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viernes, 25 de noviembre de 2022

PROPORCIONE A SUS HIJOS LA DEBIDA CORRECCIÓN


Por Thomas Case [1] (1653)

Extracto “The Rod and the Word, A Treatise on Afflictions”

Tomado y traducido por Iglesia Bautista Reformada de Suba©

 

La vara

Este es el consejo del Espíritu Santo: «Castiga a tu hijo en tanto que hay esperanza; Mas no se apresure tu alma para destruirlo» (Prov.19:18). He aquí que Dios os aconseja a ustedes que nos padres, que hagan con sus hijos lo mismo que Él hace con los suyos: que utilicen sabiamente la disciplina de la vara, antes de que las disposiciones viciadas de sus hijos se conviertan en hábitos, y la necedad esté tan profundamente arraigada que la vara de la corrección no la pueda expulsar.

 

“El error y la necedad”, dice uno muy bien, “son las cuerdas de Satanás con las que ata a los pecadores a la hoguera para ser quemados en el infierno”. Estas cuerdas son más fáciles de cortar si se hace a tiempo. Si lastimas al niño al cortar esas ataduras, que eso no te cohíba; pues así se deduce: «Castiga a tu hijo en tanto que hay esperanza; Mas no se apresure tu alma para destruirlo» (Prov.19:18). No solo es una tontería, sino una cruel piedad, renunciar a la corrección por unas cuantas lágrimas infantiles; hacer que tu hijo se lamente en el infierno por el pecado, evitándole derramar unas cuantas lágrimas por evitarlo. Los padres y madres necios llaman a esto amor, pero el Padre de los Espíritus lo llama odio: «El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; Mas el que lo ama, desde temprano lo corrige» (Prov.13:24). Seguramente no hay nada tan mal perdonado, como aquello por lo cual el niño podría ser mejor si se corrige. Tal misericordia es odio; y si usted odia a sus hijos al no corregirlos hoy, ellos pueden llegar a odiarlo al final por no corregirlos.

 

Pero esto no es todo. La indulgencia de los padres al disciplinar, da paso a la severidad de Dios. Tenerle piedad a la carne del niño es crueldad para su alma […] La indulgencia insensata de los padres puede ser la muerte del niño, y a menudo es su muerte eterna. Los padres así perdonan a sus hijos en su insensatez, hasta su destrucción tanto del cuerpo como del alma.

 

Y esto puede ayudarnos a explicar ese otro texto paralelo: «No rehúses corregir al muchacho; Porque si lo castigas con vara, no morirá» (Prov.23:13). El significado puede entenderse como que la corrección no lo matará; la vara no romperá los huesos. Esto reprende la tonta y pecaminosa blandura de los padres, que piensan que, si corrigieran a sus hijos, éstos morirían de inmediato por ello. Tienen tanto miedo de usar la vara como si esta fuera una espada. Pero el Espíritu Santo dice: ¡No, no temáis la corrección, porque he aquí que los golpes de la vara no son golpes de muerte! Es una vara, no una serpiente, puede herir, pero no aguijoneará con veneno. Para calmar el temor de los padres en este caso, Dios mismo da su palabra al respecto: «No morirá».

 

Pero el significado que más bien concibo de este texto puede ser el extraído del fruto de la corrección: «No rehúses corregir al muchacho». ¿Por qué? Porque, en otras palabras, la disciplina puede ser, y es a menudo (a través de la bendición divina que la acompaña) un medio para prevenir la muerte. Puede prevenir la primera y segunda muerte, a la que el niño está expuesto por la indulgencia pecaminosa de los padres.

 

Alguien dice que la palabra empleada en este lugar parece señalar una inmortalidad; de modo que «no morirá», es como si el Espíritu Santo hubiera dicho: “Vivirá para siempre”, la vara en la carne será un medio para salvar el alma en el día del Señor Jesús. «Mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo». (1 Corintios 11:32). Como dice David en otro lugar: «Que el justo me castigue, será un favor, y que me reprenda será un excelente bálsamo que no me herirá la cabeza» (Sal.141:5). Y tales reprimendas están tan lejos de quebrar la cabeza, que serán un excelente aceite que curará y dará vida. Incluso el filósofo podría decir: “La corrección es una especie de medicina para los niños”.

 

¡Ay!, nuestros niños están enfermos, y esa misericordia que les permitirá morir -aun eternamente- antes que curar sus paladares con un poco de medicina amarga, es cruel. Son monstruos en forma de padres y madres, aquellos que abrazan así a sus pequeños hasta la muerte. Son infanticidas en lugar de padres; de los cuales podemos decir, como una vez dijo el emperador romano de Herodes, cuando se enteró de que había asesinado a su propio hijo entre el resto de los infantes en Belén, para poder estar seguro de destruir al Rey de los Judíos: “¡Seguramente es mejor ser los cerdos de esa gente, que sus hijos!”. ¡Oh, odiosa indulgencia y despiadada piedad: condenar a un niño por falta de corrección! Tales padres arrojan a la vez la vara y el hijo al fuego. Arrojan la vara al fuego de la chimenea, y al niño al fuego del infierno. Esto no se hace como Dios, «Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo» (Hb.12:6), y así lo hace todo padre sabio y amoroso. «El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; mas el que lo ama, desde temprano lo corrige» (Prov.13:24).

 

Como las polillas se sacan del vestido con una vara, así deben sacarse los vicios del corazón de los niños. Por falta de este amor disciplinario, ¡cómo algunos hijos han acusado a sus padres en su lecho de muerte, sí no es que en la misma horca! Y cuántos maldicen y maldecirán a sus padres en el infierno, como supone Cipriano que hacen algunos: “¡El malvado cariño de nuestros padres nos ha llevado a estos tormentos! ¡Nuestros padres y madres han sido nuestros asesinos! ¡Aquellos que nos dieron nuestra vida natural, nos han privado de la vida eterna! Los que no querían corregirnos con azotes, ahora nos han arrojado a ser atormentados con escorpiones”.

 

Sí, incluso en esta vida, cuántos padres piadosos y sabios tuvieron ese cariño indulgente por sus hijos y no los entristecieron por su locura. Elí y David no quisieron ni siquiera reprender a sus hijos, y Dios les dio reprimendas en sus hijos. Se le dijo a Elí: «Y le mostraré que yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe; porque sus hijos han blasfemado a Dios, y él no los ha estorbado» (1 Sam.3:13). El hebreo dice: “No les frunció el ceño”. ¡Qué triste es destruir un alma, por falta de un ceño fruncido!

 

Mucho me temo que esta indulgencia anticristiana y malvada de los padres, es la fuente de toda la confusión bajo la cual nuestro país [2] en este momento se tambalea, y se tambalea como un borracho. Y por este mismo pecado (al menos por este entre otros, y por este por encima de otros) Dios está visitando a todas las familias del país, desde el trono hasta la más pobre cabaña. Tales padres indulgentes han puesto los cimientos de sus propias penas, de la ruina de sus hijos, y la destrucción de la nación, al negar la disciplina adecuada a ellos.

 

Por esa causa, Dios nos atraviesa en nuestros justos deseos; hemos caminado, incluso en este punto, excesivamente en contra de Dios y de su disciplina; y por eso Dios está caminando en contra de nosotros, y nos está castigando siete veces más por esta iniquidad. Por lo que, ojalá, los padres se despierten para seguir tanto el modelo como el precepto de su Padre celestial, quien, así como “Corrige a los que ama”, les ordena corregir amorosamente a sus hijos. «No rehúses corregir al muchacho; porque si lo castigas con vara, no morirá» (Prov.23:13).

 

Además, vale la pena observar que la misma palabra en el original, que se traduce como ‘rehusar’, significa también ‘prohibir’; señalando otra destemplanza en los padres, que así como ellos mismos no corrigen a sus hijos, también prohíben que otros, bajo cuya tutela los ponen, los corrijan. Es como si temieran que sus hijos no tuvieran suficiente pecado aquí, ni suficiente infierno en el futuro, y que pusieran reparos a los medios que Dios ha santificado para su corrección. Padres, tengan cuidado de que, cuando encomienden sus hijos a las manos de otros, no se las sujeten mientras tanto. Si ustedes los juzgan imprudentes ¿por qué los eligen para que cuiden a sus hijos? Si los eligen, ¿por qué no confían en ellos? Pues bien, si la corrección está en tu mano, no la retengas; si está en la mano de tu amigo, no la prohíbas.

 

Ciertamente hay tanta necesidad de este deber, que el Espíritu de Dios lo inculca con frecuencia a lo largo de los Proverbios.

 

La Instrucción

Si quieres que tus hijos sean bendecidos, añade la instrucción a la corrección. Imita a Dios también en esta parte de la disciplina paterna. Que el castigo y la instrucción vayan juntos; es lo que el Espíritu Santo le insta a hacer: «Criadlos en la disciplina y amonestación del Señor» (Ef.6:4).

 

Hay dos palabras relacionadas con estos dos deberes de los padres; en la crianza y amonestación se añade, “del Señor”. Es decir, el primer deber, del que ya nos hemos ocupado, y lo que el Señor ordena a los padres terrenales que ejerzan hacia sus hijos es el castigo. Y luego hay otra palabra, que indica el fin y el propósito de la corrección de los padres, que es la “amonestación” o instrucción del Señor, consejos e instrucciones tomados de la Palabra de Dios, o que son aprobados por Dios. El resumen es que, mientras castigamos la carne, debemos esforzarnos por informar y formar la mente y el espíritu, infundiendo principios correctos, presionando e instando sobre sus tiernos corazones el consejo, la reprensión y la instrucción según lo requiera el asunto.

 

Este es el deber de los padres, imitar a Dios, dejar que la instrucción explique la corrección; y con una vara en la mano, y una palabra en la boca, puedan educar a sus hijos para la vida eterna.

 

Una vara silenciosa no es más que una disciplina bruta, y ciertamente dejará a los hijos más insensatos de lo que los encontró. El castigo sin enseñanza puede quebrar los huesos antes que el corazón. El castigo solo puede mortificar la carne, pero no la corrupción. El castigo solo puede controlar la naturaleza, pero nunca engendrar la gracia. Pero la vara y la corrección dan sabiduría. Así como la instrucción sumada a la corrección hace excelentes cristianos, también hace buenos hijos.

 

Hay padres que son bastante severos y malhumorados con sus hijos; no escatiman en golpes. En lugar de quebrantar su voluntad mediante una corrección sabia y moderada, están dispuestos en sus airadas pasiones a romperles los huesos, y a veces también el cuello. Pero no les importa la otra rama de la disciplina paterna: la instrucción y la amonestación.

 

Supongo que el apóstol habla de tales padres: «Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos? Y aquéllos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad» (Hb.12:9-10). No está hablando de todos los padres, pero lo que quiere decir es que hay tales hombres y mujeres en el mundo que no se parecen en nada a Dios, y que al castigar a sus hijos se complacen más a sí mismos que a sus hijos. Dios disciplina para nuestro beneficio, pero ellos disciplinan para dar rienda suelta a su pasión y satisfacer su rabia y furia vengativas. ¿Y cuándo es eso? En verdad, cuando la vara y la reprensión no van juntas, es una prueba de que en tales castigos hay más pasión que sabiduría, y más crueldad que amor. Tales padres prefieren traicionarse con su propia insensatez, antes que tomar el camino para hacer sabios a sus hijos.

 

«La vara y la corrección dan sabiduría» (Prov.29:15). Ninguna de las dos cosas por sí sola lo hará. La vara sin la reprensión, endurecerá el corazón y enseñará a los hijos a odiar a sus padres antes que a odiar el pecado. Mientras que la reprensión sin la vara, a menudo no dejará ninguna impresión. Solo la verdad divina debe ser el instrumento que obre la gracia salvadora en el corazón: «Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad» (Jn.17:17). Es un gran elogio a la madre de Timoteo, que desde su niñez le haya instruido en las Escrituras: «las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús» (2 Ti.3:15). Cuando la instrucción de la Palabra está en la boca de la vara, trae consigo sabiduría y vida.

 

¡Que los padres imitaran al Padre de los Espíritus en esta bendita área de la disciplina paterna, uniendo la palabra de instrucción a la vara de la corrección, y enseñando al mismo tiempo que castigando!: «que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina» (2 Ti.4:2). ¡Oh, que todo niño tenga motivos para dar a sus padres ese elogio que Agustín le dio una vez a su madre!: “Mi madre trabajó para mi salvación eterna con más ternura y dolor que como trabajó para mi primer nacimiento”. Ojalá que los padres naturales pudieran hablar del fruto de sus lomos, como Pablo habla de sus gálatas: «Hijitos míos, por los cuales vuelvo a sufrir dolores de parto hasta que Cristo sea formado en vosotros» (Gá.4:19); para que se regocijaran más en el segundo nacimiento de sus hijos que en el primero.

 

Amados, esto se hace mediante la Palabra y la vara. «Corrige a tu hijo, y te dará descanso, y dará alegría a tu alma» (Prov.29:17). Qué mayor deleite que ver a nuestros hijos caminando en la verdad, y llegar a pensar así: que cuantos hijos Dios nos ha dado, todos los hemos criado para Dios, los mismos herederos que hemos dejado para el reino de los cielos. Pues bien, castíguenlos y enséñenles la Palabra de Dios, y sus hijos serán bendecidos.

 

Toma una pequeña precaución más, y es:

 

La oración

Añade la oración a la instrucción. Así como la enseñanza debe acompañar al castigo, la oración debe acompañar a la enseñanza. Pablo puede plantar, y Apolos puede regar, pero Dios es quien debe dar el crecimiento (1 Co.3:6). De la misma manera con nosotros, el padre puede corregir, la madre puede instruir, ambos pueden hacer ambas cosas, pero Dios debe dar la bendición. Por lo tanto, los padres cristianos, mientras añaden la instrucción a la corrección, deben añadir la oración a la instrucción. Los medios son nuestros, el éxito es de Dios. Por lo tanto, pongamos la vara en la mano de la instrucción, y la instrucción en la mano de la oración, y todo en la mano de Dios.

 

Oren y enseñen a sus hijos a orar, para que Dios bendiga la corrección y la instrucción, para que ambas los hagan a ustedes y a sus hijos bendecidos. Amén.

 

_________________________________________________

 

[1] Thomas Case (1598-1682) fue un ministro inglés de creencias presbiterianas, miembro de la Asamblea de Westminster. Participó en la conferencia de Saboya de 1661, pero fue expulsado por su no conformidad en el momento de la Ley de Uniformidad de 1662.

 

[2] Lit. Inglaterra

jueves, 17 de noviembre de 2022

LA MATERNIDAD CRISTIANA


Por J. R. Miller (1886)

Tomado y Traducido por Iglesia Bautista Reformada de Suba©

 

«Después subió el varón Elcana con toda su familia, para ofrecer a Jehová el sacrificio acostumbrado y su voto. Pero Ana no subió, sino dijo a su marido: Yo no subiré hasta que el niño sea destetado, para que lo lleve y sea presentado delante de Jehová, y se quede allá para siempre. Y Elcana su marido le respondió: Haz lo que bien te parezca; quédate hasta que lo destetes; solamente que cumpla Jehová su palabra. Y se quedó la mujer, y crió a su hijo hasta que lo destetó» (1 Sam.1:21-23).

 

Tenemos ante nosotros la imagen de una madre de los tiempos antiguos. La historia de Ana está revestida de un interés poco común. Este es uno de esos relatos cuyo encanto es su sencillez sin adornos. Aunque vivió hace tanto tiempo, cuando el mundo era más joven, esta madre sigue siendo, en el espíritu radiante de su vida, en la claridad de su fe, en la devoción de su maternidad, un modelo para las madres cristianas de estos tiempos más recientes.

 

Hay cosas que envejecen y pasan de moda, pero la maternidad no. Es siempre la misma en sus deberes, sus responsabilidades, sus privilegios sagrados y sus posibilidades de influencia. Este viejo cuadro es nuevo y fresco, por lo tanto, útil en cada época, para cada madre de verdadero corazón que lo mira.

 

⸞ Por un lado, Ana, como madre, era entusiasta⁓.

 

No era una de esas mujeres que piensan que los niños son un estorbo indeseable. No se consideraba a sí misma, en sus primeros años de casada, especialmente afortunada por estar libre de los cuidados y responsabilidades de la maternidad. Creía que los hijos eran una bendición del Señor, que la maternidad era el más alto honor posible para una mujer; y pidió a Dios, con reverencia y mucho empeño, el privilegio de estrechar a un niño en su seno y llamarlo suyo. En estos días, cuando los niños no siempre son considerados como bendiciones del Señor, ni siquiera siempre son bienvenidos, no debemos pasar por alto este trazo de esta antigua pintura.

 

⸞ Por otra parte, cuando llegó el hijo de Ana, ella consideró que era parte de su piadoso deber alimentarlo y cuidarlo⁓.

 

Por lo tanto, en lugar de ir a Silo para asistir a todas las grandes fiestas religiosas, como había hecho antes, se quedó en casa durante algún tiempo, para dar atención personal al pequeño que Dios le había dado, y que era todavía demasiado joven para ser llevado con seguridad y comodidad en viajes tan largos. Sin duda, ella suponía que estaba adorando a Dios tan aceptablemente al hacer esto, como si hubiera ido a todas las grandes reuniones religiosas. ¿Y quién puede decir que no tenía razón?

 

⸞ Las primeras obligaciones de una madre son para con sus hijos; no puede tener deberes más santos y sagrados que los que se refieren a ellos⁓.

 

Ninguna cantidad de servicio religioso público compensará el descuido de estos. Puede correr a las reuniones sociales y misioneras, y abundar en toda clase de actividades caritativas, y puede hacer mucho bien entre los pobres, llevando bendiciones a muchos otros hogares, y siendo una bendición para los hijos de otras personas, a través de la escuela dominical o la escuela misionera; pero si mientras tanto deja de cuidar a sus propios hijos, difícilmente puede ser elogiada como una madre cristiana fiel. Ha pasado por alto sus primeros y más sagrados deberes, mientras da su mano y su corazón a los que no son más que secundarios para ella.

 

El camino de Ana era evidentemente el verdadero. Más vale extrañar a una madre en la iglesia […] que en su propia casa [1]. Algunas cosas deben ser excluidas de toda vida seria, pero lo último que debe ser eliminado de la vida de una madre debe ser el cuidado fiel y amoroso de sus hijos. El predicador puede instar a que todos hagan algo en la obra general de la iglesia, y puede pedir maestros para la escuela dominical; pero la madre misma debe decidir si el Maestro quiere que ella se ocupe de alguna obra religiosa fuera de su propio hogar. Para la obra allí, ella es ciertamente responsable; para la que está fuera, ella no es responsable hasta que su responsabilidad hacia sus hijos esté bien hecha, y ella tenga tiempo y fuerza para nuevos deberes.

 

⸞ Otra cosa sobre Ana era que cuidaba a su propio bebé⁓.

 

Ella misma se encargaba de la lactancia. No contrataba a ningún tipo de “niñera” y luego confiaba a su tierno hijo a su cuidado, para poder tener “libertad” para fiestas y visitas y óperas, y deberes sociales y religiosos. Era lo suficientemente anticuada como para preferir amamantar a su propio hijo. No parece haber sentido ninguna gran privación personal por el hecho de mantenerse bastante cerca de su casa durante uno o dos años por ese motivo. Incluso parece haber pensado que era un gran honor y un distinguido privilegio ser madre y hacer con sus propias manos los deberes de una madre. Y cuando pensamos en lo que este niño que ella amamantó llegó a ser en años posteriores, cuál fue el resultado de todos sus dolores, abnegaciones y esfuerzos, ciertamente parece que Ana tenía razón.

 

No es probable que alguna vez se arrepintiera de haberse perdido algunas fiestas y otros privilegios sociales —para poder amamantar y cuidar a Samuel en su tierna infancia— cuando vio a su hijo en la plenitud y el esplendor de su poder y utilidad. Si algo, aunque sea la mitad de bueno, resulta de la maternidad fiel, hay ciertamente pocas ocupaciones abiertas a las mujeres, incluso en estos días “avanzados” del siglo XIX, que produzcan resultados tan satisfactorios al final como la sabia y verdadera crianza de los hijos. Muchas mujeres suspiran por ser distinguidas en las profesiones, o como autoras, o artistas, o cantantes; pero, después de todo, ¿hay alguna distinción tan noble, tan honorable, tan digna y tan duradera como la que gana una verdadera madre cuando ha criado a un hijo que ocupa su lugar en las filas de los hombres piadosos?

 

¿Podría María, la madre de Jesús, en cualquier siglo, haber encontrado alguna misión más grande que la de amamantar y cuidar al santo Niño que fue puesto en sus brazos? O, si ese ejemplo es demasiado elevado, ¿podrían las madres de Moisés, de Samuel, de Agustín, de Washington, haber hecho más por el mundo, si se hubieran dedicado al arte, o a la poesía, o a la música, o a cualquier tipo de “profesión”?

 

⸞ Quizás Ana tenía razón; y, si es así, la maternidad antigua es mejor que la nueva, y la propia madre es la mejor enfermera de su hijo⁓.

 

Una mujer contratada puede ser muy hábil; pero seguramente no puede ser la mejor para moldear el alma del niño, y despertar y sacar sus facultades y afectos latentes. La madre puede, al emplear tal sustituto, quedar libre para seguir el mundo de la moda, de la cena y el vestido, de la diversión y los compromisos sociales; pero mientras tanto, ¿qué se hace de esa pequeña vida tierna e inmortal en el hogar, esa guardería así dejada prácticamente sin madre, para ser alimentada y entrenada por un extraño asalariado? Y, además, ¿qué pasa con la sagrada misión de la maternidad, que justamente el nacimiento de cada niño impone a aquella que le dio la vida?

 

Un escritor reciente, refiriéndose a este tema, pregunta: “¿Hay alguna mala práctica del oficio, como ésta? Nuestras mujeres abarrotan las iglesias, para inspirarse en la religión para sus deberes diarios, y luego se muestran rebeldes con la primera de todas las lealtades, la más solemne de todas las responsabilidades. Oímos a las madres jóvenes de moda jactarse de que no están atadas a la maternidad, sino que son libres de deambular por la antigua vida alegre, como si no hubiera vergüenza para el alma femenina que hay en ella”.

 

Tal jactancia es una de las confesiones más tristes que una madre puede hacer. La gran necesidad de esta época es que las madres vivan con sus propios hijos y arrojen sobre sus tiernas vidas todo el poderoso poder de sus propias naturalezas ricas, cálidas y amorosas. Si podemos tener una generación de Anas, entonces tendremos una generación de Samueles creciendo bajo su sabia y devota crianza.

 

⸞ Hay otra característica en esta antigua madre que no debe ser pasada por alto. Ella cuidó a su hijo para el Señor⁓.

 

Desde el primer momento lo consideró como un hijo venido de Dios, no de ella, y se consideró a sí misma como la nodriza de parte de Dios, cuyo deber era educar al niño para una vida y un servicio santos. Es fácil ver la dignidad y el esplendor que esto le dio a toda la agotadora sucesión de tareas y deberes maternos, que los días posteriores trajeron a su mano. Era un hijo venido de Dios el que cuidaba, y lo estaba educando para el servicio del Señor en dos mundos. Nada le parecía monótono; ningún deber para con su pequeño era duro o desagradable, con este pensamiento siempre brillando en su corazón. ¿Necesita alguna mujer una inspiración más elevada o más poderosa para el trabajo y el olvido de sí misma que ésta?

 

¿Y hay alguna madre que no tenga la misma inspiración, mientras realiza su ronda de tareas comunes del cuidado de sus hijos? ¿Era Samuel un hijo venido de Dios, en un sentido más elevado, cuando Ana lo amamantaba, que los pequeños que yacen en los brazos de miles de madres hoy en día? En los oídos de toda madre, cuando un bebé es depositado en su seno, se oye el santo susurro del Señor, si ella tuviera oídos para escuchar la voz divina: “¡Toma a este niño y críalo para mí!”.

 

Dios quiere que las madres cristianas eduquen a sus hijos para una vida pura y noble, y para labores santas. Toda madre está, por la propia suerte de la maternidad cuando le toca, consagrada al sagrado servicio de amamantar, moldear y formar una vida infantil para Dios. Ana comprendió esto, y encontró su tarea llena de gloria. Pero, ¿cuántas, incluso entre las madres cristianas, no lo comprenden y, sin estar sostenidas por la conciencia de la dignidad y la bendición de su elevado llamado, consideran sus deberes y abnegaciones como tareas dolorosas, un cumulo de trabajo pesado y agotador?

 

Valdría la pena que cada madre se sentara tranquilamente junto a Ana y tratara de aprender su secreto. Cambiará la habitación de bebé más humilde en un santuario sagrado; y transformará los deberes más comunes y humildes de la maternidad en servicios tan espléndidos como los que realizan los ángeles radiantes ante el rostro del Padre.

 

_________________________

Nota del Editor

[1] El autor no está contraponiendo los deberes religiosos de la mujer como hija de Dios, congregándose, orando con la iglesia y observando el día del Señor. Ciertamente está considerando, aquella costumbre, antigua y nueva, de poner en conflicto la obra de Dios fuera de la casa y el servicio a Dios en casa. Aun cuando Dios no puso como rivales a la iglesia y a la familia, muchas veces familias son descuidadas por un celo mal dirigido y una mala enseñanza acerca del servicio cristiano, que desemboca en activismo.

 

Muchas madres hoy día en detrimento de sus propios hogares, maridos e hijos, dan su tiempo a las causas de una organización, conferencias, misiones, y piensan que es mejor servir a otros que a aquellos a los que están unidos a ella de forma natural y por mandamiento. Así, piensan ellas, el reino de Dios avanza mejor. Madres así han lamentado haber perdido la oportunidad de ser misioneras en sus propias casas y de haber usado su tiempo mostrándole el camino cristiano a otros, menos a los suyos, cuando no, lamentado el activismo inútil que ni avanzó el reino ni bendijo a sus hogares. Hijos rebeldes y maridos apáticos hoy son el recordatorio triste de la inversión de su rol.

 

Lamentablemente, hoy día, la mujer modelo que enseña feminidad Bíblica en grandes convocatorias, iglesias, organizaciones, conferencias, radio y más, ha tenido que abandonar su rol de esposas y madres para poderlo hacer. Así, le enseña a otras aquello que ella ni siquiera práctica. En esto, la historia del pueblo de Dios, la Biblia y la historia de la iglesia, dan testimonio que la mujer que es de verdadera bendición, lo es en el ámbito donde Él la puso.

jueves, 21 de diciembre de 2017

UN PATRÓN DE ADORACIÓN FAMILIAR

Por: David Feddes
Marzo 2001

Posiblemente seas de aquellos que no tiene idea de lo que implica tener un tiempo de adoración diaria. Tal vez esta práctica jamás haya sido parte de tu vida y nadie te la ha explicado o modelado para ti. Permítanme describir mi propia participación en la adoración a Dios de forma diaria.

Mientras estaba creciendo, mis padres nos guiaban en la adoración familiar diaria. Antes del desayuno, mi padre o madre hacían una oración de agradecimiento. Después del desayuno, leerían la Biblia, también, una breve meditación sobre el pasaje de las Escrituras y terminarían en oración.

Este tiempo de lectura de la Biblia y oración familiar fue una prioridad para nuestra familia. A veces cuando se nos hacía un poco tarde en la mañana, pensábamos que el autobús escolar llegaría antes de que termináramos de desayunar. Entonces, ¿Omitíamos la lectura de la Biblia y la oración? No, si llegábamos tarde a la mesa, mis padres leerían la Biblia antes del desayuno en lugar de después. Entonces, si viéramos llegar el autobús mientras estábamos desayunando, podríamos tomar algo de la mesa y comerlo en el camino a la escuela o simplemente dejaríamos de tomar parte de nuestro desayuno.

En la cena, nuevamente nos inclinamos juntos en oración antes de comer. Después de la comida, leeríamos de nuevo la Biblia, tal vez leeríamos una explicación del pasaje bíblico de un libro devocional, y concluiríamos con una oración. 

Este patrón de adoración familiar matutino y vespertino en realidad no tomaba mucho tiempo: quizás unos cinco minutos por la mañana y otros cinco minutos más o menos por la noche. Por lo general, no producía una experiencia emocional deslumbrante. Fue simplemente un tiempo simple y tranquilo para escuchar a Dios hablar en las Escrituras y hablar con Dios en oración. Pero comenzar y terminar el día de esa manera establece un tono espiritual para todo lo demás. Durante el año, la adoración familiar también nos ayudó a obtener una gran cantidad de conocimiento de la Biblia que ninguna escuela o seminario podría enseñar con la misma eficacia.

Cuando era un niño que crecía con padres que adoraban a Dios en espíritu y en verdad, aprendí la adoración diaria de la familia, pero también aprendí la adoración personal diaria. Una cosa que me enseñó acerca de la adoración personal fue el ejemplo de mis padres. Nunca hacían alarde de su tiempo personal con Dios, pero a veces, cuando me levantaba temprano, veía a mi padre arrodillado solo en oración antes de despertar al resto de la familia. Mi madre, también, era una persona de oración y de la Escritura. Siguiendo su ejemplo, comencé a orar personalmente cuando era niño, generalmente a la hora de acostarme. Cuando tuve la edad suficiente para leer bastante bien, mis padres me dieron una Biblia propia, y pasaba unos minutos cada noche leyendo la Biblia yo solo.

No vengo de una familia de predicadores o eruditos de la Biblia. Vengo de una familia de granjeros y rancheros. Mis padres no eran perfectos ni nuestra familia. A veces discutíamos, nos poníamos nerviosos y tomábamos decisiones equivocadas. Aun así, nos amábamos y sabíamos que Dios estaba en el centro de nuestra casa. Incluso ahora, cuando visitamos a mis padres o a los padres de mi esposa, sabemos que tendremos culto diario con ellos.

¿Dónde obtuvieron mis padres su patrón de adoración familiar y culto personal? Ellos no lo idearon por sí mismos. Obtuvieron el patrón de sus padres. Mis padres crecieron con la adoración familiar diaria y con padres que no solo llevaron a sus hijos a la adoración, sino que también pasaron tiempo solos en el culto personal y privado.

Ahora que tengo mi propia familia, mi esposa, mis hijos y yo, desayunamos juntos seguidos de lecturas bíblicas y oraciones. También tenemos nuestra cena juntos; seguido de lectura, discusión y oración de la Biblia. El patrón que seguimos es similar al que crecí, con algunas pequeñas variaciones. En nuestro hogar a menudo tenemos un tiempo de oración en el cual cada miembro de la familia dice una oración. Por lo general, también cantamos una canción de alabanza. Pero el patrón esencial es el mismo que aprendí de niño: tomamos tiempo cada día para escuchar a Dios y hablar con Él como familia, y a nivel personal, también tenemos nuestro propio tiempo de adoración privado.

Te estoy hablando de mi propio patrón personal y familiar porque quiero darte un vistazo de la adoración diaria y ayudarte a construir ese patrón en tu propia vida, si es que todavía no tienes uno. Tengo un largo camino por recorrer para conocer mejor a Dios y adorar al Señor como se merece. Pero honestamente puedo decir que la adoración diaria, como familia y como individuo, es vital para honrar a Dios y crecer en la fe. Si quieres conocer mejor a Dios, amarlo más profundamente y honrarlo más plenamente este año y siempre, comprometerte a hablar y escuchar a Dios repetidas veces en la adoración diaria.

Cada relación sana implica hablar y escuchar repetidamente, y tu relación con Dios no es una excepción. Si no hablas con Dios y lo escuchas todos los días, tu relación con Dios no va a crecer. Pero si tomas tiempo todos los días para escuchar lo que Dios te dice en la Biblia y para decir lo que está en tu corazón por medio de la oración y la adoración, puedes esperar que tu relación con Dios crezca más allá de lo que es ahora. No te conformes con nada menos que adorar a Dios diariamente en tu propio hogar, en espíritu y en verdad.

DAVID FEDDES

David Feddes predica todos los meses en "La Hora de Regreso a Dios" de la Iglesia Cristiana Reformada en 6555 W. College Dr., Palos Heights, IL 6

miércoles, 9 de agosto de 2017

¡UN NIÑO ESTUVO ABURRIDO EN EL CULTO!

Por  Geoff Thomas
Mayo 2001

Un anciano que precedió a otro ministro al pulpito luego de llegar al frente se dirigió a la congregación. "La semana pasada ... un niño estuvo aburrido en el servicio". Un suspiro corrió a través de la congregación. Los hombres miraban sus pies, las mujeres lloraban en silencio, y los niños se ponían pálidos. "Los oficiales de la iglesia se reunirán con el ministro durante la semana y anunciarán nuestras conclusiones el próximo domingo. Mientras tanto queremos disculparnos con ese niño, sus padres y todos los demás niños", concluyó el anciano antes de salir del púlpito. El predicador de rostro ceniciento llegó al púlpito, y en una voz temblorosa comenzó el servicio ...

Este escenario imaginario no está muy lejos de la actual situación eclesiástica en la que muchos consideran que el peor pecado que una iglesia puede cometer es aburrir niños. Sin embargo, este no es el patrón rutinario y aburrido de gran parte de nuestro trabajo de la vida misma que toda la humanidad debe enfrentar, especialmente en el Tercer Mundo. Estaremos mal equipados para vivir si no venimos armados y entrenados para aburrirnos la mayor parte del tiempo. Muchas de las horas que los padres pasan en el trabajo son tediosamente repetitivas, mientras que el trabajo de las madres son un régimen de tareas tediosas.

El trasfondo de la determinación de las iglesias de hacer zonas libres de aburrimiento del culto es una era de materialismo desenfrenado que el mundo occidental nunca ha experimentado antes. Por ejemplo, en las fiestas de hoy cada niño que viene espera ir a casa con una bolsa de fiesta llena de golosinas. Los recreacionistas están reservados, los magos, y los artistas - uno, por ejemplo, traerá media docena animales exóticos, - una serpiente, un búho enorme, una araña, un lagarto. Ese artista cobra £ 500 por una visita, algo más de 600 dolares.

Los padres gastan cantidades ridículas de dinero en ropa, juguetes y otras chucherías para sus hijos. Casi todos los niños tienen más de lo que pueden disfrutar. Nadie puede imaginarse lo felices que son por este exceso. Los padres empobrecidos a menudo se sienten bajo una gran presión para trabajar horas insanamente largas o contratar deudas insostenibles -o ambos- para comprar lujos superfluos para sus hijos. Hemos perdido la idea de que la austeridad -no la pobreza ininterrumpida, sino una moderación decente- podría en realidad beneficiar a los niños. No es fácil para el cuerpo de Cristo predicar la auto negación y el llevar la cruz en medio de una frenética serie de gastos. Se ha convertido en un desastre para muchas congregaciones, especialmente en los Estados Unidos.

Ya no esperamos que los niños soporten el aburrimiento por un segundo. En nuestra infancia lanzábamos pelotas, alimentábamos a los conejos, hacíamos un modelo con Mechano y observamos el ascenso y descenso de un yoyo. También leíamos libros. Nuestras comidas eran bastante predecibles, y una visita al parque local era un evento. Hoy en día las visitas al zoológico, los castillos inflables, saltar en trampolines son necesidades de rutina. Diariamente grupos de juego y guarderías llenan cada minuto libre viendo videos, jugando con computadoras y rebotando en inflables. Todo está a la altura de una gran algarabía. Los juguetes con los que los niños juegan son de plástico chillón de colores primarios. El niño que alegremente habría comido puré de patatas y verduras todos los días ahora se anima a estimular su paladar y desarrollar un gusto por chiles, berenjenas, curry vindaloo al ajo.

A.N. Wilson escribió: “Pascal dijo que todo el problema humano provenía de nuestra incapacidad para sentarnos tranquilamente en una habitación”. Si tenía razón, entonces tenemos serios problemas por delante, con una extraordinariamente inquieta y vacía generación de individuos humanos esperando para conquistar el mundo. La lección de cómo aburrirse debe aprenderse si el niño va a crecer sano, y esto es por dos razones.

En primer lugar, el aburrimiento es en lo que la mayoría de las vidas humanas consisten. Pocos trabajos son interesantes todo el tiempo; y cuando se alcanza la edad de jubilación, los largos días de vacuidad no pueden ser totalmente desprovistos de tedio. Aprender cómo hacer frente a estos períodos desocupados puede realmente reducir, o eliminar su aburrimiento. Un ser humano que sólo ha crecido con la idea de que él o ella debe ser estimulado todo el tiempo nunca será capaz de calmar el aburrimiento de la manera que hacemos los adultos por caminatas, jardinería, crucigramas, o la vida interior.

Y esta es la segunda y mayor razón para esperar que un niño aprenda a lidiar con una tarde sin acontecimientos. Lo que se siente como aburrimiento viene de la capacidad de ser interior. A menos que se haya aburrido, una parte esencial de su imaginación nunca se le habrá permitido crecer. Las historias, la poesía, la oración y las matemáticas, todas las actividades que han desarrollado la raza humana ... se han desarrollado fuera de su capacidad de vivir con el aburrimiento”.

Pero en los cultos de la mañana en todos los lugares vienen niños que llevan bolsas, y en sus bolsas tienen libros para colorear, cajas de lápices, juguetes, computadoras pequeñas, libros de lectura, etc. Esto es porque no hay Escuela Dominical al mismo tiempo que el Sermón, y sería un desastre impensable que los niños estuvieran aburridos. Estas familias nunca traen a sus hijos al servicio de la tarde por la misma razón. Conozco una iglesia en África que tiene un pastor blanco. Varios otros misioneros cristianos blancos y sus familias adoran allí, pero las otras madres blancas y sus hijos no asisten al servicio matutino, salen del edificio y se van a casa después de la Escuela Dominical de pre-servicio. Sólo los hombres permanecen y adoran, pero todas las demás familias de la iglesia, que son todas africanas, y cuya segunda lengua es el inglés, están ahí para todo el servicio. ¿Es el odio del mundo occidental al aburrimiento lo que nos está afectando?

Estamos hablando de iglesias donde está el poder de Dios en el ministerio. Hay relevancia, aplicación, afecto por la congregación, ilustración y presencia del Espíritu en la Palabra. Hombres y mujeres están siendo convertidos y santificados. Siempre se les habla a los niños, y todo el servicio se termina en 75 minutos. Sin embargo, aún durante estos servicios, los niños son alentados a estimularse por cualquier cosa que no sea el mensaje que se les predica. Imagínese que podría llevar a sus hijos a escuchar la predicación de Spurgeon. ¿Irías con una bolsa llena de distracciones para ocuparlos durante el sermón, u orarías para que fueran tocados y convertidos por su mensaje suplicante?

Donde hay suficientes familias aburridas, se produce un gran cambio. Los domingos por la mañana se anuncia en los carteles de las iglesias: “Adoración Familiar”, y todo se hace de una manera animada con los niños en mente. El foco ya no está en lo que agrada a Dios Todopoderoso. Las melodías son animadas, acompañadas por una banda. Hay todo tipo de estímulos visuales, retroproyectores, coreografía y dramas. La risa registra el éxito del servicio. Muchas personas participan, y el papel del ministro es ser maestro de ceremonias. Cada elemento del servicio es breve, y antes del corto sermón los niños son sacados - incluso hasta los 16 años de edad - para tener sus propias clases de la Escuela Dominical en otra parte. Ellos son llevados del hombre a quien Dios ha llamado, dado autoridad y dones de enseñanza, y son llevados a personas que basan lo que dicen en libros escritos por otras personas. No hay posibilidad de que un hombre de la Palabra sea llamado al pastorado en tales congregaciones. Están condenados a un futuro de religión superficial.

Pero los niños no son regenerados. Ellos no conocen a Dios. Hay una enemistad natural en sus corazones contra él. Su aburrimiento no es causado principalmente por su inmadurez sino por sus corazones de piedra. Esto debe ser combatido por la vida amorosa de sus padres, las devociones familiares regulares en las que se familiarizan con la enseñanza de la Biblia, el lenguaje de la oración y se enfrentan a su necesidad de nacer de nuevo. El amor, respeto y entusiasmo de los padres por los servicios de la iglesia, el pastor y su predicación, serán contagiosos. Admirarán y oirán a aquél a quien sus padres prestan tanta atención. Pero donde los padres se aburren - o simplemente uno de los padres - entonces hay pocas esperanzas de que los niños se apoderen del mensaje más emocionante del mundo - la buena noticia del Señor Jesucristo.

Cuando a los niños se les ha enseñado a permanecer sentados en su casa y a escuchar la Palabra de Dios leída cada día, y escuchar a los padres viniendo con acción de gracias y peticiones a un Padre celestial que cuida y provee todas las cosas buenas que los niños experimentan, entonces, dulcemente aprenden a estar quietos durante un sermón el domingo por la mañana, y a llorar desde sus corazones infantiles al Señor por ayuda para adorarle y servir al Dios viviente.

Tomado de: https://banneroftruth.org/uk/resources/articles/2001/a-child-was-bored-in-the-service/
Traducido por. J.C.



viernes, 16 de junio de 2017

PERDIENDO LA BATALLA DE LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO, DESDE NUESTROS HOGARES

Por: Jorge E. Castañeda D

Sin duda que la batalla de la implementación de la ideología que promueve la desfiguración del diseño de Dios del sexo y de la familia, está al rojo vivo. Es una lucha que representa grandes inversiones depende el ángulo de donde se mire. Como toda guerra es costosa, hay bajas de parte y parte y se gana o se pierde terreno. Pero es una lucha que con sabiduría y, apegados a los métodos divinos, los creyentes debemos dar, así como también damos razón de nuestra fe en otras áreas igual de importantes donde se desfigura la voluntad de Dios para Su mundo.

Pero me temo que, aunque estamos aprendiendo a ser fuertes en el plano argumental y teórico de esta lucha, estamos cediendo mucho terreno en el ámbito práctico y experimental, casi que cooperando en abrir un hueco en nuestros muros de protección que afirmamos proteger. Claro, sin quererlo, porque nuestro deseo es que todo pensamiento se subordine y sea llevado cautivo a la obediencia a Cristo, pero al final del día, la grieta se ha vuelto más grande y dentro de no muy poco tiempo, vamos a lamentar que el enemigo haya tenido la capacidad de leer muy bien nuestras debilidades y se haya aprovechado de ellas, si no es que ya lo está haciendo. De ninguna manera se da a entender que la lucha no debe darse en el plano de las doctrinas, de las ideas, de los argumentos, pero esta lucha resultará insuficiente si como hijos de Dios y representantes de los intereses divinos, no cerramos filas y somos consecuentes con lo que promulgamos.

Déjame explicarlo así. Pedrito es un jovencito que regularmente va a una iglesia. Sus padres son creyentes de hace muchos años y participan del liderazgo en la iglesia. Pedrito es continuamente bombardeado por la música, las películas, los contenidos académicos, amistades, para pensar contrario al diseño de Dios: hombre-mujer, y para redefinir el concepto de familia, como papá, mamá e hijos. Este jovencito cada día enfrenta una avalancha, literalmente hablando, de redefiniciones, nuevos significados y nuevas en este tema y Pedrito ha aprendido por instrucción paterna a ser firme al respecto, ha sido instruido que la Palabra de Dios señala Su voluntad y que no debe contradecir las Escrituras porque eso sería pecar gravemente.

Pero Pedrito, a su corta edad, ha visto que buena parte de los hombres de la iglesia donde va, no son los lideres piadosos de su hogar, que no asumen su rol como el que se les enseña en la iglesia. Ha tenido que ver como la norma, que las mujeres abandonan su rol hogareño para “desarrollarse” como mujer por fuera de su hogar y que, si no son las proveedoras, al menos son coo-proveedoras. Ese es su caso, pues mamá ha salido a trabajar por los compromisos económicos adquiridos y ha sido criado por mujeres que van desde su abuela hasta sus tías o hermanas de la iglesia. Las amistades de su edad, pasan, como él, la mayor parte del tiempo criándose a la distancia o a través de Whatsaap. Cada vez más ve que la gente soltera de su iglesia, por elección propia, prefiere la soltería y evitan a toda costa asumir un compromiso de matrimonio, además que tiene mucha prevención con eso de la procreación. Ha escuchado a muchas mujeres aconsejar a las nuevas parejas que no tenga hijos o no durante algún tiempo y que cuando los tengan, que se los deje a la abuela para no dañar su carrera u ocupación. Mucho de la organización de la iglesia a donde va, es llevado por mujeres, mientras los varones se anulan para el servicio cristiano. Sin embargo, la iglesia se pronuncia en contra de la confusión de géneros, de roles y de la familia, y hasta ha apoyado las marchas de protesta frente al gobierno.

Es suficientemente capaz de ver que aquellos que abanderan la defensa de la familia para la sociedad, son los sacerdotes que no se casan ni engendran hijos legítimamente, y que entre los que defienden la familia, están mujeres que, para defender el modelo de familia, han abandonado su rol distintivo prescrito por la Palabra de Dios y sus propios hogares. Desde que entró al jardín infantil, ha tenido mujeres como maestras, en la escuelita dominical de su iglesia es igual y parece que en su bachillerato y seguramente en su universidad las cosas van a cambiar muy poco, será enseñado los próximos 20 años por mujeres, la mayoría de ellas no creyentes o no ajustadas a su rol. Muy seguramente en pocos años, cuando por convicción personal Pedrito se case, teóricamente sabrá argumentar en contra de todos los males que acechan a la familia, pero repetirá la historia en su propio hogar, porque aprendió a definir las cosas de acuerdo a la practica en la que creció y lo que fue su experiencia más común.

Y es aquí cuando afirmamos que los cristianos, de manera demasiado ingenua y no solo por omisión sino por acción, en el campo de la práctica y la experiencia, estamos cooperando de forma dramática a abrir el muro que los enemigos de la Biblia desean abrir por la imposición de sus ideologías. Tenemos ya casi dos generaciones que se han levantado sin una idea clara ni una práctica legitima de lo que es la familia, los roles distintivos entre hombre y mujer, y dichos roles puestos en casa, en la iglesia y en la sociedad. Aceptémoslo, los creyentes a veces tenemos ese tipo de familia según las necesidades y molde de la época, pero no el que enseña la Palabra de Dios. Tenemos ya excusas estandarizadas para justificar nuestra organización familiar moderna, aunque no le damos ese nombre. Estas generaciones, cada vez se casan menos, huyen de la procreación y mucho más de la maternidad definida por la Biblia. Los varones tienden a feminizarse en la práctica o en su elección más sabia, prefieren quedar al margen de las responsabilidades de una familia con todo lo que eso implica.

Mientras tanto, en la “Ciudad del pecado”, no solo en el ámbito de las ideas sino en el de la práctica, las familias ya están redefinidas, los roles ya están lo suficientemente desfigurados, las distinciones naturales entre unos y otros ya se están borrando con eficacia, no a fuerza de ideologías sino de prácticas. Los hijos de Sión podemos seguir dando la palea en el plano argumental, en el plano teórico, sacando diestramente aquellos versículos que van en contra de las ideologías perversas, y simultáneamente estar perdiendo terreno en nuestros hogares e iglesia y dejando este terrible legado a nuestros hijos, si es que los tenemos.

Por lo que será necesario que en verdad seamos consecuentes y que reflexionemos acerca de una defensa radical de la voluntad de Dios partiendo desde nuestras familias. Algunos tristemente asumen que son las protestas sociales, las marchas, las firmatones y demás herramientas civiles, las que traerán una solución. Sin desconocer que aquellos instrumentos legales alguna ayuda traen, ni corresponden al ámbito de las armas de la milicia que  tiene la iglesia ni van al fondo del problema. Es decir, otro de los problemas con las marchas, arengas, cacerolazos, y más, no es que vayan muy lejos atacando el problema de la confusión de género y familia, la verdad es que se quedan cortos a la hora de presentar un frente solido contra la perversión. ¿Cómo pudiéramos en verdad reparar las grietas y sostenernos firmes frente a la embestida de estas ideologías mientras también ganamos terreno en el ámbito argumental? Déjeme por favor sugerir un camino, que no se ve espectacular, pero no por eso deja de ser efectivo y que representa mejor la voluntad de Dios.

1. Honre el matrimonio. No solo hablando bien de él, sino viviendo el suyo de acuerdo a la Palabra de Dios, sin violar sus votos. Hebreos 13:7 exhorta que al matrimonio debe ser objeto de honra en todos. Cuide sus conceptos y palabras cuando se refiere al matrimonio frente a su propio cónyuge, frente a sus hijos, hermanos de la iglesia y gente no creyente. Alabe la virginidad como un don irremplazable para llevar al matrimonio. Vigile, trabaje y exhorte a que la única salida para abandonar la soltería es el matrimonio y no el noviazgo ni mucho menos la unión libre. La exhibición de un matrimonio legitimo viviendo bajo la voluntad de Dios, es la forma de protesta y contradicción más grande para la ideología perversa, además que una de las armas más instructivas que tenemos a la mano.

2. Recomiende a los solteros el matrimonio en el Señor y la procreación. Si hay algo desconcertante es que mientras Dios vio que el matrimonio, junto con la procreación, eran “buenos en gran manera”, algunos creyentes aconsejan evitarlos. Alabe el matrimonio como expresión de la voluntad regular de Dios para los seres humanos, siendo sensible a providencias específicas de los dones de continencia. Alabe la maternidad legitima, apoye la maternidad dentro del matrimonio. No puede ser que parejas gays anhelen más el matrimonio y el tener hijos que los mismos hijos de Dios. Este deber se les dio al hombre y a la mujere, desde el Edén, antes de la caída, en el contexto de su matrimonio.

3. Esfuércese por mantener los roles distintivos en su familia, no por teoría sino en la práctica. Seguramente será necesario volver a la sencillez de las Escrituras cuando enseñan la composición básica de una familia y sus roles distintivos. Hay un precio que pagar, pero no desdibuje en la práctica lo que dice defender en teoría: Que hombres y mujeres son distintos, luego, si usted es consecuente, ellos no hacen las mismas cosas en el mundo de Dios pues Él dio a cada uno su oficio y papel dentro de la familia y sociedad. No huya de esto, enfréntelo con la abnegación de un discípulo de Cristo.

4. Críe sus propios hijos en el Señor. Un hijo de Dios debe tener muy buenas razones para enviar en su tierna infancia y juventud a un hijo suyo a las instituciones que, por el deber del cumplimiento de su pensum, contaminarán la mente de sus hijos y les darán un modelo equivocado de lo que es ser hombre, mujer y de lo que es una familia. A veces no hay más opción, pero en muchas ocasiones, con verdadero amor abnegado y bajo la capacidad que da el Señor, podemos fortalecer la mente y los conceptos de nuestros hijos sin exponerlos a la institucionalidad educativa, para que cuando se enfrenten al mundo por ellos mismos, lo hagan con criterio y bajo una tradición familiar tan sólida que ninguna ideología pueda revertir.

5. Muestre que la institución de la familia, sin ser perfecta, puede perseverar bajo la guía de Dios. Las familias de los cristianos no son perfectas, pero donde hay verdadera fe, la desintegración de la familia no será una opción. Así que muestre que los errores de la familia no nos deben arrojar a su desaparición sino a su restauración bajo la gracia de Dios. Luche por su matrimonio, por la armonía, por la comprensión. Muestre que hombres y mujeres somos distintos y que así Dios nos hizo, pero que la solidéz de un pacto ante Dios y el amor por el cónyuge se sobreponen al pecado y a los conflictos que surgen de este.

6. Exhiba ante la sociedad su familia, no deje que los centros comerciales, restaurantes y parques, sean tomados por individuos que desfiguran el plan de Dios. Así, aportamos socialmente a no dejar borrar de la mente de esta sociedad la figura hombre – mujer y familia. Quizás sea este un testimonio sin palabras, que contrarreste el campo que los amigos del pecado quieren ganar. Ellos quieren exhibirse, mostrarse, para que, a fuerza de la costumbre, sus leyes sean aceptadas como normales. No permitamos que en el mundo de Dios pase esto, pues la primera exhibición de la unión entre unos seres humanos en el mundo fue la familia.

Como advertirá, los creyentes debemos ser sabios en esta lucha. No tenemos muchas opciones, porque la lucha está planteada en el ámbito teórico como en el de la práctica. Y ya que esto es así, que nuestras familias sean centros de enseñanza en ambos flancos. Quizás Dios nos use para ganar el terreno que hemos perdido desde nuestros hogares, para la gloria y alabanza de Dios y el bien de esta generación.



viernes, 13 de junio de 2014

CRIANDO HIJOS EN LA ERA DE LOS TELÉFONOS INTELIGENTES


Uno de los mayores desafíos que se presentan a los padres de hoy que están tratando de criar a sus hijos de una manera piadosa es la aparición de los teléfonos inteligentes (smartphone). Me ha abierto las puertas a la vida de nuestros hijos que sin duda no teníamos cuando estábamos creciendo.

Para empezar, si en casa se tenía un teléfono, era el único para toda la familia y se encontraba en un lugar donde todos pudiéramos escuchar la conversación. Nunca se recibían mensajes de texto y para poder hablar, uno tenía que pedir permiso.

En aquellos días era casi imposible para los jóvenes poner sus manos sobre los materiales pornográficos. Esto estaba disponible en revistas muy raras que tuvieron que ser introducidas de contrabando en el país y que se mantenían bajo los colchones de los muchachos.

Eso ha cambiado por completo. Nuestros hijos ahora van por ahí con los teléfonos inteligentes, que son sin duda mil veces más inteligente que sus padres. Estos teléfonos, que se mantienen con ellos dondequiera que vayan, les da acceso a prácticamente cualquier persona o cosa.

Esto debería ser una bendición, si no estuviéramos viviendo en un mundo de pecado. La bendición es que como padres podemos acceder a nuestros hijos tocando un botón y localizarlos donde quiera que estén. Pero, eso mismo, es probablemente por lo que la bendición se puede ir: ¡Oprimir un boton!

Como he dicho, vivimos en un mundo de pecado. Por cada padre responsables que hay, también existen decenas de miles de hombres y mujeres inmorales que se aprovechan de la vida de nuestros hijos. De este modo, a través de esos mismos teléfonos inteligentes, nuestros hijos se están enviando toda forma de chatarra corruptora.

Hace sólo algunos años, no dar el número de teléfono, ponía a nuestros hijos relativamente a salvo. Nadie podía llamarlos o enviarles mensajes de texto. Pero luego, el Internet los convirtió en accesibles a través de los teléfonos inteligentes y todo cambió.

Hoy, los padres pueden estar sentados en la sala de su casa mientras que en el dormitorio de los niños ellos están siendo asechados por los lobos a través de lo que se llaman ‘redes sociales’ en sus teléfonos. Ellos pueden acceder a los sitios pornográficos en cualquier parte del mundo en un clic. ¡Es terrible!

¿Qué debemos hacer como padres? En primer lugar, si vamos a criar a hijos piadosos, necesitaremos educarlos, instruirlos sobre la realidad, que en este tema, no se encuentran en un patio de recreo sino en un campo de batalla, rodeado de lobos feroces. Estos lobos utilizan sus teléfonos inteligentes para destruirlos.

En segundo lugar, a medida que poco a poco vamos dejando a nuestros hijos tener sus propios teléfonos inteligentes, tenemos que trabajar día y noche para asegurarnos que lleguen lo más pronto posible a la fe en el Señor Jesucristo. Sólo cuando Jesús cambie sus corazones espiritualmente estarán deliberadamente resueltos a utilizar sus teléfonos para la gloria de Dios y no para alimentar a sus apetitos caídos. Así que padres, ¡despierten!



Pastor Conrad Mbewe

http://www.conradmbewe.com/2014/06/parenting-in-age-of-smartphone.html

POR LA SUPREMACÍA DE CRISTO EN ESTA GENERACION

Este blog se hace responsable de lo que publica, pero no se hace responsable de lo que los autores de los artículos o las páginas de las que estos son extraídos, crean en su demás teología o en las practicas que ellos tengan a nivel personal.

Se desea a través de este blog, expresar el pensamiento bíblico coherente, y más cercano a la confesionalidad histórica y reformada y aportar para la aplicación de ella en la vida cristiana, pero no avalamos lo que en contradicción a la fe reformada histórica algunos de los autores hagan o vayan a hacer en un futuro

A Dios sea la goria.