viernes, 15 de febrero de 2013

SEIS RAZONES POR LAS QUE LA PORNOGRAFÍA ES COSTOSA PARA EL ALMA

1. La Pornografía estimula las pasiones lujuriosas.


Empecemos con lo más obvio. Al venir a Cristo la gracia de Dios ha destronado las pasiones de la carne como el principio rector. Sin embargo, reconocemos que residuos de pecado sobreviven como pequeñas guerrillas en nuestro interior. A esto se le llama: Pecado remanente, para diferenciarlo del pecado reinante que es el caso del no creyente. Debido a que el pecado remanente siempre va a intentar ganar de nuevo su posición de rey, por violentos ataques, va a hacer que tratar con él sea quizás una, si no la más grande ocupación en la vida del cristiano.

De nuestro Señor aprendemos que debemos dejar morir de hambre a este pecado remanente (Gal.5:16). Que no le debemos dar gusto (Rom.13:14). Que debemos renunciar a él (Tito 2:12), que debemos huir de sus sugerencias (2 Tim.2:22), que en definitiva debemos morir a él (Rom.6:11) y hacerlo morir (Rom.8:13). Usted y yo sabemos que solo una borona de pecado, lo robustece cual si hubiese comido un gran banquete, cuanto más grandes banquetes de pecado lo robustecerán. Nosotros mismos sembramos nuestro mal, al ser tan misericordiosos con el pecado remanente y proveerle una miradita aquí, prestar oído allá, mantener nuestra atención en esto y lo otro. El cristiano no debería ser para nada ingenuo o misericordioso con el pecado cualquiera que sea, porque alimenta su propio fracaso.

En el caso de la pornografía, el cristiano debe saber que los pasos a la pornografía se empezaron a dar antes de su exposición a ella. Algunas concesiones debieron hacerse, para que al final, el pecado robustecido por las boronas que se le proveyeron, tome fuerza y se convierta en una pasión lujuriosa muy fuerte. Más cuando estas pasiones lujuriosas son avivadas por más lujuria. Así que tú mismo puedes colocarte en una tormenta que tú mismo creaste, la alimentaste, fuiste proveedor de ella y ahora ella te enseñó qué puede hacer si toma aliento.

Si tu no provees para la lujuria por la gracia de Dios y los medios de gracia, desde ‘la mañana’, y mantienes ese espíritu vigilante y activo ‘en la tarde’,  para mortificar cada estimulo o placer que aun los pensamientos puedan proveer, si desestimulas, desanima, no provees, tratas el pecado remanente con desprecio dejándolo morir de hambre ‘en la noche’, verás que tu lucha contra el pecado, será más efectiva.

2. La Pornografía acrecienta la irresponsabilidad masculina.
Seamos sinceros hermanos varones, nuestra tendencia pecaminosa es a abstraernos de nuestro rol y responsabilidades. Sabiendo que el pecado ha hecho tal estrago en nosotros, tenemos que luchar por ser responsables como hombres. Huimos de los compromisos, de la disciplina, de los horarios, de dirigir y pastorear nuestras vidas y familias, de involucrarnos en la iglesia y más. Justamente todo lo contrario al rol de dirección, guía, liderazgo y responsabilidad que Dios nos dio como varones. Y mucho más, si, en el caso de los casados, su esposa les hace la tarea, el hombre se verá tentado a seguirle delegando sus propios asuntos a su esposa.

De la Biblia en el Antiguo Testamento se veía que si tenías sexo con una mujer, tú debías ser responsable económica y maritalmente por ella (Dt.22:28-29). No era cuestión de una sensación pasajera, sino que si la tomabas, te responsabilizabas de ella y no podías abandonarla simplemente porque no te gustó o porque ya tomaste lo que quisiste. Es mentalidad de irresponsabilidad la vemos regulada en Ex.21:10; y la vemos ejemplificada en la vida de Amnón cuando forzó a Tamar (2 Sam.13:14-19). Su hermano solo quería su cuerpo para luego no asumir su responsabilidad y despedirla humillada.

¿Qué hace la pornografía? Estimula nuestra irresponsabilidad masculina. Tú deseas el placer momentáneo con una mujer pero nunca la responsabilidad que te hubiese tocado asumir. Así es el juego, tú te diviertes con los cuerpos sin ningún compromiso. Esas son las reglas de la pornografía, mira, diviértete y sal cuando quieras. Así, tu carácter se va amoldando a la irresponsabilidad. Ya es suficiente con ser un hombre con tendencias a la irresponsabilidad por naturaleza, para ahora verte amoldado por la pornografía a serlo más. Deseas tu placer pero no responsabilidad. Eso no hace bien a tu  carácter varonil. Te amolda a la irresponsabilidad y si te amolda a ella, entonces empezarás a ser irresponsable en otras cosas, porque la irresponsabilidad avivada no solo quedó en tu área sexual sino en tu carácter. Y cuando enfrentes las responsabilidades de tu rol, te verás mermado, débil, e irresponsable, porque solamente estas expresando lo que eres en tu carácter.

3. La Pornografía aumenta la malicia en detrimento de la madurez.
Sed niños en la malicia, pero maduros en vuestra forma de pensar (1 Cor.14:20). La pornografía entre otras cosas, es un juego malicioso. Ver pornografía es algo que no se hace frente a la esposa o hijos, o padres. Allí malicia involucrada. Así que lejos de aunarnos al plan de Dios para los creyentes de ser cada vez menos maliciosos y más maduros, la pornografía te hace más malicioso y menos maduro. Y aunque el contexto de Corintios tiene que ver con una regulación eclesiástica, la madurez allí mencionada implica un entendimiento cada vez más preciso de la voluntad del Señor.

Seguramente para ningún creyente, es fácil andar en los asuntos más prácticos de la vida, afirmándose y practicando la voluntad de Dios. Pues esto requiere de madurez, de asentar en el corazón los principios divinos y la sabiduría que viene de Dios para aplicarla a cada caso especifico. Pero la inmadurez es un estado de ingenuidad, desconocimiento, de tropiezo. Ahora bien, si tú creces en malicia te alejas de la madurez, del mismo medio que te va a sacar cada vez más efectivamente del pecado. Y lo que es más grave, vas a ‘madurar’ en malicia. Ella es susceptible a crecimiento también y cada vez vas a experimentar una nube más espesa que cubre tu habilidad para vivir glorificando a Dios.

Lo que hace la pornografía es nublar tu entendimiento, no solo en el área sexual, sino a todo nivel. Por ello, no solamente vas a empezar a racionalizar o justificar ciertas prácticas, no ver la gravedad de ciertos estímulos previos, sino que cada vez más te va a quedar difícil enfrentar la vida cristiana porque hay menos luz. Me dirás ¿Qué tiene  que ver la pornografía con mi próxima decisión a tomar en el área laboral? Te respondo que mucho, pues al crecer en malicia y decrecer en madurez, tus elementos de elección se verán modificados hacia lo terreno y no hacia el provecho de tu alma. Habrás decidido hacer algo que gratifica tu carne y no tuviste en cuenta tu alma, y este fue producto de ser más malicioso y no maduro.

4. La Pornografía agranda la discordancia en pareja.
De hecho ser una sola carne en pareja no viene como algo  automático cuando el pastor los declara marido y mujer. Ser una sola carne implica el trabajo al que se ocupa una pareja. Trabajo que cuesta porque es un trabajo de negación propia y amor, el cual no busca lo suyo. Así que el casado que diga que no le ha tocado trabajar para lograr ser coordinado con su pareja en todo aspecto, seguro es o un dictador o una momia. Pero no es nuestro punto ahora. El punto es que la pornografía hace que empalmar este aspecto sea algo verdaderamente difícil y cada vez más lejos.

Ninguna mujer cristiana avalaría como de su agrado ni le daría credibilidad a todo lo que una mujer de la industria pornográfica ‘disfruta’. Ese mundo es engañoso, irreal, las cosas no son así, es una trampa lucrativa para los hombres, pero eso se aleja de lo que realmente es y espera una mujer real y más, una mujer cristiana. El hombre expuesto a la pornografía, puede empezar a tener una expectativa muy distinta de la de su esposa en este aspecto. De hecho, lo normal es que exista diferencias naturales del porqué el hombre y la mujer se acercan a la intimidad, mucho más si es mayormente estimulada gracias a la pornografía. El sexo de la pornografía no requiere de amor, consideración, ternura, trato, comunión y no tiene en cuenta a la otra persona como persona. Se le ve en función de y no como un ser que aparte de cuerpo tiene alma, sentimientos, pensamientos y expectativas.

Mientras que en pareja el acercamiento es de amor y expresión de intimidad que refleja la situación del alma, la pornografía es solo cuerpo. Sin duda que el valor que tiene el marido con respecto a su esposa, se vendrá abajo de una forma creciente, porque él espera que su esposa no tenga lo que una persona real tiene y más bien le de lo que él espera. Y ¿de dónde le surgieron esas expectativas? ¿De considerar a su esposa como mujer, como persona y como hija de Dios? No, de mirar la pornografía y comparar con su esposa. Esto sin suda, empezará a alejar la pareja en detrimento de la ya difícil tarea de ser una sola carne.

5. La Pornografía incita a una vida sensual y materialista.
La pornografía es una industria visual. De eso se trata. Sabemos por las Escrituras que nuestros ojos son medios por los que el corazón se inflama y la carnalidad se robustece (Mt.6:23). No es el único medio pero es tal vez, el más efectivo. La mujer vio y codició (Gn.3:6), Lot vio y llegó a Sodoma (Gn.13:10 y 12), los deseo de los ojos son de esas cosas que no vienen de Dios (1 Jn.2:16). Estas y otras más que seguro usted conoce, son alusiones que nos recuerdan que los ojos nos conectan de una forma particular con las cosas de este mundo. De hecho, cuando hablo de los ojos, hablo de la acción compleja de lo que comporta mirar u observar algo, es decir, no solo es poner los ojos sobre algo, sino el impacto y la interpretación que nuestra alma le da a lo que ve, lo que estimula lo profundo de ser.

Si con algo luchamos los creyentes es a no andar por vista (2 Cor.5:7), a manejarnos por los principios bíblicos y no por lo que vemos. Los ojos a veces pueden más que los principios de corazón. Ahora, calificar los aspectos de la vida común bajo el principio de la vista, es una forma de cambiar la verdad de Dios por la mentira. Nuestros ojos nos dan una información, pero no es infalible y en la mayoría de los casos no es una información fidedigna. Usted puede ver un insensato en vestidos lujosos y tiene que luchar para no pensar que la insensatez es mejor que la sabiduría. Sus ojos le dieron una información, pero no es correcta.

Solo Dios en su Palabra nos dice cómo son las cosas en realidad quitándoles la apariencia y mostrándolas tal cual son. La pornografía estimula el que usemos los ojos como parámetro infalible de captar e interpretar la realidad. Usted da crédito a la pornografía y se estimula porque intuye que eso es cierto y que todo lo que muestran es real. Mientras que Dios afirma que usted está adulterando en su alma (Mt.5:28), que las relaciones intimas deben darse en el contexto matrimonial (Hb.13:4) y que son intimas, usted solo afirma lo que está delante de sus ojos. Y como lo hemos dicho antes, debe saber que esto no solo afecta su vida sexual, sino que lo acostumbra a calificarlo todo por la vista.

6. La Pornografía hará que te cueste pensar bien de todas las mujeres.
Como hombres debemos lidiar con que las mujeres comunes y corrientes, no nos ponen la tarea muy fácil cuando escogen sus atuendos. Tal vez sea por comodidad u orgullo propio, sensualidad, rebeldía o ignorancia, muchas de ellas visten de una forma que provoca sexualmente al hombre. También es bien lamentable que los hombres cristianos debamos lidiar con esto en la comunidad de los santos, en la misma iglesia. Muchos hombres quieren encontrar en la iglesia un refugio para sus ojos y poder ver a las mujeres de verdad y en su piedad creciente para encontrar con desacierto que ellas son fuente de estimulo sexual también.

No justifico que un hombre se encoja de hombros y renuncie a su lucha solo porque esto es verdad. Es difícil, ellas darán cuenta a Dios por hacer tropezar a muchos, pero no es mi punto hablar de ellas. El punto es que ellas, den pie para hacerlo o no, el corazón de un hombre que mira pornografía se verá tan contraminado, que no pasará mucho tiempo para que empiece a ver a cada mujer como una de las mujeres de la industria pornográfica. El Señor nos ordena a ver a las mujeres o como madres, hermanas (1 Tim.5:2). Y aquí tenemos un hombre que las ve como mujeres deseables. Ellas le son tentación porque ya no las puede ver como Dios las ha hecho y como debe tratarlas. Se sentirá incómodo e intimidado si ellas dejan ver en su carácter algo parecido a lo que vio la semana pasada. No tendrá consideración de las muchas cosas que pudieron hacer que la hermana se expresara o hiciera tal o cual cosa, sino que habrá un pensamiento malo hacia ella.

A esta persona le costará pensar bien de sus hermanas, de su pureza, de sus buenas intenciones. Pensará mal también de sus hermanos porque en su mente y producto de su pecado razona del lado de la inmoralidad. Así, le habrá asestado un duro golpe a la comunión de los santos en su corazón porque el bendito medio de nuestra edificación se va a ver salpicado por la malicia de la mente y los malos pensamientos contra los demás.

Solo deseo que pienses querido creyente, que arriesgas demasiado por unos pocos minutos de placer pecaminoso. Considera tu camino y pregúntate a dónde llegaras si sigues estimulando tus pasiones lujuriosas, acrecentando tu irresponsabilidad masculina, aumentando la malicia en detrimento de tu madurez; agrandando la discordancia con tu pareja si la tienes y exponiéndola a una ruptura futura, estimulado a vivir una vida sensual y materialista y luchando por no pensar mal de las mujeres.

Pero estoy seguro que un verdadero creyente encontrará en la consideración juiciosa del sacrificio de Cristo, la fuente para el perdón de sus pecados y el estimulo mayor que desplace al de su pasión desordenada. Saber y entender que el Dios que adoramos es llamado: Un Dios puro de ojos como para ver el mal (Habc.1:13), que nuestro Señor se relacionó con las peores mujeres y nunca pecó (Mt.9:10), que prometió redimirnos de nuestras pasiones por gracia (Tito 2:14), escribir su ley en la mente y el corazón (Hb.10:16), son estímulos que llegan al alma y que con la ayuda del Espíritu Santo, pueden sustituir la búsqueda de placer en los brazos del pecado. Definitivamente hemos de buscar fervientemente su presencia porque es allí donde hay plenitud de gozo y delicias para siempre (Sal.16:11).

P. Jorge Castañeda

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