martes, 11 de abril de 2017

SEMANA SANTA

Momentos de recogimiento, reflexión y meditación es lo que se nos propone por estos días. Y sí que lo necesitamos. Una mirada por las ventanas para ver la situación nacional e internacional para reflexionar acerca del ambiente donde vivimos cada día. Una mirada por las ventanas de nuestra vida para ver la situación de nosotros mismos. Aprovechando que para estos días muchos meditan en las cosas que casi nunca lo hacen, le invito a que considere lo siguiente.


Comenzaré mostrando que es necesario hablar de esas palabras que inquietan y amedrentan a muchos o desafían e intranquilizan a otros: espiritualidad y moralidad. Parecen palabras abstractas, sacadas de anticuarios medievales y desempolvadas cada año por esa tradición llamada Semana Santa. Pero démonos cuenta o no, es un matrimonio con el que la humanidad ha vivido en toda su historia, con la que vivimos hoy y mientras el hombre sea hombre, tendrá que vivir. Es precisamente tu caso amigo mío, también eso tiene que ver contigo.

La moralidad de una cultura y de una persona, está determinada por su espiritualidad. Cual sea el concepto acerca de Dios y las cosas espirituales, tal cual será la manera como vive a nivel de sus principios. Sé que preferirías suprimir esta realidad tapando tus ojos y tranquilizar tu atribulada conciencia afirmando que "finalmente no hay Dios". Pero eso no explica ni aclara el dilema de la humanidad. 


Si la moralidad refleja el estado espiritual de las gentes, los homicidios diarios, la violencia, el narcotráfico, incestos, violaciones, aberraciones, corrupción, crisis y todo esto no viene como el clima, viene intencionalmente por personas que planean y ejecutan estos ilícitos, pues tal es su vida espiritual. Tal como son, tales son sus actos. La espiritualidad de nuestra sociedad está moribunda y por lo tanto su moralidad. en otras palabras, dando una estocada a la espiritualidad se ha derrumbado la moralidad. Mientras que nos consolemos con las hipótesis promulgadas desde nuestros colegios y universidades que no hay Dios y que somos animales avanzados, creo que la vida y principios de nuestra sociedad seguirán desmoronándose a prisa.

Pero ¿Qué decir de los que aun mantienen viva la llama de la religiosidad? Las cosas no son distintas. Muchas personas que se confiesan religiosas son los que se persignan para hacer ilícitos, los que el viernes "no comieron carne" pero que el sábado se emborracharon. Los que visitaron los monumentos o fueron a misa, pero que el otro fin de semana frecuentaran los bares, los prostíbulos, las casas de hechicerías y más. Satisfechos consigo mismos por participar de un sacramento y minutos más tarde sosteniendo mentiras o diciendo palabras obscenas. Son los que anduvieron con una cruz en su frente cuarenta días antes y cuarenta días después anhelan el festivo de semana santa para descansar y parrandear, pasar el tiempo en la inmoralidad y la hipocresía. ¡Que extraña religiosidad! Finalmente es otra forma de decir que Dios no existe. 


No parece pues extraño que podamos ser un pueblo tan religioso y a la vez tan homicida, deshonesto e inmoral. Y créame, si yo tuviera un dios pálido, caído, lánguido y petrificado, también me vería tentado a hacer lo mismo que la mayoría, simple hipocresía de una semana y 51 semanas de inmoralidad, mentiras, injusticias y más.

Pero no podemos huir de la otra realidad. Hace casi 2000 años fue levantado Cristo Jesús en la cruz del Calvario como una señal manifiesta de lo que Dios piensa del pecado, de lo que piensa de la manera de vivir inmoral, hipócrita e injusta. Allí en lo alto de esa cruz pendía el Hijo de Dios por el pecado de hombres pecadores. Usted puede vivir ajeno a esta realidad, y de hecho creo que lo hace, pero esto no anula la verdad de la cruz, que a menos que Cristo sea su Sustituto, usted tendrá que enfrentar por sí mismo el juicio de Dios. Que a menos que un individuo venga a Cristo en arrepentimiento y fe, perecerá eternamente en su estado de putrefacción espiritual y moral.

Cristo murió, pero resucitó. No encontrarás los huesos en su tumba, porque no está allí. ¡Como quisiera el ateo, el religioso y el relativista que se hubiese quedado allí! ¡Que no se hubiera levantado de los muertos y así no tener nadie ante quien dar cuentas! Pero resucitó. Puedes negar esta realidad, pero la negarás para ti mismo. Un día estaremos todos ante el tribunal del Resucitado, Cristo Jesús.

Hay mucho en que pensar ¿No? Es más que dejar de comer algo un día especifico, es más que ir con devoción a un lugar especial. Tiene que ver con la vida misma, con el diario vivir, tiene que ver con su profesión, trabajo, familia; con su espiritualidad y moralidad. Pero en definitiva, se trata de Cristo, no unos días, sino de la realidad de Cristo y de la cruz que se pone frente a nosotros y demanda una posición frente a ella: la espalda o las rodillas. Sí. O caes de rodillas ante Cristo para siempre o sigues dando la espalda a Cristo. Mira tu vida, encontrarás que de semanas santas tal vez sepas mucho, pero de Cristo… de Cristo nada. Que Dios te conceda el conocimiento salvador de Jesucristo y una nueva vida para un discipulado fiel al Señor para toda la vida.

Reflexiona y medita sobre esto amigo,

Jorge E. Castañeda D.


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