activa tanto como pasivamente, si esto fuera necesario para obedecer a Dios. Cuando una autoridad civil se vuelve un terror contra las buenas obras y no contra el mal, creemos que los cristianos tienen derecho a defenderse activamente (defender su vida o su propiedad) bajo la sanción de la ley (Sal.84:2; Pr.24:11, 12, etc.). Así “el fin inmediato para el que Dios ha instituido a los magistrados es el bien público, y el fin último, el fomento de Su propia gloria” (Archibald Hodge).

 

Pero consideremos más detenidamente ciertos errores modernos que han logrado un amplio apoyo, y que confunden la mente de muchos cristianos.

 

1. LA ABOLICIÓN DE LA PENA DE MUERTE


El primero que consideraremos es el intento modernista de descontinuar la práctica de la pena de muerte. En nuestra nación (norte América) hoy en día existe una corriente cada vez más fuerte a favor de abolir la pena de muerte. Y muchos grupos protestantes liberales han sancionado este cambio diciendo que no beneficia a la sociedad, no reforma al criminal ni refleja las enseñanzas humanitarias del Nuevo Testamento. Es decir, por varias razones, es muy popular hoy en día negarle al gobierno civil el poder de la espada para castigar el mal.

 

Tal posición en cuanto a la autoridad civil está, por lo menos, completamente en contra de la enseñanza bíblica. No pensamos que se pueda probar que la pena de muerte no sea de beneficio para la sociedad. Creemos que lo es, aun si la única razón sea que la Escritura dice que el cumplimiento fiel de la justicia es un terror para la maldad y un aliento para el bien. Puede que sea posible que la pena de muerte no reforme al criminal. Pero también es posible que la falta de terror contra la maldad tampoco reforme al criminal. Es más, estamos seguros de que fomenta la maldad.

 

Pero, sobre todo, nos oponemos a la idea de que el poder y la autoridad civil, deban reflejar las ideas modernistas de las enseñanzas “humanitarias” del Nuevo Testamento. La justicia no es más “humanitaria” en el Nuevo que en el Antiguo Testamento. Y la institución de gobierno civil no ha sido establecida para enseñar el Nuevo Testamento; es para castigar el crimen y proteger a los que hacen el bien.

 

Sin embargo, dudamos que el esquema de los liberales que promueven la abolición de la pena de muerte sea “humanitaria”. Creemos que mucho del crimen de la actualidad se debe al hecho de que existe demasiada preocupación no bíblica por el malhechor y muy poca preocupación bíblica por los justos.

 

2. EL DESARME DEL GOBIERNO


Otro ataque moderno contra la institución del gobierno civil se puede observar en los que promueven la corriente pacifista. Los concilios De la iglesia modernista han abogado por tales cosas como las siguientes:

 

a) El Completo desarme de una nación

b) El desarme unilateral

c) Negociación en vez de la defensa armada al ser confrontados con la agresión, y

d) El reconocimiento de los que son agresores sin ningún tipo de castigo justo.

 

La Confesión insiste que los magistrados civiles (aun si fueran personas cristianas) “pueden legítimamente, bajo el Nuevo Testamento, hacer actualmente la guerra en ocasiones justas y necesarias”. Los que apoyan la política que básicamente exige que nuestro gobierno nacional renuncie al poder de la espada y que renuncie sus esfuerzos para ser un terror contra el malhechor, y que renuncie a la ejecución de venganza sobre ellos, piden nada menos que la destrucción del mandato de Dios (Ro.13:1-5).

 

Y precisamente porque “se open a la autoridad” entonces “se rebelan contra lo que Dios ha instituido” (v.2), este pecado debe ser denunciado como lo que realmente es. Es un pecado contra Dios y es un pecado contra nuestro gobierno.

jueves, 6 de mayo de 2021

¿QUÉ ES EL “EVANGELIO SOCIAL” O EL “EVANGELIO DE LA JUSTICIA SOCIAL”?


Aunque hoy día usted puede encontrar buenos artículos que le explican de forma histórica y más profunda, solo deseo darle un repaso generalizado para que pueda ubicar la relevancia de este tema:

 

El “Evangelio social” es aquella interpretación de la naturaleza y funciones de la iglesia, que en su mejor caso dice: que la iglesia tiene dos funciones o misiones y esto por su naturaleza de ser sal y luz en medio del mundo, a saber, la gran comisión y el mandato de redimir una cultura para Dios. Esto es, que como insisto, en su mejor interpretación, la iglesia tiene el deber de predicar el evangelio y procurar la solución de las problemáticas sociales, o de predicar el evangelio mientras promueve buenas y justas condiciones sociales.

 

En su peor versión, si se puede decir, se trata casi de una reinterpretación de lo que es el evangelio, el evangelismo y la iglesia, no solo equiparando la labor social de la iglesia con el evangelio, sino que en la práctica sustituyéndolo. El “Evangelio social” como ha evolucionad hasta hoy en los círculos más “conservadores” tiene como madre de esta reinterpretación de la iglesia y sus funciones. Usted tendrá que ver el aporte a este “Evangelio social” más moderno desde Billy Graham, John Stott, recientemente Francis Chan, David Platt, Timothy Keller, John Piper (Keller y Piper, quienes participaron en el concilio ecuménico de Lausana), NT Wright, Rick Warren, y otros tantos de ese nivel.

 

Usted empezará a ver la diferencia entre tener una responsabilidad social como uno de los fines que en sí tiene la iglesia, y ver la mejora social como uno de los productos que vienen cuando la iglesia responde a su verdadera vocación en este mundo. Lo primero representa el “Evangelio Social”, lo segundo lo que insistimos, es la labor de la iglesia. La inmensa guerra se está dando nuevamente en otros lugares del mundo en este aspecto, mientras a Latinoamérica nos llegará las peores sobras de esa confrontación.

 

Ahora bien, si ya tenemos un problema con la interpretación de lo que es la iglesia y sus funciones, el asunto se acrecienta por no saber diferenciar lo que creyentes a nivel individual pueden y deben hacer en la medida de lo que es legitimo y que vaya de acuerdo a su profesión de fe, y lo que la iglesia, como cuerpo de Cristo y limitada en sus funciones por prerrogativa divina, puede y debe hacer. En esto debemos ser claros, y es que, a la iglesia, como iglesia, nunca se le dio la tarea de transformar o crear cultura ni redimirla, si es que eso es posible. Su único mandato bíblico para el mundo, es hacer discípulos.

 

Aunque los cristianos como individuos han de ser sal y luz en nuestro mundo lo cual puede tomar muchas formas de acuerdo al contexto y situación, pueden muy bien estar involucrados, junto con los no creyentes y dentro de los parámetros bíblicos, en asuntos de la sociedad, algunas acciones solidarias y la protección de la creación de Dios, como cuando ayudamos después de un huracán, defendemos el valor de la vida y nos oponemos al aborto y la eutanasia, cuando hacemos algo para aliviar la enfermedad del que sufre, etc., no podemos minimizar que el ejemplo del Nuevo Testamento y el precepto claro, es que los seguidores de Cristo deben discipular a la gente para Jesucristo lo cual incluye la evangelización y la formación en la obediencia.

 

Pero ¿Cuál es entonces la misión de la iglesia? ¿Es la misión de la iglesia hacer frente a todas las necesidades de todas las personas, o está más limitado en su alcance? Actualmente y en visión del “Evangelio social”, es popular comprender la misión de la iglesia como la de la evangelización, el discipulado, para satisfacer las necesidades tanto de los creyentes y no creyentes y la transformación de la sociedad. Pero cuando basamos nuestras órdenes de misión del Nuevo Testamento en vez de la cultura (sola Scriptura en vez de sola cultura), queda claro que la tarea de la Iglesia es llevar el Evangelio hasta los confines de la tierra, haciendo discípulos a todas las que vienen a Cristo y el cuidado de los necesitados que se convierten en parte del cuerpo de Cristo.

 

Latinoamérica debe advertir, según el ejemplo que ya se presentó en los Estados Unidos, que la iglesia, como iglesia, se movilizó a elegir al candidato que más habló del racismo, la pobreza, la inmigración, las minorías LGBTI, aun cuando promovía el aborto y la eutanasia, ridiculizando los valores históricos del cristianismo entre otras. Y esto a causa de que los mismos cristianos han malentendido la responsabilidad de la iglesia la que debe velar por intereses singulares de un aspecto particular. Cuando hoy día cristianos exhortan a la iglesia a “dejar de hablar”, a “dejar las cuatro paredes” y que se involucre en la asistencia social como parte de su función, iglesias conservadoras vemos con preocupación el aroma de este gran peligro que resultará poniendo la agenda social en la boca de la iglesia y sustituyendo o matizando el glorioso evangelio en nuestros labios. Es por ese motivo que usted hoy ve iglesias de tradición conservadora marchando, dándose la mano con católicos agnósticos y hasta ateos para promover una agenda común, haciendo pancartas y hasta apoyando causas a favor de las minorías discriminadas, sin saber que al hacerlo sin sabiduría, detrás de cada arenga, intereses diversos y ateos son apoyados. Y esto, porque permitimos que la Biblia fuer sustituida por los clamores de la agenda social, que parecen llegarnos más al fondo y confundimos dramáticamente lo que es la iglesia y para qué Dios la puso en la tierra.

 

Nota: Le aseguro que usted va a entender muchos más del panorama actual aun de los énfasis de la neoreforma y sus principios sociales y de contextualización del evangelio, si con paciencia lee el siguiente artículo:

 

https://evangelio.blog/2011/11/13/el-evangelio-social-ayer-y-hoy-1-parte/

 

Y sigue los enlaces de:

https://evangelio.blog/tag/justicia-social/

miércoles, 3 de febrero de 2021

EL CRISTIANO Y LA “NUEVA NORMALIDAD”

Dando honor y toda credibilidad a lo que la Palaba de Dios afirma acerca de la entrada del pecado y muerte al mundo, afirmando absolutamente con las Escrituras la descripción del estado caído de todo hombre, siendo conscientes de la estructura del mundo, de lo que es, de sus filosofías, debemos decir que el mundo ha tomado esta epidemia, para entenderlo, asimilarlo, y tomar resoluciones como mundo caído. Si bien, reconocemos que bienes verdaderos pero relativos pueden ser hechos en medio del mundo, este ha sabido tomar cualquier cosa, por buena que sea y la ha entendido, asumido y vivido con una mente carnal. Lo ha hecho con el mensaje infalible y prefecto del evangelio ¿qué no hará con las demás cosas? Hoy tenemos en la epidemia una realidad, pero al venir a este mundo, esta ha sido entendida con la visión de un mundo enemistado con Dios, que en su mejor caso es humanista. Ningún hombre del mundo puede llegar a ser objetivo en esto; aquí hay presupuestos, filosofías, tendencias, fundamentos, que hacen que el mundo haya actuado de tal forma y no de otra. Eso no es nuevo, solo quiero advertir en contra de lo que muchos cristianos han asumido: Que el mundo, en esto, es objetivo, cabal, justo, sin ninguna tendencia a hacer sino lo bueno, lo correcto; que todas las medidas que han tomado son razonables, adecuadas, casi que asumiendo que, en la pandemia, el hombre caído habla infaliblemente la voz de Dios y que nadie la puede cuestionar.

 

Permítame hacer unas preguntas ¿Hacia dónde, moral y espiritualmente, nos están llevando las disposiciones actuales derivadas de los cuidados por la epidemia? ¿Qué tipo de individuo está promoviendo las medidas que se han tomado en la epidemia? ¿Qué clase de persona se viene formando bajo el continuo bombardeo publicitario de cuidados y medidas en medio de la epidemia? ¿Cuáles son los rasgos de carácter del individuo de la “nueva normalidad”? Y con esto, debemos preguntar ¿Qué tipo de cristiano es el que se está promoviendo actualmente?

 

EL INDIVIDUO DE LA “NUEVA NORMALIDAD”

Eclesiastés 1:9 nos ofrece una máxima que nadie puede rebatir si la observa muy bien: «¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo debajo del sol». Usted puede ver nuevos ropajes, nuevas tecnologías, pero debajo de lo que se ve ¿hay algo que vivamos hoy que sea completamente novedoso?  Pero a la luz de lo que podemos observar hoy, ¿existen algunos rasgos indiscutibles de los individuos hoy? ¿Se pueden distinguir algunos rasgos prominentes que hoy parecen asentarse en la conciencia de los hombres bajo la presión de adoptar una “nueva normalidad”? ¡Por supuesto! Y si fuéramos a sintetizar en un enunciado el rasgo general de los hombres hoy, y que se está promoviendo, publicitando y atornillando a la conciencia de los hombres es el de vivir en un antropocentrismo salvaje en medio de una degradación vertiginosa y ateísmo práctico. Lo que quiero decir es que hoy se vive en un ambiente donde se promueve un antropocentrismo crudo y brusco, en el contexto de un menosprecio a la verdadera humanidad de los individuos y el desprecio expreso al Dios de la Biblia.

 

Todos hoy se preguntan qué es lo mejor para la humanidad, y en general, nadie se está preguntando hoy ¿Cuáles son los derechos de Dios sobre su mundo? Esto no es nuevo, pero el énfasis que se ha dado, al ver el riesgo la vida del hombre, hace que todo en absoluto guie en torno a nosotros, convenientemente, amañadamente, pero el eje es el hombre. ¿Con qué principios se rigen los destinos de los hombres hoy? Con los principios de los hombres. ¿La palabra de quien prevalece? ¿Quién provee el miedo, el temor o la esperanza? ¿Quién está proveyendo el remedio? ¿Quién será exaltado al final? ¡El hombre, quien es hoy la medida de todas las cosas! Todos los mensajes esperanzadores que se escuchan de todos lados son para resaltar la solidaridad, la unión, el heroísmo, el poder de la resiliencia, donde Dios es solo un subordinado en este asunto, aun donde debería reinar más visiblemente, donde ha dado a su Hijo como Cabeza: la iglesia. Esto es antropocentrismo salvaje, crudo, arrollador. La gente se vuelve más hacia sí misma, y por eso, sin duda, como un derivado del humanismo cruel, tenemos un creciente aumento del egoísmo y la individualidad. Esto no es novedoso, pero el aumento y la recalcitrante publicidad hace que olvidemos el tejido de solidaridad y prefiramos sacar al perro a sus necesidades que visitar y asistir en sus necesidades más profundas de compañía y aprecio a un anciano ¿No es así? ¿Con qué pretexto hemos llegado hasta aquí?

 

Si usted encontraba gente alienada, sumergida en su propio mundo día a día, la “nueva normalidad” trae consigo el aislamiento salvaje. Las medidas de aislamiento no se detuvieron en el asunto del cuerpo, y cunden el alma. La insensibilidad, distanciamiento personal de la sociedad, la deshumanización en la epidemia, hace que se prefiera, a conveniencia, lo individual.  Considere  el trato deshumanizante a los ancianos, a los niños, a la libertad del trabajo,  a los enfermos y a los que partieron de este mundo, donde las familias perdieron todo derecho a asistir a su familiar difunto y a decidir los asuntos de su última morada, y obligados a aislarse de los dolientes; mientras los perros tienen derechos más esclarecidos en la sociedad y donde a la par del trágico sistema de salud que debemos cuidar de no colapsar, el aborto jamás se puede negar por ser un derecho constitucional.

 

El internet ha provisto el sofisma de compensar la pérdida del ser social que tenemos como imagen de Dios, tal y como fuimos creados. Iglesias sin congregarse por convicción, sin hacer ningún esfuerzo por restaurar los derechos de Dios sobre su iglesia, rendidas al espíritu egoísta e individual, son testimonio de hasta dónde cunde al espíritu de la “nueva normalidad”. Separar a los hombres de las realidades de la vida, -en el caso de los creyentes de la realidad de la iglesia, su comunión, adoración, su llamado y sus tareas- está creando a un individuo más desconsiderado, más insensible y apático, que todo mide poniéndose él en el centro, apartándose de la exhortación a amar al prójimo como a sí mismo, y olvidado en la práctica del Dios de la Biblia. Claro, el principio de amor al prójimo ha sido hoy día y bajo la epidemia, astutamente trastocado para que se mire como señal de amor precisamente lo que evidencia su falta.

 

Lejos de ver más un contexto donde pueda correr la piedad, verá que el individuo de la “nueva normalidad” es más materialista, más sensual, más distraído y entretenido. Eso es lo que llamamos un ateísmo practico. Y es que a pesar que Dios es famoso en las crisis, su Hijo no es tan afamado. La gente busca a Dios, pero a otro novel, en otro entendimiento, con toda seguridad es un paganismo y pragmatismo lo que lleva a considerar supuestamente a Dios. Los valores que siempre han sido inversos en su alma, hoy se asientan con fuerza. Cristianos han perdido completamente de vista que la añadidura, incluyendo el comer, beber y todos los asuntos temporales, son secundarios a la hora de buscar el reino de Dios y su justicia. ¿A nombre de qué se ha hecho este cambio de paradigmas cristianos? Los creyentes han sabido como ahora vivir una vida cristiana humanista sin ruborizarse, hay mundanalidad, liviandad, falta de fe, confianza. El cristiano de hoy echó al olvido su creencia en el poder y la soberanía de Dios. Al parecer, Dios sí tenía límites, y ningún poder específico para la protección del pueblo que ha reclamado como posesión suya. El cristiano de hoy es desconfiado, temeroso, más dispuesto a creer la especulación, las teorías de conspiración, las voces de ¡paz, paz! O de ¡guerra, guerra! Que lo que lee en su propia Biblia.

 

Pero ¿ha visto algo sumamente extraño? No solo en las personas del mundo, sino en los mismos cristianos, al fin es un prototipo de “nueva normalidad” que está dada para todos. Es penoso ver la subordinación conveniente que se usa. Gente que prefiere no contagiarse y no contagiar a nadie en el trabajo, en la visita a sus ancianos, son los mismos que luego se abarrotan en fiestas, ofertas de multinacionales, marchas, campeonatos de futbol, y más. Doble moral aplicada sin ruborizarse. Pero ¿y los cristianos? Conocemos a muchos con gigantes prevenciones solo el Día del Señor, evitando a la iglesia, sus reuniones, la socialización, que se han montado en avión, buses, flotas, camiones, para hacer largos viajes, se han zambullido en piscinas, han ido a pasear, y lo han hecho en su libertad razonable entre su vida social y el cuidado personal. Pero el Domingo, allí hay otra ética, otra moral, eso sí es peligroso, adverso, imprudente. Gente se cuida del Domingo, pero el lunes amigos y hermanos hay que salir a laborar. Creyentes que temen y se abstienen de las reuniones de la iglesia, a la par, mantienen una vida familiar y social amplia y nutrida. Esto es subordinación conveniente. Al fin, no es la conveniencia de las cosas de Dios, al fin y al cabo, es un antropocentrismo salvaje en el contexto de la deshumanización de los individuos y un ateísmo práctico.

 


Le pregunto a usted, afanosamente, directamente ¿Está afirmando estos rasgos de carácter, que antes se hubiera negado a dejar correr en su corazón, pero que ahora justifica por las medidas tomadas en la epidemia y apoyado en cuidar su salud? ¿Se ha detenido a evaluar cuáles son los principios en los que hoy anda?



EL CRISTIANO Y LA “NUEVA NORMALIDAD”

Si la característica creciente en los individuos de hoy es el de vivir en un antropocentrismo salvaje en medio de una degradación vertiginosa y ateísmo práctico, el cristiano debe volver a vivir una vida teocéntricamente determinante en medio de una piedad creciente y sensibilidad verdadera. Hoy Dios es famoso, más que su Hijo Jesucristo; es invocado, popular en la jerga del hombre común, por la situación, por las enfermedades y muertes. Pero ¿Es el Dios de la Biblia amigos? No lo es, porque este Dios de la Biblia nos ha hablado por el Hijo, el Dios de la Biblia es solo conocible por Jesucristo quien le ha dado a conocer (Jn.1:18; Hb.1:1-3). Dios es tan verdaderamente famoso como su Hijo lo sea. Y ¿qué encuentra hoy acerca de Jesucristo como Salvador?

 

El incesante ruido de los vaivenes, publicidad e información, se han puesto como gruesas nubes negras que no dejan pasar los rayos del Sol de justicia, que es Jesucristo. La gente parece que medita y espera de Dios una respuesta, pero ¿Qué Dios? ¿Qué respuesta? Su Hijo es menospreciado, es olvidado. Si ya no era considerado, ahora está más lejos de las consideraciones de los hombres. En el mundo cristiano no es diferente. Hoy las palabras: sujeción, consuelo, prudencia, cuidados son el Cristo de muchos pulpitos ¿Dónde están los derechos de Dios sobre su iglesia? ¿Quién aboga aquí por los derechos de Cristo como Cabeza de la iglesia?

 

Dios debe volver al centro de todo y esto será posible cuando Cristo sea el centro de todo. Juan 5:23: «para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió». Ese terrible mal entendimiento de Dios, ese uso de Dios para las cosas vanas, es solo producto del desprecio de Jesucristo como Señor y Salvador. La gente estaría más dispuesta a creer hoy en Dios porque este le puede ayudar en su vida temporal y puede ayudar a conseguir una cura, que lo que está dispuesta a creer en Jesucristo para la salvación. El creyente debe mirar las filosofías de la “nueva normalidad” con prevención porque esta, como todas las “normalidades” que vienen del hombre, es una estructura que pone al verdadero Dios y a su Hijo como siervos de los hombres, cuando no, los echan al olvido. Jeremías 14:8: «Oh esperanza de Israel, Guardador suyo en el tiempo de la aflicción, ¿por qué te has hecho como forastero en la tierra, y como caminante que se retira para pasar la noche?».  Hoy debemos orar con las palabras del Salmo 7:7: «Te rodeará congregación de pueblos, y sobre ella vuélvete a sentar en alto». El creyente verdadero debe quitar del eje de su vida, existencia y atención al virus, sus temores y sus afanes y poner de nuevo a Jesucristo, y solo entonces podrá vivir una vida teocéntricamente determinante.

 

¿Qué significa vivir una vida teocéntricamente determinante? Una vida verdaderamente centrada en Jesucristo, es que la vida gire apasionadamente en torno al hermoso y precioso heredero de las naciones, el Cordero de Dios. Es vivir desplazando cualquier miedo, temor y angustia y poner de nuevo allí a nuestro Dios en Jesucristo. Isaías 8:11-13: «Porque Jehová me dijo de esta manera con mano fuerte, y me enseñó que no caminase por el camino de este pueblo, diciendo: No llaméis conspiración a todas las cosas que este pueblo llama conspiración; ni temáis lo que ellos temen, ni tengáis miedo. A Jehová de los ejércitos, a él santificad; sea él vuestro temor, y él sea vuestro miedo». Se vive una vida teocéntricamente determinante al desplazar del centro lo que el mundo quiere que pensemos, anhelemos y hagamos. Pues nuestra vida no se trata de vivir en torno y para el virus, para esquivarlo o para encontrar su cura ni para hacer de lo que nos conviene o no nos conviene el centro de nuestra existencia, pues Romanos 14:7-8 nos recuerda: «Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí. Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos». ¿Se nos ha olvidado esto? ¿Cuándo aceptamos la “nueva normalidad” olvidando el antiguo llamado del evangelio?

 

El creyente afronta la vida y se para firme en contra de la “nueva normalidad”, confiando en Dios con más fuerza y determinación, reposando en su soberanía, esperanzado en sus promesas. El creyente se enfrenta al tsunami de malas noticias, de informes pesimistas firme en el Salmo 46:1-3: «Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar; aunque bramen y se turben sus aguas, y tiemblen los montes a causa de su braveza», sin un temor paralizante a lo que la gente considera su mayor peligro, pues para nosotros el mayor peligro no es la muerte sino el pecado y eso Cristo ya pagó por ellos. Por eso vivimos con esperanza pues 2 Corintios 5:1 nos recuerda: «Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos». Con este escudo el creyente resiste el embate de la “nueva normalidad”. El creyente enfrenta las filosofías malignas de la “nueva normalidad” no olvidando las prioridades de su vocación, donde primero está la búsqueda del reino de Dios y su justicia y que considera la añadidura como esto. Lucas 12:29-31: «Vosotros, pues, no os preocupéis por lo que habéis de comer, ni por lo que habéis de beber, ni estéis en ansiosa inquietud. Porque todas estas cosas buscan las gentes del mundo; pero vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de estas cosas. Mas buscad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas». 

 

Los hijos de Dios por la fe en Jesucristo, enfrentamos los recalcitrantes llamados a adoptar una “nueva normalidad” con sus filosofías inherentes, en medio de una obediencia razonable, bíblica y usando el discernimiento, pues no olvidamos que la única obediencia absoluta y sin derecho a ser cuestionada es la de Dios, huyendo de ser ingenuamente sumisos, y menos, convenientemente sumisos, estando dispuestos a defender los derechos de Dios, y las ordenanzas de la creación del matrimonio, el trabajo y el Día del Señor, con humildad, prudencia y discernimiento, mirando cada medida con la convicción de Hechos 4:19-20: «Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído»; pero estando dispuestos a sufrir la afrenta y la presión «Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal» (1 Pd.3:17). Esperanzados, confiados en que si «también si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois. Por tanto, no os amedrentéis por temor de ellos, ni os conturbéis» (1 Pd.3:14). Muchos que han esquivado la iglesia se han contagiado en los contextos del paseo, de la reunión familiar, del trabajo, y nos preguntamos si esta era la mejor manera de sufrir o si era mejor arriesgarse como todos hicimos, por la mejor y más grande causa. El creyente pone sus prioridades en orden «para no vivir el tiempo que resta en la carne, conforme a las concupiscencias de los hombres, sino conforme a la voluntad de Dios» (1 Pd.4:2).

 

Pero el creyente se enfrenta a la “nueva normalidad” expresando el carácter de Cristo siendo verdaderamente compasivo, sensible y dispuesto a compartir el único mensaje verdaderamente compasivo que existe, el evangelio, viendo en esta ocasión una de las mejores oportunidades para compartirlo desde nuestra fe. Hablo de ‘verdaderamente’, pues hoy día existe una idea, puesta y definida por el mundo, de lo que es el amor, la compasión y la sensibilidad. El creyente no deja endurecer su carácter, es dulce, esperanzador, compasivo, generoso, y lo es exactamente en donde se espera que lo sea. No es acaparador, injusto, desconsiderado, sino que recuerdan que según 1 Pedro 3:8, deben ser: «compasivos […] misericordiosos, amigables», y se apersonan del cuidado de sus hermanos, pues así serán recordados en al día final. Mateo 25:35-40: «Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis». ¿Es este tipo de sensibilidad la que hoy define al pueblo de Dios? Sabemos de congregaciones donde nadie sabe que tal o cual hermano ha enfermado o pasa necesidad ¿Es esto una iglesia? ¿No es esto la “nueva normalidad” asimilada, y aplicada?

 

Queridos hermanos, son Dios días oscuros, pero jamás debemos permitir que la “nueva normalidad” haga surco en nuestra alma, eso es potestativo solamente de Dios. Considere, que el creyente bajo la “nueva normalidad”, debe ser el creyente que la Biblia jamás nos ha dejado de enseñar. El mundo, sus crisis y sus vaivenes, no deben ser nuestra Biblia ni nuestro eje. Tenemos un Dios, y un Señor Jesucristo, y hemos sido traídos a estar en Él para ya no ser nuestra y para ya no vivir para nosotros mismos, sino para Aquel que murió y resucitó por nosotros. Que Dios tenga misericordia de nosotros y nos ayude a vivir con el viejo evangelio en esta “nueva normalidad”.

 

Sermón completo:

https://www.youtube.com/watch?v=qKqgQVtlyAQ

 

miércoles, 13 de enero de 2021

DE UN IMIGRANTE DIGITAL, TRATANDO DE UNIR LOS PUNTOS

Aquí está hablando un inmigrante digital, es decir, (según la categoría que en 2001 el escritor y conferencista norteamericano Marc Prensky acuñó en la revista “On The Horizon”) un individuo que no nació bajo el influjo de las nuevas tecnologías sobre las que hoy el mundo parece andar.

A esta generación "inmigrante" que fue siendo introducida al internet y a las diversas las plataformas y redes sociales, le siguió una generación conocida como los "nativos digitales", quienes nacieron de hecho, cuando estos medios ya estaban andando. Así que, si usted nació antes de 1995, se le considera un inmigrante digital y comprenderá un poco más el sentido de este articulo; pero si es un nativo, podrá comprender que antes de todo esto, vivíamos sin el internet y sin las redes sociales, por lo que espero que entienda el porqué pedimos ayuda para hacer lo que usted, como natural de estas tierras, hace con naturalidad.

Cuando empezó a ingresar el teléfono celular, y los correos electrónicos, muchos de nosotros tuvimos que verlos a la distancia y recurrir a quienes "en tierra de ciegos eran tuertos". Así creamos nuestro primer correo electrónico, principio de una avalancha de plataformas que empezaron a pedir nuestro nombre y fecha de cumpleaños, y una que otra información confidencial más. En todo esto primó la buena fe. Usted reconocerá un inmigrante porque, entre otras cosas aparte de no entender muy bien qué es una IP, usamos nombres y apellidos completos en nuestras redes, y entregamos más información que la que debimos haber suministrado y que, seguimos dando una y otra vez, cuando nos piden datos por esa vía. Nada extraño que nos sigan estafando por esos medios aprovechando nuestra ingenuidad, porque para nosotros, el dar nuestra información en las redes, nos evocó el sentido de honestidad que usábamos cuando llenábamos una hoja de vida para un trabajo o algo así.

Pero aquí, resalto el hecho que al ir madurando en nuestro entendimiento de lo que son, o se han venido convirtiendo, las redes sociales, y en sí, todo el manejo de las plataformas digitales, hemos aprendido muy lentamente a ver de qué se trata todo, y a su vez, madurando en la conciencia de los peligros que afrontamos, y donde vemos que los nativos corren varios peligros, pues, a pesar que nacieron allí, no los han podido evitar. Lejos de ser más entendidos, parece que se sumergen con más ingenuidad en este océano.

Ahora, en honor a la justicia hay que aclarar, eso sí, que nosotros no nos hemos sumergido con ingenuidad en este océano digital hasta hacer del teléfono un apéndice, por la vía del discernimiento sino de desconocimiento. Esa es la realidad en general. Gente como quien escribe, con el tiempo ha empezado a unir ciertos puntos, la mayoría de los cuales no alcanzamos a dimensionar desde nuestra perspectiva.

Sin embargo, es bueno entender que básicamente, todo este embrollo corresponde a un mega negocio, un descomunal monstruo de hacer dinero, con una mentalidad cuasi maquiavélica, a saber, (háyalo o no dicho Maquiavelo literalmente), donde el fin justifica los medios. Estas plataformas, sean cuales sean, no se dedican a la buena fe ni son entidades sin ánimo de lucro; ellos poseen una moneda de oro de dos caras crecientemente acreditada. He aquí el Jano, las dos caras: La cara hacia el usuario, y la otra cara, que es la más rentable: hacia sus creadores y compradores.

De un lado se ofrece un servicio, principalmente donde somos más proclives a acceder: Anhelo de información, socialización y entretenimiento. Se nos hace ver que el asunto es tan gratuito como la salvación del alma, y sin embargo, es tan costoso como el poder. Si bien, todos nos hemos beneficiado de la simplificación del acceso al conocimiento, la vida social y la diversión; donde han corrido a la par lo bueno y lo malo; también es necesario advertir que la otra cara, casi inescrupulosamente, ha sabido recolectar la información que le hemos dado, y que por ingenuidad, le seguimos dando.

El negocio de estas plataformas es la información, que luego es ofrecida al mejor postor, sin ningún reparo de cuales sean sus intenciones al acceder a ella. Así, cada clic, que para los de la cara social de la moneda, es una mera expresión de la vida personal, alimenta, por otro lado, la capacidad de conocimiento e intuición de la humanidad, que luego es transformada en pirámides de dinero para quienes quieren acceder a las tendencias de lo que la gente busca, anhela, y está dispuesta a invertir. Si el mejor postor es un gobierno, una multinacional o un pedófilo, el asunto es el mismo. Se han subido sobe la información que les hemos dado a lo largo de los años, en los videos reproducidos, los “me gusta”, y las suscripciones a los canales de nuestro interés. Este es el juego que se ve y me parecería justo, si es que los usuarios de este lado de la moneda, fuéramos enterados con más claridad de las reglas de este Jumanji.

Para no hacer tedioso el asunto, individuos como yo, que en un tiempo vivimos sin esto, los mismos que luego fuimos inducidos a un mundo que nos atrapó, ahora queremos ir sacando la nariz, y deseamos entender las reglas y tomar medidas. De obvio, jamás creemos que con nuestra pequeña daga vamos a derrotar este leviatán, pero al menos, entre más y mejor nos aprendamos a manejar en este tsunami, estaremos advertidos, precavidos y podemos ayudar al nativo, que difícilmente hoy ve más allá de su pantalla. Por eso, y solo por eso, deseamos revertir en micro, lo que hemos alimentado en macro.

No pusimos las reglas, las aceptamos. Y en este asunto pedimos sabiduría a Dios para poder usar las cosas para su gloria y nuestro bien, y deseamos dar tantos pasos como sea posible para no ser usados por ellas ni ser incautos e ingenuos o con la administración que Dios nos dio. Al fin, todo va a pasar, pero no aquello por lo que vamos a dar cuenta el día final, donde esperamos que el mejor escondedero de quienes vamos allí no tenga el tamaño de un teléfono, sino el broquel de la justicia de Cristo y el de una vida vivida con sabiduría para su gloria.

Bendiciones,
J.E. Castañeda, inmigrante digital

CAMBIO DRAMÁTICO EN EL MAGISTERIO DE LA IGLESIA


La Palabra de Dios instruye con toda claridad que el papel magisterial de la iglesia de Jesucristo, está puesta sobre los hombros de varones escogidos, sea aquellos que por la gracia de Dios son útiles para la iglesia universal, como aquellos que enseñan al pueblo de Dios desde su iglesia local. Efesios 4:11-12: «Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo».


En la actualidad, iglesias que habían afirmado contundentemente su adhesión al entendimiento histórico que los individuos a los que Dios dota para el ministerio de la Palabra, rechazando a su vez el oficio de pastoras o maestras oficiales de una congregación, han dado un viraje, y en una maniobra de gimnasia semántica, vemos con asombro como han avalado el creciente número de mujeres instructoras para la iglesia de Jesucristo.

Claro, hoy día no se les llama pastora, aunque hayan tomado el papel y asumido sus funciones, haciendo un intrincado juego de palabras para no parecer que han usurpado el oficio de los varones escogidos, e institucionalizando un ajeno ministerio para las mujeres, que, aparte de los títulos que hoy ostentan (escritora, conferencista, líder de damas), no es sino la violación del principio Bíblico referente a qué individuos deben estar en el ministerio de la Palabra (1 Tim.2:12). Seguramente estas damas, han sabido explotar la debilidad de los pastores de sus congregaciones, y en general, la debilidad de los hombres en la iglesia de Jesucristo, para levantarse como maestras de Israel.

Hemos de recordar que cuando las mujeres toman el papel de instrucción, no solo violan el principio rector del Nuevo Testamento, sino que exhiben el juicio de Dios sobre una nación, pueblo o iglesia (Is.3:12; Jueces 4:9). Además, el silencioso apoyo por omisión o acción modesta, de quienes apoyan estos ministerios, no es menos pecado y es una muestra penosa que hoy día mujeres son pastoreada por otras mujeres, cuando no ya muchos hombres; mientras pastores en su debilidad lo permiten, porque al parecer, es mejor esto que nada.

Las iglesias de Jesucristo jamás deben pensar ser edificadas, pastoreadas, cuidadas y preparadas por el Señor desconociendo las Sagradas Escrituras. El “Ministerio magisterial” de la mujer puede parecer un fruto dulce, agradable a la vista, pero recordemos que precisamente la percepción externa de la desobediencia tentó a Eva, pues Satanás es experto en hacer parecer un acto de rebeldía como un fruto agradable (1 Timoteo 2:11-15). No podemos caer en las trampas traídas por el neocalvinismo para esta generación, que cada vez debilita la institución gloriosa del cuerpo de Jesucristo.

miércoles, 30 de diciembre de 2020

CRISTIANISMO JOVIAL

 


...De bufones y payasos "cristianos"...

Extracto Tomado del Libro: El Cielo y el Infierno, Edward Donelly

Al parecer para algunos evangélicos de hoy en día, el error cardinal es el pesimismo y su temor más grande es parecer pesimista. El distintivo predominante de gran parte de la publicidad de la iglesia es que el cristianismo es muy divertido. En muchas iglesias, la atmosfera que prevalece es de una jovialidad obligatoria, frenética más bien.

 

Quienquiera que presida las reuniones tendrá un esmerado sentido del humor, demostrando ser un experto en “preparar” a la audiencia (no ya una congregación). Los testimonios cristianos son incansablemente optimistas y están interrumpidos por carcajadas. Quienes nos dan la bienvenida en la puerta siguen sonriendo tan abiertamente que estamos tentados a concluir que acaban de ponerse fundas en los dientes o que están practicando ventriloquía […] Pero tal cosa, parecen creer, es una parte esencial del testimonio cristiano.

 

Sin embargo, a Señor Jesucristo no se le describe en los evangelios como una figura jovial y risueña. El mismo dijo: «Bienaventurados los que lloran» (Mt.5:4). Isaías lo describe como un «Varón de dolores experimentado en quebranto» (Is.53:3). ¿Deberíamos, pues, imitar a nuestros contemporáneos o a nuestro Maestro? ¿Deberíamos ser más serios que joviales?

 

Debemos serlo mientras haya un infierno en espera de nuevos inquilinos. ¿Cómo podemos ir por la vida riéndonos con una risa tonta mientras millones de personas a nuestro alrededor van camino a la condenación? Si estuviera haciendo estragos una plaga con cadáveres por todos lados, ¿qué pensarías de las personas que sortearan alegremente los cuerpos, riéndose porque han encontrado una cura para sí mismos? El salmista se afligía por el pecado que lo rodeaba; al declarar a Dios que: «Ríos de aguas descendieron de mis ojos porque no guardaban tu ley» (Sal.119:136).

 

Esto no quiere decir que los creyentes tengan que ser hoscos. Nosotros experimentamos un gozo inefable y glorioso (1 Pd.1:8). Nos regocijamos aun más. Nos divertimos, reímos, jugamos, disfrutamos al máximo las buenas dadivas de Dios. Pero hay una diferencia entre felicidad y frivolidad. La conciencia del infierno debería producir en nosotros una seriedad subyacente, una gravedad, un realismo en medio de los perdidos y de los que están muriendo.

 

Por este motivo en particular, estamos tratando con verdades tan aterradoras como la muerte, el juicio y la condenación eterna. Hay un lugar para el humor, pero no es este. Aquí, más que en ningún otro lugar, el bufón cristiano es una abominación, y, sin embargo, estas realidades se tratan chistosamente y algunas veces lo hacen personas sorprendentes.

 

[…] Los inconversos quizás nos llamen pesimistas. Quizás consideren que nuestras reuniones están pasadas de moda y son aburridas, sin la chispa de los distinguidos comediantes eclesiásticos, consideran que estas son inaguantables, pero cuando tengan problemas, cuando estén en una verdadera crisis, ¿Se volverán a los payasos? ¿Buscaran a alguien que les cuente historietas y que les haga reír? Una y otra vez vemos que las personas que tienen necesidad se acercan instintivamente a quienes son serios, a los que van en serio, a los que tiene contacto con la vida real. Perciben a una persona de toda confianza, perciben una capacidad para ayudar a un nivel profundo.

 

A la larga, el bufón tiene menos impacto que el hombre o la mujer con lágrimas de compasión. Quienes una vez se burlaron de nosotros, quizás lleguen a descubrir que, «mejor es oír la reprensión del sabio que la canción de los necios» (Ec.7:5). Seamos serios, estemos atentos, pues vivimos en un mundo donde muchos de nuestros semejantes se están perdiendo.

martes, 15 de diciembre de 2020

BREVE RESUMEN HISTÓRICO DEL MOVIMIENTO FEMINISTA QUE REDEFINIÓ LA MUJER

Si podemos resumir el movimiento feminista, sea que se entienda de forma teórica o funcional, se basa en el hecho que, contrario a Dios quien creó al ser humano y lo definió, la mujer del feminismo la ha creado el ser humano. El movimiento feminista es la antítesis de Genesis 1:27 que dice: «Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó», para sustituirlo por: “Y el hombre caído creó al hombre conforme a su imagen y filosofía, hombre y mujer conforme sus propias ideas, fueron creados”. El feminismo no ha sido el mismo siempre, como toda filosofía humana ha venido como una evolución de pensamiento. Entenderemos el feminismo bajo las tres olas más importantes que se reconocen, y que han sido representativas en los siglos 18, 19 y 20 respectivamente.



Siglo 18: La vindicación de los derechos de la mujer

La ‘Primera onda’ del feminismo tuvo inicio en la primera mitad de los años 1700, en el contexto de la revolución francesa cuando una inglesa, Mary Wollstonecraft, escribió un documento llamado “Una vindicación de los derechos de la mujer”. Un año después de esta publicación, Olimpe de Gouges publicó un panfleto en París titulado “Los Derechos de la mujer” y una norteamericana, Judith Sargent Murray, publicó un documento llamado “Sobre la igualdad de los sexos”. En este contexto intelectual de aquellos que empezaban a reconocerse como libres pensadores en medio de esa revolución racionalista, el feminismo primario no argumentó en principio acerca de la naturaleza inferior de la mujer, pues su lucha era más dirigida hacia a desigualdad de los derechos de la mujer.

Viene a la historia y en este contexto una mujer norteamericana muy relevante para el movimiento inicial llamada Elizabeth Cady Stanton, una cristiana nominal presbiteriana, que abanderó al causa abolicionista, y entre otras cosas y junto con otras mujeres, promovieron causas como el derecho al voto femenino, la participación política de la mujer, reformas de costumbres morales, la función familiar de la mujer, la custodia de la mujer, su derecho a la propiedad, derechos laborales, leyes de divorcio y hasta del control de la natalidad, pusieron las bases del feminismo. Esta mujer fue la promotora de la famosa Biblia de la mujer, un documento que pretendió comentar porciones de la Biblia, reinterpretándola desde la óptica de la teología de la liberación de los derechos de la mujer, haciendo anotaciones bajo los textos más relevantes que podrían vindicar sus filosofías y controvertir la interpretación tradicional.

En 1848 cerca de 100 mujeres se reunieron en una convención en Seneca Fall, Nueva York, para ratificar la Declaración de los Sentimientos, escrita para defender los derechos naturales de la mujer. Las autoras reclamaban que las mujeres estaban impedidas de tener posiciones en la sociedad con respecto a trabajos mejores, además de no recibir el pago equitativo por el trabajo que realizaban. Notaron que las mujeres estaban excluidas de profesiones tales como la teología, medicina y abogacía, y que todas las universidades estaban cerradas a ellas. La Declaración fue un marco profundamente significativo en el movimiento feminista. Las leyes del divorcio fueron liberalizadas y ocurrieron cambios drásticos con el estado legal de la mujer dentro del contexto del matrimonio.

De este movimiento del “feminismo de la equidad” de la primera ola dice un autor: “fue un movimiento histórico que con sus aciertos y sus errores pretendió superar algunas desventajas reales frente a los varones. Y si miramos bien, ciertos planteamientos del principio eran justos, tales como: permitir a la mujer mayor libertad junto con el varón en la vida social y cultural; superar los abusos a los que por mucho tiempo había llegado el “machismo” con posturas tales como: la no educación de la mujer, la desvinculación de ella de la cultura, de la vida social y política por medio de su voto y condición económica. La consideración de ellas como seres inferiores negándoles muchas veces la igualdad de su esencia humana frente a los varones (Gn.2:27), ciertamente era un abuso masculino. Esta uy otras posturas dieron un denodado impulso hasta dar origen a la primera ola del feminismo”.

Este movimiento, tal y como vemos, tuvo asuntos justos en sus manos, pero es un movimiento básicamente humanista porque no surgió de anhelar un mayor entendimiento bíblico de la mujer como imagen de Dios ni de sus roles definidos por las Escrituras, sino de lo que la luz de la razón simple pudiera sugerir. Sus luchas de vindicación civil de la mujer dieron sus frutos. Aquí en nuestro país desde los años 1920 el movimiento feminista se organizaba en Colombia con el fin de promover reformas que otorgaran a las mujeres derechos civiles y sociales que la República les había negado por más de un siglo, lo cual se materializó a partir de 1930 en una serie de leyes que les permitieron acceder a la universidad y gozar de autonomía civil y económica. El derecho al voto de la mujer en Colombia fue aprobado el 25 de agosto de 1954 y ejercido por primera vez el 1 de diciembre de 1957. Desde mediados de 1800 ya se habían implantado las semillas para lo que se conoce como la segunda ola del feminismo, más fuerte y más agresiva.


Siglo 19: El feminismo Liberal Socialista

No pudiéramos entender esta segunda ola de feminismo si no estamos en algo enterados del movimiento socialista de Marx y Engels. En el marxismo, la sociedad debe ser redefinida y sustituida estructuralmente. Para esta filosofía es fundamental dividir la sociedad en opresores y oprimidos, buscando las diferentes maneras en que un individuo pueda ser opreso u oprimido. La idea de igualdad de la humanidad requería abolir cualquier diferencia social, donde las clases, y aun la propiedad privada deberían ser abolidas. Dependiendo del lugar social en que usted se encuentre el opresor y el oprimido llevan nombres diversos. Con las ideas de Marx y Engels cuyo fin era más materialista, esa disección de la sociedad fue nombrada como la burguesía (los opresores), y el proletariado (los oprimidos) que es esa clase social que en el capitalismo alquila su fuerza de trabajo a cambio de un salario. Entonces, el enemigo a combatir estructuralmente era el capitalismo, y la solución era un sistema más hacia la propiedad social y no la particular, de allí que también es sinónimo de comunismo.

Si pasamos la esencia de este pensamiento, el feminismo de la segunda ola, hija de los pensamientos del mundo, encontró la estructura opresora e identificó a los oprimidos. Así, se señaló que la principal estructura de opresión y esclavitud de la mujer era la familia, que se veía como la propiedad privada del opresor, a saber, el varón, donde la mujer era considerada uno de sus bienes. Así, aplicando los principios del marxismo, había que acabar con la propiedad privada, que en estos términos era acabar con la estructura familiar tal y como al concibe la Biblia. En opinión de Engels la mujer no debería ser considerada un ser a mitad de camino entre el varón y el niño. La mujer, según estos postulados, no es un ser libre en las sociedades burguesas y capitalistas, porque al estar sujeta al varón se convierte en una propiedad más de este. Alrededor de los años 30, como resultado de su educación profesional, las mujeres comenzaron a entrar en el mercado de trabajo como fuerza competitiva. Muchas barreras legales, políticas, económicas y educativas que restringían a la mujer fueron removidas y ella comienza a pisar el mundo que hasta ahora solamente pisaba el hombre.

Pero el marxismo filosófico no solo fue un movimiento que permeó la sociedad y la política, hubo una revolución cultural, en la ciencia, la religión, aun llegando a explicar todas las cosas en esas categorías de opresor y oprimido, y planteando las soluciones socialistas en cambio. Quizás se plantó de alguna manera los distintos niveles de interseccionalidad que hoy se ha estandarizado y que ha dado base a los derechos de las minorías. De manera que, en esa evolución de los pensamientos de cada época, con sus asuntos legítimos que pueda haber en medio, se fue desarrollando hasta alcanzar un punto mucho más revolucionario, que no puso su énfasis en la vindicación de los derechos civiles de la mujer, ni tuvo como eje el asunto materialista de la liberación estilo socialista, sino que, evolucionando, hizo una síntesis en el terreno de la liberación sexual. Este es el resultado de procurar definir al hombre y su existencia desde una perspectiva atea, apartada de Dios y lejos de la Biblia. Esto nos lleva a la tercera ola…

Siglo 20: Feminismo radical o de genero

Los problemas deben llevarse al extremo, para que esta filosofía se entienda. Y se trata de esto: El varón ha marginado siempre y en todas las civilizaciones a la mujer, limitándola a las tareas de reproducción y trabajo doméstico. Al final de los años 60 la autora feminista Kate Millett usó el término ‘patriarcado’ para describir el problema que afligía a las mujeres. El término tiene su origen en dos palabras griegas: pater, que significa ‘padre’, y arche, que significa ‘gobierno.’ La palabra ‘patriarcado’ era entendida como el ‘gobierno del padre’, y era usada para describir el dominio social del macho y la inferioridad y la servidumbre de las mujeres. Las feministas pusieron el patriarcado como la causa última del descontentamiento de las mujeres. Esta estructura patriarcal subordina a la mujer constituyéndola en un segundo sexo subordinada al varón y para complacer su egoísmo.

Pero el problema fue planteado más a la raíz, es decir, que se llegó a la conclusión que la raíz del problema, de esta subordinación no es la explotación económica ni la exclusión de sus derechos civiles, sino algo que la mujer tiene y es por naturaleza: mujer. Se entendió que el problema por el cual la opresión venía era porque la mujer estaba atrapada en una estructura natural y biológica que no le daba otra opción que procrear y dedicarse a las labores relacionadas a su maternidad. Entonces la propuesta del feminismo radical para romper la servidumbre de la mujer, es precisamente amputar la raíz de su esclavitud, amputar todos los rasgos que la hagan mujer naturalmente y de la que no se puede deshacer por naturaleza, pero que lo puede hacer por opción, si no procrea, aun si el precio es juntarse con otra mujer para no hacerlo, y de tener el derecho de abortar para que no quede atada a los asuntos de maternidad. Amputada la feminidad natural que le otorga a la mujer ser coheredera de la gracia de la vida, y todo lo que viene alrededor, entonces podemos tener una mujer libre, igual al hombre.

La mujer que le dio inicio a este pensamiento fue Simone de Beauvoir, en su escrito “El segundo sexo” en 1949. Ella plantea que las mujeres jamás han sido definidas con referencia a ellas mismas, sino con referencia al hombre. Teniendo al hombre como modelo, la mujer hallaba su propósito. Así lo que había era que derribar este paradigma. Pero se fijó que la estructura natural de la mujer, es decir, que está totalmente creada para la maternidad era el problema fundamental. Para Simone, la mujer es un varón con un cuerpo molesto. Llegó a negar la existencia de una “naturaleza femenina”, sino que alegó que esto es una creación de la historia y de la cultura. La mujer, según este planteamiento, tiene una dimensión corporal que la condiciona y de la que debe desprenderse para poder llegar a ser igual al varón. La mujer entonces debe emanciparse, liberarse en doble vía de sus opresores: el primero, debe salir del dominio y la explotación del varón, y de las instituciones que sirven para tal fin, tales como el matrimonio y la familia. Por otro lado, debe ser libre de la represión sexual a la que la ha tenido sometida la religión y la moral tradicional, y donde su equipamiento natural es un problema. La mujer entonces debe trabajar, pensar, vestir y vivir como un varón, renunciando a su feminidad por ser esta una construcción opresora del varón. Para Simone, la libración verdadera de la mujer es la libración de la maternidad. Ella dijo esta frase que resume muy bien su pensamiento: “El feto es una parte de cuerpo de la mujer y es también un parasito que la explota”.

Al inicio de los años 60 una periodista norteamericana, Betty Friedan, transformó los conceptos filosóficos de Simone de Beauvoir en algo más fácil de asimilar para la mujer moderna, al publicar La Mística Femenina, un libro que examina el papel de la mujer norteamericana. Ella afirmó que esta mística del ideal femenino tradicional produjo mujeres infantiles y frívolas, casi como niñas, livianas y femeninas, pasivas, cómodas sólo en el mundo de la cama y la cocina, de sexo, de bebés y de casa. Friedan estaba de acuerdo con de Beauvoir que la liberación de las mujeres requeriría cambios estructurales profundos en la sociedad. Para esto, las mujeres tendrían que tener control de sus propias vidas, tendrían que definirse a sí mismas y dictar su propio destino.

Un autor señala muy bien que estas son: “las ideas que iluminarían a todo el feminismo radical, esto es, la posibilidad de construir un nuevo ser, la necesidad de que esa construcción comience desde la infancia, y el abierto rechazo a la maternidad y todo lo que esto implica”. Ya que el trabajo de ser madre es exactamente lo que esclaviza y es contrario al verdadero interés de la mujer, no puede obligársele a andar como ese tipo de mujer “tradicional”, sino que debe dársele la opción de liberarse de esto. ¿Le da sentido los intentos de los gobiernos por redefinir la mujer, el hombre, la familia y de hacerlo desde la primera infancia? Pero esto no para allí, esta mujer fue más lejos al escribir: “Pensamos que ninguna mujer debería tener esta opción. No debería autorizarse a ninguna mujer a quedarse en casa para cuidar a sus hijos. La sociedad debe ser totalmente diferente. Las mujeres no deben tener esta opción, porque si esa opción existe, demasiadas mujeres decidirían por ella”. Así es que hoy día el movimiento feminista radical promueve un tipo de mujer construida por ellos mismos, que en su caso más evidente es una mujer autónoma, independiente, inhibida de prejuicios, partidaria del amor libre, del aborto, atea militante, escandalosa y alternativamente heterosexual y lesbiana al mismo tiempo, y finalmente comprometida con el socialismo marxista, con el feminismo y con todas las causas progresistas y transgresoras del momento.

*Tomado de Reforma Siglo 21, de Marzo de 2004, paginas 11-16
Ideología de Género y feminismo radical, Mario Cely Quintero, Editorial CLIR, pags.31-42

SÍNTESIS DEL PENSAMIENTO BÍBLICO

Así como definimos en pocas palabras la síntesis del pensamiento feminista como ese movimiento que “creo” una versión propia de la mujer, la Palabra de Dios nos muestra que su creación a imagen y semejanza, su estructura particular y su papel en medio del mundo que Él mismo creó, fue puesto soberanamente por Dios mismo. La mujer del feminismo es un invento humano, pero la mujer, en todo el sentido de la palabra, la creó Dios mismo. No por supuesto, en su estado actual de pecado, porque bien está escrito en Eclesiastés 7:29: «He aquí, solamente esto he hallado: que Dios hizo al hombre recto, pero ellos buscaron muchas perversiones». Pero le mujer es una mujer según el diseño divino y no según las estructuras sociales ni mucho menos pecadoras.

Una de las necesidades de la mujer, que le proporcionarán propósito y ubicarán su dignidad al lugar que le corresponde es aceptar que Dios la hizo mujer con toda la dignidad y responsabilidad que eso conlleva. Nada más, nada menos. Nada más que las culturas y los hombres se vena tentados a idolatrarla, como vemos que ha pasado. Ni menos, para que la menosprecie y maltrate como también ha ocurrido. Hermosamente lo expresa así John Angell James[1]:

“En algunos países, [la mujer] ni siquiera es considerada como un agente moral y responsable; está tan solícitamente activa en su propia degradación que consiente en el asesinato de su descendencia femenina; queda excluida desde la infancia; sin educación; casada sin su consentimiento; en multitud de ocasiones es vendida por sus padres; excluida de la confianza de su marido y expulsada de su mesa; en la muerte de éste, es condenada a la pira funeraria o al desprecio que hace que la vida sea una carga… Algunas veces adorada como una diosa, otras tratada como un juguete y entonces castigada como una víctima, ella nunca puede alcanzar la dignidad e, incluso con todos sus más brillantes encantos, rara vez puede aparecer de otra manera que como una muñeca o una marioneta.

“Consideremos lo que hay en el cristianismo que hace elevar y mejorar la condición de la mujer… Del cristianismo, la mujer ha recibido su influencia moral y social, casi su misma existencia como ser social. El cristianismo ha desarrollado la mente de la mujer, la cual muchos filósofos, legisladores y sabios de la antigüedad condenaron a la inferioridad y a la imbecilidad. El evangelio de Cristo, en la persona de su divino fundador, ha descendido hasta esta despreciada mina, la cual aún los hombres sabios, han visto como sin valor y han educado muchas gemas sin precio, iluminándolas con la luz de la inteligencia y haciéndolas resplandecer con los amorosos tintes de las gracias cristianas. El cristianismo ha sido el restaurador de los derechos robados de la mujer y le ha provisto de las más brillantes joyas en su actual corona de honra. A su anterior degradación se debe, al menos en parte, la inestabilidad de la civilización antigua. Es imposible que la sociedad se eleve permanentemente allí donde la condición de la mujer es rebajada y servil.

Allí donde las mujeres son vistas como seres inferiores, la sociedad contiene en sí misma los elementos de la disolución y la obstrucción para toda mejora sólida. Es imposible que las instituciones y usos que se oponen a los instintos de nuestra naturaleza y los reprimen, violando la Ley revelada de Dios, puedan ser finalmente coronados con el éxito. La sociedad puede cambiar en su aspecto externo; puede exhibir la purpurina de la abundancia, los refinamientos del gusto, los embellecimientos del arte o los más valiosos logros de la ciencia y de la literatura. Pero si la mente de la mujer permanece sin desarrollarse, sus gustos sin cultivar y su persona esclavizada, los fundamentos sociales son inseguros y el cemento de la sociedad es débil. Allí donde se entiende y se siente el cristianismo, la mujer es libre. El Evangelio, como un ángel bondadoso, abre las puertas de su prisión y la llama para que salga fuera y goce de la luz de la razón y respire el vigoroso aire de la libertad intelectual. Y en la medida en la que el cristianismo puro prevalezca, así será siempre…El cristianismo eleva la condición de la mujer por su naturaleza de sistema de equidad y benevolencia universal”.

Dios crea la mujer

«Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó» (Gn.1:27). Ser hecho a la imagen de Dios, es poseer los atributos valiosos que son divinamente otorgados. Como portadoras de la imagen divina, las mujeres poseen un espíritu inmortal, y son dotadas con cualidades que reflejan a Dios mismo. La mujer tiene la capacidad de conocer a Dios y de ser conocida por Él.

Por lo cual, tiene un valor innato que demanda un cuidado especial. Ser hecho a imagen de Dios hace referencia a la dotación de varias virtudes con las que, como humanos, reflejamos a Dios y podemos cumplir nuestro llamado. Aun el cuerpo distintivo que Dios le dio a cada sexo, es una imagen de la sabiduría de Dios. La imagen de Dios en el ser humano es un don inalienable, nadie puede dañar a un ser humano sin destrizar la imagen que no solo lleva sino la misma imagen que cada ser humano es. El asunto de la creación divina es un patrimonio que debemos resguardar y mantener vivió en la conciencia, pues se sabe que al cambiar la revelación de Dios en esto y reemplazarla por una idea, cualquiera que esta sea, repercutirá en la manera en que se vive.

Importa grandemente lo que hombres y mujeres creamos de la naturaleza de una mujer. Los ateos creen que una mujer es, simplemente, una colección de diversos átomos casuales y que pueden hacer lo que quieran con ella: Divorciarla, abusarla, abandonarla. Los hindúes creen que las mujeres son una carga desventajosa y su doctrina de la feminidad les da a los hombres la libertad de despreciarlas y, aún, de matarlas. Por ejemplo, si tu esposo muere en esas culturas, tú puedes ser quemada en su funeral porque serás considerada una carga. En el Islam, las mujeres son vistas como una propiedad, para ser usadas para placer y explotadas para procreación. Si eres una mujer nacida en China, puedes ser asesinada al nacer porque no eres considerada valiosa para la sociedad pues allí, los hombres son considerados de mayor valor que las mujeres.


En las filosofías no cristianas y religiones del mundo, las mujeres son devaluadas. ¿De donde viene esto? Romanos 1:28 lo afirma claramente: «Y como ellos [los hombres en sus pecados] no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen». Pero en un notable contraste, la cristiandad coloca a las mujeres en alto honor.  Una manera en la que Dios honra a las mujeres es en rodearlas de protectores que están bajo específicos mandamientos de conocer, proteger y cuidar y, aún, morir por ellas. En este sentido podemos, no sólo afirmar la igualdad esencial de la mujer con el hombre, sino el cuidado de Dios al ponerla bajo cuidados especiales. Efesios 5:25: «Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella»; y 1 Pedro 3:7: «Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo».

El problema de la mujer

El feminismo, al fundamentarse en los postulados de una razón caída, ha identificado varios problemas que afectan a la mujer. En el mejor de los casos debemos decir que han atinado en algunos asuntos, solo superficialmente. La filosofía feminista lucha aun con Dios mismo e inculpa a varios factores externos a la mujer por su desgracia. Sin embargo, dando por hecho que muchos de estos asuntos en verdad han dado un trato pecaminoso a la mujer, el gran y radical problema de ella es que ahora es un ser pecador. Sus mayores problemas no vienen de sus condiciones externas a ella, sino en que ahora comparte con el hombre, ser una creatura caída en pecado, no hay diferencia, no hay justo ni aun uno (Rom.3:9-12). 1 Timoteo 2:14 afirma que: «la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión». Eso indica que aquella dotación especial de ser imagen divina, ahora es dañada por el pecado. Debido a esta condición aquellas características naturales de la mujer ahora son tomadas para servir al mal, Claro, esta imagen no ha desaparecido, el pecado no corresponde a una característica necesaria de su creación, pero esta semejanza ha sido distorsionada por el pecado.

La restauración de la mujer, entonces, no se dará en el marco de mejoras externas a ella, al menos en principio. Una mujer puede seguir experimentando su miseria en una vida de pecado aun cuando todas las condiciones externas a ella sean optimas. Como ves, eso es exactamente lo que se nota en la lucha feminista actual, la que no puede producir una mujer medianamente satisfecha y feliz. Al ser ahora su existencia en pecado una realidad, es el glorioso evangelio el que le proporciona la salida necesaria para que cada hijo de Adán sea restaurado a la imagen de Cristo y a todas las bendiciones de la gracia al estar reconciliados con Dios, pero esto solo es posible en el evangelio: «y revestido del nuevo [hombre], el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno, donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos» (Col 3:10–11). La mujer fue creada por Dios, dañada en su imagen por el pecado, sujeta a las consecuencias desastrosas de un mundo impío, pero puede ser restaurada en la gracia, al estar en Cristo mediante el arrepentimiento y fe. La mujer debe ser re-creada, pero no por el mundo, sino por Dios quien da vida a los muertos.

[1] Una Teología dela Familia, Publicado por Chapel Library, Publicaciones Aquila, The NationalCenter for Family Integrated Churches, Pags.108-109


POR LA SUPREMACÍA DE CRISTO EN ESTA GENERACION

Este blog se hace responsable de lo que publica, pero no se hace responsable de lo que los autores de los artículos o las páginas de las que estos son extraídos, crean en su demás teología o en las practicas que ellos tengan a nivel personal.

Se desea a través de este blog, expresar el pensamiento bíblico coherente, y más cercano a la confesionalidad histórica y reformada y aportar para la aplicación de ella en la vida cristiana, pero no avalamos lo que en contradicción a la fe reformada histórica algunos de los autores hagan o vayan a hacer en un futuro

A Dios sea la goria.